viernes, 21 de noviembre de 2014

Y LA NAVIDAD



          Viajando en las alas de los ángeles, para coronar los últimos días de este año, donde la quietud endulza la pureza del alma, y poder engalanar las sonrisas de un milagro verdadero, Noche buena, es el convite, mostrado en el  regazo de una habitación, con la iniciativa de mantener viva, lo que por décadas ha sido el juego de la historia, con mensajes que se hacen sonar en las cuerdas de una guitarra con la elaboración de la pastorela tradicional de familia que lleva a emocionantes momentos de una melodía que hace una vez por año, la fantástica  arquitectura, labor de manos de un conglomerado artífice y familiar.
          Recuerdos benévolos que principiaron con alegrías, cuando con el paso por los años, miles de figuras y altares que mostraron vasos de cristal pletóricos de vino, diseños de pinturas en medio de los eventos, rezos, canto de villancicos entre las doce campanadas de un antiguo reloj compañero del tiempo que sutilmente caminaron junto a los antepasados, iniciadores de la tradición en la elaboración de los nacimientos, pastorelas importadas de la España, apuntaladas y mejoradas en este paraíso de las Américas.
          El cándido aroma que circula en el helado clima, que cayendo de las alturas como confeti, en copos de nieve como adornos de algodón que sirven de escenario a una de las noches del fin de año. Junto a lo cálido de un solar que apunta con santidad apostado ante los ardientes leños de una chimenea cuya luz entona el ambiente, se hace el foro. La mesa esta lista con todo su esplendor, con la muestra de prontitud, un humeante tarro de chocolate que se antoja complaciente con galletas de avena de diferentes formas y encopetadas con turrón salpicado con canela. El mantel de gala que recubierto con servilletas blancas, se muestra a todo lo ancho pintado de flores de pascua y hojas de pino verde. Portentoso los cubiertos metálicos y la brillante cristalería engalanan el sitio.
          Junto al rincón, emerge un pinabete con luces de colores, bombas de cristal y los collares de  manzanilla, que se muestra en columpios, con infinidad de figuras. Una enorme estrella plateada que señala con esplendor brillante a la cumbre de los cielos. Luces que titilan, saltando de las ramas con los muñecos navideños y los dulces de bastón
          Una cueva hecha de papel, sitio exacto donde radica un pesebre abrigado por el buey y la mula, en un manto de musgos, flores y frutos. Los ángeles y los pastorcillos apostados en la llanura donde humildemente oran a la espera del acontecimiento. La sagrada familia hace su estancia con sus túnicas humildes que se acomodan entre la paja para dar espacio al nacimiento del niño.
          Dichoso acontecimiento que hace que en las afueras los cohetillos revienten a lo largo y ancho de las calles, los cachinflines reboten en las paredes salpicando de luz las aceras. Los niños corren envueltos en suéter de lana, bufandas cuadriculadas y gorros de borla en el copete, invitando al jolgorio con alegres estrellitas de luces en sus manos.  Petardos en las lejanías que asustan a más de un transeúnte, que de prisa y cargado de regalos se dirige hacia su casa.
          Las posadas han hecho de su ronda las caravanas de feligreses que se acompasan con el tucuticutu de las tortugas, procesión de faroles de papel celofán multicolor que hacen valla con las oraciones pintadas de candela y rezadoras de gruesos mantillones que acompañan el cortejo, engalanadas de rosarios y libros de villancicos, en búsqueda de un portal donde le hagan el recibimiento, con el ofrecimiento de tamales y ponche humeante con aromas de pascua.
          Todo es alegría dentro del incienso que deambula por los rincones en recuerdos de los años anteriores cuando  se era mas joven, los ausentes han dejado su huella y los chiquitines engrosan filas como un inicio de vida. Los abuelos engordados con ropas emponchadas, gorros de lana y bufandas de ala ancha, se agrupan abrazados para asustar al frío, mientras se hacen a la espera del encuentra de las agujas al filo de las doce. 
          Los focos colorados se hacen presentes en las vecindades anunciando los ricos tamales para la cena. Las pulperías se ven atiborradas por los que aun buscan compras de último minuto, el traguito de media noche y del resto de la madrugada, las nueces y pasas que tanto enriquecen el paladar de los asistentes a convivíos. La música de zarabanda de corte latino que revuelve los volcanes de pino y los  rastros de aserrín, donde las parejas  se guían con saltos y movimientos contorneando el esqueleto. El grupo de los entonados que remedan en canto las tonadas de la época.
          El sonar de las campanas que vuelan anunciando los actos religiosos del barrio, las ancianas que preparan sus candelas de cuatro colores para adornar la corona de pascua. Los chicos más que curiosos se rondan por debajo de árbol, husmeando los obsequios, luego de cargarlos y sacudirlos con curiosidad, algún otro, rompiendo un espacio del papel de los regalos para adivinar su contenido.                                                                         
          El brindis se acerca, las bendiciones no se hacen esperar, del mayor al mas pequeño hacen su ofrecimiento con humildad apuntando a la oración, los buenos deseos, el por venir, juntando sus manos bajo el auspicio del altísimo, se ruega por el bienestar de propios y extraños. En un ambiente de misticismo el incienso se levanta y empuja las plegarias hacia el mas allá, para hacer de memoria de nuestros recuerdos los de ayer, los de hoy y a lo mejor los de mañana ya que todos somos hijos de Dios.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

LA TONADA DE LOS MANZANOS



          Stephanía la dulce, la princesa de los querubines, la de las apariciones con elegantes velos, rito de bonanza que se estrenaban en sutiles danzas el la plaza del Olimpo, recreando sus historietas mágicas con la música de flautines y cornos de los pegazos de colores. Las arpas de oro inundando de tal manera el espíritu del amor de las muñecas en pareja que daban vueltas en danzante pista de turrón, en el acápite de un pastel.
          Escondida detrás de las estrellas, en el espléndido marco del infinito jugueteabas como damisela. Soltera la fragante joven de delicada voz de soprano. Era una dicha el escucharle, todos le escuchaban, con las altas notas de un pentagrama elevadas al viento, el tremor de sus alegrías en tonadas colmadas de sabiduría en flor que cruzaban el pensamiento la expresión pura de toda una fábula que llevaba el mensaje de su solitario corazón, lanzado como saeta del espíritu de una chiquilla en busca del amor.
          Sentada en un diván, inviertes tu tiempo, junto a tus amigas, tejiendo en bastidores de madera, el tricot de tus inspiraciones, mientras las cacatúas, aves de verde plumaje se dan a la tarea de tararear los mensajes que son sembrados para el príncipe de sus anhelos. El té de las cinco de la tarde se humeaba en las tasas de porcelana, marcando el horario de una música vespertina que cerraba el horario de celajes acompañados por los vestigios de la noche. La carroza de brillantes corceles se acomedía en transportar a las damas hasta sus aposentos del castillo después de una operática presentación.
          El manto de la oscuridad cubría de este a oeste, dando escolta a la pálida luna que se asomaba sonriente bajo la solidaridad de las chicharras y los grillos, que en su gran orquesta se hacían coro en el sereno de la noche.
          Stephanía suspiraba en lo alto de su ventanal, deseando que con el milagro de sus tonadas sucediera, la aparición del galán de sus sueños. Pero tras la luces de candiles entristecía a la espera infructuosa, después de hacer brotar algunas lágrimas se lanzaba sobre la cama de plumón de ganso donde se consolaba entre cojines de blanca seda hasta caer en brazos de Morfeo.
          Las altas trompetas con su elegante soplido, hacían que los ojos de la corte se pusieran en aviso. En la vereda que conduce al palacio se anunciaba una caravana, un piquete de soldados portando estandartes con escudos de dragones, se acercaban a medio trote hacia los jardines de la entrada principal.
          El caballero desconocido que los precede, cubierto de casco que le oculta el rostro, luce tremenda armadura que brilla con los destellos del sol, su caballo blanco con un paso muy singular marca elegantemente el trote del animal, con correas de frenos que se distinguen como botones de material plateado.
          La princesa, con desgano, como acostumbraba, altaneramente, colocándose a la diestra de su padre. Solicita ver el rostro del pretendiente, es obedecida y tras una gesticulación de desagrado cae fingiendo un desmayo, sin decir palabra era llevada en brazos a sus aposentos, donde abriendo uno de sus ojos y mostrando una sonrisa de burla se incorporaba. Eso bastaba para que los visitantes fueran expulsados de la corte.
--- Ya se fue el fulano pretendiente?---
---Si mi señora, ---le indica una de sus damas de compañía.
--- Que tipo mas desagradable, ni loca pondría mis ojos en él---
--- Ud. mi señora siempre dice lo mismo de los que la pretenden y es porque su corazón no ha encontrado a su alma gemela, mi niña…
--- Será posible eso Gertrudis, que sabes tu del hombre de mis sueños, la quimera de mis ilusiones. Acaso tu nunca has pensado en un caballero?---
---Claro que si mi ama, pero yo una simple doncella, que le puede pedir a la vida---
---Y si…! El deberá ser un hombre humilde y noble corazón aunque no posea fortuna.

          No muy lejos de allí en un poblado que pertenecía a los dominios del Reino, existía una pequeña granja de árboles frutales donde vivía una familia que se dedicaba a las labores de agricultura. Un apuesto joven era el encargado de los campos de manzana, tan dedicado que en ese lugar se producían las frutas mas hermosas y de mejor sabor.
          Dentro de sus cualidades el joven era admirado no solo por su trabajo sino que por su cantar, su exquisita voz era un deleite para los pobladores y decían que la grandeza de su cosecha se debía a que los árboles se veían arrullados por su melódica voz. Cada mañana llevaba al mercado las cajas de suculentas frutas para la venta, muchos chiquillos que se acercaban hacia él les beneficiaba con el obsequio de alguno de sus productos.
          Stephanía por su parte le gustaba visitar la plaza del poblado pero no en su calidad de princesa, se vestía de ropas sencillas y con un pañuelo de malla cubría su rostro, haciéndose pasar por una gitana, que se detenía en el kiosco del parque a cantar sus tonadas, mostrando la delicadeza de su hermosa voz, las gentes le hacía rueda y le increpaban para seguir su Velho canto.
          En cierta oportunidad observó llena de curiosidad al joven que también cantaba y las obras buenas que le gustaba hacer. Se le acercó, le hizo un cortés saludo.
---Que puedo hacer por ti dilecta doncella.---
--- Joven no serías tan amable de regalarme una manzana?--- fingiéndole la voz
--- Claro gitana de bella voz, toma la mas grande… y disfrútala, que mas querría yo de tener una guzla en la garganta como tú---
---Tu caridad de mancebo hace que te merezcas muchas cosas y que el cielo te las conceda. Verás que te sucederán de hoy en delante solamente cosas buenas y maravillosas---
---Gracias señora, lo mismo para ti, que tus quimeras se vuelvan realidad.---
          El dama tomó una cadena con una  pequeña llave de oro y la dejó caer indiferente dentro del canasto de las manzanas, al cabo de un rato, El joven se dio cuenta pero cuando quiso buscarla, para devolverla, ella había desaparecido entre la multitud del mercado, por lo que se dio a la tarea de buscar a la dueña del dije. Lo que mas le había impresionado era su dulce voz.           La princesa regreso al seno de su hogar muy feliz por el encuentro, había encontrado el candidato ideal para depositar sus sentimientos, el amor de su vida, con su corazón henchido de esperanza se ilusionaba por lo que había sucedido, sus pensamiento le hacía volar cuando pensaba en el mancebo, era motivo de grandes emociones imaginar que había cambiado algunas palabras con él y tenia un firma propósito de buscar un reencuentro con el galán.
         
          El joven tomó la iniciativa de salir en un carretón con su cosecha de frutos, a deambular por las calles del poblado, buscando en todos los rincones, las granjas y villas alrededor del palacio, en pos de la dama del canto bello, que le había impactado con su belleza.
--- Busco a la hermosa dama, que me robo el corazón con sus exquisitas tonadas.--- Cantaba cuando recorría los caminos.
---Cómprenme la fruta fresca, la mejor! Eso me da aliento para seguir buscando a mi elegida---
--- Guíenme hasta el portal donde pueda encontrar a mi amada---repetía constantemente.
          Uno de esos tantos días pasó por las puertas de palacio con su pregón y fue copado por un par de damiselas, quienes le condujeron con todo y carretón, hasta el amplio patio interior. Todo por órdenes de Stephanía, quien vestida con todas sus galas, le esperaba.
--- Que se le ofrece a su majestad? Llevo deliciosas manzanas para el gusto de su merced.--
--- Dime tu nombre joven cantor, o te he de llamar el Manzanero porque vende las frutas mas sabrosas de esta tierra--- le insistió cantando.
--- Ludovico hermosa princesa.--- Respondió en canto--- y me enorgullece vender la mejor manzana.---
--- Haber dime que te trae por aquí.--- supongo que no es solo por la fruta---
--- No mi señora, busca a la dueña de mi corazón y por eso traigo en mis manos la llave y mi dulce canto para rendirme a tus pies.--- mostrándole el dije.--- busco a la que un día me mostró con su sonrisa, un bello sentimiento.
          Ella le tendió la mano y le hizo subir las gradas del pedestal, acercándose, se tomaron de las manos y bajo la letra de una opereta cantaron alegremente, e hicieron sus promesas y se juraron amor eterno.       Entre cantos clásicos y duetos de zarzuelas, se comprometieron, luego al cabo del tiempo, durante la época de la cosecha de los manzanos, celebraron su matrimonio y vivieron felices por el fin de los tiempos.



  
         

 

viernes, 31 de octubre de 2014

ILUSIONES ROTAS



          Fuiste al encuentro de las gaviotas, buscando el punto de retorno de los celajes, paso a paso te entrometiste de niña, en el ansia de tus suspiros, para encender los pistilos de tus cambios de pensamiento, de fruto en verde convertida de capullo a mariposa.
          Bajabas en el tropel de sus sandalias, por el caminito de tu historia de adolescente. La coquetería te afloraba en el cortijo de tus cabellos, lo manzana rosa de tus mejillas, cuando en rápidos movimientos balanceabas tus escasas caderas. El agitado vaivén de tus collares, de rojo linaje de coral, se arrastraban relevantes en tus recién crecidos senos, estabas llegando a concretar, dejando de ser niña y asomarte a la pubertad de una mujer.
          Tus negros ojos ocultos tras el cántaro de tu mandado, enfocaban curiosamente hacia los horizontes de la ilusión, cuando despertabas bajo la mirada de los muchachos que te chuleaban por la calle, dejando en ti, el tinte de tímido de rubor. El paso ligero que resonaba bajo el corte, incrementaba el apuro a dejar gotas de sudor que resbalaban de tu rostro, sin decir palabra te escurrías en las empedradas callejuelas, para esconderte en tu rancho.
          Tras un lánguido silencio, reposabas en el borde de la pila, con una inocente sonrisa en los labios y un ruiseñor de ilusiones en tu mente. Todo se sentía hermoso, el palpito de tu corazón suelto como notas fuera de un pentagrama, ágil, explosivos vientos sacudiendo tus cabellos, apuntaban a limpiarse, dentro de una palanganada de agua, recién vertida de la tinaja, la que empujabas para refrescar la pícara actitud de una chiquilla en los bordes de una primera experiencia en el asunto del amor. En la diligente labor diaria, perdía de pronto atención para ver estrellas y gorriones que le interrumpían los quehaceres domésticos.
--- Que te pasa patoja?---le preguntaba su madre --- como que se te fue el pájaro, apurate que ya viene tu tata, justito a tiempo para la comida---
          Margarita, con el mutismo que le caracterizaba, continuaba oprimiendo las bolas de masa para elaborar las tortillas, que brincaban de sus manos al comal, transitando de dos vueltas al canasto con servilleta de manta. De vez en cuando atizaba a un costado los leños de encino que soltaban llamas con bocanadas de humo que iban derechito al cielo, escapándose a través de las tejas. El batidor de frijoles en pepita salpicaban en caldo negro para agarrar su sazón con cebolla y ajo.
          La mesa de madera, chenca, ajustada en una de sus patas con un pedazo de teja, no daba espacio para toda la familia, el padre junto a sus hermanos varones ocupaban de primera fila a la espera del muñeco de tortillas, la pana de sal donde descansaban además, un par de chiles diente perro, para hacer ameno el apetito. La madre oficiosa hacía la repartición de la comida, mientras la niña de pie habiendo terminado su labor de tortillería, tan solo se arrimaba con un plato de peltre en sus manos sopeando con los dedos el caldo con un mamacho de masa.
          Los dos patojos terminaron a toda prisa, se santiguaron, dieron las gracias y se retiraron, en el umbral de la puerta tomaron sus sombreros de palma.
---¡Pa…!, vamos a dar una vuelta al parque.---
          De carrera se dirigieron hacia el centro del poblado a jugar el trompo, o con una palomilla a darle de patadas a la pelota mientras se consumía en trinos de pájaros los vientos de la caída de la tarde.  
          La chica emocionada se aposta en la ventana a recrear sus sueños y pendejear a la luna que hermosa y redonda se muestra en el satín de azul oscuro del firmamento, se tomaba de los cachetes y pescueceaba para vigiar quienes pasaban frente al rancho, mientras le tocaba lavar trastos.
          Los gallos apuntan en cantos del alba con la bienvenida del sol, ya los ranchitos mostraban actividad con el vapor que brota de sus tejados, el ronquido del  motor del molino de nistamal cuyo sonido se asemejaba a una carcajada en las afueras de la calle, donde las mujeres se recostaban con su olla de maíz cocido a la espera de su turno de moler.  Los posillos de café han servido de despedida de los hombres de la casa, que se alejan con azadón al hombro al sacar la tarea del día en los campos de cultivo.
          Margarita a dejado la pereza entre las chamarras y se apresta a darse un chapuzón de cara, de aseo corporal, escondiéndose tras las tablas de lepa del baño, se arropa, sale hasta encontrarse un pequeño espejo  con gran delicadeza desenreda su negra cabellera con el peine que le hace escurrir parte del agua sobre sus ropas, con la ayuda de su madre, le fabrica con mucha maestría una trenza que le cae hasta la cintura, ella y su sonrisa lozanía de la edad, vivaracha existencia, abrumada por sus labores que no le dio oportunidad de asistir a la escuela y en su pasiva soledad destinada a acompañar a la madre, eso no le afectaba, eran las pequeñas cosas que le alegraban, la ilusionan y daban la felicidad familiar. Allí transcurrió a escondidas le transforman de niña a adolescente.
          El rocío de la mañana se esfuma como las hojas de un calendario, que se traducen dentro de la poca actividad para una joven que apenas disfrutaba de las cosas de la juventud, sus labores propias de la familia, no le permiten tener amigos y sus relaciones no va mas allá de los alrededores de su covacha o acaso al cercano molino a triturar el maíz, o la visita al ojo de agua a proveerse.
          Salió muy de mañana a su mandado con el cántaro en la cintura en búsqueda del vital líquido, el caminito que le lleva al río, se ve solitario, después de llenar la tinaja, sacudió sus caites en la orilla y precisó el regreso, junto a la arboleda que da inicio a la subida, alguien le franqueó el paso, uno mas por detrás que la empujó al suelo. Le cayeron encima y sin decir amén le golpearon el rostro, ella se defendió como gato, pero sucumbió, le fue rasgado su güipil entresacándole el corte con lujo de fuerza, le taparon la cara.
          Fue abusada por los canallas,  con lujuria fue maltratada y luego le dejaron en un paraje, la creyeron muerta y la abandonaron. Le habían quebrado su tinaja, el agua se derramó junto a ella, sangre en las heridas de sus piernas y  en los restos de su ropa que se revolcaba de lodo.
          Fue llevada a su casa por vecinos del lugar que le encontraron desfallecida, había sangre que brotaba de su boca, con la mirada perdida en el espacio no emitía ninguna palabra, ni queja. Lo que mas temía era la chicoteada de su Tata.
          Junto a la pila haciendo labores de lavado, se encuentra la joven, sus ojos ahora se encuentran hundidos y tristes, además su alborotado pelo enredado, ya no es motivo de ser cuidado, las mejillas pálidas le marcan en manchas los vestigios del embarazo, todo es confusión, la preñez le ha desfigurado su cuerpo y apagado el alma, está mas delgada y perdió aquella lozanía y actividad que poseía, por extraño que parezca algo se mueve dentro de la barriga, le duelen la espalda y las caderas.
          Margarita ya no es la misma, ausente de pensamiento, ha perdido el habla y a lo mejor el juicio. Le rompieron su adolescencia y le borraron sus ilusiones. Producto de su trauma.   

BARRILETES



          La pertinaz lluvia había hecho un espacio en el tiempo, los tejados aun goteaban sistemáticamente, marcando en sus caída libre  las  posaderas de las aceras de las calles empedradas, mientras el perezoso solecito se asomaba a regaña dientes entre las nubes de algodón acompañado de la cantos de los clarineros que se sacudía en graznido lo mojado del chubasco.
          Las sombrillas hacían su desaparición en los corredores del poblado y se apostaban en alargarse en los paseos, el fresco aroma de tierra mojada se respiraba alegremente, conforme los nubarrones se disipaban para dar cabida a los templados vientos que anunciaban el otoño.
          La época de volar barriletes, tradición de los de Sumpango, que se volvía una algarabía en las cercanías del día de los difuntos, en las calles y en los mercados se mostraban estos, como artículos de venta de todos los tamaños y diseños mostrando el arte singular de los fabricantes provenientes de todos los rincones del pueblo.  Las veredas y la capilla del cementerio se veía inundados de confeti multicolor con alfombras de pino que le daban al lugar ambiente de fiesta. En el campo santo, los chicos se gozaban las corridas halando un hilo para hacer volar los hexágonos cubiertos de papel de china de brillantes colores, arremangados de barbas en los costados y una larguirucha cola que se balanceaban para tomar altura y hacerse a la libertad.
          Los montículos con cruz en el cementerio recordaban a las ánimas, con las cuales establecían los mensajes que la parentela les enviaban por medio de papeles que como rehiletes ascendían a través del cordel hasta los confines del cielo donde eran reclamados por sus difuntos. Las penitencias contenidas eran peticiones para el bienestar, la salud, por la abundancia de las cosechas, uno que otro favor especial.
          Luego entonces los gigantescos barriletes se echaban a volar surcando los cielos arrastrados por los vientos del norte que los encumbraban, sacudiendo su magnificencia en las alturas, llevando lo especial de cada uno de sus lienzos para mostrarle al mundo la pericia de los hombres encargados de elevarlos, de sus creencias,  la humildad y el respeto a sus dioses.
          Las largas procesiones no se hacen esperar, donde se convidan a los muertos en un almuerzo familia, fresco de súchiles y la comida de los tamales rojos envueltos en hoja de plátano cocidos en su punto y el atole de maíz tierno o el atole de masa con frijol en pepita con una pizca de chile colorado.
          Gran parte de las tumbas se ven adornadas con rosarios de manzanilla que pende desde la cruz que lleva el nombre del difunto y con pedazos de papel periódico que el viento les hace volar, durante la oración los deudos se encomiendan a su Dios y luego se empinaban el octavo de guaro y les prenden las candelas de cuatro colores que se consumen al mismo tiempo que las brazas que arden para quemar el incienso.
          Antes del crepúsculo las gentes abandonan el lugar, algunos sufriendo las borracheras, mientras los artesanos de los barriletes de colores, los hacen descender, una vez cumplida su misión, los bendicen retornar para el siguiente año.

             

miércoles, 22 de octubre de 2014

EL PIANO DE CAJA



          El sonido del piano de caja vertical, que a lo lejos remeda una melodía de antaño con un tecla de RE desafinada en la tercera escala, justo antes de la siguiente negrilla del sostenido,  se pierde en su alocado ritmo cuando un grupo de dedos inflamados de los gonces provenientes del alcohólico ejecutante, las somata en búsqueda de armonía.
          En el ambiente de oscurana el humo de un cigarrillo de sonrisa ardiente asciende hasta el infinito cuando es exhalado a través de labios gruesos, bajo la sombra de un bigote, que desde la comisura sostiene con algún esfuerzo la braza de la colilla que le hace torcer el rostro cerrando el párpado que llora por el efecto del trayecto del humo. La ceniza del tabaco que crece con cada aspiración, vuela en caída libre cuando se revienta en su origen al hacer contacto con el suelo.
          El desaliñado instrumento que goza ya de antigüedad, mantiene su señorío, con las señas inequívocas de quemadas de fumadores sobre la orilla en la parte superior del mueble, en parte ya rascadas dan señas que se muestran en la tapadera y en el reclinatorio del final del tablero de escala de las teclas, el contraste en la afinación de la pianola, se ve indulgente en producir algún sonido que por ser de los más altos permanecen resecos o en reposo durante algunas de las canciones.
          Los parroquianos se han dado cita, la noche es virgen, por ser viernes la concurrencia es abundante y bulliciosa. Las ricas viandas, rodeadas de suculentos tarros de cerveza, circulan por la barra y en las pequeñas mesas alrededor del salón.
          Los que disfrutan del desafinado trote de las teclas blancas que saltan con las notas del instrumento, las  parejas abrazadas danzan apretadas y de cachetillo, en la informal pista al centro del burdel. Unos cuantos mal encarados recostados de espalda en el borde enfrente de la barra, hacen sus ánimos de zamparse un trago de guaro blanco con el fin de agarrar valor y soltarse a la pista con la gracia de alguna de las damas que coquetamente esperan en su mesa para soltarse al ruedo y sumarse al jolgorio del baile a media luz.
          La exigencia se vuelve grande cuando los danzantes piden darle mayor ritmo a la canción, por lo que el flaco del piano se pone de pie, quitándose el banco donde aposta su trasero, dispone a ejecutar un saltarín ritmo de Rock and Rol. La efervescencia se hace evidente y los bailarines se entorchan zigzagueando sus pies como quien apacha una cucaracha, hasta volver locos en aplausos a los que únicamente se dedican a observar, pues no saben de bailar o desconocen el ritmo en cuestión.
          En un rincón de la fonda reposa un parroquiano que se empina sutilmente una botella, de las seis envases de cervezas que tiene al frente, luego pasa la manga de su camisa para limpiarse la boca, el rostro demarcado de indiferencia, las líneas de tristeza le inducen a beber, coloca unos granos de sal en la boca de la botella y la ingiera hasta el último sorbo. Minutos mas tarde levanta la mano, grita por otra tanda y la mesera le lleva tres botellas, que coloca sobre la mesa.
--- Si ya se es una para usted y 2 para sus amigos.--- haciendo una mueca de desaprobación, por la ausente presencia de los mencionados.
          El tipo le lanza sobre el azafate un billete arrugado, quedándose a medio sentar levanta una cerveza y grita:
--- SALUD!---
          Los vecinos extrañados se le quedan mirando, algunos con sonrisa de burla y otros indiferentes, al ver que no hay nadie en la mesa con quien celebrar. Dentro de la molotera del baile aparece una mujer de corte humilde que se abre paso hasta su mesa, lo toma de la solapa y le obliga a levantarse.
--- Conque chupando otra vez!?
          Se pone de pie,  en una rabieta, somata la mesa y balbucea.
---Como vas a pensar, Mujer, estoy compartiendo con unos amigos, pensas que les voy a dejar abandonados?---
          Ella voltea ver hacia los sitios desocupados.
--- Cuales amigos?... borracho es que estás---
          Se le acerca y hablando en voz baja le dice al oído:
--- No me hagas quedar mal son mis cuates, sabés que ellos me llegaron a buscar y me trajeron aquí.?.---y le señala las dos sillas que permanecen vacías.
--- Ya estas imaginando babosadas, haber mejor nos vamos, excusa de irresponsable, te viniste a matar el pisto de la quincena .
          No muy de buena gana se incorpora con el permanente jalón que le infringe la mujer. Se detiene junto a la mesa, tras un reparo, se detiene frente a la mesa se coloca el sombrero y con un saludo exclama
--- Hasta la vista camaradas, espero pronto volverlos a ver. Ustedes saben que no es que me vaya, es que me llevan, toma uno de los envases y lo ingiere en su totalidad y sale trastrabillando por el salón.
          Los días han pasado tres sujetos comparten una mesa, donde hacen remembranzas, sentados en la misma mesa del fondo de la taberna, es día lunes y no hay nadie, en el piano se encuentra el flaco inaugurando la tarde con alguna tonadita, la misma tecla desafina. Hace un esfuerzo para moverlo, le quita el cartón que le cubre y hurga entre las cuerdas del instrumento, golpea algunas partes donde sacude la polilla y retorna a su sentadero para hacer la prueba.
-- Que va este lo que necesita es una total afinación--- le dice el cantinero, que con un delantal en su cintura se detiene frente al instrumento.---
          El flaco se le queda viendo.
--- Ya está apunto de acabar, compostura ya casi no tiene, está como en agonía o muerte prematura.---
--- A propósito de muerte, sabes quien pasó a mejor vida?---
--- No lo se aquí en este lugar raras veces se entera de estas noticias.---
--- Te acordás del señor gordo que se sentaba en la última mesa y pedía cervezas para tres personas y el siempre estaba solo?---
---Ya se el que decía que venía a chupar con unos sus cuates que eran invisibles.---
---Ese merito, pues él, dicen que le dio una de esas enfermedades raras, que se lo llevó al panteón, cuentan que antes de morir le comentó a la familia, que lo llegaron a traer a su lecho de enfermo, los amigos de sus farras.---
--- Y decime eran los que siempre le acompañaban en las farras cuando venía por este lugar… Los tres cuates en espíritu se ríen allá en el fondo en espera de alguien que les sirva otra cerveza

HILOS DE TRADICION



          Tras el hilo entorchado puesto en el ojo de una aguja o guía de madera, las madejas pintadas se escurren en los lienzos de tela blanca, trozos de imaginativa que se ven bordados con arco iris de colores para dar cuerpo al paisaje de espíritu en la indumentaria que se adorna entre las manos del artista.      
          Un par de aventuras de corte invisible que sirven de prisma entre las ideas y la habilidad de las manos del artesano que recrean diversos escenarios, escritos llenos de contenido, narrativas dulces que relatan el pasado y el señorío de un sentimiento de tradición a través de los telares dulces que encienden los vívidos mensajes de la vida de un pueblo, como un corazón al enfrentarse a su alma gemela en el tiempo.
          Detenido en el lienzo enarbolando en el pico de dos pajarillos de alas doradas, que inciden el uno con el otro, adornando de coronas con flores rojas, lustrinas entrelazadas que en acuarelas pintan la secuencia de sentimientos en el guipil de una cortesana criolla.
          Güindado de la rama de un árbol o de un zócalo se extiende hasta el amarrado de la cintura, como se puede brindar la forma en las piezas medidas en varas del llamado corte, parte de la vestimenta de las mujeres elaboradas con colores predominante azul, matizado con algunos verdes, salpicados de rojo.
          Hilos de grandeza en el diseño, representado dentro de las áreas geográficas de este pueblo indiano de grandes pirámides, de dioses adorados con el POM, oración convertida en humo encendido en alfombras de hojas de pino, de bailes remecidos en pies descalzos que danzan al son de la marimba de tecomates y al compás del TUN.
          Fogatas de candelas que se consumen, tazas de barro de guaro en su alrededor con círculos de flores de amaranto y ramilletes de frutilla, formaciones de piedra volcánica marcando los cuatro puntos cardinales, para agradecer al AJAU, por la vida, la salud y la cosecha.
          Hilos del sonido, en el renacimiento de la vida, labor para mujeres pariendo en cuclillas, rodeada de las IXSHOM, que le hacen fuerza al pujido en compañía de la NA´CHIN, partera comunitaria enseñada por las concubinas de los dioses, para dar soplos de vida a la descendencia. Recién nacido sobados con manteca de coche y curados con la quema de pimienta gorda lanzada en fogata de leña de encino, para quitarles el empacho, las bendiciones trasmitidas con la oración secreta en su oído y la colocación de pulseras de coral rojo para evitar el mal de ojo.
          La oración y el conjuro se finaliza cuando es llevado ante el cofrade mayor, con su gorrito tejido para cubrirle la mollera sin dejar de mantenerse pegado al pellejo de la nana prendido en la chiche para que juegue con su ralo alimento o se amamante.
          Hilos sagrados que adornan con cinta la coronilla de las elegantes mujeres solteras, IXTEN, puestas en su cabeza como el tocoyal que representa la realeza, distinción de la princesas donde dicen de su alcurnia, lazos entorchados de donde se desprende la abundante trenza, que cae por la espalda atada con un lazo anudado, una moña de cinta color rojo, su cuerpo cubierto de blanco lino bordados con el idioma de los Señores, donde cuelgan los chachales, collares de hilo de plata, que se intercalan perforando las piedra trabajadas por orfebrería de jade y las deslumbrantes formaciones calcáreas de orejas de coral de colores varios, otras piezas hechas de ovillos de mullido algodón en flor, partes colmillos de animales, fastuosos adornos de verdes plumas de quetzal. Hombres luciendo taparrabos elegantes, de tela cubierto de trozos de madera con figuras que dictan una historia de altos jerarcas y guerreros.
          El sol del plenilunio cuando los bailes se antojan con el señorío de los animales, venado que haciendo grandes vueltas se inclinan ante los altares para pedir perdón de sus pecados, visten atuendos que se cubren con capas de colores, elaboradas con incrustaciones en sus orillas con piedras pulidas de sílice y bordados con botones de piedras talladas en negro. Mantas que muestran un agujero en el centro para escurrir la cabeza, la del tepezcuintle AKRAM, o del mono MASH y principalmente de KEJ el cervatillo, la cabeza emplumada CHEKEN, el loro, para su representación en un convite frente a una hoguera.
          Sacerdotes de blancas túnicas, que portan brazaletes de Ónix y Jade azul, con máscaras de barro, que dan cabida a los espíritus consejeros de los grandes dioses, que se posan en las nubes de la cornisa de los elevados templos a observar a súbditos en competencia en los campos de pelota Maya, con su elaboración de caucho. Jugadores protegidos con trozos de piel de animales que cubren codos, manos, rodillas y el dorso de los pies.
          Hilos que descienden de la cima de los cielos, ejecutando el baile en la canícula de invierno, El Palo volador, que es llevado a cabo por 8 hombres vestidos de negro y listones rojos, que son purificados en velación, estos se lanzan al vacío amarrados con lazos de maguey, desde una canasta en la punta de un palo de 50 metros, con arnés de cuero, volando alrededor en circunvalaciones, atados de los pies.
          Mística tradición que va desde el corte del árbol en los bosques de Chimajolá, donde se les pide permiso a los antepasados mediante ceremonia donde se reza junto a las vasijas de guaro y las velas de cebo. La tradición dice que el árbol se debe de transportar por 500 hombres hasta el centro de la plaza donde se siembra, con la incorporación de una escalera, los bailarines suben al punto mas alto. En la compañía de un anciano que toca una pequeña marimba se ejecuta el lanzamiento y el baile. Ante la complacencia de los dioses que desde las alturas le dan la bienvenida a la segunda siembra.
          Hilos que se mueve a través de la historia, que se mueven tanto en las tradiciones como en el espíritu de las esculturas, pinturas y elaboración de las  vasijas de barro que representaban los demonios tristes de la época que empieza desde los primeros pasos de los navegantes foráneos, hasta la conquista de la selva, los ritos, el territorios, costumbres y tradiciones de los descendientes mayas, aplastados por las armas y aun por la religión de la España monárquica. Hilos que se tornaron en destrucción, saqueos y explotación, a través del mestizaje, fenómeno de esclavitud de esa época, que de pronto se denominó por los invasores herencia o legado.
          La cultura que se encuentra allí en las grandes obras, las que no pudieron ser borradas, vestigios de conocimiento trasmitidas en secreto en códices y muestras de escritura, lienzos estampados en el interior de los palacios que dicen de florecientes períodos.
          Caciques sin hilos de oscura descendencia, producto de las guerras de dominación que aniquilaban a los señores de lugares conquistados, cuyos súbditos corrían el mismo destino de sus monarcas, al ser convertidos en esclavos. Mujeres víctimas de estos horrores, corderos que se convirtieron en sacrificios humanos para los dioses malignos de la guerra.       
   
         

jueves, 16 de octubre de 2014

VISITANTE NOCTURNO



          La tibia ternura de sus labios recorrió frenéticamente las líneas suaves por detrás de las orejas, recorriendo en toda la extensión del cuello, produciendo un calofrío inicial en su exquisitez de su costado. El trayecto se tornó en fuentes húmedas de agradables sentimientos resplandecientes, sellado en un susurro de postrer aliento en una palabra sensual de agonía, de sublime poesía, palabras de una tierna estela vibrante de un crepuscular anhelo.
          Todo un conjunto de caricias que se envolvieron como alas de mariposa al entrar en el contacto de la piel morena, que mostraba la escultural finesa del cuerpo femenino, que descendía desde la espalda hasta la curvatura de las caderas. La franja de listón que mostraba por debajo de la cintura, la demarcación del espacio que se convertía en desnudez, modelado por el listón de un bikini negro, que hacía evidente lo hermoso de las curvaturas y el portento de los muslos.
          Envuelto en el satín de tus sábanas, mostraba indeleble la expresión sensual de los senos que se adherían al punto de dar a la imaginación una obra de arte, túnica que enseñaba el resto hasta el vientre, escurriéndose tímidamente entre los pierna de pasión de mujer con frescura de mañana.
          El radiante sol que penetró por el balcón se acompaño con los cantos de pajarillos que curiosos se mostraban en el dintel de la ventana, con el aroma de primavera, jazmines en flor que hacían evidentes en el entorno de su lecho. Despertó mágicamente tras un tintineo de campanas que le hicieron tomar un bostezo de inicio de día y el buscar el cielo con el estiramiento de sus brazos para sacudir el resto de los sueños. Sentada, recogió las piernas sobre los muslos, abrazándolos con ambas manos, mientras meditaba sobre los acontecimientos en el plenilunio de las  noches.
          La habitación se encontraba en franco desorden, prendas de vestir se arrastraban sobre la alfombra, tras el ímpetu del ágape. Los estilizados zapatos descubiertos del talón hasta la punta se reposaban en su tacón de 20 centímetros en el costado de su cama. Envuelta en lo suave de una bata transparente hiciste  la visita del tocador donde apresuró sus halagos para cepillarse hermosa cabellera negro azabache que caía solidariamente sobre los hombros, entre los arpegios de hermosura, recogió su pelo y lo engarzó con un gancho de carey. Un bote color ámbar de caprichosa forma lo sacudió sobre su cuerpo, despidiendo un sublime olor a perfume de fragancia especial, como una nube inundó el ambiente. Calzada con una excepcional bata de borlas de algodón y utilizando un par de pantuflas engarzadas, que mostraban el artístico esmalte de la pintura de las uñas, se condujo hacia el resto de la mansión, en busca del desayunador que se mostraba junto a la piscina, todo estaba dispuesto para la comida.
          Era quizás, un sueño, una frase mítica que en medio de una historia de fantasía se proyectaba en el escenario de la mente, deseos insospechados que volaban en la cumbre de una ilusión que revoloteaba en el pensamiento de aventuras sin límites, creada dentro de una fábula.
          Maximiliano aparcó su Ferrari en el portal de la mansión, portaba en sus manos un ramo de rosas, con paso elegante traspasó en umbral de entrada,  mientras esperaba ser anunciado arregló su bufanda de seda y su saco de cuadros de colores estilo sport, sobre pasó sus zapatos de charol limpiándolos con la parte posterior del pantalón...
          Con un de sus brazos ocultando en la espalda las rosas se te enfrento mientras descendías de las últimas gradas de la escalinata en caracol.
--- Buen día bella dama, siempre radiante…--- antes de terminar la última grada, le tomó de la mano e inclinándose, la acercó y le depositó  un beso en la mejilla ---
---Que galante caballero y a que debo su inesperada visita?, sabe que estaba presta a dejarme seducir por Morfeo, en la siesta de media mañana.---
---Pasaba por aquí y se me ocurrió traerle este hermoso ramo de rosas, demostrarle de corazón, mi denodado interés en usted… Sírvase aceptar esta galantería de mi parte.---
--- Se le agradece en lo que vale su interés. ---
--- Estaba por hacerle una invitación a tomar una taza de café, un refrigerio en la Fonda Real, lugar muy de moda para parejas enamoradas.---
--- Yo se de su interés en mi persona, pero me temo que con lo reciente de mi ruptura de relación, he decidido darme un compás de espera, por lo que no estoy en la disposición de aceptar ninguna oferta de noviazgo y menos de algo mas.---
          Mas que sorprendido, sin decir palabra se retira haciéndole un nuevo saludo de despidida. Un tanto desilusionado, se dirige a través del hall hacia la salida de la casa. Se detiene y dando una media vuelta repite:
--- Ninguna oportunidad ---.
          Ella le contempla y se despide moviéndole su mano en un desabrido adiós
          En el amplio salón del comedor, mesa de manteles de lino que con tejidos calados se disponen a albergar la cena en la víspera de la tarde. Cuando los candelabros encendidos de tres mechas, apuntan al cielo, titilan en hilos de humo que rebasan la cúpula dándole una ambiente de soledad, la silla a la cabecera es ocupada por la dama, en fulgurante vestidote gala, pero inquieta por la entrada de la noche. Los sirvientes que le prestan su atención y las damas de compañía  le colocan las viandas concerniente a la cena, la copa de vino tinto servida a su diestra y las charolas de plata se disponen adecuadamente mientras le depositan los alimentos en su plato.
          El antiguo reloj de caja marca en sonido de siete campanadas la presencia de la llegada de la noche, en la amplitud de la mansión el silencio se hace contundente mientras se encienden las luces de los corredores que se ven paliduchas  marcando el sendero que conduce a la habitación de la señora. En el interior de su habitación las mucamas proceden a arreglar su cama y la dama de compañía le ayudan a cambiar sus atuendos. Deja sus joyas en el cofre sobre el trinchante, su diadema le suelta sus cabellos dejándolos al natural, se coloca una bata de toalla y dirige hasta la tina de porcelana tipo Luis XV, introduce la punta de su pie izquierdo para medir la temperatura del agua, confortablemente se introduce totalmente desnuda a disfrutar de un baño de agua caliente, con reboso de burbujas. Unicamente un par de veladoras de color blanco rompen la oscuridad, mientras ella después de sumergirse, se complementa el baño reposando de cuerpo entero, se limpia el rostro y con una copa de vino rosa, espumante, se acompaña con un salud en medio de la soledad.
          Con una toalla envuelta en su cabeza se despide de las aguas y sin inmutarse camina rumbo a su lecho, donde sacude su cabeza a medio mojar, la silueta de su hermoso cuerpo se delinea por las luces de las candelas , lo moreno de su piel que se torna de una lindura especial por el reflejo de color oro que produce el estupendo tono de su piel.
          La tenue luna que logra penetrar escasamente por la ventana, se ve intimidada cuando la enigmática sombra de un individuo se desliza como un espíritu por el balcón. Las luces de las veladoras se han extinguido y lo tibio de la noche se confabula con el aroma de dama atractiva, con fragancias a perfume francés, que recostada en su almohada de plumas de ganso muestra lo sin límite de la belleza de su rostro. El enigmático visitante se acerca hasta su cama y sin decir nada le deposita un beso en la boca que se torna en una prolongada y ardiente caricia.   
          Es la sombra del deseo que se confunde furtivamente en el ocaso de sus ilusiones, la frenética emoción, que le despierta el deseo y la conduce a los brazos de un desconocido producto de su creación y la inspiración de Eros.

viernes, 10 de octubre de 2014

LA ABUELA



          Al fondo del corredor se escucha el rechinido producido por el vaivén de la mecedora, la abuela se encuentra allí, con su madeja de lana y las agujas de Croché, elaborando algún gorrito o talvez un saco para el frío. Con sus hábiles manos enreda la maraña de los hilos de color rosado, prenda que sacude vez en cuando para medirlo con un geme y compararlo en su memoria, con la edad y el tamaño de la beba. Se ha pasado varias hors en su arduo trabajo, como quien pasa la vida en el espejo de los años.
          Ese día se levantó de madrugada como era su costumbre, después de haber dejada estirada y arreglada su cama se prendió en el espejo y con el peine alisó su larga cabellera ya teñida de blanco, la dividió en dos y con toda paciencia trenzo cada una de las porciones hasta dejarlas terminadas en listones de colores llamativos y colocarlos elegantemente sobre su pecho. Posó coquetamente ante el espejo del armario al vestir su delantal blanco de bolsa de parche por encima su vestido floreada, de dos fustanes enyuquillados con las medias de nylon grueso que las ajusta con sendas ataderas entorchadas por encima de sus rodillas y calza sus botines negros, después de haberles pasado un trapo húmedo para dejarlos limpios.
          Se persigna y murmura una oración matutina con la señal hace remembranza pensando en su Dios,  se encomienda con un gracias por un día mas de vida. Tocando la base de la imagen del Sagrado corazón de Jesús  que tiene en el altar de su dormitorio. Rasca un fósforo le dio lumbre a una veladora de cera de las que tienen un forro de papel que dice “San Judas Tadeo”,  luego se dirigió hacia la cocina.
          Atiza algunos leños con algunas tuzas para hacer que permanezcan prendidos como brazas colocando dos trozos de olote procede a soplar en su interior hasta que se declaran las llamas. La jarrilla de café empieza hacer burbujas a medida que se calienta, mientras en el comal recalentado se recuestan unas tortillas untadas de frijol volteado.
          El cacareo de las gallinas se deja escuchar  mientras las animalitas salen despavoridas de los nidos, donde ella ha ido a recoger los frescos huevos, que le servirán para el desayuno de la familia. Pide a gritos las tortillas apresurando los últimos toques de la comida. Deja sacudida la mesa e inicia  presurosa su espera de intranquilidad, se truena los dedos y camina de una lado para otra, penetra a su cuarto a revisar el reloj de pared, que con el péndulo marca el paso de los segundos, se asomó hasta la entrada a hispiar, pero regresó un tanto contrariada.
--- Que será que no vienen estos muchachos… Ya se hizo tarde…hummm...!. Y yo con tanto que hacer…---
          Sacude su delantal y se dirigió hasta la estufa, toma un sartén le pone un bodoque de manteca, mientras salpica la grasa le dejó caer unos huevos batidos, que se salpican ante lo hirviente de la frita, con sal tomate y especies procede con el uso adecuado de la paleta de madera para hacer el revuelto, poniéndole en su punto. El muñeco de tortillas envueltas en servilleta están en su sitio anunciándose para saciar cualquier apetito con el incomparable sabor del desayuno criollo.
          Ella coloca los platos y el bote done los cubiertos se muestran en el centro de la mesa, En esos trances se encontraba cuando de pronto escucha la presencia de alguien en la puerta donde se asoman un par de patojos, acompañados de un hombre. Todos bien vestido, bien aplanchaditos que se le acercan para saludarla.
--- Hola abuela, como estás?--- dice el mas pequeño
--- Bien mi patojo, haber acérquese y me da un mi besito…
          El niño se acerca y le da un beso en la mejilla, el otro que es mayor solamente le saluda de lejos con un aleteo de mano.
--- Y mi beso?--- le pregunta
          El joven se queda estático, hasta que su padre parado detrás de él, le empuja para que lo haga, no de muy buena gana lo ejecuta.  .
--- Es que cuando crecen, como este muchachón, ya no quieren darle besos a la abuela, se los guardan todos para las patojas.—
--- Que tal madre, que Dios te bendiga, como amaneció mi viejita hoy?---
--- Viejitos, los caminos, pero aun levantan polvo… ja,ja,ja.
--- Hay mamá usted siempre tan ocurrente.
--- Bien vamos al desayuno, mis amores, hoy como que se levantaron tarde?. Haber vénganse para acá, ya les tengo preparado la comida. Ya mandé a la muchacha a que les traiga leche recién ordeñada.---
--- Gracias abuela, me regalas una torta para llevar para la refa…
--- Claro que si hijo, lo que se te antoje--- dirigiéndose al hijo--- Haber contame y la nena?---
---Se quedó en casa con su madre.---
--- Hay mi princesa, tengo ratos de no verla, debe de estar linda.--- a propósito te cuento que le estoy tejiendo un saquito para ahora que viene el frío… Haber cuando me la traes para ver como le va quedando y así talvez me dejan que la chinée.---
--- ¡Ay mamá!, si apena ayer la tuvo aquí---
---Es verdad, ya se me había olvidado que se quedó conmigo, ella ni molesta verdad?. A mi me gusta que la traigan seguido, es que como es mujercita…, me imagino como tener una mi muchachita--- Pero Dios así lo quiso, solo me dio barracos… Y este par de caballeros, para que no se me pongan celosos, cuando se viene a estar un buen rato con su abue…?
--- Un día de estos, cuando salgan de la escuela. ---
--- Coman que nos queda poco tiempo, hijos píquenle sino llegaremos tarde a la escuela---
          Después de saborear los alimentos y con el paso de la servilleta que les limpia los bigotes por donde les ha dejado marcas el vaso de leche, después de buen provecho, al haber consumido el cuscum, se levantan, en menos de lo que canta un gallo, en fila india salen por la puerta, prestos a dirigirse a su centro de estudio. El caballo percherón se encuentra amarrado en la entrada somatando nerviosamente el casco de una de sus patas, en él es donde se transportan, uno de los chicos adelante en el sillar de se padre,  el grande en las ancas del animal. Se hace a la montura el padre  se coloca en su puesto, después de un jalón de los frenos el caballo da media vuelta y en pequeños trotes se aleja de la casa.
--- Adiós abuela, nos vemos otro día.--- gritan en coro y se despiden alzando sus manos.
--- Adiós, que Dios vaya con ustedes.—ella levanta su mano derecha y los envía la bendición haciendo la señal de la cruz.
          La viejita retorna a sus que haceres, saca su escoba de palma y la baila en el corredor para sacudir el polvo, retoma su costura y se dirige hacia la mecedora, después de espantar al gato barcino que se hizo nido en el asiento, sacude el sentadero y se coloca, busca en el canasto de las lanas sus espejuelos, limpia los lentes y con un pita los cuelga de su cuello y se queda en sus pensamientos. Lo avanzado del día la hace pestañar interrumpiéndole la costura, después de rascarse la mollera, retoma los instrumentos para fabricar otras cadenas de lana en su trabajo
--- Bien que le contentan el rato los nietos, verdad?..., que alegría al verlos venir y disfrutarlos un día, pero eso si, es mayor alegría cuando se van y la tranquilidad vuelve reinar en la casa…