martes, 4 de agosto de 2015

COMIDA TIPICA




          En las esquinas, sobre las banquetas de la calle, adornadas de pequeños bancos nos muestran la alegría de gastronomía, contando como en las vecindades de los comedores de calle, cercanas a los mercado donde la frutas y verduras huelen a limpio, el exquisito estímulo nasal de las comidas típicas: el pepián y el revolcado de cabeza de marrano que estimulan los sentidos para abrir el apetito, sobretodo el aroma sin igual del café hervido. El sabor a pepitoria, los colochos de guayaba degustados como golosinas, y el famoso fresco de súchiles, son junto a las imágenes poblanas de una pequeña comunidad, las que acarrea a la mente y sirven de fuente de inspiración para una nueva incursión en las páginas del buen comer.
          Las tortillas recién salidas del comal, que saltan apetitosas en el canasto de cien mantas para mantenerse a tono, el sonido que se transforma en sabor de la torteada y quema con fuego de leña de ciprés. Ingrediente principal de los mamachos, especie de taco mezclador con queso o simplemente con sal, apretadas un segundo antes de agarrar punto de cocimiento.
          Junto a las vendedoras del riquísimo atol blanco o de masa, preparado con toda gracia con pepitas de frijol negro cocido y un manchado de chile picante. Los vasos del amarillo atol de elote que humeante quema labios se degusta a boca de chupón con su aderezo de una pizca de sal y granos de maíz que se depositan al fondo. Vaya sino de pronto acompañados por los consabidos rellenitos de plátano, rellenos con frijol refrito en su interior y bañados por manchas de azúcar y rajas de canela.
          El complemento de tan ricas viandas viene con las famosas tostadas, tortillas que han pasado por el baño de aceite caliente que las endurecen y que en cada mordida truenan a delicia, por supuesto untadas con guacamol, salsa de tomate y frijol frito, adornadas de rajas de cebolla, queso seco y hojas de perejil. De chuparse los dedos
          Todos como el preámbulo de media mañana, para abrir el apitito del plato fuerte del medio día. El sonido de las campanas anunciado la 12 horas, recuerda a los transeúntes que el ruido estomacal es por cierto el despertados del gusano de la merienda.
          La señora de trenza amarrada en el cogote y de delantal blanco que anuncia a un ingenio levanta el cucharón para darle un revuelta a la olla de caldo. Caldo de Res. La máxima expresión del arte culinario, que contiene los manjares de un sin número de verduras donde sobresalen: el camote, el güicoy sazón, la yuca y el repollo, bellamente aderezados con un trozo de carne de manita, hueso de pescuezo, pepita o ubre de vaca, que va de lo exquisito a lo sublime cuando se le agrega plátano cortado en trozo con su cáscara y espesado con arroz molido para darle consistencia.
          Los comensales hacen cola para degustar el sabroso manjar de los dioses culinarios.
          Bien no vamos a dejar todas aquellas recetas especiales que se ofrecen al selecto grupo de asistentes. Las tiras con recado de mil tomate, el guisado de carne de marrano con salsa roja, el oscuro pepián de costilla de res. Que mas los duraznos en  dulce con cerezas y tantas cosas linda que representa esta nuestra nacionalidad.

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