El
salto de un grillo estremeció el lánguido cajón de las cosas viejas, mareado
por la modorra se acurrucó, después de haber estirado sus patas el brinco se
hizo presente sobre los rollos de papel que se rodeaban, fue como una noche de
farra, acompañado de los cucarachones zigzagueado rumbo a sus escondrijos,
terminaban con comentarios iniciados la noche anterior después de que las luces
se habían apagado.
Las
libélulas después de haber completado sus danzas se habían golpeado contra el
bombillo que señalaba la pista de baile, cayendo patas arriba en un final de
chicharrón por lo caliente. Los pulgones organizaban sus aplausos, mientras las
mariposas se posaban espléndidas, mostrando sus hermosos colores, mientras
aleteaban coquetamente.
Poco
acomedido y descuidado el grillo salió al exterior a contemplar los albores de
la mañana, pero cuando se acercaba a las orillas de grama, escuchó un ruido
especial, levantó sus ojos hacia el firmamento y observó una gigantesca
criatura que le enfrentó sarcásticamente:
--- ¡El sapo!--- gritó
desaforadamente mientra se escabullía por los alrededores. Hábilmente pasó de una planta a la
otra y se escondió bajo las hojas de un geranio, esperó un corto tiempo y asomó
luego sus antenas, en un santiamén se lleno de asombro cuando de vio asomar la sombra del animal.
---¡El sa…po!---gritó, mientras
intentó saltar de último recurso.
Las
fauces del batracio le hicieron presa, quien sonriente después de deglutirlo se
expresó:
--- Excelente desayuno, después de
una noche de farra…
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