martes, 4 de agosto de 2015

LA NENA



          La niña, la de los grandes ojos cafés, enjuga sus lágrimas en un pañuelo de algodón, se mueve en el fondo de su almohada suspirando en medio de sus penas, la ausencia de su hermana, todo le preocupa y la entristece. Su apegó y su consuelo se encuentra lejos, y a punto de separarla por motivo de su matrimonio, los pucheros le traen a la memoria su imperecedero amor a la que le ha fungido en sus pocos años de vida como una madre.
          Se levanta acongojada con instancias en solicitud de consuelo, lo rojo de sus ojos se reflejan en el espejo del pequeño ropero de su habitación, despacio se dirige hasta la puerta contigua y jirimiqueando, somata el madero despacito, como quien no quisiera despertar mas que a una persona. su querida hermana.
--- Hermanita…!, hermanita…! Estas allí.---
          Pero un silencio le acompasa, sin respuesta, se sacude las narices que se llenan de secreciones y cae sentada a la orilla de la portezuela, donde inicia nuevamente un llanto sin mayor escándalo. Golpea nuevamente la puerta repitiendo:
--- Hermanita…!, hermanita…! Me querés, me querés hermanita!
          El pestillo de la puerta se mueve donde una joven mujer sale de la habitación, la recoge y la abraza junto a su corazón, ella se prende de su hombro mientras la carga arrullándola con palmaditas en su espalda.
          Siete años han pasado desde que su madre la dejó al cuidado de la joven, quien le ha prestado todos los cuidados como de hija, de alimentación y cariño. Las domingueras salidas a la iglesia en su compañía o la invitación a comerse un helado de nieve en el camino a casa. Ella, la niña, vive rebosante de felicidad pegada a las naguas de su cariño. Contempla además como su crecimiento la lleva a iniciar a la escuelita, donde con las primeras letras. Su hermana, como buena maestra le dedica su tiempo de estudios y al cumplimiento de sus deberes.
          Todo el centro de su atención se enfoca en su relación en su casa, alejada de la madre, quien ocupada en sus labores de costurera, la olvida en su diario sobrevivir de su trabajo.
          El paso inexorable del tiempo hace mella en la niña, cuando su Nana se hace a continuar su vida y la deja para iniciar su propia vida donde con las consabidas responsabilidades al contraer matrimonio y empezar por crear a sus propios hijos. Esto termina  provocando un trauma en la chiquita, el consabido celo por el esposo, cuando también se ve desplazada del seno de su hermana y empieza a entrar en la soledad pensando que nadie le hace caso.
          A pesar de todo ella, su hermana se mantiene en menor escala con la atención de la nena  a quien siempre le brinda consuelo, relacionándola como hija mayor de sus prole.
          Un viaje le hace quizás superar aunque en mínima parte su falta de apego y al ser enviada a estudiar con su hermana mayor, fuera del país.  Entonces sucede el pasó el umbral de la adolescencia entre su spanglish de  educación, con grandes expectativas para beneficios de la familia, pero siempre se mantiene un contacto de pensamiento con la imagen de su hermana que siempre suspira por ella. Como que fuera una hija.
          Después de un intempestivo retorno a la patria, la niña convertida en señorita se incursiona en la vida, la que había dejado en el pasado, sus penas y problemas , quizás se vieron parcialmente superados al tener nuevamente a su hermana a la mano. Pero los avatares de la vida la sometieron a nuevos trances de un matrimonio y un embarazo muy temprano, que a pesar de mostrarse como madre ejemplar, le dio un paso dentro de su sufrimiento a contar siempre con su hermana que la siempre la aconsejaba.
          Ya dependiente surge la opción de emigrar al lugar que le había propiciado su educación primaria, con el recargo de dos hijos y la pena de una fallida, que le provoca innumerables penas y problemas. Fuerte en su carácter y con la consigna de seguir adelante ingresa a la Universidad y adquiere grado académico en Leyes., lo que le permite salir adelante.
          Con la ayuda de sus hermanas mayores, establece su vida en la ciudad del norte, donde por Gracia de Dios, encuentra una pareja que la hace contar con una vida de felicidad y orgullo.
          Justo premio, ella nunca perdió de vista a su hermana, la madre de crianza, quien siempre estuvo allí para ella y la que le brinda toda clase de consejos y la quiere como una hija.
          A través del tiempo han fortalecido esta relación, que las une y les provoca felicidad. Con el triunfo y bienestar de ambas. Como no pensar que ella le ama como hija y fortalece su cariño.   

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