Pepe
cigarra, asomando sus bigotes en el trasero de una hoja, sacudía en ronco
estridor sus transparentes alas, el triste llamado a la naturaleza para las
primeras lluvias.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de
veces restregaba su violineta para llamar la atención.
Curioso
asomaba sus ojos al cielo con la esperanza que aparezcan los nubarrones cargado
de agua, en respuesta a su petitorio, somata sus patas traseras para hacerse
ritmo y sacudiendo su esqueleto en armonía, insta que los miembros de su tropa
le hagan segunda en la concertina de la cálida tarde.
Los
vientos corren del norte, empujando las nubes que se hacen retrecheras al pasar
por las montañas, lo caliente del clima hace sudar a la tierra y llenar de sed
a las plantas. El escuálido riachuelo se ha adelgazado por efecto de la dieta
de lluvia y las rocas se broncean el lomo en las ardientes arenas.
Los
cantos de petitorio siguen como letanía mientras el cachetón sol mira a sus
alrededores adhiriéndose a la proclama.
Las flores ya no suspiran, las hojas se disipan de color café cuando en franco
deceso se arrastran por los suelos.
Pepe
cigarra y su prole, hacen un segundo aire para poner a tono los tambores y los
violines, rascan con vehemencia bajo los matorrales, el último grito de protesta,
pero el cielo se empecina en no mostrar
las lágrimas de chubasco.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de
veces mas se prolonga el discurso de los músicos.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de
veces, el milagro se produce
De
pronto los negros nubarrones inundan el firmamento, los truenos se hacen
acompañar de los relámpagos que alumbran con sorpresa la faz de la campiña.
Dos, tres gotas se estrellan en el suelo y toda la comunidad se hace a la
esperanza de voltear hacia el cielo. Otros truenos y el viento se hace el
enojado, soplado arremolinadamente hacia la campiña, un leve chubasco que
alborota el calor y las cigarras responde con un último canto.
El
diluvio se hace presente y la vida se hace nuevamente, el chapuzón sobre las
flores las obliga a tomar un baño sin despojarse de sus pétalos, las lagartijas
juegan a la pelota con las gotas que regocijan el milagro. Mientras los
caminitos de agua se engordan para alimentas los riachuelos.
Pepe
cigarra, guarda sus instrumentos, el concierto ha terminado y los aplausos del
final de la función se escuchan a lo largo de los jardines. La sinfonía fue
todo un éxito, el público agradecido se hace al jaripeo para disfrutar la
bendición de la lluvia
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