En
la última hora una chica huye desaforada desde las calles de un vetusto
edificio de apartamentos hasta las puertas de un taxi, que le hace en larga
carrera llegar a la entrada de servicio de aquel viejo teatro que le cobija
en sus espectáculos, irrumpe velozmente en su camerino donde su dama de
compañía le aguarda con el vestido azul de la premier en el inicio del
espectáculo. Ella, triste y acongojada confIesa sus pecados mientras se sienta en su
mesa de retoque, donde su asistente le hace milagros con el maquillaje, para
disimularle lo rojo de los ojos, que asoman como quien a llorado por largo
tiempo y el desencanto que le ha provocado su problema, la traición de su
pareja, la ha llevado al extremo de romper con todo, después de ser consolada
toma un par de respiraciones profundas y se dirige hasta escenario del teatro,
en su transitar se confunde entre las comparsas y los dobles esqueletos de las
bambalinas, irrumpiendo en chispeante carrera para colocarse en el punto de
honor.
Portando
un hermoso vestido azul, adornado de botones de oro, elegante de porte con un
largo pijazo que asciende desde el ojo del pie a mas de tres cuartos arriba en
el muslo, la exquisitez acechaba en contraste con el blanco de su piel,
mostrando la rodilla y algo mas. El aroma de tristeza que lleva significa el
perfume de una mujer de belleza extrema con una pena que la mata la delicadeza.
Sin embargo, emerge impresionante como el punto focal de la sin par coreografía
del espectáculo.
Elegante
luce en el pecho un arpegio de brillantes, bajo las luces del recinto, muestra
su cabellera azabache que descansa sobre sus hombros se adorna además con un diamante
de múltiples aristas como una diadema en plenilunio. Su rostro mas que radiante
donde sobresalen sus labios delgados, delineados de rojo carmesí, con micro
confetis de lentejuela que se adherían a las mejillas, le ayudan a disimula su
estado de ánimo.
En
el escenario de la platea, modela coquetamente sus zapatos de plataforma de
ancha base, impregnados de pedrería, zafiros y alabastrina que muestran una
joya en los pies que parece le hacen flotar en el aire.
En el mismo encuentro las comparsas, otras
damiselas, se muestran en una revolución de actitud modernista, se mueven
inquietas con cortas faldas de satín plisado de brillantes colores cinco dedos
arriba de la rodilla, ellas ejecutan movimientos estéticos al ritmo de la
música, levantando las piernas al
unísono, seguidos de sentadías y mientras se agachan enseñan las pantys floreados y el singular hilo con rebordes de una
tanga. Al compás ingresa otro grupo con distinto estilo, pantalones strech,
blusas cuadriculadas amarradas al cinto y una cachucha sobre el alisado pelo, que
secundan las siguientes líneas de comparsas que se intercalaban en los laterales
y detrás de la dama. Ese es el primer número ejecutado con maestría, a través
de la incomparable coreografía. La exquisita y vibrante voz de la estrella de azul,
sobresale en el show.
En
un segundo acto, después de la caída del telón aparecen un grupo, de chicas de pantaloncillos cortos de dos
pulgadas a la cintura, que hacen juego con las licras rayados de blanco y negro
que terminan en sendos zapatos color rosa cuyo tacón en punta de aguja les hace
dar vueltas y vueltas mientras se elevaban sobre unas dados apostados en el
escenario que le ayudan a alcanzar las altura, de un juego de naipes.
Este
grupo sustituyen al anterior en una caída instantánea del telón y un cambio de
luces. Junto a ellas, aparecen los caballeros de traje blanco de anchas
solapas, corbata de pajarito, que se balancean sostenidos en un bastón, con
movimientos sincrónicos que les hace mover las caderas de un lado al otro,
sacudiendo las hojas de las levitas sobre su trasero. Llevaban el rostro
pintado de blanco que al mancharse con negro las órbitas de sus ojos y
alrededor de sus labios, les da profundidad a sus faciculaciones. Gráciles
movimiento de manos cubiertos con sendos guantes, los que sacuden en forma de
abanico como quien anticipa una despedida.
Tras bambalinas la
imponente orquesta que se debate en canciones de variados ritmos, las cornetas
y los trombones se bambolean por los aires, en su ronco tenor, los saxos y los
flautines aumentan los trinos, que en saltarines palillos acompasan con los
bombos y los redoblantes, haciéndole ojo pache a las teclas del piano, que se producen
el marco maravilloso de las interpretaciones, que espectáculo, el mambo, ritmos latinos, el rock
y las guarachas, que son las delicias del público que frenéticamente se devana
en aplausos en cada uno de los actos.
Tras
un cambio de vestimenta la estrella aparece descendiendo del cielo prendida a
un columpio, que la atrae al centro del escenario, interpreta una canción
romántica que hace inundar de luz, ritmo y sonido a la sala, mientras baja al
escenario, donde se aposta mostrando su escultural cuerpo en un traje de dos
piezas de un azul de lentejuelas y un mascarón claro oscuro de ojos grandes que
le cubre el rostro. En su tabloide se lanza con un paso y se coloca en la parte
anterior de un cono invertido donde ejecuta el gran final con las últimas notas
de su canción, en seguida levanta sus brazos, mostrando su hermoso rostro,
cuyas largas pestañas le dan un toque especial a su belleza, unas lágrimas
brotan de sus ojos mientras la máscara cae al piso y rueda hasta el público que
se alborota para quedarse con ella. Antes de caer el telón un caballero se
encarama al escenario a devolverle la
prenda. Ella cortésmente la recibe y le premio con un beso por su honesta
gallardía.
El
bullicio no se hace esperar, entre vivas y aplausos, gritos y silbido, hacen
que la dama se aparezca nuevamente en la escena, un ramo de rosas cae a sus
pies, lo toma y lo conjuga el aroma y agradece con muestra de cariño al
agacharse saludando humildemente.
El
telón se encoge hacia arriba y todo el elenco se presenta en el amplio
escenario, saludando al público que se pone de pie para aplaudir tan
maravillosa actuación. Abriéndose paso entre los bailarines la Dama de azul corre al centro
del grupo donde tras un malabarismo saludo agachando su cabeza para dar las
gracias, luego abre sus brazos pidiendo un aplauso de aprobación al resto del
grupo, quienes también bajan la cabeza en agradecimiento. Se cierra el telón.
Triste
la dama de Azul, corre a encerrarse en su camerino, donde su asistente la
consuela. Entre cientos de ramos de flores y muestras de felicidad, que la
reconfortan, piensa ¡EL SHOW DEBE CONTINUAR!.
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