miércoles, 25 de marzo de 2015

SE FUE PARA EL NORTE



          En el ocaso de la campiña, cuando los azacuanes revolotean oficiosos sobre la copa de los árboles, el resplandor del escondido sol, proyecta las montañas, el tenue sereno se esparce por los parajes y el canto de las chicharras que aumentan de tono dentro de la simpática concertina de  los bichos nocturnos se ven reflejadas en la cáscara de los encinos. Prestos a enfrentar al Goliat de la aventura, la refrescante mañana de la primavera, los aleja de sus pintorescas casitas del altiplano.
          La vorágine inicia como pecado cuando en medio de asaltar los trenes, inicien el sufrimiento de las requisiciones de los llamados impuestos de rescate que ha veces tardado mas de la cuenta, los dólares se esfuman en los bolsillos de los coyotes. La tranza de las extorsiones, moneda fácil para seguir para delante se agotan como el líquido y la comida que consumen agrediendo a los mal nutridos que respiran polvo y comen bagazo, porque ya no se les humedece ni la lengua y se les retuerce el intestino.
          Una casuchita tirita en miedo en el centro de una refriega que alarma los alrededores, cuando los fogonazos que se despiden a través de la ventana y el traqueteo de la metralla entra en tartaja resonancia, en el capitulo que refrenda en dolor, ayes! y gritos disonantes que culminan una actuación de un grupo de encapuchados que huyen en fila india, tras sarcástico asesinato de prisioneros ejecutados a mansalva.   
                    Las pintas en las paredes del inmueble puntualizan con sangre la comisión de una masacre de inmigrantes, la violación inmisericorde de mujeres que fueron raptadas en las veredas de los riscos, o en los caminitos desérticos, las ponen en usufructo de batallones de desalmados que en estas tierras áridas reclaman el peaje de tantas inocentes sin documentos, que buscan un poco de esperanza o la consecución de un sueño a cambio del estupro.
          Las aves de rapiñas anidan en los fétidos olores de muerte que dan cuenta de un pedazo de cielo que se nubla en el tráfico de romeristas caminantes que pasan por los zarzales con sigilo donde van dejando gotas de sudor y anhelos. Tan solo pagando dádivas un puñado logran sobrevivir porque ajustan dinero, los demás sucumben a los requerimientos de los grupos malévolos de muerte.
          Este puñado de sobrevivientes se arrastran entre las arenas, en la clásica procesión de harapos, pies descalzos y rescoldos de agua embotellada, asumiendo detrás de los espejismos del cansancio haciéndole ánimo en su dura tarea, arropados en chamarras por las noches que les protegen del frío, o le coronan como turbantes para evitar la quemada  del recalcitrante sol de la jornada matutina. Los árboles para guarecerse han desaparecido, han caído de pie como tantos muchos que se aventuraron algún día.
          Entre tanto grupo armado se debaten los pocos que en alguna vez salieron sonrientes de las bondades de su tierra. Poco a poco se van alejados de sus traumas de estas bandas que los atacan y los exprimen. Los enormes muros y tecnología de las barras y las estrellas se ciernen sobre la línea casi imaginaria de lo que un día fue una demarcación de país. Parece ser el último escollo para los que se aventaron, de las hordas que iniciaron allá en su tierra han sido diezmadas, se cuentan entre los muertos y los que no regresaron, los que sufrieron de cautiverio y las mujeres que se vieron obligadas a carga un mísero pecado de prostituirse, en cuyo caso se ven limitadas por el temor de ser señaladas de regresar preñadas o se convirtieron en esclavas del sexo.
          Niños y jóvenes que se vieron enganchados por organizaciones de desalmados, implantándoles una mágica ideas del país de los sueños, de salarios abundantes, de espejos multicolores que pintan prosperidad y grandes cosas brillantes del otro lado. El dorado norte para la consecución de dinero abundante y de fantasía        
          Y no solo es el llegar, muchas veces es el mantenerse, tras los rechazos y discriminaciones que el “ser latino” implica,  librar una encarnizada lucha con propios e inmigrantes de otros lados, estos, que por ser fuereños, con mano no muy bien calificada deben de sudar el doble para mendingar unos cuantos billetes, que sirvan no solo para mantenerse, sino también para exportar a sus familias.
          La migra se vuelve como la epidemia de esconderse,  a veces correr por su vida o un pasaje de retorno, fichados, maltratados y humillados sin haber saboreado la libertad, las bondades del mundo de las hamburguesas chatarra los seven eleven o los dollar tree, donde se compra como de paca. En otros casos la desgracia de las pandillas juveniles, la oproviosidad de la droga y lo siniestro de las bandas.
          Ahora quizás se tornaron en un recuerdo, la familia con múltiples penas ayudó a conseguir la plata, vendieron la parcela, empeñaron las cosechas o simplemente se vieron engatusadas por inescrupulosas, que además cobraron en especie o con la virginidad de una muchacha.
           El cuadro con una foto de vestido de quince años, reposa en la repisa de la casa, con flores de esperanza, las lágrimas de una abuela que recorre con su rosario cuantas veces puede para pedirle a buen Dios que cuide a cu patoja. El padre que se le antoja pensar en el castillo de naipes que cuelga alrededor del espíritu del primogénito que se fue encomendado a traer billetes verdes para hacer su casa, o recuperar una yunta de bueyes para la siembra y sacar adelante a la familia.
          Las semanas se han hecho cansadas, las noticias cada vez menos frecuentes y la angustia se rebalsa de la charla dominical en la capilla de la iglesia, sin llegara entender que en el pasado era mas fácil embarcarse en estas aventuras que en la actualidad son causa de muerte.
          Como las noticias vuelan y corren mas cuando no son buenas, los cientos de vuelos que arrastran indocumentados que al menos lograron llegar vivos en un viaje extremadamente caro como de turismo donde les programaron la visitas de diferentes centros de detención y puestos de migrantes que tan solo pisaron la grada de una correccional de inmigración o de una de tanta iglesias que se dedican a protegerlos del otro lado, antes de ser lanzados pie con geta a sus respectivos países tercermundistas.
          Las discriminaciones a la orden del día, donde sin pena ni gloria o aun amparados por un uniforme agreden inmisericordemente a los mojados que hacen tareas rechazadas por los propios gringos, como las mas degradantes y humillantes en la faz de la tierra.
          Lo mas paupérrimo es del connacional que habiendo tenido un éxito, se olvida de lo que dejó atrás, esposa e hijos, cuando de pronto cortan el cordón umbilical y dejan sin oxígeno a familiares, por haber fincado una nueva familia en esas latitudes y ahora con esposa e hijos americanos, ya solo hablan en inglés y reniegan de su origen indiano maya.
          El otro grupo es el de los que nunca se supo de su paradero y que quizás ahora forman parte de delincuentes en el paso por otras fronteras, o que son parte de las candentes arenas del desierto, en fosas comunes o cementerios clandestinos. Los crespones negros en el dintel de la puerta de sus viviendas, familiares que agotaron sus últimas lágrimas en búsqueda de sus paraderos y que forman parte de las grandes listas de desaparecidos y sin perdón, legionarios que nunca vieron la luz de la libertad.
SE FUE PARA EL NORTE, Y NUNCA VOLVIO!      

No hay comentarios:

Publicar un comentario