El
estilizado gato deambula tomado de la mano de la pálida luna, con estirones y
remilgos se mueve sobre las mojadas tejas, maullando en el sereno que se ha
depositado en ráfagas de viento en el trayecto de las húmedas cornisas.
La
sombra de la mañanera concertina se desarrolla en las copas de los árboles,
donde los dormitorios de los pájaros se sacuden para darle la bienvenida al
renaciente día. Parvadas multicolores que revolotean en el infinito que traen
los recuerdos de los vientos de la primavera. El desperezado solito se madruga
de su soñoliento paisaje ausente durante su vuelta al mundo.
El
felino se escurre por los peldaños por debajo de las láminas, en la palestra de
entrepaño del techo abruptamente se asoma sigiloso a observar a través de un
agujero de la canaleta. Sacude sus bigotes y estira sus patas bostezando sus
pensamientos.
Frente
a él, la antigua fuente de tres copas donde se han aglomerado los pajarillos
que dulcemente se hacen mercaderes sacudiendo sus pintas plumas al darse un
chapuzón, lo que les hace recordar el calorcito de los primeros rayos del astro
rey, las orejas de las mariposas, mostrando erguidas sus antenas, se planean en
saltos para depositarse en los pétalos de las rosas de donde admiran las mieles
del corazón de sus flores predilectas.
El
consuelo de la mañana se ve acompañado con el canto de los gallos que después
de sacudir sus alas y afinar su gaznate, sale imponente a correteas a las
gallinas que rascan acuciosas en búsqueda de los gusanitos que les sirven de
entretención, durante el suculento desayuno en las cazuelas del corral.
La
modorra le vence y el varsino gato deambula hasta acomodarse bajo el viejo
sillón de la alacena para reposar después de sus paseos nocturnos a todo lo
ancho de las vecinales, remeda con ronroneos, mientras se enrosca para
encontrar nido, a la vez que lame su cola y acicala sus garras para entrarle al
sueño. La noche fue tranquila, sin novedades, la clásica caza de ratones fue
escasa y aun en su tránsito por las ollas de la cocina, ni un solo pedazo de pan fue
encontrado, con el estómago sin llenar prefiere entrar en el reposo para
maullar y repetir su ronda después de pasada la comida del almuerzo de la casa.
La
vibrante actividad del día no se ve interrumpida por el acucioso ladrido de los
perros, que se denotan en presencia, exigiendo su plato de comida para la
salida de los jinetes, vaqueros que viajan a toda libertad hacia los campos. En
las parcelas, de su trabajo de diario buscan
los hatos de ganado que se han descuidado, alejándose de la vista de los
labriegos, empujados con la ayuda de la
caballería son conducidos desde los mas recónditos lugares hasta donde les surten
su alimento en las chozas donde les extraen a mano los cubos de leche cruda.
Pasada la hora de la comida el gato asoma su presencia en el cubículo de la
cocina, donde a todo vapor se prepara el cuajo que da como resultado los
derivados, el requesón y crema, que al ser batidas salpican en la batea los
trozas de queso que rebotan con el suelo, con toda delicadeza, el minino
aprovecha su chance de saborear los bodoques que saltan de las manos de las
mujeres, cuando brincan del comal cuando se mezclan con la masa, que
constituyen los mamachos. Uno que otro pollo se entromete por allí para hacerle
la competencia y tragarse de un solo las bolitas de masa.
Es
una tarde esplendorosa y los arañazos no se hacen esperar en los almohadones
del sofá, tras enroscar la cola y rascarse los bigotes, vuelve al sopor de la
siesta, sacude su cabeza y crispa su lomo mientras se deposita en el espacio
como nido en el sentadero. Un cuarto de hora de dormilonas faciculaciones,
mientras alguien se acomoda en el mismo sentadero y lo expulsa para ronronear a
otro lado, regresa y haciéndose un contorneo se sobigea en los pies del fulano
que compite por el espacio. Al ver que esa estrategia no le es favorable decide
abandonar el recinto, de un salto se encarama en la mesa y luego pasa por
debajo del dintel de la ventana donde como trampolín lo usa para lanzarse al
corredor y tras una carrera se sube al tejado a buscar otra aventura.
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