jueves, 30 de abril de 2015

LA CRIPTA



---Ja, Ja, Ja …---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta. Las paredes se habían descascarado por la influencia de la humedad y el tiempo oscurecía el ambiente que resoplaba en miedo.
          Algo se movió en el recodo de la vuelta que llevaba al espacio de los nichos que por el abandono se veían ocultas tras el monte y los zarzales que secos se acomodaban en donde alguna vez había existido un hermoso jardín de flores.
          Las lápidas manchadas de musgos que se colgaba de sus orillas borraban serenamente los nombres y fechas de los occisos, un ejército de hormigas hacía su plantón caminando desde allí hasta un volcán de tierra que se desmoronaba en la grama exterior.
---Ja, Ja, Ja …--- se volvió a escuchar la onomatopeya que venía desde la entrada.
          Los cuervos alertados por tan singular sonido volaban hasta las ramas de los cipreses que como fieles guardianes se bamboleaban por efecto del viento. Luego de sacudirse, lanzaban algunos graznidos y retornaban para posarse sobre la cruz de piedra que marcaba la tumba.
          En varias ocasiones el fenómeno había puesto en alerta a los habitantes de la vetusta fortaleza, cada cambio de estación se hacían evidentes los extraños ruidos en el lugar.
          Muchas gentes se asustaban cuando al principio de las noches tras una serie de críticos movimientos y gritos se dejaban escuchar a lo ancho de las callejuelas que rodeaban la antigua mansión.
          Varios grupos de vecinos junto al jardinero de la casa acudían a pedido de los pobladores a investigar la presencia de tan macabras risas, que se repetían constantemente en los períodos de tiempo que duraba el plenilunio del cuarto menguante. Los empleados y especialmente los encargados de la cocina se arrejuntaban cerca del fuego por la repitencia de las extrañas cosas que producían temor y el miedo.
          Los vientos de temporada daban una imagen especial a la situación mientras los raros movimientos que se arrastraban a lo largo de la callejuela posterior, daban la sensación de carreras de espíritus chocarreros que arrastraban grandes cadenas, dando a conocer su presencia.
          Durante varios años, contaban, que siempre por la misma época se daba la ocurrencia un fenómeno similar, que había concluido con el macabro hallazgo de un joven que había muerto ahorcado en un lugar de la capilla. Lo abandonado del sitio y el aspecto lúgubre  daban la sensación casi mortal de algo sobrenatural, lo extraño es que nunca se había podido descifrar el misterio y menos encontrar al culpable del hecho.
          En los días subsiguientes los encargados visitaron el lugar, sin haber encontrado ningún vestigio, la campana se movía de un lado a otro, quizás por efecto del viento, y sin hacer contacto con el badajo para la percusión. Las lozas del piso se encontraban cerradas, solamente con la presencias de pequeños rastros de arena como quien había sido arrastrada sobre ellas. Las argollas que abrían la catacumba se encontraba levantadas, con señales de haber sido movidas.
          El crimen quedo impune y luego pasó a la historia. Las historia contadas al respecto rezaban que durante los principios del siglo, una bella joven había sido enterrada en el lugar, después de una enfermedad que le había causado el deceso, antes del suceso, ella pidió ser enterrada en cementerio del palacio junto a todas sus joyas y su mejor vestido excepto un hermoso anillo de Esmeralda que acostumbraba a utilizar en una de sus manos.
          Cuenta la historia que su único pretendiente le había hecho la promesa de que nunca desposaría con ninguna mujer, por lo que ella le entregó el anillo en señal de fidelidad, advirtiéndole que si el llegara a faltar a su promesa debería de devolver la joya so pena a ser perseguido por el ánima de la dama.         El caballero permaneció un tiempo célibe pero empezó a sufrir el acoso de hermosas jóvenes en busca de ser pretendidas, él sucumbió ante las peticiones y cada vez que esto sucedía la futura pretendiente sufría algún accidente o enfermedad que le hacía desistir del matrimonio. Pasaba el tiempo y el hombre sufría la angustia de permanecer solo, hasta que decidió devolver el anillo a su dueña con el fin de romper el hechizo. Le ordenó a uno de sus allegados encomendándole la tarea, y en cierta oportunidad fue enviado hasta el lugar, la Cripta donde la dama se encontraba enterrada, pero la acción falló, el espíritu dio cuenta del empleado y lo ahorcó en los maderos de la capilla, previó a enviar un mensaje al caballero, donde le indicaba que la devolución del anillo no lo eximía de la promesa. Pasados unos meses, ante la desesperación del caballero 

          La cara se mostraba pálida y su actitud era de alguien que temblaba por fiebre, ingresó a los patios donde se encontraba la Cripta.. Los vientos le arrastraban  hacia la capilla y llenándose de valor se plantó en la entrada de la catacumba las lápidas se encontraban movidas penetró por el corto espacio que le permitían las lajas, descendió por la pequeña escalinata hasta donde se encontraba el féretro, abrió el catafalco y descubrió que se encontraba vacío, un crucifijo cayó de su mano y se retiró hasta acurrucarse en un rincón con la melancolía y el mutismo sufrido por el susto.
          Alguien se le acercó. Era la dama que con un vestido de terciopelo y cubierto el rostro con un manto se le plantó frente a él. Con el anillo verde entre sus huesudas manos.
---Viniste a devolverme esto--- le dijo, mostrándole el anillo.---
---Pero para devolverte la promesa no va a ser así de fácil---
          El hombre se puso de pie mostrando valentía, pero el espectáculo hizo que se erizara el cuero… ---un gritó y una temblor de cuerpo se apoderó de él. Empezando a persignarse tantas veces como podía.
          Ella como flotando en el aire se le acercó:
--Y tú que tantas veces dijiste que me amabas, acaso ya no soy bonita para ti. Quieres que te libere de la promesa del lecho de muerte. —
          El asintió, temeroso de las consecuencias.
--- Verás lo único que tienes que hacer es colocarme el anillo en su lugar y darme un beso de despedida.--- mientras removía la mantilla que le cubría el rostro.
          La calavera se mostró y lo dejó petrificado, lo aprisionó y le obligó a que la besara. En ese instante un remolino envolvió a la pareja y ambos se transformaron en cenizas, como por arte de magia el polvo se deposito en el fonde del ataud, el cual se selló con el anillo de esmeralda en su interior. Las lápidas cerraron, La campaña sonó una sola vez en señal mortuoria.
Y.
---Ja, Ja, Ja…---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta--- Te dije que eras solo para mi!...

viernes, 17 de abril de 2015

ME ABANDONASTE




           Pegado al ring de un teléfono, esperaba tu llamado o tu regreso, en mi cabeza rondaba la respuesta siempre platónica de un quizás, ó aun te recuerdo, eso circulaba en los anhelos de mi espíritu, te falle o no aguantaste y eso era parte del rollo, dejaste tus canciones en la habitación y tu fresco olor sobre la almohada.
          El tiempo había sido un factor de la reyerta y una octava de desconfianza había desembocado en tu salida de mi vida. La maleta de recuerdos había traspasado el umbral de la puerta y se había disuelto junto a todas aquellas ilusiones que nos prometimos en el ayer. La aventura que te llevó a romper esa armonía, tenía vísperas de venganza. O simplemente caíste en los brazos de la lujuria, saltando de una relación llena de sobresaltos y peleas conyugales domésticas de poca importancia al cenit de un mundo de lujos y  glamour que te llevó fuera del epíteto de sentimentalismos a un pedestal de fantasía, en una lisonjera vida de libertinaje y vicio. Tu innegable belleza te abrió el camino para probar otros mundos, fuera de la poca comodidad que poseía.
          La desesperanza me hizo presa del castigo, que en un arrebato de ira sacudí cuanta cosa tenía en el buró, todo aquello que me traía algo a la memoria lo lancé por el suelo, aquella foto donde abrazados disfrutábamos de una paradisíaca playa, la libreta de citas de tu antiguo trabajo y el cenicero donde colocabas tus pulseras y aretes, pagaron las cuentas de mi rabieta, al destrozarse de un manotazo junto a la pared.
          Me agarré de los cabellos para hacerme un mea culpa, del porque no haber templado mi ira o saber mediar el como enfrentar cuerdamente el problema. Una explicación a tiempo, o a lo mejor un fingido perdón de tu parte. Tomé mi chaqueta y salí como un desesperado a deambular por las calles, quizás el aire fresco me devolvía la serenidad o me apaciguaba la congoja, las lágrimas que escasas se mostraban en mis ojos, derramaban mis penas y hacían que las borrara quitándome los anteojos.
          Metí las manos en las bolsas del pantalón en búsqueda de unas monedas, me detuve frente al chiclero de la esquina, quien me aprovisionó un par de cigarrillos me envolví en el humo para recostarme en la escalinata de la pasarela a ver pasar gente, rostros y caracteres, que me incitaran a dejar esa molestia que me embargaba en la mente.
          Prendí el segundo cigarrillo mientras caminé a  paso ligero de regreso al apartamento, donde entre tanta calamidad de desorden busque el aparato de teléfono que  había quedado mal trecho después del lanzamiento. Funcionaba lo coloqué de nuevo en la mesa, con la leve esperanza de que llamaras.  Esa había sido la promesa cuando te encontré en uno de esos restaurante de comida rápida acompañada de un par de jóvenes, degustabas un vaso de café, quizás para mitigar la resaca, vestías una de esas minifaldas que te fascinaban, al verme te acercaste con un cigarrillo en la boca, que te hacía cerrar uno de tus ojos, me franqueaste el paso, temiendo un reclamo por la compañía.
--- Espera!--- indicaste --- No me vayas hacer una escena…, deja que las cosas se enfríen y te llamo por teléfono charlamos y te explico.---
          Me quedé mudo, quizás frisado por lo que opte en darme media vuelta, refugiándome en el sanitario de hombres. Cuando salí, habías desaparecido con tus acompañantes. Hice de tripas corazón y como si no hubiese pasado nada abandoné el lugar.
          Me di cuenta que mi actitud no había sido coherente, pero la violencia no me ayudaba en nada, me miraba como un juguete a quien pasado de moda había terminado en el cajón de los recuerdos y no significaba nada en tu vida. Esa misma tarde, tomé el autobús que me condujo al campus de la Universidad, donde con mi prolongada ausencia me hacía parecer como que era la primera que visitaba el recinto. Allí me encontré a un amigo que sentado en una de las bancas hojeaba un libro.
---Ratos tengo de no verte, pensé que habías tirado la toalla…---
--- Si así fue, --- no te imaginás, cosas de la vida, y vos que es de tu vida?---
--- Pues por allí mano, haciéndole yemas a la cosa.--- Y vos, estás hecho una piltrafa.---
--- Si mano… fijate que me enrolé con una chava, esta se fugó de su casa y nos pusimos a vivir juntos, pero la aventura me cayó al pecho, me enamoré, después de unos cuantos líos, se desencantó y al poco tiempo me botó y me abandonó dejó por otro.
---Vaya mano así pasa, una vez te sacan lo que pueden, luego se echan a la droga, olvidándose de vos.---
--- Lo peor es que sigo enamorado de ella y la verdad me hace falta…
          Me tomó de la chaqueta y me sacudió:
--- No estás para esos trances, recuperate y para eso necesitas tener otra cara, estas en la pura desgracia, deberías cambiar de aspecto y retomar tus estudio, ya sabes que como tu cuate te puedo apoyar.
          Me había dado al abandono por lo que acepté los consejos y regresé a casa con el fin de tomar un baño y rasurarme, un cambio de ropa me sentó bien para afrontar otras actividades que había dejado de hacer. A pesar que4 siempre algo me apretaba en el pecho, tomé el camino de la recuperación.

          Las lloviznas de la época se hicieron presentes, el tableteo sobre la lámina era como un lamento, que remedaba la soledad del apartamento, todo se mantenía hecho un desorden, sobre el diván una caja de cartón con una tajada de pizza a medio comer y latas de gaseosas y no se diga las gavetas a medio abrir y los volcanes de ropa, amontonadas en la cabecera de la cama. El sonido de un timbre me hizo despertar, no ubiqué la hora por la ventisca que presentaba, llegué hasta teléfono, contesté. Era ella se escuchaba mal, quejumbrosa como quien pide perdón, me indicó que estaba sola y abandonada en algún lugar cerca de la costa, por que el calor le agobiaba, me dijo que si podía buscarme, que quería regresar.
          No estaba dispuesto a sufrir de nuevo la colección de problemas que me había tocado vivir, pero aun sentía algo por ella.
---Comprendo --- me dijo --- cometí un grave error, pero no tengo a quien recurrir.---
          Obstinado y con cargo de conciencia, me embaucó nuevamente, obtuve a través sus indicaciones de que regresarías. Quizás nuevamente ilusionado hice un remolino de poner en orden las pocas cosas que tenía, entre ellas mis pensamientos, hasta dejar una resplandeciente armonía mis sentimientos, querría darte una buena impresión, como que no había pasado nada, que ni un recuerdo empañaba nuestro reencuentro.
          Allí estabas en el dintel de la puerta, bella como siempre, la licra negra te hacía resaltar lo hermoso de tu cuerpo, te acompañabas con un maletín de esos que se hacen rodar. Te invité a entrar, te acercaste como un gato a acariciarme y ronronearme en el oído, susurros cariñosos que me hicieron poner la piel de gallina. Te tiraste al diván cruzando coquetamente las piernas.
          Me sentí extraño ya no era esa manera melosa como nos tratábamos, había un abismo entre mis ideas y tus locuras. Las caricias se habían reducido al mínimo y la indiferencia se volcaba en las actitudes, tanto así que la escarcha se había apoderado del lecho y los períodos de ausencia tuyas eran cada vez mas prolongadas.
          El apartamento se había convertido en un refugio, mas que un nido de amor. A mi regreso de los estudios me encontraba con tu ausencia o con recados escritos a mano donde me indicaban que manifestaban tu necesidad de salir a la calle, luego de tus llegadas tarde con el pestilente olor a licor te enchamarrabas ignorándome, especialmente los fines de semana.   
          Hasta que se llegó el día, una vez mas sin discusión alguna te descubrí con una maleta sobre la mesa, sin mediar palabra me pusiste una mano sobre el pecho y la locura prevaleció en tus instintos.
---YA NO MAS!---insistí--- VETE DE UNA BUENA VEZ!
          Dando media vuelta sobre la entrada y con lujo de violencias somataste la puerta y te perdiste en la bruma de la tarde…      

miércoles, 8 de abril de 2015

EN EL PAIS DE LAS FABULAS



          En el país de las fábulas y de las historias fantásticas, existía un reino donde las nubes eran como un collar de perlas purificadas en tréboles de verdes montañas y cascadas de diamantes morados que como un verso pintaban las aves nocturnas que danzaban en suntuosa coreografía de ballet. Manadas de cisnes acicalados que se esconden en los parejas de las lagunetas de azul celeste, donde en su actuación estiraban su bello cuello, tan largo como el pensamiento, ávidos de aventuras, se hacían acompañarse de la danza de las palmas que saludaban agachándose ante la pálida luna, que coqueteaba con los celajes de la campiña.
          En las acuarelas del lugar, había un castillo, con trinos de ruiseñor, donde vivía una princesa de cándida belleza de mágicos sentimientos y  cabellos color oro que adornados con sus verdes ojos, gustaba de cantar sus alegrías desde el balcón de su habitación. Siempre usaba un  elegante vestido de rosa de múltiples fustanes, un lazo rojo que prendía de su cintura, que le ayudaba a sacudir su abombado traje. Su bello rostro enseñaba la adolescencia salpicaba de picardía por sus gráciles movimientos y  ademanes, le gustaba tararear mientras alisaba sus hermosas calcetas blancas que le cubrían desde las zapatillas de charol hasta las rodillas.
          Irene, la chiquilla, saltaba de alegría con aire de primavera, junto a sus amigas las luciérnagas que iluminaban el escenario del carrusel de su corta vida. Atenta escuchaba los versos de una poesía que relataba travesuras y alegrías de los jóvenes caballeros que le hacían el cortejo, pretendientes que en sus ilusiones abordaban los campos llenos de flores donde se colaban para hacerle un guiño, o un disimulado saludo, seguido de una genuflexión ceremoniosa. Las mejillas de la chica se le llenaban de rubor y con un inocente gesto se ocultaba tras un pañuelo de seda, mientras se hacía la desentendida.
          Los jardines exquisitos poblados de bastones de dulce, gotas de chocolate que se desprendían de los árboles de eucalipto del amplio jardín, donde pastaban con señorío los pegazos pintados de azul. Las cristalinas fuentes que salpicaban a los clarineros que en su vespertino baño se sacudían en el calor del campo. Mientras caminaba en la vereda reluciente, la chiquilla volaba a tomar asiento en una de las banca de turrón, mientras los conejos le hacían valla a un joven caballero se acercaba lleno de valor para proponerle una charla de amistad. Un reloj de oro prende de la solapa de se traje, chaleco cuadriculado y sombrero de Bombín complementan su elegante indumentaria, su mensaje, lo hace arrepentido en un intento de extender la mano, con un saludo corto tartamudo a la vez que el sombrero se le cae y rueda a los pies de la princesa, que no oculta la risa del acontecimiento. El chico angustiado, recoge su prenda y trata de escaparse, pero en un arranque de actitud se acerca con la intención sentarse a un costado de la chica, tímido y tembloroso manipula las alas del sombrero dándole varias vueltas se anima a iniciar una charla, que justo se ve entrecortado por el ímpetu de ella en una cortante respuesta negativa, se pone de pie y dándole la espalda hace una salida lenta hacia extremo del jardín, donde las damiselas de compañía hacen grupo de chismografía , voltea su rostro y ve que el joven, va en pos de ella, se hace indiferente al acelerar el paso y se mezcla con el grupo de las chicas que retozan con sus abanicos mientras comentar el atrevimiento.
          Ocultos en los arbustos otros chicos observan el fiasco y se burlan de tan adherente mutis, risas y conjeturas son los impulsos, para no darse por vencidos en la cacería de las damas y optan por retirarse a diseñar nuevas estrategias.
          A la niña nadie le interesa y asume una actitud de celestina para con sus compañeras, no se vean asediadas por los mejor calificados de la legión de jóvenes que corren en los salones del palacio, donde en un juego de tenta y escondidas, diluyen los atrevimientos de ellos.
          En el fondo  la caballeriza lejos del mundo y atento a la vida de fiesta vive un joven, un mancebo, empleado de pobre cuna que su labor se circunscribe a atender las caballerizas y la cuadra de equinos. A pesar de su trabajo es un joven con educación, sencillo y amable, que se dedica eficientemente a sus obligaciones y servir a sus patrones.    
Muy de mañana él asea a los caballos, en especial a un potro azabache que le pertenece a Irene, donde tiene especial cuidado con el animal  lo cepilla hasta mantenerlo brillantes, lo saca de paseo en los corrales donde le enseña la obediencia y a trotar con buen paso. Los días que la princesa sale de paseo se encarga eficientemente de ensillarlo le coloca adecuadamente sus arreos, luego los lleva al área de servicio donde hace la espera y colabora con la niña a montar con delicadeza su cabalgaduras.
          Cierto día, llegan a avisarle de un accidente que ha sufrido la señorita Irene. Mientras cabalgaba con unas amigas en las orillas del río, tuvo una caída y al no encontrar a nadie de la familia, el joven tomó un caballo y se dirigió  al encuentro de la niña. La halló tirada en el pasto con un tobillo lastimado, llorando su dolor, sus compañeras en cambio optaban por cubrirla del sol con sus sombrillas y sacudirse con sus abanicos, Sin prestarle auxilio.
          Esteban se acercó con todo cuidado y con mucho respeto le preguntó sobre su estado, luego de examinarle la pierna, la tomó en sus brazos y la llevó cargada hasta la casa, donde. el mancebo con sus hábiles manos le practicó un masaje para repara la zafadura.
          Ella al agradecerle el heroico acto, lo mira a los ojos y sin quererlo le nace un inusitado interés por el chico, además le pide que siempre que salga de paseo le acompañe como su guardián y protector, lo cual acepta de muy buena gana.
          Después de algún tiempo Esteban que alternaba sus obligaciones con las salidas cada vez mas frecuentes con la princesa es mal informado ante el padre de la princesa de no cumplir a cabalidad con las tareas encomendadas en la caballeriza y es despedido del palacio con deshonra, a pesar de los reclamos de Irene que debido a la tristeza por la perdida de su amigo el protector, se enoja con sus padres y se enclaustra en sus habitaciones. Herida por las calumnias de los otros pretendientes decide abandonar el castillo y recluirse en un convento. Donde pasa gran parte de su adolescencia, sin tomar los hábitos se entrega a la oración y la penitencia.
          Su hermoso alazán extrañaba también a su ama y un día se escapó del palacio dirigiéndose hasta los campos del monasterio donde los peones del lugar intentaron capturarle, el caballo se tornó salvaje y corrió por las praderas, hasta hacerse del paradero de Esteban, quien trabajaba como jornalero al otro lado del río. Al reconocerlo le lanzó varios relinchos, para acercársele insistió a través de cabriolas, buscar a la princesa.
          Lo montó en pelo y le hizo galopar hasta llegar al monasterio, la divisó que se encontraba prendida de una ventana viendo la vida pasar. Ella les reconoció, el corcel se detuvo abruptamente y  lanzó al jinete por los aires, cayendo a los pies del ventanal.  La felicidad se le reflejó en el rostro y corrió a su encuentro.
          Ella se había transformado en una bella dama, cuyo resplandor le iluminaba su belleza. Presto, Esteban la ve y le manifiesta que le permita rescatarla, que sus oraciones y suspiros han sido escuchados de volver a encontrar a la dueña de su corazón.
          Irene con muestras de alegría,  le manifiesta que ella se encuentra enamorada de él, pero que para aceptar su solicitud y por las promesas al buen Dios, debe de ser cortejada, con la aprobación de sus padres.
          Hoy es día de felicidad la comarca se da cita en los umbrales del palacio, donde se celebra el enlace de una pareja sin par, la bella princesa Irene con Esteban el humilde joven de las caballerizas.

martes, 7 de abril de 2015

EL TRENCITO



          Corre agitado sobre los lánguidos rieles, cargado de chicos de amplias sonrisas. El silbato se hace elegante cuando confirma su llegada a su casa la estación, el trasbordo es efectivo los muchachos ávidos de unas cuantas vueltas mas, se alborotan para permanecer en sus asientos, mientras otros se buscan sitio donde sentarse. El trencito recorre con su parcimonia los espacios de las vueltas y los túneles, anunciando con su campana el paso por las pasarelas.
          Cientos de globos le iluminan la cara y el elegante maquinista con su brazo en la ventana se hace sonrisas con los observadores que vigilan a sus niños. Chu-Chu, camina cuando hace la vuelta por el jardín, retorna por la fuente donde se salpica. La algarabía de los pasajeros se hace grito al ver a sus padres en el trayecto y con su mano extendida dicen un adiós hasta la otra vuelta.
          La máquina y cuatro vagones componen el trencito, uno pintado de rojo, el segundo de amarillo, luego uno verde y otro de azul, cada uno en sus puertas muestran en letras grandes “El vagón de las ilusiones”. Mientras la orgullosa máquina con chimenea de sombrero sobre un cilindro de fantasía conduce a los bosques de maravilla a todos los emocionados chiquillos.
          Los que se visten de maquinistas, con calzón de overol rayado de azul con blanco, la cachucha con visera, se engalana con un pañuelo rojo en el pescuezo, para dirigir durante el trayecto, mientras la música de ambiente le acompaña con “Ferrocarril de los altos” 
          La salida es un contrasentido, algunos niños bajan rebosantes de felicidad, mientras otros empurrados hacen berrinche, pues deseaban continuar de pasajeros. El trencito es el atractivo del parque y se mantiene en un carrusel de movimiento, cautivando a la chiquillada y a los adultos brindándoles alegría y orgullo. ¿Quién tuvo alguna vez la ilusión de montar el Trencito?
           

EL SHOW DEBE CONTINUAR



          En la última hora una chica huye desaforada desde las calles de un vetusto edificio de apartamentos hasta las puertas de un taxi, que le hace en larga carrera llegar a la entrada de servicio de aquel viejo teatro que le cobija en sus espectáculos, irrumpe velozmente en su camerino donde su dama de compañía le aguarda con el vestido azul de la premier en el inicio del espectáculo. Ella, triste y acongojada confIesa sus pecados mientras se sienta en su mesa de retoque, donde su asistente le hace milagros con el maquillaje, para disimularle lo rojo de los ojos, que asoman como quien a llorado por largo tiempo y el desencanto que le ha provocado su problema, la traición de su pareja, la ha llevado al extremo de romper con todo, después de ser consolada toma un par de respiraciones profundas y se dirige hasta escenario del teatro, en su transitar se confunde entre las comparsas y los dobles esqueletos de las bambalinas, irrumpiendo en chispeante carrera para colocarse en el punto de honor.
          Portando un hermoso vestido azul, adornado de botones de oro, elegante de porte con un largo pijazo que asciende desde el ojo del pie a mas de tres cuartos arriba en el muslo, la exquisitez acechaba en contraste con el blanco de su piel, mostrando la rodilla y algo mas. El aroma de tristeza que lleva significa el perfume de una mujer de belleza extrema con una pena que la mata la delicadeza. Sin embargo, emerge impresionante como el punto focal de la sin par coreografía del espectáculo.
          Elegante luce en el pecho un arpegio de brillantes, bajo las luces del recinto, muestra su cabellera azabache que descansa sobre sus hombros se adorna además con un diamante de múltiples aristas como una diadema en plenilunio. Su rostro mas que radiante donde sobresalen sus labios delgados, delineados de rojo carmesí, con micro confetis de lentejuela que se adherían a las mejillas, le ayudan a disimula su estado de ánimo.
          En el escenario de la platea, modela coquetamente sus zapatos de plataforma de ancha base, impregnados de pedrería, zafiros y alabastrina que muestran una joya en los pies que parece le hacen flotar en el aire.
           En el mismo encuentro las comparsas, otras damiselas, se muestran en una revolución de actitud modernista, se mueven inquietas con cortas faldas de satín plisado de brillantes colores cinco dedos arriba de la rodilla, ellas ejecutan movimientos estéticos al ritmo de la música,  levantando las piernas al unísono, seguidos de sentadías y mientras se agachan enseñan las pantys  floreados y el singular hilo con rebordes de una tanga. Al compás ingresa otro grupo con distinto estilo, pantalones strech, blusas cuadriculadas amarradas al cinto y una cachucha sobre el alisado pelo, que secundan las siguientes líneas de comparsas que se intercalaban en los laterales y detrás de la dama. Ese es el primer número ejecutado con maestría, a través de la incomparable coreografía.   La exquisita y vibrante voz de la estrella de azul, sobresale en el show.
          En un segundo acto, después de la caída del telón aparecen un grupo,  de chicas de pantaloncillos cortos de dos pulgadas a la cintura, que hacen juego con las licras rayados de blanco y negro que terminan en sendos zapatos color rosa cuyo tacón en punta de aguja les hace dar vueltas y vueltas mientras se elevaban sobre unas dados apostados en el escenario que le ayudan a alcanzar las altura, de un juego de naipes.
          Este grupo sustituyen al anterior en una caída instantánea del telón y un cambio de luces. Junto a ellas, aparecen los caballeros de traje blanco de anchas solapas, corbata de pajarito, que se balancean sostenidos en un bastón, con movimientos sincrónicos que les hace mover las caderas de un lado al otro, sacudiendo las hojas de las levitas sobre su trasero. Llevaban el rostro pintado de blanco que al mancharse con negro las órbitas de sus ojos y alrededor de sus labios, les da profundidad a sus faciculaciones. Gráciles movimiento de manos cubiertos con sendos guantes, los que sacuden en forma de abanico como quien anticipa una despedida.
          Tras bambalinas la imponente orquesta que se debate en canciones de variados ritmos, las cornetas y los trombones se bambolean por los aires, en su ronco tenor, los saxos y los flautines aumentan los trinos, que en saltarines palillos acompasan con los bombos y los redoblantes, haciéndole ojo pache a las teclas del piano, que se producen el marco maravilloso de las interpretaciones, que  espectáculo, el mambo, ritmos latinos, el rock y las guarachas, que son las delicias del público que frenéticamente se devana en aplausos en cada uno de los actos.
          Tras un cambio de vestimenta la estrella aparece descendiendo del cielo prendida a un columpio, que la atrae al centro del escenario, interpreta una canción romántica que hace inundar de luz, ritmo y sonido a la sala, mientras baja al escenario, donde se aposta mostrando su escultural cuerpo en un traje de dos piezas de un azul de lentejuelas y un mascarón claro oscuro de ojos grandes que le cubre el rostro. En su tabloide se lanza con un paso y se coloca en la parte anterior de un cono invertido donde ejecuta el gran final con las últimas notas de su canción, en seguida levanta sus brazos, mostrando su hermoso rostro, cuyas largas pestañas le dan un toque especial a su belleza, unas lágrimas brotan de sus ojos mientras la máscara cae al piso y rueda hasta el público que se alborota para quedarse con ella. Antes de caer el telón un caballero se encarama al escenario a devolverle  la prenda. Ella cortésmente la recibe y le premio con un beso por su honesta gallardía.
          El bullicio no se hace esperar, entre vivas y aplausos, gritos y silbido, hacen que la dama se aparezca nuevamente en la escena, un ramo de rosas cae a sus pies, lo toma y lo conjuga el aroma y agradece con muestra de cariño al agacharse saludando humildemente.
          El telón se encoge hacia arriba y todo el elenco se presenta en el amplio escenario, saludando al público que se pone de pie para aplaudir tan maravillosa actuación. Abriéndose paso entre los bailarines la Dama de azul corre al centro del grupo donde tras un malabarismo saludo agachando su cabeza para dar las gracias, luego abre sus brazos pidiendo un aplauso de aprobación al resto del grupo, quienes también bajan la cabeza en agradecimiento. Se cierra el telón.
          Triste la dama de Azul, corre a encerrarse en su camerino, donde su asistente la consuela. Entre cientos de ramos de flores y muestras de felicidad, que la reconfortan, piensa ¡EL SHOW DEBE CONTINUAR!.

viernes, 3 de abril de 2015

ILUSIONES



          Trasnochando bajo la luna, embriagada de historias y de musas que alborotan los sentidos. Surgen las tertulias domingueras que traen reminiscencias de la adolescencia, cuando una pareja tomada de las manos saludan a la primavera en un transitar alrededor de un kiosco, mientras el cálido sereno recoge las notas bullangueras de una banda de concierto inspirada bajo las frondosas bugambilias, de un sonsonete de boleros romántico que les hace retozar en las bancas del parque.
          Vibrantes encuentros de dos seres que en punta se demuestran atracción, cariño, quizás amor, buscando en el calor del otro, el apego de la juventud en pleno apogeo, experimentando el cortejo.
          Tras los sauces llorones que se sacuden el viento, rascando los nidos de los pájaros que osan pernoctar en sus ramas, se figuran las hábiles manos de un enamorado grabando en el cuerpo del tronco, un corazón con las iniciales de su chica, mientras le jura amor para todo el tiempo. Ella con su tímida expresión de rubor se entrega en sus brazos, aceptando la mentira del Casanova.
          Ojos tristes que vienen del llanto, la joven que se confiesa a la luz de los farolas, cuenta la tragicomedia de abandono, de un cúmulo de ofrecimientos, ilusiones no cumplidas que le acongojan el corazón, la mano le quedó vacía y una promesa no cumplida le lastimó el espíritu. Aquel muchacho que le ofreció el sol y las estrellas, se fugó con la ilusión a cuestas y varios besos en el bolsillo, remedando las telenovelas, sátiras del despecho, al haber desgranado a la bella flor y trocarla por capricho.
          Son tan solo ilusiones, el mágico espejo del alma se empaña con ellas, efímeras, dulces, que te llevan al pináculo de la existencia y luego te lanzan a la incierta soledad, como cuando los celajes pasan y se vuelven historia. La vida sigue su curso y habrá otro sauce, otra banca del parque, nuevas promesas y el renacer de otra emocionante quimera.
          Hasta que esta  ilusión se torne realidad, ya por imperecedera o por cansancio, al fin y al cabo. Una ilusión