viernes, 3 de octubre de 2014

TE ACORDAS...?



--- Te acordás nana…! Te acordás de cuando me jalabas de la mano y que casi a rastras me sacabas del rancho a recorrer los caminitos de tierra entre las milpas, mientras tú cargabas el canasto de las verduras que llevabas al mercado para la venta.
          Me llevabas, así como vine al mundo desnudo,  apenas con una camiseta que lo que mas tenía eran hoyos. Enlodado de los pies, los que arrastraba sobre la grama, manchado hasta las rodillas, a duras penas podía mantener el paso mientras me apresurabas en el viaje. Ah! y cuando me caía, me arengabas a levantarme, quizás con un jalón de pelo o un estirón de las orejas. Enjugaba las lágrimas que era lo único que me consolaba, mientras sacudía mis manos para botarme la tierra, sobre el trapo de la camisa o en algunos casos hasta en el ruedo de tu falda.
          Pasábamos por la panadería, donde el olor a torta caliente me abría el apetito, allí donde después de soltar unas fichas te empacaban unas champurradas; cortabas un pedazo del pan y me le entregabas para que lo enjugara entre mis escasos dientes para continuar con el caminar.  
          La cosa era llegar temprano para encontrar un buen puesto donde apostarse, aunque fuera en la orilla de la plaza. Allí me sentabas sobre unas hojas de plátano con el fin de hacerme espacio a la orilla del canasto y poder entonces vigilarme. Todo era un bullicio de los cargadores que pasaban somatando a quien se pusiera a su paso, los vendedores de chucherías y los achimeros. Eran las veredas del constante circular de las compradoras que se pasaban en el regateo de las cosas del mercado que llevaban en sendas canastas del mandado de diario.
          Al ponerse en su punto el calor del sol, buscaba acomodarme entre el güipil que me servía de refugio, me daba le probabilidad de jugar con tu chiche, la que me entretenía y enjugaba mi boca con los escasas gotas de leche. Eso me llevaba a un reparador sueño para olvidarme de tener vacío el estómago, pasaba la mañana y aunque la venta fuese mala. Despertaba junto al canasto y en la hoja, no te encontraba, me habías dejado recomendado con la vecina, mientras tu llevabas una palangana de agua limpia para mojar la verdura y que pareciera siempre fresca, un vaso de herradura con un poco de arroz en leche, que humeaba de lo caliente el cual compartías a sorbos conmigo y el resto del pan de la mañana
          La tarde se hacía presente y con lo de venta, había para comprar algunas cosas que hacían falta en el rancho, en el trazo del regreso encontré tirado en el suelo, un tesoro, un jocote de corona, medio destripado, pero con su exuberante carnaza amarilla, ni bien lo recogí me lo zampé en la boca, con todo y cáscara disfrutándomelo hasta limpiar la pepita, que delicia…
 --- Te acordás nana…!  Me levantabas de madrugada, recibía unos sorbos de café y al diario vivir te acompañaba por el mismo sendero de siempre. Ahora ya llevaba un pantalón cuto de tirantes, en la bolsa llevaba unos bodoques y en las manos una honda para hacer de tiro al blanco con los pajaritos, ya no me jalabas, mas bien te llevaba la delantera, lo chorreado no se me quitaba pues nunca me daba tiempo de bañarme, además eso lo dejaba para los domingos cuando iba con la patojada a jugar al riachuelo.
          Muy religiosamente pasábamos por la misma panadería donde con una choca, YO pasaba comprando unos churros para aguatar parte de la mañana en el mercado, el puesto allí estaba como que ya era lugar destinado para el canasto de la venta, las mismas vecinas, una de ellas con un bebe envuelto en un perraje detenido a sus espaldas, que se movía en arrullo para mantenerle adormitado. Te dejaba instalada mientras yo me perdía en ese barullo de gente dándome unas escapadas a los alrededores, me gustaba ir al atrio de la iglesia donde siempre se encontraba un don que tocaba una chirimía y era acompañado con un Tun. Las largas y ascendente nubes de incienso que se esparcían en el portón de la iglesia que se alegraban cuando el cura se enseñaba sobre una alfombra cubierta de hojas de pino, envuelto en una sábana blanca y mostraba con toda solemnidad el báculo de la santa hostia mientras la feligresía se hincaba a orar.
          Regresaba hasta el puesto cuando la tripa me hacía ruido pidiéndome un bocado para matar el hambre, tú ya me tenías un chuchito de masa con chipilín y una bolsita de fresco de colores para hacerme pasar la tarde, a veces teníamos que pasar algún tiempo en los corredores de la alcaldía porque nos había avanzado el chubasco de la tarde, pero en fin había que hacerle a la caminada para llegar al rancho para juntar algunas cosas y recolectar la verdura de la venta del día siguiente.
          Prender la leña era para mi un rollo, por la húmedo del ambiente al lograrlo la leña crují inconforme en darnos lumbre para calentar el bucul de café  y también para poder conservar un poco de calor para la noche. Un par de tortillas tiesas y un pocillo de café y a la cama para reponer las fuerzas.
--- Te acordás nana…!  Ya la vida se sentía monótona con el pasar por el camino al mercado comprando para mas bocas hasta 1 quetzal de pan. Te mirabas cambiada ahora, como de la noche a la mañana cuando de la nada apareció un hombre, un tu que querés, el que me sacó de tu cama y me mando a dormir a un petate, en el rincón donde se quedaba el chucho. Y aunque me dijiste, ese no era mi tata, no te creí, este guelía a guaro y se la pasaba echado sin hacer nada. Mi tata no era así, según me cuentan a él le gustaba trabajar. Pero en fin era tu vida, y tú no estabas para darme explicaciones, me contentabas dejándome acompañarte a la peregrinación diaria para la plaza a vender tus cosas. Ahora ya me había soltado el ombligo,  te dejaba en el lugar de siempre y me desaparecía, me juntaba en los campos a la vecindad de la iglesia a jugar una cuantas chamuscas con pelota de tripa de coche, allí mataba mi tiempo, ya que por huevón no había querido asistir a la escuela, pero un buen día lo pensaba hacer.
          En mi diario deambular, me fui he acercado al convento de las monjitas, hice mi promesa de quedarme en el orfanato donde me dan de comer y buenos consejos, me  regalan ropa y zapatos, por lo que decidí no regresar a casa, te vas a sentir muy triste, pero se te pasará, al menos creo que ya no te voy hacer falta, Como vas a tener otro tu muchachito ya vas a tener quien te acompañe para venir al mercado.
          Ahora me disfruto de mis nuevas compañías, voy a la escuela y aprendo muchas cosas y aunque a veces me haces falta, estoy dispuesto a salir adelante, esto es como cambiar de vida, ahora voy a la iglesia y rezo por ti, aunque no lo creas. Le pido a tata Chus que te cuide y te proteja del borracho que vive con vos y a tus costillas.                                                                    Hoy es día fiesta y la algarabía se acompañaba de cohetillos bombas de tubo. Que chilero, salgo a ver el baile de los Moros y Cristianos, es el día del patrón del pueblo es día fiesta, el mercado esta elegantemente adornado hay un carrusel y la rueda de Chicago. Las polacas de lotería se cantan sus números con estribillos, cartones y maíz. Como también es día de mercado voy a irte a buscar, apostándome en las cercanías del puesto en la plaza, pero no te he vi aparecer y me dio pena, me he caminado unas cuantas rondas por los alrededores pero no te he logrado encontrarte, o es que ya no estas viniendo.
          Salí en carrera hacia las veredas que me llevaban hacia el rancho, los parajes me parecían sombríos y el silencio de las aves me presagiaba algo que no iba bien Salté unos charcos y de un aterrizón llegué hasta la entrada. Una mujer con un niño en brazos salía del aposento, el lloraba como recién parido, en un rincón del corredor una niña, medio arropada mostraban su congoja y su miedo ante los acontecimientos.
          Entre al cuarto, agarrada de los bordes de un camastrón, eras tú mamá. una mujer escuálida, pálida color cenizo, se devanaba entre la vida y la muerte, por un sangrado de parto…
          Sentado en suelo a la par del montículo de una tumba, encabezada con una cruz hecha de madera:
--- Te acordás nana…!  Cuantas veces te dije que ese infame no era mi tata, que no te metieras con él. Y te dejó en la peor desgracia. Cosas mas lindas las que compartíamos cuando estábamos tú y yo solos. Bien pero esto no tiene vuelta atrás, ahora yo soy el que tengo que velar por  mis hermanos…

viernes, 19 de septiembre de 2014

EN TU COMPAÑIA



          Siempre de mi mano y aun sobre mi espalda, me vi perseguido por tu sombra, acaso no había otra ocasión para interpretar mis sueños? Me llevabas arrastrado por un sendero desconocido, de peligro, retomando mi espíritu  con el fin de empujarme en los barrancos de mis miedos que me hacían escabullirme a toda costa de tus áridos consejos, para hacerme temerario aun a costas de mis longevas aventuras.
          Te vi arrebatando de mi intelecto la creación, las mágicas ideas de mi mente, sutiles encantos de mi prosa, que arrugadas en trozos de papel circulaban entre la pluma y mis ideas sin fin, después de haber plasmando con la  tinta de mis heraldos, desarrollando con toda humildad mis mas caros sueños, mientras los años siguientes de la infancia a la adolescencia se iban haciendo maduros.
          Volaba, entonces, en forma de rima mis pensamientos que apuntaba a la expresión de toda clase de sentimientos, expresado bellamente en poesía que la vida se tornaba rosa y las damiselas de mis ángeles se ocupaban de mis sentimientos que ocupan el espacio de mi joven vida. Pero nunca me dejaste de perseguir, siempre a la saga apuntalando con tus sarcásticos discursos que me orillaban a dejar por un lado las mieles de mis inventos.
          Caminaba por los abismos y deambulaba por las veredas en búsqueda del poder creativo de mis musas, me vi socavado al esconderme de tus miradas, cubierto por el manto de la magia, mientras paso a paso cabalgaba imponente detrás de un objetivo que me llevara a salir adelante en el altar de la cultura escrita.
          Era el espíritu o a lo mejor el alma que buscaba el tránsito de la libertad sin ataduras para desarrollar mi intelecto mientras maduraba de adulto en la consecución de metas.     Escuché, entonces,  las campanas de tañir sereno, pasmado y de sonsonete triste. Sabes eso me provocó inundándome de miedo, como quien con un sonido invita a relajarse, anunciado que algo se hace suceso en el tránsito de la vida a la muerte, donde los santos óleos se hacen presentes para purificar el cuerpo que se ve evacuado de la sustancia que le da calor. Postrado en la enfermedad, te vi allí a mi diestra como que había logrado tu propósito, doblegándome al mostrarme los dientes de tu calavera tras una sorbida sonrisa que mostraba cuan persistente te comportabas, para guiarme en el pasaje entre la vida y el mas allá, pero jamás dejé que me arrancaras el hálito de ilusión que peleaba con mi aliento. Las falanges de tu huesuda mano recorrían mis sienes de blanca cabellera como quien te reconforta de una inclemente sanación, o una reconfortante muestra de cariño. Con un sutil  “Acéptalo es tu destino”.
          Pero no quería dejarme vencer, apuntalé mis convicciones y me plante erguido para defenderme, para no hacerme víctima de las circunstancias, me convertí en dominador de esta situación, levantándome de mi lecho de dolor o en medio de las cenizas, para aplastar esa incesante persecución tuya. Si la de la muerte, la del camino sin retorno a la que me habías arrancado con tus zalamerías. El brillante filo de tu guadaña que se inclinaba sobre mi cabeza, me había ensañado ante todos los mortales, era posible detener el tiempo, haciendo caso omiso del fin obligado a cumplir con el pacto firmado desde el momento que nacemos.
          No creo que me hayas vencido a través del tiempo, pero he logrado prolongar mi estancia en esta tierra, jugándote a las escondidas o utilizando atajos para no enfrentarme de viva voz con tu presencia. He logrado distraer tus ojos, tu pensamiento en tu largo caminar, he hecho invisible tu presencia en los momentos de cumplir propósitos, he incurrido a robar tu atención en los puntos álgidos. Pero aun así percibo tu manto de impunidad que se cierne sobre mis huesos intentando atraparme como una red de dimes y diretes para hacer mas intrigante mi proyección a la posteridad.
          Salgo de mi escondrijo y me instalo en el ápice de mi cerebro, creador de estos pensamientos, utilizando mi voz deletreada en cantos de mi insipiente prosa, para gritar mis compasiones y la manera de romper la llegada al punto en que tú, te hagas cargo de mis despojos e introducirme en el catafalco de mis pasiones. A ti!, Oh! muerte es a la que mas temo, sin racionalizar que este paso me da el brinco a la inmortalidad, las letras están allí y sobrevivirán a mis anuarios, quizás mas allá gracias a la confianza de los que me rodean. Mi cuerpo será devorado por los gusanos, pero mis ideas no, no tendrán el mismo final, como grabadas en piedra y en la mente de mis dilectos chocarreros amigos que osen beberse la lectura de mis cuentos.
          El encuentro no será fácil, entre el Yo no quiero y lo que es tu deber de ejercitar, sin readecuaciones ni amparos que valgan, lo sentenciado se cumple. Has visto a alguien que se burle de ti? Cuando tu levantas la banderola de cuadritos que significa llegar a la meta, se va a frustrada tras la doce campanadas de un reloj de frontispicio antiguo que se remite en segundos con retraso, mientras el peso del segundero se rasca lentamente en el ascenso del 6 al 9 y hasta el lejano 12.. Ni aun el respiro de una exhalación del alma con lánguidos propósitos que se atasca, cuando el corazón deja de latir, mientras con maniobras externas le logran hacer despertar de un letargo anaeróbico que lo coloca en el borde del final.
          El propósito de un buen morir, de quedarse a dormir el sueño eterno, con la plenitud de tranquilidad que reposa en un síncope de vagas consecuencias que parte en silencio y me acomode en los 4 tablones, pintadas de telas blancas adornadas con bolitas de naftalina.
          Con el paso del tiempo en un mausoleo de propiedad horizontal donde tu cuerpo se  ve acomodado, por debajo de alguno o por encima de otro, mientras no muy lejos el espíritu se coloca junto a la cruz, sentado, con la mano sosteniendo la barbilla con la propia parábola del pensador, imaginando si hubiesen cambiado los propósitos de esta vida, podrías tu tener un mas allá, un oficio alternativo.
          Pero en fin te doy la razón del ángel de la muerte, cumples consigo mismo, el cruzar con sutileza en el pasto de una barca que rompe el ocaso de lo supersticioso y conduce mi alma hacia el amanecer de luz, aurora de un mas allá.   

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LA CARRETA



          El vaivén de la carreta hacía sonar las ruedas en el áspero transitar del camino de terracería que se prolongaba perezosa sobre el mapa de la campiña. Guiada por el jumento que se sacudía las moscas con la cola, mientras halaba su desperdigada carga entre costales, fajos de zacate y algunos implementos de labranza. El campesino de piel cobriza con sus pensamientos aburridos que colgaban de su imaginaria piloteaba apenas portando la sudorosa exposición a los rayos del sol.         
          La historia de la vida que se deslizaba en la pedrería, los terrones de barro que se desmoronaban dejando a su paso la huellas de un transitar socarrón, incitado por un arre y una agitación de los cueros de las riendas sobre los lomos del caballo.
          El paraje solitario que rondaba con bichos de toda naturaleza se ponía de acuerdo cuando asoleaba el rostro del transeúnte que bajo las alas de su sombrero se adormitaba en el trayecto de su viaje a través del tiempo. En los pocos entretenimientos del viaje sucedían cuando la bestia al acercarse a la orilla del camino se detenía con el afán de arrancar los montes que se asomaban detrás de los cercos, para mitigar su necesidad de rumiar. Para lo que se detenía en los parajes que por los frondosos árboles permitían una sombra refrescante que los incitaba a reposar para tomarse un respiro.
          Los ischocos semi-desnudos se alardeaban corriendo detrás de un pedazo de cuero, una chancleta vieja que hacía las veces de pelota y pasaban temerariamente frente al cortejo, deteniéndose y como quien ve un acontecimiento se dejaban escuchar en el mutismo que provocado por la sorpresa que producía el carretón.
--- Adiós Candelario…---razona uno de los patojos.
          No existe respuesta verbal, el individuo se toca el sombrero con los dedos y levanta la mano para hacer una señal de haber escuchado. De la bolsa de pecho saca uno de esos puros de hojas de tabaco sobados a mano, le mastica una de las puntas, después del escupitazo, lo muerde mientras truena un cerillo para darle lumbre, una nube de humo blanco le envuelve el rostro.      Después de transgredir los linderos del rancho de su compadre, le imprime algo de velocidad al transporte, para llegar con tiempo hasta la parcela, donde los continuos surcos semi secos se enseñan con las matitas brotadas de las plantas del maíz. Ya parte de la mañana se ha alejado, la escasa agua proveniente de la toma se ha minimizado, pero aun así la tierra permanece con un grado de humedad, que le da el gratificante olor a tierra mojada del sembradío.
          Con sus botas de hule y machete en mano se traslada por las orillas hasta llegar al árbol de Jacaranda, donde descarga todo su equipaje, se tumba en el suelo, acomodándose el sombrero que le cubra la cara.
          En la nebulosa cargada de instintos que revolotean en el ambiente se desprende el espíritu y se torna en sueño.
          “Tras la pálida niebla y en ausencia de los sonidos, la imagen se hace brillante ante los ojos del niño, cuan grandes que se salen de las órbitas, sobre sus cachetes chorreados resbalan algunas lágrimas, mientras escucha el tierno chasquido de un beso que a la distancia le prodiga la mujer que frente a él y cubierta de mantas blancas le agita la mano, en señal de cariño.
          Sentado en las raíces de un árbol que le cobija y de respaldo le acomoda arranca con su mano izquierda el propio musgo del tronco que a sus lados crece, levanta sus pies que se descubren de los caites y rasca la tierra manifestando congoja o quizás miedo, el sentimiento no le deja levantarse pero las mangas de la camisa no le alcanzan para limpiarse los mocos que le cuelgan de la nariz. En su costado su mano derecha sostiene con fuerza el palo de la honda que se reposa en los bodoques de barro que además le abultan la bolsa del pantalón.
          El viento contribuye a golpearle el rostro mientras se hace el valiente cuando la dama se acerca, haciendo el movimiento de descubrirse el velo que le oculta la cara, el chico aprieta los dientes y se tapa los ojos. El sonido del susurro que recorre la distancia hacia sus oídos se le transforma en calofrío que le pone la piel de gallina. Una voz de ultratumba salpica en miedo en su corazón.
--- Hijo mío… Candelario….   Mírame!, acaso no ves que soy tu madre?, siempre te encuentro sin hacer nada, haragán, o acaso no tienes que estar en la escuela...?---
--- Siempre tras los pasos de tu tata, tumbado en la hamaca, o arrumacado en la cantina libando el maldito guaro, acaso no te has dado cuenta que de algo hay que vivir…
--- Cuando le viste, ir a recoger la siembra, le agarraba la jumadera cuando le apestaba la goma. Bueno para dar excusas era !. Desde que llegaba tarde de la noche oliendo a chilca, se me encaramaba en el camastrón presto hacer muchachitos, pera eso era muy macho…
---Solo vos y tu hermana se lograron, pues porque yo aun tenia juerza, tus otros hermanos desnutridos fueron a para al panteón. Y yo hasta que me harté, tarde quizás pero no aguanté mas, agarré mi tujas y me juí a la mierda…
---Una noche de tantas, cuando pasé por una de las calles donde se resbalan los domingueros que salen a darse el jolgorio, los campesinos que bajan de las fincas del banano, allí donde se atragantan de guaro blanco y donde las colas de hombre se hacen en los cuartos de las mujeres que les dan amor fácil por dinero… Si me lo encontré, apostado en la pared, como que él era el sostenía para que no se le viniera encima, atrapada tenía a la mujer entre los brazos, que se dejaba sovigiar y se embadurnaba de sus babas…
---Y me dio un arranque de celos, se me nubló la vista y me lancé hacia él, con las uñas le zampé un manotazo, hasta dejarle marcada con sangre la cara y se me dejó venir encima con un cuchillo en la mano y me lo clavó aquí (mostrándole) en el vientre, apenas alcance a levantarme pero caí mas adelante, la sangre me estilaba hasta por las canillas, me caí nuevamente hasta que perdí el sentido, la fui a tener al hospital, donde estuve algún tiempo, pero todo fue en vano, el maldito me la dio certera…
---Por eso vengo hacerte el consejo, trabajá mijo, no te metas a los vicios y no te dejes arrastrar, que todo cae del cielo. Buscate una tu mujer que te apoye y cuidá a tus hijos. Mirá pues ese tu tata después de lo que pasó fue a para al bote y allí se va podrir, sin familia y sin amigos.”
          Un trueno sobre la montaña que desplegó en nubarrones oscuros se desgranó en lluvia. Candelario despertó, no daba crédito a lo experimentado durante su sueño, cabizbajo y meditabundo, se sacudió los pantalones, se acomodó el sobrero y salió corriendo. Ya de regreso en la carreta meditaba sobre el mensaje que había recibido de su difunta madre.
          Regresó por donde vino, al pasar frente al rancho vecino, los patojos jugaban entre los charcos de agua del llovizno que aun caía, un de ellos cubierto con un pequeño nylon se le acercó a su paso.
--- Candelario… ya vas de juida por el agua?.
          El se le quedo mirando a sus ojos grandes  y sus cachetes regordetes chorreados, le había impresionado, eran como los del sueño…
--- Si ya me voy, nos vemos otro día…
--- Que te vaya bien Cande… Hay! te recuerda de lo dicho por tu mamá.
          Luego salió corriendo y se perdió en la distancia
          Candelario se quedó atónito, perdida la mirada, mientras los goterones le rebotaban en el ala del sombrero. Sería mas que un sueño?
  

jueves, 24 de julio de 2014

LOS LOROS



          En el pensamiento del remanso, las aguas vagan silenciosas cuando recorren las serpentinas que se arremangan en los ruedos de los manglares, el verde oscuro de su presencia se hace remolinos en las pozas y las ondas se escapan alrededor de las piedras, que húmedas se reflejan en la espalda marcando la marea.
          Los gritos de las parvadas de loros se hace presente en las mañana cuando los rayos del sol se despiertan en el oriente, viajan de los dormideros a los verdes campos donde los árboles de frutilla les brindan los deliciosos alimentos.
          En la campiña se dibuja una casita de techo de teja y lámina que se asoma entre raros bosques que se muestran en las faldas de una colina.
          Como un soldado se muestra un pozo a la derecha de la construcción que señala con su estructura de teja, el punto, la polea y su pendiente cubeta. En movimiento el lazo es enrollado por una mujer que con un niño en su espalda extrae el vital líquido para sus alimentos.
          Las aves de patio juguetean a los gusanitos que al ser rascados de la tierra se sacuden en el pico de las gallinas que cacarean felices y bulliciosas con sus presas, que reparten a sus polluelos. Alborotado todo el gallinero al notar la presencia de los burros socarrones que en su lomo cargan las redes de mazorcas de la cosecha. El jinete que los guía se desprende de su montura y hace una parada para sacudirse el calor con su sombrero de palma y se hace presente al brocal del pozo para empinare la cubeta y mojarse el pecho mientras degusta el líquido.
          El grupo familiar se sienta alrededor de una mesa  con un seberendo muñeco de tortillas al centro, cada quien con su plato de peltre degusta el bodoque de frijoles enteros y un pedazo de queso. El padre con un posillo de café que humea, se levanta diciendo
--- Provecho…---
          Escarba en su bolsa del pecho de su camisa y extrae una bolsita de tabaco con lo que confecciona un cigarrillo con tusa, sale al patio exterior y mientra suelta el humo por la boca se dedica a observar el firmamento.
--- Vos María, se siente algo extraño en el ambiente. Sabés ese chiflón helado me da mala espina.---
---Será vos Albino, los animales han estado algo inquietos…---
          La noche se precipitó después de que el sol se escondió tras los parajes de la montaña. Junto al bullicio de las parvadas de aves, precedidas por los loros que viajan rumbo a sus lugares de dormitorio allá en los zanjones. Las lechuzas acechaban la penumbra invocando la llegada del manto de la oscuridad.
          Tras una lámpara de gas a medio iluminar, los patojos del rancho retozaban mientras se arrumacan entre las chamarras sus últimos juegos, antes que el papá ordene silencio y apague la luz para doblegarse e iniciar el sueño. La luna hace apenas su aparición vestida de cuarto menguante engargolada en las copas de los árboles, el viento corre asombrado con tintes heladas que se marcan con el inicio de los retumbos, que sacuden ramas y hojas de los antañones árboles de la campiña. El remezón no se hace esperar, el tableteo de las estructuras del tejado y el trueno de los adobes que dan al traste para desmoronarse sobre las cosas en el interior de la choza.
--- Santo Dios, Santo fuerte….---gritó la María
          Ni lerda ni perezosa pesca del brazo al niño pequeño, arrastrándole hasta el  patio de adelante del rancho, con el otro brazo sostiene a la bebecita que aun prendida de la chiche se solaza en profundo sueño.
          Albino sale por debajo de los tablones, los restos de terrones de adobe que le impiden el paso les manchan de tierra, hala desesperado con el chico mayor, aunque en buen estado muestra su temor acurrucándose en la cercanía de sus hermanos. Allí se quedaron las redes del maíz sin desgranar. El bullicio de las gallinas que caen como frutas maduras de las ramas pelonas de los matilisguate, corren despavoridas en busca de un nuevo refugio donde esconderse de la sacudida; el latido de los chuchos que resuena por doquier se hace eco a la distancia asemejándose  al retumbo en todas direcciones.
          Las bestias corcoveaban sacudiéndose dentro del pesebre que se hamaquea y se cae, los burros intentando soltarse de sus amarras, un relinchar cautivo que sacude las paredes con el lanzamiento de patadas buscando una salida.
          La calma se hace presente momentáneamente mientras un ruido extraño se dejó escuchar en la lejanía, como el resultado de una conmoción, de gritos desperdigados, aullidos de animales, alaridos que asustaban en el mas allá lejano. La marea que constantemente se mueve en los hatos de ganado que se arremolinan en los potreros, quizás con la esperanza de escaparse de las talanqueras buscando huir hacia los pastizales, los mugidos alardeantes, que no es mas que la búsqueda de sus crías, espantadas por el cadejo del miedo y las zangoloteadas por la tierra. Las puertas de los cercos aseguradas con cadenas no soportan el apretacanuto de los semovientes que hurgan por la pronta liberación rompiendo cercas y tablones de su cubículo.
          Albino y  María acomodaron a los chirices en un colchón junto al brocal del pozo, recogen unas láminas para cubrirles, mientras se abrazan en convivencia, quizás es necesario buscar algo de comer, algunas tortillas y el tarro de barro para hervir café. En los espacios de un rincón arman una fogata que también les sirve para alumbrarse, el grupo se arrejuntan para contagiarse calor y sobrellevar las replicas del temblor que se repiten cada cierto tiempo.
          Los niños acomodados en la enaguas de la nana adormitan, vencidos por el sueño de la madrugada, todos con la esperanza que pronto se despuntara el alba y tomar cartas en el asunto y hacer un recuento de los daños.
          Como una extraña madrugada se enfrentan al episodio, el gris oscuro de los cielos junto al silencio que se adorna con el rocío matinal, con ausencia de la concertina de todos los días, ausente los loros que abren con sus gritos, el desfile de la migración de las aves. Las reses rumiantes se pasean dentro de las filas de milpas haciendo su desayuno como si nada hubiese pasado.
          A la distancia se observan columnas de humo que se desprenden hacia el cielo como canelones señalando los lugares donde el fuego hizo daño en las casuchas. El camino se hace mas concurrido, con correderas de socorristas que en camillas maltrechas llevan a los heridos para el pueblo. La sombra de una sirena jinetea en la vía de terrecería anunciando se escala de temor y muerte.
          Ahora todo es ruina, adobes desparramados, sensaciones de terror y presencia de mortandad. El hambre es sinónimo de tragedia que publican obituarios señalando un sin número de ausentes. Llantos ya sin lágrimas que se vuelven indiferentes en la lucha de dolor que sobrepasa lo aceptable
          Al paso de los días, las destempladas campanas lanzan sus monólogos de repique, señalando las exequias de los desaparecidos, en los cementerios que se ven congestionados de tumbas que rebalsan con suspiros y sin flores, deudos acongojados que dejan recomendados a los sepultureros a sus parientes que algún día fueron heridos o que perdieron un hilo de vida en los improvisados hospitales
          Cuando la luna llena aúlla en la copa de los riscos, las ánimas recorren silenciosas por las veredas angustiadas, a su paso cargan sus pensamientos que recorren por las hojas del calendario cuentos que hicieron olvidar los recuerdos de las sombras, acaecido en la tragedia del cataclismo que asoló las poblaciones y las víctimas de muerte.
          Cada madrugada, en el recorrido de las parvadas de los loros, pajarracos enlutados que enmudecieron en sus  viaje de largo recorrido en la selva tropical en búsqueda de sus nidos en lo alto de las enormes Ceibas donde el verde de su plumaje se confunde el follaje de las hojas. Son los guardianes que sirven de guía a las almas que buscan la entrada del celeste cielo, lugar donde residen los ángeles que les brindaran paz a sus conciencias.
          María y Albino, enfrentaron la muerte junto a sus hijos, ellos migraron a los pastizales lejos de allí, en busca de alivio en su soledad, allí donde la tierra no ha vuelto a temblar y que las matices de la primavera les dan aliento, no llevaron nada para empezar, sin sueños ni recuerdos, a sembrar la primera milpa y quizás para oír los cantos pausados de los loros que anuncian a su paso el brillo de la mañana y en el caer de los celajes de la tarde.