miércoles, 5 de noviembre de 2014

LA TONADA DE LOS MANZANOS



          Stephanía la dulce, la princesa de los querubines, la de las apariciones con elegantes velos, rito de bonanza que se estrenaban en sutiles danzas el la plaza del Olimpo, recreando sus historietas mágicas con la música de flautines y cornos de los pegazos de colores. Las arpas de oro inundando de tal manera el espíritu del amor de las muñecas en pareja que daban vueltas en danzante pista de turrón, en el acápite de un pastel.
          Escondida detrás de las estrellas, en el espléndido marco del infinito jugueteabas como damisela. Soltera la fragante joven de delicada voz de soprano. Era una dicha el escucharle, todos le escuchaban, con las altas notas de un pentagrama elevadas al viento, el tremor de sus alegrías en tonadas colmadas de sabiduría en flor que cruzaban el pensamiento la expresión pura de toda una fábula que llevaba el mensaje de su solitario corazón, lanzado como saeta del espíritu de una chiquilla en busca del amor.
          Sentada en un diván, inviertes tu tiempo, junto a tus amigas, tejiendo en bastidores de madera, el tricot de tus inspiraciones, mientras las cacatúas, aves de verde plumaje se dan a la tarea de tararear los mensajes que son sembrados para el príncipe de sus anhelos. El té de las cinco de la tarde se humeaba en las tasas de porcelana, marcando el horario de una música vespertina que cerraba el horario de celajes acompañados por los vestigios de la noche. La carroza de brillantes corceles se acomedía en transportar a las damas hasta sus aposentos del castillo después de una operática presentación.
          El manto de la oscuridad cubría de este a oeste, dando escolta a la pálida luna que se asomaba sonriente bajo la solidaridad de las chicharras y los grillos, que en su gran orquesta se hacían coro en el sereno de la noche.
          Stephanía suspiraba en lo alto de su ventanal, deseando que con el milagro de sus tonadas sucediera, la aparición del galán de sus sueños. Pero tras la luces de candiles entristecía a la espera infructuosa, después de hacer brotar algunas lágrimas se lanzaba sobre la cama de plumón de ganso donde se consolaba entre cojines de blanca seda hasta caer en brazos de Morfeo.
          Las altas trompetas con su elegante soplido, hacían que los ojos de la corte se pusieran en aviso. En la vereda que conduce al palacio se anunciaba una caravana, un piquete de soldados portando estandartes con escudos de dragones, se acercaban a medio trote hacia los jardines de la entrada principal.
          El caballero desconocido que los precede, cubierto de casco que le oculta el rostro, luce tremenda armadura que brilla con los destellos del sol, su caballo blanco con un paso muy singular marca elegantemente el trote del animal, con correas de frenos que se distinguen como botones de material plateado.
          La princesa, con desgano, como acostumbraba, altaneramente, colocándose a la diestra de su padre. Solicita ver el rostro del pretendiente, es obedecida y tras una gesticulación de desagrado cae fingiendo un desmayo, sin decir palabra era llevada en brazos a sus aposentos, donde abriendo uno de sus ojos y mostrando una sonrisa de burla se incorporaba. Eso bastaba para que los visitantes fueran expulsados de la corte.
--- Ya se fue el fulano pretendiente?---
---Si mi señora, ---le indica una de sus damas de compañía.
--- Que tipo mas desagradable, ni loca pondría mis ojos en él---
--- Ud. mi señora siempre dice lo mismo de los que la pretenden y es porque su corazón no ha encontrado a su alma gemela, mi niña…
--- Será posible eso Gertrudis, que sabes tu del hombre de mis sueños, la quimera de mis ilusiones. Acaso tu nunca has pensado en un caballero?---
---Claro que si mi ama, pero yo una simple doncella, que le puede pedir a la vida---
---Y si…! El deberá ser un hombre humilde y noble corazón aunque no posea fortuna.

          No muy lejos de allí en un poblado que pertenecía a los dominios del Reino, existía una pequeña granja de árboles frutales donde vivía una familia que se dedicaba a las labores de agricultura. Un apuesto joven era el encargado de los campos de manzana, tan dedicado que en ese lugar se producían las frutas mas hermosas y de mejor sabor.
          Dentro de sus cualidades el joven era admirado no solo por su trabajo sino que por su cantar, su exquisita voz era un deleite para los pobladores y decían que la grandeza de su cosecha se debía a que los árboles se veían arrullados por su melódica voz. Cada mañana llevaba al mercado las cajas de suculentas frutas para la venta, muchos chiquillos que se acercaban hacia él les beneficiaba con el obsequio de alguno de sus productos.
          Stephanía por su parte le gustaba visitar la plaza del poblado pero no en su calidad de princesa, se vestía de ropas sencillas y con un pañuelo de malla cubría su rostro, haciéndose pasar por una gitana, que se detenía en el kiosco del parque a cantar sus tonadas, mostrando la delicadeza de su hermosa voz, las gentes le hacía rueda y le increpaban para seguir su Velho canto.
          En cierta oportunidad observó llena de curiosidad al joven que también cantaba y las obras buenas que le gustaba hacer. Se le acercó, le hizo un cortés saludo.
---Que puedo hacer por ti dilecta doncella.---
--- Joven no serías tan amable de regalarme una manzana?--- fingiéndole la voz
--- Claro gitana de bella voz, toma la mas grande… y disfrútala, que mas querría yo de tener una guzla en la garganta como tú---
---Tu caridad de mancebo hace que te merezcas muchas cosas y que el cielo te las conceda. Verás que te sucederán de hoy en delante solamente cosas buenas y maravillosas---
---Gracias señora, lo mismo para ti, que tus quimeras se vuelvan realidad.---
          El dama tomó una cadena con una  pequeña llave de oro y la dejó caer indiferente dentro del canasto de las manzanas, al cabo de un rato, El joven se dio cuenta pero cuando quiso buscarla, para devolverla, ella había desaparecido entre la multitud del mercado, por lo que se dio a la tarea de buscar a la dueña del dije. Lo que mas le había impresionado era su dulce voz.           La princesa regreso al seno de su hogar muy feliz por el encuentro, había encontrado el candidato ideal para depositar sus sentimientos, el amor de su vida, con su corazón henchido de esperanza se ilusionaba por lo que había sucedido, sus pensamiento le hacía volar cuando pensaba en el mancebo, era motivo de grandes emociones imaginar que había cambiado algunas palabras con él y tenia un firma propósito de buscar un reencuentro con el galán.
         
          El joven tomó la iniciativa de salir en un carretón con su cosecha de frutos, a deambular por las calles del poblado, buscando en todos los rincones, las granjas y villas alrededor del palacio, en pos de la dama del canto bello, que le había impactado con su belleza.
--- Busco a la hermosa dama, que me robo el corazón con sus exquisitas tonadas.--- Cantaba cuando recorría los caminos.
---Cómprenme la fruta fresca, la mejor! Eso me da aliento para seguir buscando a mi elegida---
--- Guíenme hasta el portal donde pueda encontrar a mi amada---repetía constantemente.
          Uno de esos tantos días pasó por las puertas de palacio con su pregón y fue copado por un par de damiselas, quienes le condujeron con todo y carretón, hasta el amplio patio interior. Todo por órdenes de Stephanía, quien vestida con todas sus galas, le esperaba.
--- Que se le ofrece a su majestad? Llevo deliciosas manzanas para el gusto de su merced.--
--- Dime tu nombre joven cantor, o te he de llamar el Manzanero porque vende las frutas mas sabrosas de esta tierra--- le insistió cantando.
--- Ludovico hermosa princesa.--- Respondió en canto--- y me enorgullece vender la mejor manzana.---
--- Haber dime que te trae por aquí.--- supongo que no es solo por la fruta---
--- No mi señora, busca a la dueña de mi corazón y por eso traigo en mis manos la llave y mi dulce canto para rendirme a tus pies.--- mostrándole el dije.--- busco a la que un día me mostró con su sonrisa, un bello sentimiento.
          Ella le tendió la mano y le hizo subir las gradas del pedestal, acercándose, se tomaron de las manos y bajo la letra de una opereta cantaron alegremente, e hicieron sus promesas y se juraron amor eterno.       Entre cantos clásicos y duetos de zarzuelas, se comprometieron, luego al cabo del tiempo, durante la época de la cosecha de los manzanos, celebraron su matrimonio y vivieron felices por el fin de los tiempos.



  
         

 

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