viernes, 31 de octubre de 2014

ILUSIONES ROTAS



          Fuiste al encuentro de las gaviotas, buscando el punto de retorno de los celajes, paso a paso te entrometiste de niña, en el ansia de tus suspiros, para encender los pistilos de tus cambios de pensamiento, de fruto en verde convertida de capullo a mariposa.
          Bajabas en el tropel de sus sandalias, por el caminito de tu historia de adolescente. La coquetería te afloraba en el cortijo de tus cabellos, lo manzana rosa de tus mejillas, cuando en rápidos movimientos balanceabas tus escasas caderas. El agitado vaivén de tus collares, de rojo linaje de coral, se arrastraban relevantes en tus recién crecidos senos, estabas llegando a concretar, dejando de ser niña y asomarte a la pubertad de una mujer.
          Tus negros ojos ocultos tras el cántaro de tu mandado, enfocaban curiosamente hacia los horizontes de la ilusión, cuando despertabas bajo la mirada de los muchachos que te chuleaban por la calle, dejando en ti, el tinte de tímido de rubor. El paso ligero que resonaba bajo el corte, incrementaba el apuro a dejar gotas de sudor que resbalaban de tu rostro, sin decir palabra te escurrías en las empedradas callejuelas, para esconderte en tu rancho.
          Tras un lánguido silencio, reposabas en el borde de la pila, con una inocente sonrisa en los labios y un ruiseñor de ilusiones en tu mente. Todo se sentía hermoso, el palpito de tu corazón suelto como notas fuera de un pentagrama, ágil, explosivos vientos sacudiendo tus cabellos, apuntaban a limpiarse, dentro de una palanganada de agua, recién vertida de la tinaja, la que empujabas para refrescar la pícara actitud de una chiquilla en los bordes de una primera experiencia en el asunto del amor. En la diligente labor diaria, perdía de pronto atención para ver estrellas y gorriones que le interrumpían los quehaceres domésticos.
--- Que te pasa patoja?---le preguntaba su madre --- como que se te fue el pájaro, apurate que ya viene tu tata, justito a tiempo para la comida---
          Margarita, con el mutismo que le caracterizaba, continuaba oprimiendo las bolas de masa para elaborar las tortillas, que brincaban de sus manos al comal, transitando de dos vueltas al canasto con servilleta de manta. De vez en cuando atizaba a un costado los leños de encino que soltaban llamas con bocanadas de humo que iban derechito al cielo, escapándose a través de las tejas. El batidor de frijoles en pepita salpicaban en caldo negro para agarrar su sazón con cebolla y ajo.
          La mesa de madera, chenca, ajustada en una de sus patas con un pedazo de teja, no daba espacio para toda la familia, el padre junto a sus hermanos varones ocupaban de primera fila a la espera del muñeco de tortillas, la pana de sal donde descansaban además, un par de chiles diente perro, para hacer ameno el apetito. La madre oficiosa hacía la repartición de la comida, mientras la niña de pie habiendo terminado su labor de tortillería, tan solo se arrimaba con un plato de peltre en sus manos sopeando con los dedos el caldo con un mamacho de masa.
          Los dos patojos terminaron a toda prisa, se santiguaron, dieron las gracias y se retiraron, en el umbral de la puerta tomaron sus sombreros de palma.
---¡Pa…!, vamos a dar una vuelta al parque.---
          De carrera se dirigieron hacia el centro del poblado a jugar el trompo, o con una palomilla a darle de patadas a la pelota mientras se consumía en trinos de pájaros los vientos de la caída de la tarde.  
          La chica emocionada se aposta en la ventana a recrear sus sueños y pendejear a la luna que hermosa y redonda se muestra en el satín de azul oscuro del firmamento, se tomaba de los cachetes y pescueceaba para vigiar quienes pasaban frente al rancho, mientras le tocaba lavar trastos.
          Los gallos apuntan en cantos del alba con la bienvenida del sol, ya los ranchitos mostraban actividad con el vapor que brota de sus tejados, el ronquido del  motor del molino de nistamal cuyo sonido se asemejaba a una carcajada en las afueras de la calle, donde las mujeres se recostaban con su olla de maíz cocido a la espera de su turno de moler.  Los posillos de café han servido de despedida de los hombres de la casa, que se alejan con azadón al hombro al sacar la tarea del día en los campos de cultivo.
          Margarita a dejado la pereza entre las chamarras y se apresta a darse un chapuzón de cara, de aseo corporal, escondiéndose tras las tablas de lepa del baño, se arropa, sale hasta encontrarse un pequeño espejo  con gran delicadeza desenreda su negra cabellera con el peine que le hace escurrir parte del agua sobre sus ropas, con la ayuda de su madre, le fabrica con mucha maestría una trenza que le cae hasta la cintura, ella y su sonrisa lozanía de la edad, vivaracha existencia, abrumada por sus labores que no le dio oportunidad de asistir a la escuela y en su pasiva soledad destinada a acompañar a la madre, eso no le afectaba, eran las pequeñas cosas que le alegraban, la ilusionan y daban la felicidad familiar. Allí transcurrió a escondidas le transforman de niña a adolescente.
          El rocío de la mañana se esfuma como las hojas de un calendario, que se traducen dentro de la poca actividad para una joven que apenas disfrutaba de las cosas de la juventud, sus labores propias de la familia, no le permiten tener amigos y sus relaciones no va mas allá de los alrededores de su covacha o acaso al cercano molino a triturar el maíz, o la visita al ojo de agua a proveerse.
          Salió muy de mañana a su mandado con el cántaro en la cintura en búsqueda del vital líquido, el caminito que le lleva al río, se ve solitario, después de llenar la tinaja, sacudió sus caites en la orilla y precisó el regreso, junto a la arboleda que da inicio a la subida, alguien le franqueó el paso, uno mas por detrás que la empujó al suelo. Le cayeron encima y sin decir amén le golpearon el rostro, ella se defendió como gato, pero sucumbió, le fue rasgado su güipil entresacándole el corte con lujo de fuerza, le taparon la cara.
          Fue abusada por los canallas,  con lujuria fue maltratada y luego le dejaron en un paraje, la creyeron muerta y la abandonaron. Le habían quebrado su tinaja, el agua se derramó junto a ella, sangre en las heridas de sus piernas y  en los restos de su ropa que se revolcaba de lodo.
          Fue llevada a su casa por vecinos del lugar que le encontraron desfallecida, había sangre que brotaba de su boca, con la mirada perdida en el espacio no emitía ninguna palabra, ni queja. Lo que mas temía era la chicoteada de su Tata.
          Junto a la pila haciendo labores de lavado, se encuentra la joven, sus ojos ahora se encuentran hundidos y tristes, además su alborotado pelo enredado, ya no es motivo de ser cuidado, las mejillas pálidas le marcan en manchas los vestigios del embarazo, todo es confusión, la preñez le ha desfigurado su cuerpo y apagado el alma, está mas delgada y perdió aquella lozanía y actividad que poseía, por extraño que parezca algo se mueve dentro de la barriga, le duelen la espalda y las caderas.
          Margarita ya no es la misma, ausente de pensamiento, ha perdido el habla y a lo mejor el juicio. Le rompieron su adolescencia y le borraron sus ilusiones. Producto de su trauma.   

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