Tras
el hilo entorchado puesto en el ojo de una aguja o guía de madera, las madejas
pintadas se escurren en los lienzos de tela blanca, trozos de imaginativa que
se ven bordados con arco iris de colores para dar cuerpo al paisaje de espíritu
en la indumentaria que se adorna entre las manos del artista.
Un
par de aventuras de corte invisible que sirven de prisma entre las ideas y la
habilidad de las manos del artesano que recrean diversos escenarios, escritos llenos
de contenido, narrativas dulces que relatan el pasado y el señorío de un
sentimiento de tradición a través de los telares dulces que encienden los
vívidos mensajes de la vida de un pueblo, como un corazón al enfrentarse a su
alma gemela en el tiempo.
Detenido
en el lienzo enarbolando en el pico de dos pajarillos de alas doradas, que
inciden el uno con el otro, adornando de coronas con flores rojas, lustrinas
entrelazadas que en acuarelas pintan la secuencia de sentimientos en el guipil de
una cortesana criolla.
Güindado
de la rama de un árbol o de un zócalo se extiende hasta el amarrado de la
cintura, como se puede brindar la forma en las piezas medidas en varas del llamado
corte, parte de la vestimenta de las mujeres elaboradas con colores
predominante azul, matizado con algunos verdes, salpicados de rojo.
Hilos
de grandeza en el diseño, representado dentro de las áreas geográficas de este
pueblo indiano de grandes pirámides, de dioses adorados con el POM, oración
convertida en humo encendido en alfombras de hojas de pino, de bailes remecidos
en pies descalzos que danzan al son de la marimba de tecomates y al compás del
TUN.
Fogatas
de candelas que se consumen, tazas de barro de guaro en su alrededor con círculos
de flores de amaranto y ramilletes de frutilla, formaciones de piedra volcánica
marcando los cuatro puntos cardinales, para agradecer al AJAU, por la vida, la
salud y la cosecha.
Hilos
del sonido, en el renacimiento de la vida, labor para mujeres pariendo en
cuclillas, rodeada de las IXSHOM, que le hacen fuerza al pujido en compañía de la NA´CHIN, partera comunitaria enseñada
por las concubinas de los dioses, para dar soplos de vida a la descendencia.
Recién nacido sobados con manteca de coche y curados con la quema de pimienta
gorda lanzada en fogata de leña de encino, para quitarles el empacho, las
bendiciones trasmitidas con la oración secreta en su oído y la colocación de
pulseras de coral rojo para evitar el mal de ojo.
La
oración y el conjuro se finaliza cuando es llevado ante el cofrade mayor, con
su gorrito tejido para cubrirle la mollera sin dejar de mantenerse pegado al
pellejo de la nana prendido en la chiche para que juegue con su ralo alimento o
se amamante.
Hilos
sagrados que adornan con cinta la coronilla de las elegantes mujeres solteras, IXTEN,
puestas en su cabeza como el tocoyal que representa la realeza, distinción de
la princesas donde dicen de su alcurnia, lazos entorchados de donde se
desprende la abundante trenza, que cae por la espalda atada con un lazo anudado,
una moña de cinta color rojo, su cuerpo cubierto de blanco lino bordados con el
idioma de los Señores, donde cuelgan los chachales, collares de hilo de plata,
que se intercalan perforando las piedra trabajadas por orfebrería de jade y las
deslumbrantes formaciones calcáreas de orejas de coral de colores varios, otras
piezas hechas de ovillos de mullido algodón en flor, partes colmillos de
animales, fastuosos adornos de verdes plumas de quetzal. Hombres luciendo taparrabos
elegantes, de tela cubierto de trozos de madera con figuras que dictan una
historia de altos jerarcas y guerreros.
El
sol del plenilunio cuando los bailes se antojan con el señorío de los animales,
venado que haciendo grandes vueltas se inclinan ante los altares para pedir
perdón de sus pecados, visten atuendos que se cubren con capas de colores, elaboradas
con incrustaciones en sus orillas con piedras pulidas de sílice y bordados con
botones de piedras talladas en negro. Mantas que muestran un agujero en el
centro para escurrir la cabeza, la del tepezcuintle AKRAM, o del mono MASH y principalmente
de KEJ el cervatillo, la cabeza emplumada CHEKEN, el loro, para su
representación en un convite frente a una hoguera.
Sacerdotes
de blancas túnicas, que portan brazaletes de Ónix y Jade azul, con máscaras de
barro, que dan cabida a los espíritus consejeros de los grandes dioses, que se
posan en las nubes de la cornisa de los elevados templos a observar a súbditos
en competencia en los campos de pelota Maya, con su elaboración de caucho. Jugadores
protegidos con trozos de piel de animales que cubren codos, manos, rodillas y
el dorso de los pies.
Hilos
que descienden de la cima de los cielos, ejecutando el baile en la canícula de
invierno, El Palo volador, que es llevado a cabo por 8 hombres vestidos de
negro y listones rojos, que son purificados en velación, estos se lanzan al
vacío amarrados con lazos de maguey, desde una canasta en la punta de un palo
de 50 metros,
con arnés de cuero, volando alrededor en circunvalaciones, atados de los pies.
Mística
tradición que va desde el corte del árbol en los bosques de Chimajolá, donde se
les pide permiso a los antepasados mediante ceremonia donde se reza junto a las
vasijas de guaro y las velas de cebo. La tradición dice que el árbol se debe de
transportar por 500 hombres hasta el centro de la plaza donde se siembra, con
la incorporación de una escalera, los bailarines suben al punto mas alto. En la
compañía de un anciano que toca una pequeña marimba se ejecuta el lanzamiento y
el baile. Ante la complacencia de los dioses que desde las alturas le dan la
bienvenida a la segunda siembra.
Hilos
que se mueve a través de la historia, que se mueven tanto en las tradiciones
como en el espíritu de las esculturas, pinturas y elaboración de las vasijas de barro que representaban los
demonios tristes de la época que empieza desde los primeros pasos de los
navegantes foráneos, hasta la conquista de la selva, los ritos, el territorios,
costumbres y tradiciones de los descendientes mayas, aplastados por las armas y
aun por la religión de la España
monárquica. Hilos que se tornaron en destrucción, saqueos y explotación, a
través del mestizaje, fenómeno de esclavitud de esa época, que de pronto se
denominó por los invasores herencia o legado.
La
cultura que se encuentra allí en las grandes obras, las que no pudieron ser
borradas, vestigios de conocimiento trasmitidas en secreto en códices y
muestras de escritura, lienzos estampados en el interior de los palacios que
dicen de florecientes períodos.
Caciques
sin hilos de oscura descendencia, producto de las guerras de dominación que
aniquilaban a los señores de lugares conquistados, cuyos súbditos corrían el
mismo destino de sus monarcas, al ser convertidos en esclavos. Mujeres víctimas
de estos horrores, corderos que se convirtieron en sacrificios humanos para los
dioses malignos de la guerra.
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