viernes, 19 de septiembre de 2014

EN TU COMPAÑIA



          Siempre de mi mano y aun sobre mi espalda, me vi perseguido por tu sombra, acaso no había otra ocasión para interpretar mis sueños? Me llevabas arrastrado por un sendero desconocido, de peligro, retomando mi espíritu  con el fin de empujarme en los barrancos de mis miedos que me hacían escabullirme a toda costa de tus áridos consejos, para hacerme temerario aun a costas de mis longevas aventuras.
          Te vi arrebatando de mi intelecto la creación, las mágicas ideas de mi mente, sutiles encantos de mi prosa, que arrugadas en trozos de papel circulaban entre la pluma y mis ideas sin fin, después de haber plasmando con la  tinta de mis heraldos, desarrollando con toda humildad mis mas caros sueños, mientras los años siguientes de la infancia a la adolescencia se iban haciendo maduros.
          Volaba, entonces, en forma de rima mis pensamientos que apuntaba a la expresión de toda clase de sentimientos, expresado bellamente en poesía que la vida se tornaba rosa y las damiselas de mis ángeles se ocupaban de mis sentimientos que ocupan el espacio de mi joven vida. Pero nunca me dejaste de perseguir, siempre a la saga apuntalando con tus sarcásticos discursos que me orillaban a dejar por un lado las mieles de mis inventos.
          Caminaba por los abismos y deambulaba por las veredas en búsqueda del poder creativo de mis musas, me vi socavado al esconderme de tus miradas, cubierto por el manto de la magia, mientras paso a paso cabalgaba imponente detrás de un objetivo que me llevara a salir adelante en el altar de la cultura escrita.
          Era el espíritu o a lo mejor el alma que buscaba el tránsito de la libertad sin ataduras para desarrollar mi intelecto mientras maduraba de adulto en la consecución de metas.     Escuché, entonces,  las campanas de tañir sereno, pasmado y de sonsonete triste. Sabes eso me provocó inundándome de miedo, como quien con un sonido invita a relajarse, anunciado que algo se hace suceso en el tránsito de la vida a la muerte, donde los santos óleos se hacen presentes para purificar el cuerpo que se ve evacuado de la sustancia que le da calor. Postrado en la enfermedad, te vi allí a mi diestra como que había logrado tu propósito, doblegándome al mostrarme los dientes de tu calavera tras una sorbida sonrisa que mostraba cuan persistente te comportabas, para guiarme en el pasaje entre la vida y el mas allá, pero jamás dejé que me arrancaras el hálito de ilusión que peleaba con mi aliento. Las falanges de tu huesuda mano recorrían mis sienes de blanca cabellera como quien te reconforta de una inclemente sanación, o una reconfortante muestra de cariño. Con un sutil  “Acéptalo es tu destino”.
          Pero no quería dejarme vencer, apuntalé mis convicciones y me plante erguido para defenderme, para no hacerme víctima de las circunstancias, me convertí en dominador de esta situación, levantándome de mi lecho de dolor o en medio de las cenizas, para aplastar esa incesante persecución tuya. Si la de la muerte, la del camino sin retorno a la que me habías arrancado con tus zalamerías. El brillante filo de tu guadaña que se inclinaba sobre mi cabeza, me había ensañado ante todos los mortales, era posible detener el tiempo, haciendo caso omiso del fin obligado a cumplir con el pacto firmado desde el momento que nacemos.
          No creo que me hayas vencido a través del tiempo, pero he logrado prolongar mi estancia en esta tierra, jugándote a las escondidas o utilizando atajos para no enfrentarme de viva voz con tu presencia. He logrado distraer tus ojos, tu pensamiento en tu largo caminar, he hecho invisible tu presencia en los momentos de cumplir propósitos, he incurrido a robar tu atención en los puntos álgidos. Pero aun así percibo tu manto de impunidad que se cierne sobre mis huesos intentando atraparme como una red de dimes y diretes para hacer mas intrigante mi proyección a la posteridad.
          Salgo de mi escondrijo y me instalo en el ápice de mi cerebro, creador de estos pensamientos, utilizando mi voz deletreada en cantos de mi insipiente prosa, para gritar mis compasiones y la manera de romper la llegada al punto en que tú, te hagas cargo de mis despojos e introducirme en el catafalco de mis pasiones. A ti!, Oh! muerte es a la que mas temo, sin racionalizar que este paso me da el brinco a la inmortalidad, las letras están allí y sobrevivirán a mis anuarios, quizás mas allá gracias a la confianza de los que me rodean. Mi cuerpo será devorado por los gusanos, pero mis ideas no, no tendrán el mismo final, como grabadas en piedra y en la mente de mis dilectos chocarreros amigos que osen beberse la lectura de mis cuentos.
          El encuentro no será fácil, entre el Yo no quiero y lo que es tu deber de ejercitar, sin readecuaciones ni amparos que valgan, lo sentenciado se cumple. Has visto a alguien que se burle de ti? Cuando tu levantas la banderola de cuadritos que significa llegar a la meta, se va a frustrada tras la doce campanadas de un reloj de frontispicio antiguo que se remite en segundos con retraso, mientras el peso del segundero se rasca lentamente en el ascenso del 6 al 9 y hasta el lejano 12.. Ni aun el respiro de una exhalación del alma con lánguidos propósitos que se atasca, cuando el corazón deja de latir, mientras con maniobras externas le logran hacer despertar de un letargo anaeróbico que lo coloca en el borde del final.
          El propósito de un buen morir, de quedarse a dormir el sueño eterno, con la plenitud de tranquilidad que reposa en un síncope de vagas consecuencias que parte en silencio y me acomode en los 4 tablones, pintadas de telas blancas adornadas con bolitas de naftalina.
          Con el paso del tiempo en un mausoleo de propiedad horizontal donde tu cuerpo se  ve acomodado, por debajo de alguno o por encima de otro, mientras no muy lejos el espíritu se coloca junto a la cruz, sentado, con la mano sosteniendo la barbilla con la propia parábola del pensador, imaginando si hubiesen cambiado los propósitos de esta vida, podrías tu tener un mas allá, un oficio alternativo.
          Pero en fin te doy la razón del ángel de la muerte, cumples consigo mismo, el cruzar con sutileza en el pasto de una barca que rompe el ocaso de lo supersticioso y conduce mi alma hacia el amanecer de luz, aurora de un mas allá.   

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA CARRETA



          El vaivén de la carreta hacía sonar las ruedas en el áspero transitar del camino de terracería que se prolongaba perezosa sobre el mapa de la campiña. Guiada por el jumento que se sacudía las moscas con la cola, mientras halaba su desperdigada carga entre costales, fajos de zacate y algunos implementos de labranza. El campesino de piel cobriza con sus pensamientos aburridos que colgaban de su imaginaria piloteaba apenas portando la sudorosa exposición a los rayos del sol.         
          La historia de la vida que se deslizaba en la pedrería, los terrones de barro que se desmoronaban dejando a su paso la huellas de un transitar socarrón, incitado por un arre y una agitación de los cueros de las riendas sobre los lomos del caballo.
          El paraje solitario que rondaba con bichos de toda naturaleza se ponía de acuerdo cuando asoleaba el rostro del transeúnte que bajo las alas de su sombrero se adormitaba en el trayecto de su viaje a través del tiempo. En los pocos entretenimientos del viaje sucedían cuando la bestia al acercarse a la orilla del camino se detenía con el afán de arrancar los montes que se asomaban detrás de los cercos, para mitigar su necesidad de rumiar. Para lo que se detenía en los parajes que por los frondosos árboles permitían una sombra refrescante que los incitaba a reposar para tomarse un respiro.
          Los ischocos semi-desnudos se alardeaban corriendo detrás de un pedazo de cuero, una chancleta vieja que hacía las veces de pelota y pasaban temerariamente frente al cortejo, deteniéndose y como quien ve un acontecimiento se dejaban escuchar en el mutismo que provocado por la sorpresa que producía el carretón.
--- Adiós Candelario…---razona uno de los patojos.
          No existe respuesta verbal, el individuo se toca el sombrero con los dedos y levanta la mano para hacer una señal de haber escuchado. De la bolsa de pecho saca uno de esos puros de hojas de tabaco sobados a mano, le mastica una de las puntas, después del escupitazo, lo muerde mientras truena un cerillo para darle lumbre, una nube de humo blanco le envuelve el rostro.      Después de transgredir los linderos del rancho de su compadre, le imprime algo de velocidad al transporte, para llegar con tiempo hasta la parcela, donde los continuos surcos semi secos se enseñan con las matitas brotadas de las plantas del maíz. Ya parte de la mañana se ha alejado, la escasa agua proveniente de la toma se ha minimizado, pero aun así la tierra permanece con un grado de humedad, que le da el gratificante olor a tierra mojada del sembradío.
          Con sus botas de hule y machete en mano se traslada por las orillas hasta llegar al árbol de Jacaranda, donde descarga todo su equipaje, se tumba en el suelo, acomodándose el sombrero que le cubra la cara.
          En la nebulosa cargada de instintos que revolotean en el ambiente se desprende el espíritu y se torna en sueño.
          “Tras la pálida niebla y en ausencia de los sonidos, la imagen se hace brillante ante los ojos del niño, cuan grandes que se salen de las órbitas, sobre sus cachetes chorreados resbalan algunas lágrimas, mientras escucha el tierno chasquido de un beso que a la distancia le prodiga la mujer que frente a él y cubierta de mantas blancas le agita la mano, en señal de cariño.
          Sentado en las raíces de un árbol que le cobija y de respaldo le acomoda arranca con su mano izquierda el propio musgo del tronco que a sus lados crece, levanta sus pies que se descubren de los caites y rasca la tierra manifestando congoja o quizás miedo, el sentimiento no le deja levantarse pero las mangas de la camisa no le alcanzan para limpiarse los mocos que le cuelgan de la nariz. En su costado su mano derecha sostiene con fuerza el palo de la honda que se reposa en los bodoques de barro que además le abultan la bolsa del pantalón.
          El viento contribuye a golpearle el rostro mientras se hace el valiente cuando la dama se acerca, haciendo el movimiento de descubrirse el velo que le oculta la cara, el chico aprieta los dientes y se tapa los ojos. El sonido del susurro que recorre la distancia hacia sus oídos se le transforma en calofrío que le pone la piel de gallina. Una voz de ultratumba salpica en miedo en su corazón.
--- Hijo mío… Candelario….   Mírame!, acaso no ves que soy tu madre?, siempre te encuentro sin hacer nada, haragán, o acaso no tienes que estar en la escuela...?---
--- Siempre tras los pasos de tu tata, tumbado en la hamaca, o arrumacado en la cantina libando el maldito guaro, acaso no te has dado cuenta que de algo hay que vivir…
--- Cuando le viste, ir a recoger la siembra, le agarraba la jumadera cuando le apestaba la goma. Bueno para dar excusas era !. Desde que llegaba tarde de la noche oliendo a chilca, se me encaramaba en el camastrón presto hacer muchachitos, pera eso era muy macho…
---Solo vos y tu hermana se lograron, pues porque yo aun tenia juerza, tus otros hermanos desnutridos fueron a para al panteón. Y yo hasta que me harté, tarde quizás pero no aguanté mas, agarré mi tujas y me juí a la mierda…
---Una noche de tantas, cuando pasé por una de las calles donde se resbalan los domingueros que salen a darse el jolgorio, los campesinos que bajan de las fincas del banano, allí donde se atragantan de guaro blanco y donde las colas de hombre se hacen en los cuartos de las mujeres que les dan amor fácil por dinero… Si me lo encontré, apostado en la pared, como que él era el sostenía para que no se le viniera encima, atrapada tenía a la mujer entre los brazos, que se dejaba sovigiar y se embadurnaba de sus babas…
---Y me dio un arranque de celos, se me nubló la vista y me lancé hacia él, con las uñas le zampé un manotazo, hasta dejarle marcada con sangre la cara y se me dejó venir encima con un cuchillo en la mano y me lo clavó aquí (mostrándole) en el vientre, apenas alcance a levantarme pero caí mas adelante, la sangre me estilaba hasta por las canillas, me caí nuevamente hasta que perdí el sentido, la fui a tener al hospital, donde estuve algún tiempo, pero todo fue en vano, el maldito me la dio certera…
---Por eso vengo hacerte el consejo, trabajá mijo, no te metas a los vicios y no te dejes arrastrar, que todo cae del cielo. Buscate una tu mujer que te apoye y cuidá a tus hijos. Mirá pues ese tu tata después de lo que pasó fue a para al bote y allí se va podrir, sin familia y sin amigos.”
          Un trueno sobre la montaña que desplegó en nubarrones oscuros se desgranó en lluvia. Candelario despertó, no daba crédito a lo experimentado durante su sueño, cabizbajo y meditabundo, se sacudió los pantalones, se acomodó el sobrero y salió corriendo. Ya de regreso en la carreta meditaba sobre el mensaje que había recibido de su difunta madre.
          Regresó por donde vino, al pasar frente al rancho vecino, los patojos jugaban entre los charcos de agua del llovizno que aun caía, un de ellos cubierto con un pequeño nylon se le acercó a su paso.
--- Candelario… ya vas de juida por el agua?.
          El se le quedo mirando a sus ojos grandes  y sus cachetes regordetes chorreados, le había impresionado, eran como los del sueño…
--- Si ya me voy, nos vemos otro día…
--- Que te vaya bien Cande… Hay! te recuerda de lo dicho por tu mamá.
          Luego salió corriendo y se perdió en la distancia
          Candelario se quedó atónito, perdida la mirada, mientras los goterones le rebotaban en el ala del sombrero. Sería mas que un sueño?