--- Te acordás nana…! Te acordás de
cuando me jalabas de la mano y que casi a rastras me sacabas del rancho a
recorrer los caminitos de tierra entre las milpas, mientras tú cargabas el
canasto de las verduras que llevabas al mercado para la venta.
Me
llevabas, así como vine al mundo desnudo,
apenas con una camiseta que lo que mas tenía eran hoyos. Enlodado de los
pies, los que arrastraba sobre la grama, manchado hasta las rodillas, a duras
penas podía mantener el paso mientras me apresurabas en el viaje. Ah! y cuando
me caía, me arengabas a levantarme, quizás con un jalón de pelo o un estirón de
las orejas. Enjugaba las lágrimas que era lo único que me consolaba, mientras
sacudía mis manos para botarme la tierra, sobre el trapo de la camisa o en
algunos casos hasta en el ruedo de tu falda.
Pasábamos
por la panadería, donde el olor a torta caliente me abría el apetito, allí
donde después de soltar unas fichas te empacaban unas champurradas; cortabas un
pedazo del pan y me le entregabas para que lo enjugara entre mis escasos
dientes para continuar con el caminar.
La
cosa era llegar temprano para encontrar un buen puesto donde apostarse, aunque
fuera en la orilla de la plaza. Allí me sentabas sobre unas hojas de plátano
con el fin de hacerme espacio a la orilla del canasto y poder entonces
vigilarme. Todo era un bullicio de los cargadores que pasaban somatando a quien
se pusiera a su paso, los vendedores de chucherías y los achimeros. Eran las
veredas del constante circular de las compradoras que se pasaban en el regateo
de las cosas del mercado que llevaban en sendas canastas del mandado de diario.
Al
ponerse en su punto el calor del sol, buscaba acomodarme entre el güipil que me
servía de refugio, me daba le probabilidad de jugar con tu chiche, la que me
entretenía y enjugaba mi boca con los escasas gotas de leche. Eso me llevaba a
un reparador sueño para olvidarme de tener vacío el estómago, pasaba la mañana
y aunque la venta fuese mala. Despertaba junto al canasto y en la hoja, no te
encontraba, me habías dejado recomendado con la vecina, mientras tu llevabas
una palangana de agua limpia para mojar la verdura y que pareciera siempre
fresca, un vaso de herradura con un poco de arroz en leche, que humeaba de lo
caliente el cual compartías a sorbos conmigo y el resto del pan de la mañana
La
tarde se hacía presente y con lo de venta, había para comprar algunas cosas que
hacían falta en el rancho, en el trazo del regreso encontré tirado en el suelo,
un tesoro, un jocote de corona, medio destripado, pero con su exuberante
carnaza amarilla, ni bien lo recogí me lo zampé en la boca, con todo y cáscara
disfrutándomelo hasta limpiar la pepita, que delicia…
--- Te acordás nana…! Me levantabas de madrugada, recibía unos
sorbos de café y al diario vivir te acompañaba por el mismo sendero de siempre.
Ahora ya llevaba un pantalón cuto de tirantes, en la bolsa llevaba unos
bodoques y en las manos una honda para hacer de tiro al blanco con los
pajaritos, ya no me jalabas, mas bien te llevaba la delantera, lo chorreado no
se me quitaba pues nunca me daba tiempo de bañarme, además eso lo dejaba para
los domingos cuando iba con la patojada a jugar al riachuelo.
Muy
religiosamente pasábamos por la misma panadería donde con una choca, YO pasaba
comprando unos churros para aguatar parte de la mañana en el mercado, el puesto
allí estaba como que ya era lugar destinado para el canasto de la venta, las
mismas vecinas, una de ellas con un bebe envuelto en un perraje detenido a sus
espaldas, que se movía en arrullo para mantenerle adormitado. Te dejaba
instalada mientras yo me perdía en ese barullo de gente dándome unas escapadas
a los alrededores, me gustaba ir al atrio de la iglesia donde siempre se
encontraba un don que tocaba una chirimía y era acompañado con un Tun. Las
largas y ascendente nubes de incienso que se esparcían en el portón de la
iglesia que se alegraban cuando el cura se enseñaba sobre una alfombra cubierta
de hojas de pino, envuelto en una sábana blanca y mostraba con toda solemnidad
el báculo de la santa hostia mientras la feligresía se hincaba a orar.
Regresaba
hasta el puesto cuando la tripa me hacía ruido pidiéndome un bocado para matar
el hambre, tú ya me tenías un chuchito de masa con chipilín y una bolsita de
fresco de colores para hacerme pasar la tarde, a veces teníamos que pasar algún
tiempo en los corredores de la alcaldía porque nos había avanzado el chubasco
de la tarde, pero en fin había que hacerle a la caminada para llegar al rancho
para juntar algunas cosas y recolectar la verdura de la venta del día
siguiente.
Prender
la leña era para mi un rollo, por la húmedo del ambiente al lograrlo la leña
crují inconforme en darnos lumbre para calentar el bucul de café y también para poder conservar un poco de
calor para la noche. Un par de tortillas tiesas y un pocillo de café y a la
cama para reponer las fuerzas.
--- Te acordás nana…! Ya la vida se sentía monótona con el pasar por
el camino al mercado comprando para mas bocas hasta 1 quetzal de pan. Te
mirabas cambiada ahora, como de la noche a la mañana cuando de la nada apareció
un hombre, un tu que querés, el que me sacó de tu cama y me mando a dormir a un
petate, en el rincón donde se quedaba el chucho. Y aunque me dijiste, ese no
era mi tata, no te creí, este guelía a guaro y se la pasaba echado sin hacer
nada. Mi tata no era así, según me cuentan a él le gustaba trabajar. Pero en
fin era tu vida, y tú no estabas para darme explicaciones, me contentabas
dejándome acompañarte a la peregrinación diaria para la plaza a vender tus
cosas. Ahora ya me había soltado el ombligo,
te dejaba en el lugar de siempre y me desaparecía, me juntaba en los
campos a la vecindad de la iglesia a jugar una cuantas chamuscas con pelota de
tripa de coche, allí mataba mi tiempo, ya que por huevón no había querido asistir
a la escuela, pero un buen día lo pensaba hacer.
En
mi diario deambular, me fui he acercado al convento de las monjitas, hice mi
promesa de quedarme en el orfanato donde me dan de comer y buenos consejos,
me regalan ropa y zapatos, por lo que
decidí no regresar a casa, te vas a sentir muy triste, pero se te pasará, al
menos creo que ya no te voy hacer falta, Como vas a tener otro tu muchachito ya
vas a tener quien te acompañe para venir al mercado.
Ahora
me disfruto de mis nuevas compañías, voy a la escuela y aprendo muchas cosas y
aunque a veces me haces falta, estoy dispuesto a salir adelante, esto es como
cambiar de vida, ahora voy a la iglesia y rezo por ti, aunque no lo creas. Le
pido a tata Chus que te cuide y te proteja del borracho que vive con vos y a
tus costillas.
Hoy es día fiesta y la algarabía se
acompañaba de cohetillos bombas de tubo. Que chilero, salgo a ver el baile de
los Moros y Cristianos, es el día del patrón del pueblo es día fiesta, el
mercado esta elegantemente adornado hay un carrusel y la rueda de Chicago. Las
polacas de lotería se cantan sus números con estribillos, cartones y maíz. Como
también es día de mercado voy a irte a buscar, apostándome en las cercanías del
puesto en la plaza, pero no te he vi aparecer y me dio pena, me he caminado
unas cuantas rondas por los alrededores pero no te he logrado encontrarte, o es
que ya no estas viniendo.
Salí
en carrera hacia las veredas que me llevaban hacia el rancho, los parajes me
parecían sombríos y el silencio de las aves me presagiaba algo que no iba bien
Salté unos charcos y de un aterrizón llegué hasta la entrada. Una mujer con un
niño en brazos salía del aposento, el lloraba como recién parido, en un rincón
del corredor una niña, medio arropada mostraban su congoja y su miedo ante los
acontecimientos.
Entre
al cuarto, agarrada de los bordes de un camastrón, eras tú mamá. una mujer
escuálida, pálida color cenizo, se devanaba entre la vida y la muerte, por un
sangrado de parto…
Sentado
en suelo a la par del montículo de una tumba, encabezada con una cruz hecha de
madera:
--- Te acordás nana…! Cuantas veces te dije que ese infame no era
mi tata, que no te metieras con él. Y te dejó en la peor desgracia. Cosas mas
lindas las que compartíamos cuando estábamos tú y yo solos. Bien pero esto no
tiene vuelta atrás, ahora yo soy el que tengo que velar por mis hermanos…
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