En
el ocaso de la campiña, cuando los azacuanes revolotean oficiosos sobre la copa
de los árboles, el resplandor del escondido sol, proyecta las montañas, el
tenue sereno se esparce por los parajes y el canto de las chicharras que aumentan
de tono dentro de la simpática concertina de
los bichos nocturnos se ven reflejadas en la cáscara de los encinos.
Prestos a enfrentar al Goliat de la aventura, la refrescante mañana de la
primavera, los aleja de sus pintorescas casitas del altiplano.
La
vorágine inicia como pecado cuando en medio de asaltar los trenes, inicien el sufrimiento
de las requisiciones de los llamados impuestos de rescate que ha veces tardado
mas de la cuenta, los dólares se esfuman en los bolsillos de los coyotes. La tranza
de las extorsiones, moneda fácil para seguir para delante se agotan como el
líquido y la comida que consumen agrediendo a los mal nutridos que respiran
polvo y comen bagazo, porque ya no se les humedece ni la lengua y se les
retuerce el intestino.
Una
casuchita tirita en miedo en el centro de una refriega que alarma los
alrededores, cuando los fogonazos que se despiden a través de la ventana y el
traqueteo de la metralla entra en tartaja resonancia, en el capitulo que
refrenda en dolor, ayes! y gritos disonantes que culminan una actuación de un
grupo de encapuchados que huyen en fila india, tras sarcástico asesinato de
prisioneros ejecutados a mansalva.
Las pintas en las paredes del inmueble
puntualizan con sangre la comisión de una masacre de inmigrantes, la violación
inmisericorde de mujeres que fueron raptadas en las veredas de los riscos, o en
los caminitos desérticos, las ponen en usufructo de batallones de desalmados
que en estas tierras áridas reclaman el peaje de tantas inocentes sin documentos,
que buscan un poco de esperanza o la consecución de un sueño a cambio del
estupro.
Las
aves de rapiñas anidan en los fétidos olores de muerte que dan cuenta de un
pedazo de cielo que se nubla en el tráfico de romeristas caminantes que pasan
por los zarzales con sigilo donde van dejando gotas de sudor y anhelos. Tan
solo pagando dádivas un puñado logran sobrevivir porque ajustan dinero, los
demás sucumben a los requerimientos de los grupos malévolos de muerte.
Este
puñado de sobrevivientes se arrastran entre las arenas, en la clásica procesión
de harapos, pies descalzos y rescoldos de agua embotellada, asumiendo detrás de
los espejismos del cansancio haciéndole ánimo en su dura tarea, arropados en
chamarras por las noches que les protegen del frío, o le coronan como turbantes
para evitar la quemada del recalcitrante
sol de la jornada matutina. Los árboles para guarecerse han desaparecido, han
caído de pie como tantos muchos que se aventuraron algún día.
Entre
tanto grupo armado se debaten los pocos que en alguna vez salieron sonrientes
de las bondades de su tierra. Poco a poco se van alejados de sus traumas de estas
bandas que los atacan y los exprimen. Los enormes muros y tecnología de las
barras y las estrellas se ciernen sobre la línea casi imaginaria de lo que un
día fue una demarcación de país. Parece ser el último escollo para los que se
aventaron, de las hordas que iniciaron allá en su tierra han sido diezmadas, se
cuentan entre los muertos y los que no regresaron, los que sufrieron de cautiverio
y las mujeres que se vieron obligadas a carga un mísero pecado de prostituirse,
en cuyo caso se ven limitadas por el temor de ser señaladas de regresar
preñadas o se convirtieron en esclavas del sexo.
Niños
y jóvenes que se vieron enganchados por organizaciones de desalmados,
implantándoles una mágica ideas del país de los sueños, de salarios abundantes,
de espejos multicolores que pintan prosperidad y grandes cosas brillantes del
otro lado. El dorado norte para la consecución de dinero abundante y de fantasía
Y
no solo es el llegar, muchas veces es el mantenerse, tras los rechazos y
discriminaciones que el “ser latino” implica, librar una encarnizada lucha con propios e
inmigrantes de otros lados, estos, que por ser fuereños, con mano no muy bien
calificada deben de sudar el doble para mendingar unos cuantos billetes, que
sirvan no solo para mantenerse, sino también para exportar a sus familias.
La
migra se vuelve como la epidemia de esconderse,
a veces correr por su vida o un pasaje de retorno, fichados, maltratados
y humillados sin haber saboreado la libertad, las bondades del mundo de las
hamburguesas chatarra los seven eleven o los dollar tree, donde se compra como
de paca. En otros casos la desgracia de las pandillas juveniles, la oproviosidad
de la droga y lo siniestro de las bandas.
Ahora
quizás se tornaron en un recuerdo, la familia con múltiples penas ayudó a
conseguir la plata, vendieron la parcela, empeñaron las cosechas o simplemente
se vieron engatusadas por inescrupulosas, que además cobraron en especie o con
la virginidad de una muchacha.
El cuadro con una foto de vestido de quince
años, reposa en la repisa de la casa, con flores de esperanza, las lágrimas de
una abuela que recorre con su rosario cuantas veces puede para pedirle a buen
Dios que cuide a cu patoja. El padre que se le antoja pensar en el castillo de
naipes que cuelga alrededor del espíritu del primogénito que se fue encomendado
a traer billetes verdes para hacer su casa, o recuperar una yunta de bueyes
para la siembra y sacar adelante a la familia.
Las
semanas se han hecho cansadas, las noticias cada vez menos frecuentes y la
angustia se rebalsa de la charla dominical en la capilla de la iglesia, sin
llegara entender que en el pasado era mas fácil embarcarse en estas aventuras
que en la actualidad son causa de muerte.
Como
las noticias vuelan y corren mas cuando no son buenas, los cientos de vuelos
que arrastran indocumentados que al menos lograron llegar vivos en un viaje
extremadamente caro como de turismo donde les programaron la visitas de
diferentes centros de detención y puestos de migrantes que tan solo pisaron la
grada de una correccional de inmigración o de una de tanta iglesias que se
dedican a protegerlos del otro lado, antes de ser lanzados pie con geta a sus
respectivos países tercermundistas.
Las
discriminaciones a la orden del día, donde sin pena ni gloria o aun amparados
por un uniforme agreden inmisericordemente a los mojados que hacen tareas
rechazadas por los propios gringos, como las mas degradantes y humillantes en
la faz de la tierra.
Lo
mas paupérrimo es del connacional que habiendo tenido un éxito, se olvida de lo
que dejó atrás, esposa e hijos, cuando de pronto cortan el cordón umbilical y
dejan sin oxígeno a familiares, por haber fincado una nueva familia en esas
latitudes y ahora con esposa e hijos americanos, ya solo hablan en inglés y
reniegan de su origen indiano maya.
El
otro grupo es el de los que nunca se supo de su paradero y que quizás ahora
forman parte de delincuentes en el paso por otras fronteras, o que son parte de
las candentes arenas del desierto, en fosas comunes o cementerios clandestinos.
Los crespones negros en el dintel de la puerta de sus viviendas, familiares que
agotaron sus últimas lágrimas en búsqueda de sus paraderos y que forman parte
de las grandes listas de desaparecidos y sin perdón, legionarios que nunca
vieron la luz de la libertad.
SE FUE PARA EL NORTE, Y NUNCA VOLVIO!