La
niña, la de los grandes ojos cafés, enjuga sus lágrimas en un pañuelo de
algodón, se mueve en el fondo de su almohada suspirando en medio de sus penas,
la ausencia de su hermana, todo le preocupa y la entristece. Su apegó y su
consuelo se encuentra lejos, y a punto de separarla por motivo de su
matrimonio, los pucheros le traen a la memoria su imperecedero amor a la que le
ha fungido en sus pocos años de vida como una madre.
Se
levanta acongojada con instancias en solicitud de consuelo, lo rojo de sus ojos
se reflejan en el espejo del pequeño ropero de su habitación, despacio se
dirige hasta la puerta contigua y jirimiqueando, somata el madero despacito,
como quien no quisiera despertar mas que a una persona. su querida hermana.
--- Hermanita…!, hermanita…! Estas
allí.---
Pero
un silencio le acompasa, sin respuesta, se sacude las narices que se llenan de
secreciones y cae sentada a la orilla de la portezuela, donde inicia nuevamente
un llanto sin mayor escándalo. Golpea nuevamente la puerta repitiendo:
--- Hermanita…!, hermanita…! Me
querés, me querés hermanita!
El
pestillo de la puerta se mueve donde una joven mujer sale de la habitación, la
recoge y la abraza junto a su corazón, ella se prende de su hombro mientras la
carga arrullándola con palmaditas en su espalda.
Siete
años han pasado desde que su madre la dejó al cuidado de la joven, quien le ha
prestado todos los cuidados como de hija, de alimentación y cariño. Las
domingueras salidas a la iglesia en su compañía o la invitación a comerse un
helado de nieve en el camino a casa. Ella, la niña, vive rebosante de felicidad
pegada a las naguas de su cariño. Contempla además como su crecimiento la lleva
a iniciar a la escuelita, donde con las primeras letras. Su hermana, como buena
maestra le dedica su tiempo de estudios y al cumplimiento de sus deberes.
Todo
el centro de su atención se enfoca en su relación en su casa, alejada de la
madre, quien ocupada en sus labores de costurera, la olvida en su diario
sobrevivir de su trabajo.
El
paso inexorable del tiempo hace mella en la niña, cuando su Nana se hace a
continuar su vida y la deja para iniciar su propia vida donde con las consabidas
responsabilidades al contraer matrimonio y empezar por crear a sus propios
hijos. Esto termina provocando un trauma
en la chiquita, el consabido celo por el esposo, cuando también se ve
desplazada del seno de su hermana y empieza a entrar en la soledad pensando que
nadie le hace caso.
A
pesar de todo ella, su hermana se mantiene en menor escala con la atención de
la nena a quien siempre le brinda
consuelo, relacionándola como hija mayor de sus prole.
Un
viaje le hace quizás superar aunque en mínima parte su falta de apego y al ser
enviada a estudiar con su hermana mayor, fuera del país. Entonces sucede el pasó el umbral de la
adolescencia entre su spanglish de
educación, con grandes expectativas para beneficios de la familia, pero
siempre se mantiene un contacto de pensamiento con la imagen de su hermana que siempre
suspira por ella. Como que fuera una hija.
Después
de un intempestivo retorno a la patria, la niña convertida en señorita se
incursiona en la vida, la que había dejado en el pasado, sus penas y problemas
, quizás se vieron parcialmente superados al tener nuevamente a su hermana a la
mano. Pero los avatares de la vida la sometieron a nuevos trances de un
matrimonio y un embarazo muy temprano, que a pesar de mostrarse como madre
ejemplar, le dio un paso dentro de su sufrimiento a contar siempre con su
hermana que la siempre la aconsejaba.
Ya
dependiente surge la opción de emigrar al lugar que le había propiciado su
educación primaria, con el recargo de dos hijos y la pena de una fallida, que
le provoca innumerables penas y problemas. Fuerte en su carácter y con la
consigna de seguir adelante ingresa a la Universidad y adquiere grado académico en Leyes.,
lo que le permite salir adelante.
Con
la ayuda de sus hermanas mayores, establece su vida en la ciudad del norte,
donde por Gracia de Dios, encuentra una pareja que la hace contar con una vida
de felicidad y orgullo.
Justo
premio, ella nunca perdió de vista a su hermana, la madre de crianza, quien
siempre estuvo allí para ella y la que le brinda toda clase de consejos y la
quiere como una hija.
A
través del tiempo han fortalecido esta relación, que las une y les provoca felicidad.
Con el triunfo y bienestar de ambas. Como no pensar que ella le ama como hija y
fortalece su cariño.