domingo, 18 de enero de 2015

LA RANA Y EL SAPO



 (La fábula de tantas veces)
          Allá perdido en los confines del bosque, se encuentra un estanque de tranquilas aguas, donde florecen bellos nardos y se encuentran adornado de rosario de petunias que crecen junto a las piedras de diferentes tamaños que se bañan con el brillo de la mañana, espacios que se vuelven plataformas de sinfónicos conciertos de los habitantes de la cofradía de los saltos, los traviesos batracios que tienen su reino dentro de las tibias aguas.
          De paseo y dando pequeños saltos, estos se acomodan en los jardines de recreo, donde los renacuajos de transforman en sapos cornudos y hermosas ranas verdes, que dentro de su actividad de vida, aprenden a acicalarse, pintando sus grandes ojos para dirigirles el coqueteo a los fortachones sapos que se reúnen un grupos según se especie. Los mas atrevidos saltan sobre las hojas que flotan en el pantano y se hacen galanes chapuzones para impresionar a las damas, con un coro de croa, croa, de diferentes tonos se acercan temerariamente para recibir un guiño de aprobación.
          El sapo principal, rasca su cuero con las ventosas de sus patas delanteras y mientras reposa en la alto de una piedra, se mantiene al tanto, sus circulares ojos vigila entre la grama a un insecto que despistadamente se ha acercado demasiado a su alrededro. En un movimiento fríamente calculado, abre su boca y con certero envío de su  alargada lengua se apodera con su pegajosa saliva del desdichado bicho que en un santiamén, pasa a ser parte del banquete de media mañana.
          Las ranas en el grupo de las cortesanas se admiran por la facilidad con que su héroe se procura su cacería y cuchichean con frases de adulación, mostrando con movimientos de coquetería su admiración al dilecto ejemplar. Entre los dúos y los quintetos afina sus voces para iniciar el festival de canciones que culminarán con la escogencia de parejas en el espectacular concierto.
          Entre los barítonos principales se encuentra Timoteo, con su corbatín color rojo amarrado en su escaso pescuezo, este afina su voz con la orquesta para dar inicio al concierto. Los grupos de bailarines se acomodan en la parte posterior del escenario con sus trajes de frac, para ingresaran a la palestra cuando el cantante arranque con su tonada... Entre aplausos y vivas el torneo de voces se hace longevo mientras las estrellas caen admiradas en el confín de la noche. El trío de los cornudos hace que una fracción del público vitoree, dando saltos con piruetas sobre los charcos.
          Las libélulas han pasado a dar un vistazo al escenario del estanque, con sus veloces aleteos, posan en segundos en la orilla de las hojas de quebracho, que van como balcones en el teatro. Los grillos con su concertina se asoman debajo de las hojas, temerosos de formar parte de la cena, suenan el violín de sus patas cuando de un par de saltos se alejan del peligro...
          El resto de los concursantes se han aventado al Bel canto, uno mas con chelo a ejecutado las delicias del público y uno de los mas pequeños ha hecho su aparición pintado de payaso. Mientras todos los asistentes esperan los resultados del certamen, hace su apoteósica aparición La reina, la rana Margarita I, con sus tunica de bellos rebordes de pistilos y engarzado con semillas de chununo, su corona fabricada de un corcholata y un cetro del tallo de camelia.
          Con toda coquetería da pequeños saltitos contorneándose en el escenario y se coloca sobre las hojas de flor de loto, a su lado se colocan los batracios café, sus vasallos quienes la custodian, con ramos de tréboles en sus patas.
--- El Ganador….!!!--- Una fanfarrea interrumpe la alocución.
--- Gump!!!--- carraspea el anunciador, quien a pesar de levantar sus patas delanteras para decretar silencio se ve imposibilitado de hacer el anuncio.
--- El ganador…!!!--- vuelve a insistir, por momentos el silencio se hace presente y grita.--- TIMOTEOOO…
          El escándalo no se hace esperar tanto por los fans, como de los que están en contra. Con salto firme se aposta en el escenario junto al trono de la reina, el anfitrión le levanta las patas delanteras y le entrega un listón que lo coloca frente a su pecho.
          Los aplausos continúan y la fiesta se hace elegante:
--- Punto  seguido, el  gran premio  para el ganador, EL BESO DE LA REINA…!---
          El gran conglomerado se pone de pie y corea sin cesar…
--- BESO…,BESO…,BESO.---
          Y tanto la reina como el premiado se ponen ruborosos cuando él se le acerca hasta el trono, después de un par de intentos, los labios de la dama chocan estrepitosamente en la boca del sapo.
ZAZ…! El sapo explota de emoción dando un salto de 360 grados y en un santiamén se transforma en un elegante caballero…!
          La reina esta triste, se lamenta y llora de tan mágico acontecimiento y entre sus lamentos dice.
--- Que desdichada soy, si yo no quería un hombre, yo te quería como eras, como un lindo sapo!---

EL CALLEJON



          En el fondo del callejón, allí donde las derruidas paredes sudan de rayas, manchas y antiguos grafitis, que con el tiempo se han venido descascarando del repello, dejando desnudos los decantados adobes de paja, orilla que se recubre de monte que crece en sus esquineros de la escurridiza banqueta que se utiliza de antro de reunión de un grupo de facinerosos quienes amparados por la penumbra de la noche, despenican con voces altisonantes y carcajadas las tramas de sus propias fechorías.
          Las luces provenientes desde el poste de la esquina apenas se proyecta dejando tenues sombras sobre la densa bruma de una nube que se extiende sobre sus cabezas, mientras la brisa de la madrugada hace mella, acompañándose del gélido frío de la época.
          Un punto rojo encendido que deambula entre uno y otro de los sujetos, que hace barullo de carcajadas singulares, en su vuelo de lapsos de silencio y remilgos de alharaca a pesar del horario. Gritos de sórdidas sanciones de danzas macabras que completan ademanes de sátiras producidas por efectos de los alucinógenos.
          El sonido de letargo de las sirenas que corretean alocadamente por las callejuelas, poniendo en alerta a los noctámbulos que estrechaban filas y se esconden en la proximidad del evento. Huyen  despavoridos como sombras se que se mueven a paso redoblado, escurriéndose como fantasmas por la penumbra, arrastrando su imagen etérea, mientras se esfuman y desaparecen en todas direcciones, dejando una estela de temor sarcástico en las huellas del sereno que humedecen el ambiente.
          Al paso de las horas y localizando el sonido de las sirenas se dibuja la escena de una tragedia, bajo una lona de los cuerpos de socorro se tiende en la loza de cemento del bulevar, acompañada silenciosamente por una veladora, una víctima yace en el suelo en medio de un resabio de sangre. Las partidas de curiosos se acercan hasta donde los listones de amarillo franquean el espacio, los murmullos de toda clase se comentarios circulan de una boca a la boca, mientras las chamarras negras con las siglas MP en la espalda, pepenan casquillo y depositan las etiquetas con números en los linderos de la escena del crimen. En espera de la autoridad para recoger los despojos del occiso.
          Mas adelante una seguidilla de detonaciones se enclavan a la vuelta de una de las esquinas, un tiroteo se establece, cruzando de carrera de una banqueta hasta las cercanías de una glorieta que se adorna de bugambilia, donde las bancas de piedra sirven de parapeto a los delincuentes que se hacen fuertes repeliendo el ataque de la policía, que persiguen acuciosamente a los perpetradores. El escándalo repercute en lo sombrío de la soledad, donde los humeantes fusiles vomitan fuego lastimando el viento y escupiendo plomo.
          Uno de los forajidos cae abatido por proyectiles de la fuerza policial, después de haberse enfrentado en la fuga por haber participado en el asalto y muerte de un piloto víctima de la extorsión, mientras otros dos después de una larga persecución son capturados por las patrullas, que les cortaron la retirada.
          Los tabloides de la prensa se hacen alarmistas con sendos titulares, la fotografía de la portada enseña cruelmente los caídos en la refriega, una cuarenta y cinco con muestras de casquillos reposa al costado de un cuerpo y el agreste comentario al pie describe el momento justo en que el sicario se hace acreedor al rosario de petardos que le cegaron la vida. En el pie de página reza que los detenidos fueron conducidos a tribunales a responder por su canallada.  .
          En el sitio del ataque se han hechas las investigaciones y recogido el cadáver del delincuente, todo ha vuelto a su normalidad, la calle se ha llenado de sereno, los caza noticias de la televisión se apostan en todos los ángulos para llevar las mejores grabaciones del atentado, el comentarista con sendo tacuche entrevista a los encartados en el asunto.
          El silencio de las siguientes horas, con la presencia de los rigores de clima frío, se ve interrumpido por el paso de un motorista que cargado de los diarios pretende llegar a la puerta de los consumidores que prestos madrugan para ver despuntar el alba, tras los primeros rayos del sol, ya ni se asombran al darse por enterados de las traginoticias que contienen las hojas amarillas del diario, de las pasadas horas.
          El callejón amaneció sereno, el viento se encarga de hacer revolotear los papeles que tapizan las aceras en el fondo, las colillas de la yerba estrujadas en los bordes de la banqueta, marcan un territorio de consumo de la pandilla que se reúne. El vecino de al lado sale vestido de calzón corto, tenis y gorra de lana, a su diaria faena de ejercicios, cuidando de no pisar las excretas que algún trasnochado se le ocurrió dejar bajo el dintel de una de puertas, las lámparas han cesado su iluminación, a lo largo de la avenida ya circulan los buses rojos, que alteran el orden con sendos gritos de los brochas que anuncian su destino con estridentes sonidos de bocina que despiertan al resto del vecindario.
          Un microbus se hace a la entrada hasta colocarse en el zaguán de una vivienda, sonado su claxon en repetidas ocasiones. Dos niños con sendos bolsones en la espalda se despiden de la madre quien le entrega a la encargada de vehículo después de echarles la bendición y lanzarles un beso de despedida. Con forme calienta el día el flujo de vehículos aumenta hasta congestionarse. Los pasajeros prendidos como garrapatas se tambalean en el pescante de las puertas, mientras los movimientos abruptos del bus los zangolotean como ganado en su interior. La necesidad de llegar al chance o a las escuelas, permiten que los abusados tashtuleen a la patojas y los cacos bolseen a los demás.
          La vida sigue su curso, los patojos muchos de ellos vagos y otros de capiusa se dan cita con la pelota de cuero y se hacen a la chamusca que revienta vidrios, tejas y golpean estruendosamente los zaguanes de las casas. Los grito se ponen en contrapunto de las vulgaridades orales y de maltrato junto a las faltas de respeto a los habitantes, que temerosos se asomas a las ventanas, precavidos quizás para no recibir un golpe o un atropello lanzados por boca de aquellos muchachos, que se sienten abusadores, dueños del espacio y que pintan de mareros. El sonido de la alarma de uno de los autos se hace cadencioso y fastidia con cada trallazo del balón que rebota en su lámina; una dama sale y pone fin a la sirena, mientras los hechores se hacen los desentendidos y silban hacia el cielo como quien disimuladamente dan un yo no fui..
          Son las horas de la tarde, el sueño nos hace presa del post almuerzo, el silencio invade el callejón. Una hilarante carcajada resuena el ambiente, un par de adolescentes se revuelcan en la banqueta en tremenda detallada, el resto del grupo observa pasivamente como sovigean a la chica, que se sacude el polvo que le prende de la espalda, los niños pequeños disimulan sus risas tapándose la boca mientras imaginan de que se trata la abrazadera, luego aparece el de la bicicleta que la recuesta en una de las paredes e insiste en querer participar en el jolgorio. El colocho de la patineta ha hecho su arribo y entonces empieza la gritadera de las otras dos muchachas que se ven perseguidas por los sátiros, que las arrinconan bajo el arbolito. El bombero pone acomedimiento mediante sus consejos, sus hijos vestidos de deportistas se anclan en el dintel de la puerta de su casa, los del palomar corren a esconderse en su vivienda.

PASEO DE GATO.




          El estilizado gato deambula tomado de la mano de la pálida luna, con estirones y remilgos se mueve sobre las mojadas tejas, maullando en el sereno que se ha depositado en ráfagas de viento en el trayecto de las húmedas cornisas.
          La sombra de la mañanera concertina se desarrolla en las copas de los árboles, donde los dormitorios de los pájaros se sacuden para darle la bienvenida al renaciente día. Parvadas multicolores que revolotean en el infinito que traen los recuerdos de los vientos de la primavera. El desperezado solito se madruga de su soñoliento paisaje ausente durante su vuelta al mundo.
          El felino se escurre por los peldaños por debajo de las láminas, en la palestra de entrepaño del techo abruptamente se asoma sigiloso a observar a través de un agujero de la canaleta. Sacude sus bigotes y estira sus patas bostezando sus pensamientos. 
          Frente a él, la antigua fuente de tres copas donde se han aglomerado los pajarillos que dulcemente se hacen mercaderes sacudiendo sus pintas plumas al darse un chapuzón, lo que les hace recordar el calorcito de los primeros rayos del astro rey, las orejas de las mariposas, mostrando erguidas sus antenas, se planean en saltos para depositarse en los pétalos de las rosas de donde admiran las mieles del corazón de sus flores predilectas.
          El consuelo de la mañana se ve acompañado con el canto de los gallos que después de sacudir sus alas y afinar su gaznate, sale imponente a correteas a las gallinas que rascan acuciosas en búsqueda de los gusanitos que les sirven de entretención, durante el suculento desayuno en las cazuelas del corral.
          La modorra le vence y el varsino gato deambula hasta acomodarse bajo el viejo sillón de la alacena para reposar después de sus paseos nocturnos a todo lo ancho de las vecinales, remeda con ronroneos, mientras se enrosca para encontrar nido, a la vez que lame su cola y acicala sus garras para entrarle al sueño. La noche fue tranquila, sin novedades, la clásica caza de ratones fue escasa y aun en su tránsito por las ollas de la  cocina, ni un solo pedazo de pan fue encontrado, con el estómago sin llenar prefiere entrar en el reposo para maullar y repetir su ronda después de pasada la comida del almuerzo de la casa.
          La vibrante actividad del día no se ve interrumpida por el acucioso ladrido de los perros, que se denotan en presencia, exigiendo su plato de comida para la salida de los jinetes, vaqueros que viajan a toda libertad hacia los campos. En las parcelas, de su trabajo de diario  buscan los hatos de ganado que se han descuidado, alejándose de la vista de los labriegos, empujados con la ayuda de  la caballería son conducidos desde los mas recónditos lugares hasta donde les surten su alimento en las chozas donde les extraen a mano los cubos de leche cruda. Pasada la hora de la comida el gato asoma su presencia en el cubículo de la cocina, donde a todo vapor se prepara el cuajo que da como resultado los derivados, el requesón y crema, que al ser batidas salpican en la batea los trozas de queso que rebotan con el suelo, con toda delicadeza, el minino aprovecha su chance de saborear los bodoques que saltan de las manos de las mujeres, cuando brincan del comal cuando se mezclan con la masa, que constituyen los mamachos. Uno que otro pollo se entromete por allí para hacerle la competencia y tragarse de un solo las bolitas de masa.
          Es una tarde esplendorosa y los arañazos no se hacen esperar en los almohadones del sofá, tras enroscar la cola y rascarse los bigotes, vuelve al sopor de la siesta, sacude su cabeza y crispa su lomo mientras se deposita en el espacio como nido en el sentadero. Un cuarto de hora de dormilonas faciculaciones, mientras alguien se acomoda en el mismo sentadero y lo expulsa para ronronear a otro lado, regresa y haciéndose un contorneo se sobigea en los pies del fulano que compite por el espacio. Al ver que esa estrategia no le es favorable decide abandonar el recinto, de un salto se encarama en la mesa y luego pasa por debajo del dintel de la ventana donde como trampolín lo usa para lanzarse al corredor y tras una carrera se sube al tejado a buscar otra aventura.  

                   

EL ANFORA




          Narrativas de los enfrascados en un octavo de guaro blanco,  ron o charamila, los que transita por la delgada línea de la inconciencia, los olvidados, los alcohólicos empedernidos que jamás pasan de la cantina a permanecer tirados en la calle, que son incomprendidos como seres de grandes dotes parlantes, aunque se les vea tildados de poco cerebro, repetidores de frases sin sentido, llenas de impertinencias.
           Sentado en la grada de una esquina, como bulto, despojo de ser humano maloliente, reposé la mona de un día continuo de farra. Los harapos con que me cubro, hacen aflorar con el enjambre de moscas que me circundan, una gorra de lana  encasquetada en  mi cabeza y gran parte de la cara, me hace ocultar una poblada barba, que florece entre nariz, labios y pescuezo. Un abrigo de quien sabe que color que contiene los remilgos de suciedad que apenas cubren el pantalón de mezclilla arremangado a nivel de los camotes, tres dobleces y mas que terminan en un par zapatos amarrados con pita de maguey y que enseñan con severendos agujeros  la suela.
          Un morral con bultos de papeles, unos panes tiesos, un limón partido a la mitad y tres colillas de cigarrillo apachados de la punta que se  han caído del interior del bolso, alrededor del cuerpo, en el acomodo para dormir.
          Y me dicen el “Loco”, porque ha veces no se si quedarme callado, cuando en medio de mis borracheras, señalo,  a veces hasta con falta de tino, la objetividad de las charlas. En grupos de personas, legos o indigentes, que se someten a escuchar mi perorata sobre las cosas de la vida, nacen discusiones de atropellos entre si, por querer tener la razón sin objetividad, los participantes guindados de una borrachera desde cualquier peldaño que los detiene o abrazados de un poste para objetar una insinuación de un nunca estar de acuerdo, una mueca o un señalamiento, que da el pensamientos inducido por la charamila. Quizás el procedimiento lógico debería ser quedarse callado por ignorancia, pero la necesidad repetitiva hace una letanía necia de afirmaciones, sin razón, aunque se diga que los bolos siempre dicen la verdad
          Cuantas veces se me acusó de impertinente cuando quise manifestar algo, quizás una charada o al levantar la mano ensamblada de callos, para proponer o hablar encarando una situación, eso hizo ganarme un insulto o una bofetada verbal, física o un cruel señalamiento de ser el amo de las groserías, pero no me quede callado, fui de los que se atrevieron. “Dícese duro pero sin practica de hipocresía”.
          . “El se enseña a ser un borracho hablador e irresponsable” aunque muchos de los que enseñaron la verdad, sus  antecesores ya están bajo tierra y la herencia les persiga por decirla y luego cada uno de los que pasamos por esta vida tenemos criterios propios para expresar, llamado libertad de expresión, un libre albedrío que nos tragamos a la vuelta de la esquina dentro de un vaso de licor. El alcohol tiene la particularidad que te seda o te avivan, el bebedor se siente muy machos porque el licor le aflora los ocultos temores y los baches de personalidad.
          Será que vivir en este estado, fuera de la realidad le hace mantenerte en el limbo, imbuido de grandezas y altanerías que solo reflejan una actitud mal educada del cuerpo, allí  mientras la conciencia se pudre y vive de lamentos rompe con el balance del vivir en paz . Será que esto inhibe nuestra baja autoestima? 
          El eco de la resaca que nos hace balbucear ideas francas aun dentro de la nebulosa de la borrachera, parecen fábulas de poco seso, pero en fin lógicas verdaderas de neuronas confundidas, que arremeten con el caldo de conciencia y un poco del acervo que se trae aunque sea mi propia experiencia.

          “Hoy me puse mi mejor tacuche, oculté mis zapatos que ya instilaban roturas por doquier. Un vivificante baño, que me hizo tiritar la mugre, una hoja de afeitar que al cortar la barba me laceró la piel por tanto tiempo ocultándome la piel de la cara,  mi poblada cabellera que ya reposaba sobre las orejas y caía sobre los hombros, se arremolinaba en mi cabeza sin tener acomodo de un peine.
          La fragancia del jabón de olor en tableta mini, que al menos permitía ocultarme el inquietante humor, luego de restregar una rodaja de limón en los sobacos, para espantar el golpe de ala. Un trapo húmedo que me permitió sacudir el saco para botarle las motas de las telarañas y el penetrante olor a bolas de naftalina por tanto tiempo guardado, la camisa que ya no parecía blanca, con el cuello semi doblados para disimular lo deshilado del borde superior, pero eso si limpia.
          El pantalón de gabardina un tanto raído por desgaste a nivel de las rodillas, con presillas sueltas por no tener cinturón, las bolsas totalmente vacías, quizás solo servían para guardar las manos. El ruedo largo, lo que me permitía ocultar la falta de calcetines como parte de la indumentaria.
          El resto bien, con la claridad de mi cerebro, donde cargo el ánfora de mis creencias y pensamientos, la solapa de mis pecados, mis creaciones dentro de la nitidez que me da una abstinencia de por lo menos algún tiempo, un poco de responsabilidad, producto de la necesidad de sobrevivir, acuñado con el buen juicio colgado en mi ropero de experiencias y el álbum mis recuerdos, como carta de presentación para enfrentarme a los avatares de la vida.
          Aflora entonces las recomendaciones de mis consejeros señalando que debo ser parco, debo de tener recato, no debo hablar mas de la cuenta, se paciente, escucha, aunque existan punto de desacuerdo en la letanía que te dictan como requisito de una realización o actividad. Asiente en lo que te concierne y no discutas por semántica.
          Voy rumbo a mi lugar de siempre, ya me quite el saco, me agobia la decepción, me llevo al hombro los zapatos que me torturaron los pies en la mentada entrevista. Quizás voy desilusionado de mi proceder me comporté como todo un señor que no era yo, como un distraído, pero siguiendo los consejos hablé lo mínimo, contuve burbujeantes las palabras  en mi garganta y me convertí en un parlante de monosílabos. Lo de siempre la solicitud de tanto papeleo, antecedentes de esto y de lo otro, pensaba que sabía yo de los antecedente de mi interlocutor, quien además me preguntó por las mentadas cartas de recomendación. Ja! Será que me sirve la del charamilero de la terminal, el don de la cantina donde sirven bocas de berro y jocotes de pascua? Nadie me conocía, en este paso ciego de mi vida, había perdido a los conocidos a mis compañeros o los que alguna vez se dijeron mis amigos los que cuando se jactaban de mi por ser buen anfitrión, pero que una vez se me acabó la plata volaron como los patos a otro lado En fin me dieron la mas ambigua de las respuestas, “ lo tomaremos en cuenta”. En lugar de decir entonces de todos modos NO!, por lo que fuera, figura, mal olor desfachatez, etc.
          Para lo que siempre me he pintado de bueno era cuando en mis momentos de sobriedad me sentaba en las bancas del parque rodeado de los que daban lustre, los que vendían vejigas y chajaleles, uno que otro miembro de la causa que en busca de unos centavos o una baba de guaro para suspender las molestias estomacales de la abstinencia, se apilaban en rueda a escuchar mis alebrestadas alocuciones que muchas se las llevaba el viento no muy comprendía pero que les servían de diversión, matar el tiempo y sobreponerse a la molesta goma. “Bueno para hablar” señalaban los asistentes, “A lo mejor era abogado”.Siempre había un despistado patrocinador que se apiadaba de los beodos que soltaba un par de pesos y eso era más que suficiente para tener una agitada tarde con botes de alcohol barato vendido en la farmacia. Yo ya había dejado el vicio, había levantado la mano dicen los A.A.
          Volví, entonces, a posarme en las gradas y en los portales, siempre con el discurso a flor de conciencia, donde figuraba los cuestionamientos y la perorata de cuanto señalamiento que afectaban al populacho buscando enmarcarlo en la verdad y la justicia. Ahora ya mi vestimenta aunque humilde era de proletario a quien se le acercaban las gentes sin chance, los legos, uno que otro catrín o un avispado estudiante, donde como en los foros de griegos se discutía sobre los achaques de la sociedad, con soberbia y carácter planteando alternativas de un mundo mejor.
          Eso me nació del intelecto y acudí presto a continuar con al estudio dentro de las ciencias políticas, algo que había abandonado por la lisonjería del  alcohol. Las caídas me hicieron retomar la imaginería de las quimeras que me revoloteaban en mi alborotada cabeza y llenar nuevamente mi ánfora de conocimiento.  Participando en las aulas, me llevó a contemplar el futuro en otra dimensión, aunado a un corazón nacionalista, un espíritu de lucha que surge de sufrir en el pellejo, vejámenes y negativas de los grupos privilegiados de élite que reclamaba tener la razón en la opresión y la existencia de la lucha de clases, donde las mayorías éramos el pueblo.
          Luego se convirtió en el teatro de los sueños, realidades que desde lo alto del escenario me daba la oportunidad de gritar a los cuatro vientos, púlpito que me dio las alas para representar las tragicomedias de esta sociedad empobrecida y sojuzgada como cuando en los albores de mi historia no dejaba de mostrarme como una víctima social y de los vicio.
          Ahora me pongo a pensar, pasé a un inicio de insípida infancia a un vulgar bache de proporciones enormes, ese asedio de pobreza en algún momento me hizo apretarme el espíritu reaccionando a levantarme del letargo. Surgir de pestañas largas y escasos centavos para sacudirme el orgullo y en algún momento alzarme y ponerme de pie.
          Sufrí desencantos provocado por la vorágine del vicio que me hacia sentir grande, pero luego inclinaba la cabeza pero recuperé en tonalidad de mi escaso buen juicio dando un salto a través de mis deseos de hablar y del impulso de querer ser escuchado. Oído por muchos, pero no comprendido, al extremo que fueron algunos de los que acercaron formando filas en mis discursos, extremadamente pocos comprendieron las ideas. Pero yo entendí que no se trataba de un fenómeno de falta de educación de mi parte, sino del resto, entrenados a repetir como loros, estribillos y consignas, que salían del diente al labio sin comprensión, inerte en el significado y la filosofía.
          No estaría mejor haberme quedado como principié, escuchando mi propia retajila de ideas y guardarlas junto a mi espíritu dentro de mi Ánfora.