martes, 29 de septiembre de 2015

EL CU-CU



          Prendido en su habitación de muelles y bielas, el pajarillo se estaciona frente a la ventana de su salida. Su nido, el reloj fue enclavado en la pared de la sala, la figura de la fachada es un modelo de casita de madera forjada es la carátula de un antiguo reloj de mil batallas. El péndulo milenario se mueve en un tictac al aire mientras mira de sur a norte, se estira hacia el suelo recordando el tronco de una palmera . Su carátula pintada de blanco, como la luna en plenilunio, cuyas pistas dan los recorridos en redondo de las maratonistas que se alistan a corren como en el velódromo al rededor de un centro donde nacen las atletas, trío de agujas que recorren una detrás de otra a un ritmo diferente. La delgada, finita corretea en segundos los doce espacios de cinco palitos que desembocan en los números del 1 al 12, la larguirucha de mediana velocidad que se santigua cada 60 brincos de la anterior, dando un pasito y que marca básicamente en forma parsimoniosa,  movimientos acompasados de minutos que empujan a la corta y regordetas que se sienta en su lentitud a la espera todo el recorrido de una vuelta marcando cada hora que le da el banderazo cuando sale para que después de estacionarse en cada uno de los números grandes que coronan el silencio de cada una de las 24 que marcan un día.
          Cada vez que  la fina y la larga se juntan en el copete de las 12, entonces camina  la corta que le ha costado caminar, entonces un fenómeno se produce: Se abre la ventana en la carátula y de un instante sale un pajarillo, hace su saludo aristocrático y el discurso de CU-CU se hace presente además, las campanas del interior de la caja que de una escala descendente de repiques de cilindros metálicos señalando una cantidad de veces que representan el número de horas que corresponde.
          Así se llevan los segundos, los minutos y las horas, proyectando en medidas toda una vida, con los viajes mágicos del pajarillo.

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