Siempre
de mi mano y aun sobre mi espalda, me vi perseguido por tu sombra, acaso no
había otra ocasión para interpretar mis sueños? Me llevabas arrastrado por un
sendero desconocido, de peligro, retomando mi espíritu con el fin de empujarme en los barrancos de mis
miedos que me hacían escabullirme a toda costa de tus áridos consejos, para
hacerme temerario aun a costas de mis longevas aventuras.
Te
vi arrebatando de mi intelecto la creación, las mágicas ideas de mi mente,
sutiles encantos de mi prosa, que arrugadas en trozos de papel circulaban entre
la pluma y mis ideas sin fin, después de haber plasmando con la tinta de mis heraldos, desarrollando con toda
humildad mis mas caros sueños, mientras los años siguientes de la infancia a la
adolescencia se iban haciendo maduros.
Volaba,
entonces, en forma de rima mis pensamientos que apuntaba a la expresión de toda
clase de sentimientos, expresado bellamente en poesía que la vida se tornaba
rosa y las damiselas de mis ángeles se ocupaban de mis sentimientos que ocupan el
espacio de mi joven vida. Pero nunca me dejaste de perseguir, siempre a la saga
apuntalando con tus sarcásticos discursos que me orillaban a dejar por un lado las
mieles de mis inventos.
Caminaba
por los abismos y deambulaba por las veredas en búsqueda del poder creativo de
mis musas, me vi socavado al esconderme de tus miradas, cubierto por el manto
de la magia, mientras paso a paso cabalgaba imponente detrás de un objetivo que
me llevara a salir adelante en el altar de la cultura escrita.
Era
el espíritu o a lo mejor el alma que buscaba el tránsito de la libertad sin
ataduras para desarrollar mi intelecto mientras maduraba de adulto en la
consecución de metas. Escuché,
entonces, las campanas de tañir sereno,
pasmado y de sonsonete triste. Sabes eso me provocó inundándome de miedo, como
quien con un sonido invita a relajarse, anunciado que algo se hace suceso en el
tránsito de la vida a la muerte, donde los santos óleos se hacen presentes para
purificar el cuerpo que se ve evacuado de la sustancia que le da calor. Postrado
en la enfermedad, te vi allí a mi diestra como que había logrado tu propósito,
doblegándome al mostrarme los dientes de tu calavera tras una sorbida sonrisa
que mostraba cuan persistente te comportabas, para guiarme en el pasaje entre
la vida y el mas allá, pero jamás dejé que me arrancaras el hálito de ilusión
que peleaba con mi aliento. Las falanges de tu huesuda mano recorrían mis
sienes de blanca cabellera como quien te reconforta de una inclemente sanación,
o una reconfortante muestra de cariño. Con un sutil “Acéptalo es tu destino”.
Pero
no quería dejarme vencer, apuntalé mis convicciones y me plante erguido para
defenderme, para no hacerme víctima de las circunstancias, me convertí en
dominador de esta situación, levantándome de mi lecho de dolor o en medio de
las cenizas, para aplastar esa incesante persecución tuya. Si la de la muerte,
la del camino sin retorno a la que me habías arrancado con tus zalamerías. El
brillante filo de tu guadaña que se inclinaba sobre mi cabeza, me había ensañado
ante todos los mortales, era posible detener el tiempo, haciendo caso omiso del
fin obligado a cumplir con el pacto firmado desde el momento que nacemos.
No
creo que me hayas vencido a través del tiempo, pero he logrado prolongar mi
estancia en esta tierra, jugándote a las escondidas o utilizando atajos para no
enfrentarme de viva voz con tu presencia. He logrado distraer tus ojos, tu
pensamiento en tu largo caminar, he hecho invisible tu presencia en los momentos
de cumplir propósitos, he incurrido a robar tu atención en los puntos álgidos. Pero
aun así percibo tu manto de impunidad que se cierne sobre mis huesos intentando
atraparme como una red de dimes y diretes para hacer mas intrigante mi
proyección a la posteridad.
Salgo
de mi escondrijo y me instalo en el ápice de mi cerebro, creador de estos pensamientos,
utilizando mi voz deletreada en cantos de mi insipiente prosa, para gritar mis
compasiones y la manera de romper la llegada al punto en que tú, te hagas cargo
de mis despojos e introducirme en el catafalco de mis pasiones. A ti!, Oh! muerte
es a la que mas temo, sin racionalizar que este paso me da el brinco a la
inmortalidad, las letras están allí y sobrevivirán a mis anuarios, quizás mas
allá gracias a la confianza de los que me rodean. Mi cuerpo será devorado por
los gusanos, pero mis ideas no, no tendrán el mismo final, como grabadas en
piedra y en la mente de mis dilectos chocarreros amigos que osen beberse la
lectura de mis cuentos.
El
encuentro no será fácil, entre el Yo no quiero y lo que es tu deber de
ejercitar, sin readecuaciones ni amparos que valgan, lo sentenciado se cumple.
Has visto a alguien que se burle de ti? Cuando tu levantas la banderola de
cuadritos que significa llegar a la meta, se va a frustrada tras la doce
campanadas de un reloj de frontispicio antiguo que se remite en segundos con
retraso, mientras el peso del segundero se rasca lentamente en el ascenso del 6
al 9 y hasta el lejano 12.. Ni aun el respiro de una exhalación del alma con
lánguidos propósitos que se atasca, cuando el corazón deja de latir, mientras
con maniobras externas le logran hacer despertar de un letargo anaeróbico que
lo coloca en el borde del final.
El
propósito de un buen morir, de quedarse a dormir el sueño eterno, con la
plenitud de tranquilidad que reposa en un síncope de vagas consecuencias que
parte en silencio y me acomode en los 4 tablones, pintadas de telas blancas
adornadas con bolitas de naftalina.
Con
el paso del tiempo en un mausoleo de propiedad horizontal donde tu cuerpo
se ve acomodado, por debajo de alguno o
por encima de otro, mientras no muy lejos el espíritu se coloca junto a la
cruz, sentado, con la mano sosteniendo la barbilla con la propia parábola del
pensador, imaginando si hubiesen cambiado los propósitos de esta vida, podrías tu
tener un mas allá, un oficio alternativo.
Pero
en fin te doy la razón del ángel de la muerte, cumples consigo mismo, el cruzar
con sutileza en el pasto de una barca que rompe el ocaso de lo supersticioso y
conduce mi alma hacia el amanecer de luz, aurora de un mas allá.