Stephanía
la dulce, la princesa de los querubines, la de las apariciones con elegantes
velos, rito de bonanza que se estrenaban en sutiles danzas el la plaza del
Olimpo, recreando sus historietas mágicas con la música de flautines y cornos
de los pegazos de colores. Las arpas de oro inundando de tal manera el espíritu
del amor de las muñecas en pareja que daban vueltas en danzante pista de turrón,
en el acápite de un pastel.
Escondida
detrás de las estrellas, en el espléndido marco del infinito jugueteabas como
damisela. Soltera la fragante joven de delicada voz de soprano. Era una dicha el
escucharle, todos le escuchaban, con las altas notas de un pentagrama elevadas al
viento, el tremor de sus alegrías en tonadas colmadas de sabiduría en flor que
cruzaban el pensamiento la expresión pura de toda una fábula que llevaba el
mensaje de su solitario corazón, lanzado como saeta del espíritu de una
chiquilla en busca del amor.
Sentada
en un diván, inviertes tu tiempo, junto a tus amigas, tejiendo en bastidores de
madera, el tricot de tus inspiraciones, mientras las cacatúas, aves de verde
plumaje se dan a la tarea de tararear los mensajes que son sembrados para el
príncipe de sus anhelos. El té de las cinco de la tarde se humeaba en las tasas
de porcelana, marcando el horario de una música vespertina que cerraba el
horario de celajes acompañados por los vestigios de la noche. La carroza de
brillantes corceles se acomedía en transportar a las damas hasta sus aposentos del
castillo después de una operática presentación.
El
manto de la oscuridad cubría de este a oeste, dando escolta a la pálida luna
que se asomaba sonriente bajo la solidaridad de las chicharras y los grillos,
que en su gran orquesta se hacían coro en el sereno de la noche.
Stephanía
suspiraba en lo alto de su ventanal, deseando que con el milagro de sus tonadas
sucediera, la aparición del galán de sus sueños. Pero tras la luces de candiles
entristecía a la espera infructuosa, después de hacer brotar algunas lágrimas
se lanzaba sobre la cama de plumón de ganso donde se consolaba entre cojines de
blanca seda hasta caer en brazos de Morfeo.
Las
altas trompetas con su elegante soplido, hacían que los ojos de la corte se pusieran
en aviso. En la vereda que conduce al palacio se anunciaba una caravana, un
piquete de soldados portando estandartes con escudos de dragones, se acercaban
a medio trote hacia los jardines de la entrada principal.
El
caballero desconocido que los precede, cubierto de casco que le oculta el
rostro, luce tremenda armadura que brilla con los destellos del sol, su caballo
blanco con un paso muy singular marca elegantemente el trote del animal, con
correas de frenos que se distinguen como botones de material plateado.
La
princesa, con desgano, como acostumbraba, altaneramente, colocándose a la
diestra de su padre. Solicita ver el rostro del pretendiente, es obedecida y tras
una gesticulación de desagrado cae fingiendo un desmayo, sin decir palabra era
llevada en brazos a sus aposentos, donde abriendo uno de sus ojos y mostrando
una sonrisa de burla se incorporaba. Eso bastaba para que los visitantes fueran
expulsados de la corte.
--- Ya se fue el fulano
pretendiente?---
---Si mi señora, ---le indica una de
sus damas de compañía.
--- Que tipo mas desagradable, ni
loca pondría mis ojos en él---
--- Ud. mi señora siempre dice lo
mismo de los que la pretenden y es porque su corazón no ha encontrado a su alma
gemela, mi niña…
--- Será posible eso Gertrudis, que
sabes tu del hombre de mis sueños, la quimera de mis ilusiones. Acaso tu nunca
has pensado en un caballero?---
---Claro que si mi ama, pero yo una
simple doncella, que le puede pedir a la vida---
---Y si…! El deberá ser un hombre
humilde y noble corazón aunque no posea fortuna.
No
muy lejos de allí en un poblado que pertenecía a los dominios del Reino,
existía una pequeña granja de árboles frutales donde vivía una familia que se
dedicaba a las labores de agricultura. Un apuesto joven era el encargado de los
campos de manzana, tan dedicado que en ese lugar se producían las frutas mas
hermosas y de mejor sabor.
Dentro
de sus cualidades el joven era admirado no solo por su trabajo sino que por su
cantar, su exquisita voz era un deleite para los pobladores y decían que la
grandeza de su cosecha se debía a que los árboles se veían arrullados por su
melódica voz. Cada mañana llevaba al mercado las cajas de suculentas frutas para
la venta, muchos chiquillos que se acercaban hacia él les beneficiaba con el
obsequio de alguno de sus productos.
Stephanía
por su parte le gustaba visitar la plaza del poblado pero no en su calidad de
princesa, se vestía de ropas sencillas y con un pañuelo de malla cubría su
rostro, haciéndose pasar por una gitana, que se detenía en el kiosco del parque
a cantar sus tonadas, mostrando la delicadeza de su hermosa voz, las gentes le
hacía rueda y le increpaban para seguir su Velho canto.
En
cierta oportunidad observó llena de curiosidad al joven que también cantaba y
las obras buenas que le gustaba hacer. Se le acercó, le hizo un cortés saludo.
---Que puedo hacer por ti dilecta
doncella.---
--- Joven no serías tan amable de
regalarme una manzana?--- fingiéndole la voz
--- Claro gitana de bella voz, toma
la mas grande… y disfrútala, que mas querría yo de tener una guzla en la
garganta como tú---
---Tu caridad de mancebo hace que te
merezcas muchas cosas y que el cielo te las conceda. Verás que te sucederán de
hoy en delante solamente cosas buenas y maravillosas---
---Gracias señora, lo mismo para ti,
que tus quimeras se vuelvan realidad.---
El
dama tomó una cadena con una pequeña
llave de oro y la dejó caer indiferente dentro del canasto de las manzanas, al
cabo de un rato, El joven se dio cuenta pero cuando quiso buscarla, para
devolverla, ella había desaparecido entre la multitud del mercado, por lo que
se dio a la tarea de buscar a la dueña del dije. Lo que mas le había
impresionado era su dulce voz. La
princesa regreso al seno de su hogar muy feliz por el encuentro, había
encontrado el candidato ideal para depositar sus sentimientos, el amor de su
vida, con su corazón henchido de esperanza se ilusionaba por lo que había
sucedido, sus pensamiento le hacía volar cuando pensaba en el mancebo, era
motivo de grandes emociones imaginar que había cambiado algunas palabras con él
y tenia un firma propósito de buscar un reencuentro con el galán.
El
joven tomó la iniciativa de salir en un carretón con su cosecha de frutos, a
deambular por las calles del poblado, buscando en todos los rincones, las
granjas y villas alrededor del palacio, en pos de la dama del canto bello, que
le había impactado con su belleza.
--- Busco a la hermosa dama, que me
robo el corazón con sus exquisitas tonadas.--- Cantaba cuando recorría los
caminos.
---Cómprenme la fruta fresca, la
mejor! Eso me da aliento para seguir buscando a mi elegida---
--- Guíenme hasta el portal donde
pueda encontrar a mi amada---repetía constantemente.
Uno
de esos tantos días pasó por las puertas de palacio con su pregón y fue copado
por un par de damiselas, quienes le condujeron con todo y carretón, hasta el
amplio patio interior. Todo por órdenes de Stephanía, quien vestida con todas
sus galas, le esperaba.
--- Que se le ofrece a su majestad?
Llevo deliciosas manzanas para el gusto de su merced.--
--- Dime tu nombre joven cantor, o
te he de llamar el Manzanero porque vende las frutas mas sabrosas de esta
tierra--- le insistió cantando.
--- Ludovico hermosa princesa.---
Respondió en canto--- y me enorgullece vender la mejor manzana.---
--- Haber dime que te trae por
aquí.--- supongo que no es solo por la fruta---
--- No mi señora, busca a la dueña
de mi corazón y por eso traigo en mis manos la llave y mi dulce canto para
rendirme a tus pies.--- mostrándole el dije.--- busco a la que un día me mostró
con su sonrisa, un bello sentimiento.
Ella
le tendió la mano y le hizo subir las gradas del pedestal, acercándose, se
tomaron de las manos y bajo la letra de una opereta cantaron alegremente, e hicieron
sus promesas y se juraron amor eterno. Entre
cantos clásicos y duetos de zarzuelas, se comprometieron, luego al cabo del
tiempo, durante la época de la cosecha de los manzanos, celebraron su
matrimonio y vivieron felices por el fin de los tiempos.
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