En
las esquinas, sobre las banquetas de la calle, adornadas de pequeños bancos nos
muestran la alegría de gastronomía, contando como en las vecindades de los
comedores de calle, cercanas a los mercado donde la frutas y verduras huelen a
limpio, el exquisito estímulo nasal de las comidas típicas: el pepián y el
revolcado de cabeza de marrano que estimulan los sentidos para abrir el
apetito, sobretodo el aroma sin igual del café hervido. El sabor a pepitoria,
los colochos de guayaba degustados como golosinas, y el famoso fresco de
súchiles, son junto a las imágenes poblanas de una pequeña comunidad, las que
acarrea a la mente y sirven de fuente de inspiración para una nueva incursión
en las páginas del buen comer.
Las
tortillas recién salidas del comal, que saltan apetitosas en el canasto de cien
mantas para mantenerse a tono, el sonido que se transforma en sabor de la
torteada y quema con fuego de leña de ciprés. Ingrediente principal de los
mamachos, especie de taco mezclador con queso o simplemente con sal, apretadas
un segundo antes de agarrar punto de cocimiento.
Junto
a las vendedoras del riquísimo atol blanco o de masa, preparado con toda gracia
con pepitas de frijol negro cocido y un manchado de chile picante. Los vasos
del amarillo atol de elote que humeante quema labios se degusta a boca de
chupón con su aderezo de una pizca de sal y granos de maíz que se depositan al
fondo. Vaya sino de pronto acompañados por los consabidos rellenitos de plátano,
rellenos con frijol refrito en su interior y bañados por manchas de azúcar y
rajas de canela.
El
complemento de tan ricas viandas viene con las famosas tostadas, tortillas que
han pasado por el baño de aceite caliente que las endurecen y que en cada
mordida truenan a delicia, por supuesto untadas con guacamol, salsa de tomate y
frijol frito, adornadas de rajas de cebolla, queso seco y hojas de perejil. De
chuparse los dedos
Todos
como el preámbulo de media mañana, para abrir el apitito del plato fuerte del
medio día. El sonido de las campanas anunciado la 12 horas, recuerda a los
transeúntes que el ruido estomacal es por cierto el despertados del gusano de
la merienda.
La
señora de trenza amarrada en el cogote y de delantal blanco que anuncia a un
ingenio levanta el cucharón para darle un revuelta a la olla de caldo. Caldo de
Res. La máxima expresión del arte culinario, que contiene los manjares de un
sin número de verduras donde sobresalen: el camote, el güicoy sazón, la yuca y
el repollo, bellamente aderezados con un trozo de carne de manita, hueso de
pescuezo, pepita o ubre de vaca, que va de lo exquisito a lo sublime cuando se
le agrega plátano cortado en trozo con su cáscara y espesado con arroz molido
para darle consistencia.
Los
comensales hacen cola para degustar el sabroso manjar de los dioses culinarios.
Bien
no vamos a dejar todas aquellas recetas especiales que se ofrecen al selecto
grupo de asistentes. Las tiras con recado de mil tomate, el guisado de carne de
marrano con salsa roja, el oscuro pepián de costilla de res. Que mas los
duraznos en dulce con cerezas y tantas
cosas linda que representa esta nuestra nacionalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario