miércoles, 22 de octubre de 2014

HILOS DE TRADICION



          Tras el hilo entorchado puesto en el ojo de una aguja o guía de madera, las madejas pintadas se escurren en los lienzos de tela blanca, trozos de imaginativa que se ven bordados con arco iris de colores para dar cuerpo al paisaje de espíritu en la indumentaria que se adorna entre las manos del artista.      
          Un par de aventuras de corte invisible que sirven de prisma entre las ideas y la habilidad de las manos del artesano que recrean diversos escenarios, escritos llenos de contenido, narrativas dulces que relatan el pasado y el señorío de un sentimiento de tradición a través de los telares dulces que encienden los vívidos mensajes de la vida de un pueblo, como un corazón al enfrentarse a su alma gemela en el tiempo.
          Detenido en el lienzo enarbolando en el pico de dos pajarillos de alas doradas, que inciden el uno con el otro, adornando de coronas con flores rojas, lustrinas entrelazadas que en acuarelas pintan la secuencia de sentimientos en el guipil de una cortesana criolla.
          Güindado de la rama de un árbol o de un zócalo se extiende hasta el amarrado de la cintura, como se puede brindar la forma en las piezas medidas en varas del llamado corte, parte de la vestimenta de las mujeres elaboradas con colores predominante azul, matizado con algunos verdes, salpicados de rojo.
          Hilos de grandeza en el diseño, representado dentro de las áreas geográficas de este pueblo indiano de grandes pirámides, de dioses adorados con el POM, oración convertida en humo encendido en alfombras de hojas de pino, de bailes remecidos en pies descalzos que danzan al son de la marimba de tecomates y al compás del TUN.
          Fogatas de candelas que se consumen, tazas de barro de guaro en su alrededor con círculos de flores de amaranto y ramilletes de frutilla, formaciones de piedra volcánica marcando los cuatro puntos cardinales, para agradecer al AJAU, por la vida, la salud y la cosecha.
          Hilos del sonido, en el renacimiento de la vida, labor para mujeres pariendo en cuclillas, rodeada de las IXSHOM, que le hacen fuerza al pujido en compañía de la NA´CHIN, partera comunitaria enseñada por las concubinas de los dioses, para dar soplos de vida a la descendencia. Recién nacido sobados con manteca de coche y curados con la quema de pimienta gorda lanzada en fogata de leña de encino, para quitarles el empacho, las bendiciones trasmitidas con la oración secreta en su oído y la colocación de pulseras de coral rojo para evitar el mal de ojo.
          La oración y el conjuro se finaliza cuando es llevado ante el cofrade mayor, con su gorrito tejido para cubrirle la mollera sin dejar de mantenerse pegado al pellejo de la nana prendido en la chiche para que juegue con su ralo alimento o se amamante.
          Hilos sagrados que adornan con cinta la coronilla de las elegantes mujeres solteras, IXTEN, puestas en su cabeza como el tocoyal que representa la realeza, distinción de la princesas donde dicen de su alcurnia, lazos entorchados de donde se desprende la abundante trenza, que cae por la espalda atada con un lazo anudado, una moña de cinta color rojo, su cuerpo cubierto de blanco lino bordados con el idioma de los Señores, donde cuelgan los chachales, collares de hilo de plata, que se intercalan perforando las piedra trabajadas por orfebrería de jade y las deslumbrantes formaciones calcáreas de orejas de coral de colores varios, otras piezas hechas de ovillos de mullido algodón en flor, partes colmillos de animales, fastuosos adornos de verdes plumas de quetzal. Hombres luciendo taparrabos elegantes, de tela cubierto de trozos de madera con figuras que dictan una historia de altos jerarcas y guerreros.
          El sol del plenilunio cuando los bailes se antojan con el señorío de los animales, venado que haciendo grandes vueltas se inclinan ante los altares para pedir perdón de sus pecados, visten atuendos que se cubren con capas de colores, elaboradas con incrustaciones en sus orillas con piedras pulidas de sílice y bordados con botones de piedras talladas en negro. Mantas que muestran un agujero en el centro para escurrir la cabeza, la del tepezcuintle AKRAM, o del mono MASH y principalmente de KEJ el cervatillo, la cabeza emplumada CHEKEN, el loro, para su representación en un convite frente a una hoguera.
          Sacerdotes de blancas túnicas, que portan brazaletes de Ónix y Jade azul, con máscaras de barro, que dan cabida a los espíritus consejeros de los grandes dioses, que se posan en las nubes de la cornisa de los elevados templos a observar a súbditos en competencia en los campos de pelota Maya, con su elaboración de caucho. Jugadores protegidos con trozos de piel de animales que cubren codos, manos, rodillas y el dorso de los pies.
          Hilos que descienden de la cima de los cielos, ejecutando el baile en la canícula de invierno, El Palo volador, que es llevado a cabo por 8 hombres vestidos de negro y listones rojos, que son purificados en velación, estos se lanzan al vacío amarrados con lazos de maguey, desde una canasta en la punta de un palo de 50 metros, con arnés de cuero, volando alrededor en circunvalaciones, atados de los pies.
          Mística tradición que va desde el corte del árbol en los bosques de Chimajolá, donde se les pide permiso a los antepasados mediante ceremonia donde se reza junto a las vasijas de guaro y las velas de cebo. La tradición dice que el árbol se debe de transportar por 500 hombres hasta el centro de la plaza donde se siembra, con la incorporación de una escalera, los bailarines suben al punto mas alto. En la compañía de un anciano que toca una pequeña marimba se ejecuta el lanzamiento y el baile. Ante la complacencia de los dioses que desde las alturas le dan la bienvenida a la segunda siembra.
          Hilos que se mueve a través de la historia, que se mueven tanto en las tradiciones como en el espíritu de las esculturas, pinturas y elaboración de las  vasijas de barro que representaban los demonios tristes de la época que empieza desde los primeros pasos de los navegantes foráneos, hasta la conquista de la selva, los ritos, el territorios, costumbres y tradiciones de los descendientes mayas, aplastados por las armas y aun por la religión de la España monárquica. Hilos que se tornaron en destrucción, saqueos y explotación, a través del mestizaje, fenómeno de esclavitud de esa época, que de pronto se denominó por los invasores herencia o legado.
          La cultura que se encuentra allí en las grandes obras, las que no pudieron ser borradas, vestigios de conocimiento trasmitidas en secreto en códices y muestras de escritura, lienzos estampados en el interior de los palacios que dicen de florecientes períodos.
          Caciques sin hilos de oscura descendencia, producto de las guerras de dominación que aniquilaban a los señores de lugares conquistados, cuyos súbditos corrían el mismo destino de sus monarcas, al ser convertidos en esclavos. Mujeres víctimas de estos horrores, corderos que se convirtieron en sacrificios humanos para los dioses malignos de la guerra.       
   
         

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