Y
yo que me acordaba de jugarretas, cuando sobre la cama me proponía imaginarme encima
de un puñado de papeles escribiendo sonetos que se volvían el tema de mis
pensamientos. Ha veces te miraba a través de la ventana de un segundo nivel y te
observaba en la terraza de tu casa, sentada en las gradas con tus cuadernos en
las manos como tratando de impresionar que te dedicabas a estudiar, te
volteabas muy discretamente y con el rabo del ojo echabas una vistita y quizás
una pálida sonrisa como queriendo decir ya te vi.: ¡Pillo!
Bien
en un principio me ponía del todo rojo, tímido y me escondía tras la cortina,
sin explicación retozaba con los
pálpitos acelerados de mi corazón, hasta que me animaba hacer presencia de
nuevo en el ventanal donde quizás ya no te encontrabas.
Hoy
estaba con toda la fuerza e intención de decirte algunas palabras, me
carraspeaba la garganta y afinaba mi voz, con toda la fuerza me acerque hasta
el lugar de nuestras vistas. Saqué la cabeza al aire y tú en ese instante te
retirabas, como balde de agua fría me desanime en el instante, se me trabó en
la garganta el insipiente intento y dejé caer mi rostro en el dintel inferior a
rezongar un ah! Y a lo mejor una lágrima
que me ahogo el instinto. Mis ojos llenos de tristeza alcanzaron ver un
minúsculo saludo, movimiento de tus manos que levantaron mi ánimo y me dieron
una remota esperanza para más tarde.
Corrí
entonces hasta la puerta, en la banqueta me senté a la espera que tu
aparecieras, hasta que te vi., estabas mas seria que nunca, lucías un bello
traje de florecitas que se hacían juego con tus calcetas rosadas caminabas en
medio de los que supuse tus padres y te escoltabas del brazo de ambos. Me puse
de pie pero como el viento pasaste a mi lado sin voltear a ver.
Que
linda señorita será que se puede fijar
en este ischoco de pantalones remendados, bueno el grito proveniente de mi casa
me despertó de la fantasía cuando se me inquirió de parte de mi madre, de mi
estancia en la calle y sin permiso.
A
eso de las cuatro de la tarde, volvía a estacionarme en el ventanal, en espera
de la chica, la tarde se hacía vieja y mis esperanzas igual, esperaba horas
enteras de volver a tener la visita agradable de la niña, hasta que la noche se
oscurecía y dejaba un manto de soledad. No mas aparecía el sol me abalanzaba al
ventanal en busca de poder volverte a ver pero fueron varios días sin saber de
ella.
Una
de esas tardes donde el viento se hace mas fuerte y los nubarrones de lluvia se
mostraban insistentes, cuando escuche ciertos golpes en el vidrio, abri la
ventana y sorpresa allí se encontraba, presto opte por dirigirme, pero me hizo
señales que no hablara. Luego tomo una bolita de papel y la lanzó al tejado de
casa, no muy diestro en esos menesteres la solté y calló en el patio de la
vecindad. Como pude me desparramé a través de la pared de adobe hasta caer
patas arriba en el solar, tome la nota y subí hasta la ventana, pero tu ya no
estabas.
Arrugado
el papel en forma de pelota los estiré con mis manos.
“Esta es la última
vez que nos vemos mi querido amigo, nunca supe tu nombre, nunca quisiste que
habláramos, hoy salgo para la provincia a un internado, desde que te vi me vi
atraída por ti pero fue tarde siempre te guardaré en mi memoria como mi amante
desconocido”
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