Tu
cuerpo reposa entre almohadones, sedas indelebles que delinean en reposo el
sueño de una musa de tierna portada que muestra sus atributos de mujer, entre
fábulas y seducción.
Hoy
quiero verte de madrugada, presenciar la aurora de cálido amanecer. Salir de
entre las sábanas para contemplar como los pajarillos te cantan a la vida. El
milagro de un nuevo día.
Al
murmullo de las calles que recorren los citadinos en el corre y corre del
trabajo, bullangueros niños que en parvadas desfilan alegremente hacia la
escuela. Un ambulante que ofrece con su pregón las noticias pintadas en un
tabloide, opacados únicamente por los rechinidos de un humeante bus urbano
El
fresco olor de un desayuno tradicional circula por tu habitación, ese olor a
café recién percolado y el rico aroma de champurrada calientita, los bollos
dorados de los recién salidos del horno, que nos invita a degustar un suculento
plato de frijol en pepita y un par de huevos estrellados.
Te
veo cubierta de ese velo delicado, de pantuflas rosadas y exquisita bata semi
transparente, elegante presencia cuando asomas en el desayunador con un
turbante de toalla, como recién salida de la ducha. Que contraste esos bellos
ojos aun no delineados por el maquillaje
con el arpegio de mujer con aroma a belleza. Cuando cruzas coquetamente
las piernas muestras radiante uno de los muslos.
En
tus delicadas manos obran unos bollos recién untados de mantequilla, que se
antojan deliciosos, se derriten entre tus sensuales labios. Una servilleta
bordada de corazones te sirven para limpiar la comisuras, en una extravagante
manera de coquetería.
Verte
en el tras luz de la ventana mueve mis instintos de un sensual sortilegio que
delinean lo bien conformado cuerpo. Se agitan las pasiones y se engalana el
pensamiento de una pintura medieval que resalta tras los velos un apasionado
conjunto de ideales y pecado.
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