martes, 7 de abril de 2015

EL SHOW DEBE CONTINUAR



          En la última hora una chica huye desaforada desde las calles de un vetusto edificio de apartamentos hasta las puertas de un taxi, que le hace en larga carrera llegar a la entrada de servicio de aquel viejo teatro que le cobija en sus espectáculos, irrumpe velozmente en su camerino donde su dama de compañía le aguarda con el vestido azul de la premier en el inicio del espectáculo. Ella, triste y acongojada confIesa sus pecados mientras se sienta en su mesa de retoque, donde su asistente le hace milagros con el maquillaje, para disimularle lo rojo de los ojos, que asoman como quien a llorado por largo tiempo y el desencanto que le ha provocado su problema, la traición de su pareja, la ha llevado al extremo de romper con todo, después de ser consolada toma un par de respiraciones profundas y se dirige hasta escenario del teatro, en su transitar se confunde entre las comparsas y los dobles esqueletos de las bambalinas, irrumpiendo en chispeante carrera para colocarse en el punto de honor.
          Portando un hermoso vestido azul, adornado de botones de oro, elegante de porte con un largo pijazo que asciende desde el ojo del pie a mas de tres cuartos arriba en el muslo, la exquisitez acechaba en contraste con el blanco de su piel, mostrando la rodilla y algo mas. El aroma de tristeza que lleva significa el perfume de una mujer de belleza extrema con una pena que la mata la delicadeza. Sin embargo, emerge impresionante como el punto focal de la sin par coreografía del espectáculo.
          Elegante luce en el pecho un arpegio de brillantes, bajo las luces del recinto, muestra su cabellera azabache que descansa sobre sus hombros se adorna además con un diamante de múltiples aristas como una diadema en plenilunio. Su rostro mas que radiante donde sobresalen sus labios delgados, delineados de rojo carmesí, con micro confetis de lentejuela que se adherían a las mejillas, le ayudan a disimula su estado de ánimo.
          En el escenario de la platea, modela coquetamente sus zapatos de plataforma de ancha base, impregnados de pedrería, zafiros y alabastrina que muestran una joya en los pies que parece le hacen flotar en el aire.
           En el mismo encuentro las comparsas, otras damiselas, se muestran en una revolución de actitud modernista, se mueven inquietas con cortas faldas de satín plisado de brillantes colores cinco dedos arriba de la rodilla, ellas ejecutan movimientos estéticos al ritmo de la música,  levantando las piernas al unísono, seguidos de sentadías y mientras se agachan enseñan las pantys  floreados y el singular hilo con rebordes de una tanga. Al compás ingresa otro grupo con distinto estilo, pantalones strech, blusas cuadriculadas amarradas al cinto y una cachucha sobre el alisado pelo, que secundan las siguientes líneas de comparsas que se intercalaban en los laterales y detrás de la dama. Ese es el primer número ejecutado con maestría, a través de la incomparable coreografía.   La exquisita y vibrante voz de la estrella de azul, sobresale en el show.
          En un segundo acto, después de la caída del telón aparecen un grupo,  de chicas de pantaloncillos cortos de dos pulgadas a la cintura, que hacen juego con las licras rayados de blanco y negro que terminan en sendos zapatos color rosa cuyo tacón en punta de aguja les hace dar vueltas y vueltas mientras se elevaban sobre unas dados apostados en el escenario que le ayudan a alcanzar las altura, de un juego de naipes.
          Este grupo sustituyen al anterior en una caída instantánea del telón y un cambio de luces. Junto a ellas, aparecen los caballeros de traje blanco de anchas solapas, corbata de pajarito, que se balancean sostenidos en un bastón, con movimientos sincrónicos que les hace mover las caderas de un lado al otro, sacudiendo las hojas de las levitas sobre su trasero. Llevaban el rostro pintado de blanco que al mancharse con negro las órbitas de sus ojos y alrededor de sus labios, les da profundidad a sus faciculaciones. Gráciles movimiento de manos cubiertos con sendos guantes, los que sacuden en forma de abanico como quien anticipa una despedida.
          Tras bambalinas la imponente orquesta que se debate en canciones de variados ritmos, las cornetas y los trombones se bambolean por los aires, en su ronco tenor, los saxos y los flautines aumentan los trinos, que en saltarines palillos acompasan con los bombos y los redoblantes, haciéndole ojo pache a las teclas del piano, que se producen el marco maravilloso de las interpretaciones, que  espectáculo, el mambo, ritmos latinos, el rock y las guarachas, que son las delicias del público que frenéticamente se devana en aplausos en cada uno de los actos.
          Tras un cambio de vestimenta la estrella aparece descendiendo del cielo prendida a un columpio, que la atrae al centro del escenario, interpreta una canción romántica que hace inundar de luz, ritmo y sonido a la sala, mientras baja al escenario, donde se aposta mostrando su escultural cuerpo en un traje de dos piezas de un azul de lentejuelas y un mascarón claro oscuro de ojos grandes que le cubre el rostro. En su tabloide se lanza con un paso y se coloca en la parte anterior de un cono invertido donde ejecuta el gran final con las últimas notas de su canción, en seguida levanta sus brazos, mostrando su hermoso rostro, cuyas largas pestañas le dan un toque especial a su belleza, unas lágrimas brotan de sus ojos mientras la máscara cae al piso y rueda hasta el público que se alborota para quedarse con ella. Antes de caer el telón un caballero se encarama al escenario a devolverle  la prenda. Ella cortésmente la recibe y le premio con un beso por su honesta gallardía.
          El bullicio no se hace esperar, entre vivas y aplausos, gritos y silbido, hacen que la dama se aparezca nuevamente en la escena, un ramo de rosas cae a sus pies, lo toma y lo conjuga el aroma y agradece con muestra de cariño al agacharse saludando humildemente.
          El telón se encoge hacia arriba y todo el elenco se presenta en el amplio escenario, saludando al público que se pone de pie para aplaudir tan maravillosa actuación. Abriéndose paso entre los bailarines la Dama de azul corre al centro del grupo donde tras un malabarismo saludo agachando su cabeza para dar las gracias, luego abre sus brazos pidiendo un aplauso de aprobación al resto del grupo, quienes también bajan la cabeza en agradecimiento. Se cierra el telón.
          Triste la dama de Azul, corre a encerrarse en su camerino, donde su asistente la consuela. Entre cientos de ramos de flores y muestras de felicidad, que la reconfortan, piensa ¡EL SHOW DEBE CONTINUAR!.

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