miércoles, 22 de octubre de 2014

EL PIANO DE CAJA



          El sonido del piano de caja vertical, que a lo lejos remeda una melodía de antaño con un tecla de RE desafinada en la tercera escala, justo antes de la siguiente negrilla del sostenido,  se pierde en su alocado ritmo cuando un grupo de dedos inflamados de los gonces provenientes del alcohólico ejecutante, las somata en búsqueda de armonía.
          En el ambiente de oscurana el humo de un cigarrillo de sonrisa ardiente asciende hasta el infinito cuando es exhalado a través de labios gruesos, bajo la sombra de un bigote, que desde la comisura sostiene con algún esfuerzo la braza de la colilla que le hace torcer el rostro cerrando el párpado que llora por el efecto del trayecto del humo. La ceniza del tabaco que crece con cada aspiración, vuela en caída libre cuando se revienta en su origen al hacer contacto con el suelo.
          El desaliñado instrumento que goza ya de antigüedad, mantiene su señorío, con las señas inequívocas de quemadas de fumadores sobre la orilla en la parte superior del mueble, en parte ya rascadas dan señas que se muestran en la tapadera y en el reclinatorio del final del tablero de escala de las teclas, el contraste en la afinación de la pianola, se ve indulgente en producir algún sonido que por ser de los más altos permanecen resecos o en reposo durante algunas de las canciones.
          Los parroquianos se han dado cita, la noche es virgen, por ser viernes la concurrencia es abundante y bulliciosa. Las ricas viandas, rodeadas de suculentos tarros de cerveza, circulan por la barra y en las pequeñas mesas alrededor del salón.
          Los que disfrutan del desafinado trote de las teclas blancas que saltan con las notas del instrumento, las  parejas abrazadas danzan apretadas y de cachetillo, en la informal pista al centro del burdel. Unos cuantos mal encarados recostados de espalda en el borde enfrente de la barra, hacen sus ánimos de zamparse un trago de guaro blanco con el fin de agarrar valor y soltarse a la pista con la gracia de alguna de las damas que coquetamente esperan en su mesa para soltarse al ruedo y sumarse al jolgorio del baile a media luz.
          La exigencia se vuelve grande cuando los danzantes piden darle mayor ritmo a la canción, por lo que el flaco del piano se pone de pie, quitándose el banco donde aposta su trasero, dispone a ejecutar un saltarín ritmo de Rock and Rol. La efervescencia se hace evidente y los bailarines se entorchan zigzagueando sus pies como quien apacha una cucaracha, hasta volver locos en aplausos a los que únicamente se dedican a observar, pues no saben de bailar o desconocen el ritmo en cuestión.
          En un rincón de la fonda reposa un parroquiano que se empina sutilmente una botella, de las seis envases de cervezas que tiene al frente, luego pasa la manga de su camisa para limpiarse la boca, el rostro demarcado de indiferencia, las líneas de tristeza le inducen a beber, coloca unos granos de sal en la boca de la botella y la ingiera hasta el último sorbo. Minutos mas tarde levanta la mano, grita por otra tanda y la mesera le lleva tres botellas, que coloca sobre la mesa.
--- Si ya se es una para usted y 2 para sus amigos.--- haciendo una mueca de desaprobación, por la ausente presencia de los mencionados.
          El tipo le lanza sobre el azafate un billete arrugado, quedándose a medio sentar levanta una cerveza y grita:
--- SALUD!---
          Los vecinos extrañados se le quedan mirando, algunos con sonrisa de burla y otros indiferentes, al ver que no hay nadie en la mesa con quien celebrar. Dentro de la molotera del baile aparece una mujer de corte humilde que se abre paso hasta su mesa, lo toma de la solapa y le obliga a levantarse.
--- Conque chupando otra vez!?
          Se pone de pie,  en una rabieta, somata la mesa y balbucea.
---Como vas a pensar, Mujer, estoy compartiendo con unos amigos, pensas que les voy a dejar abandonados?---
          Ella voltea ver hacia los sitios desocupados.
--- Cuales amigos?... borracho es que estás---
          Se le acerca y hablando en voz baja le dice al oído:
--- No me hagas quedar mal son mis cuates, sabés que ellos me llegaron a buscar y me trajeron aquí.?.---y le señala las dos sillas que permanecen vacías.
--- Ya estas imaginando babosadas, haber mejor nos vamos, excusa de irresponsable, te viniste a matar el pisto de la quincena .
          No muy de buena gana se incorpora con el permanente jalón que le infringe la mujer. Se detiene junto a la mesa, tras un reparo, se detiene frente a la mesa se coloca el sombrero y con un saludo exclama
--- Hasta la vista camaradas, espero pronto volverlos a ver. Ustedes saben que no es que me vaya, es que me llevan, toma uno de los envases y lo ingiere en su totalidad y sale trastrabillando por el salón.
          Los días han pasado tres sujetos comparten una mesa, donde hacen remembranzas, sentados en la misma mesa del fondo de la taberna, es día lunes y no hay nadie, en el piano se encuentra el flaco inaugurando la tarde con alguna tonadita, la misma tecla desafina. Hace un esfuerzo para moverlo, le quita el cartón que le cubre y hurga entre las cuerdas del instrumento, golpea algunas partes donde sacude la polilla y retorna a su sentadero para hacer la prueba.
-- Que va este lo que necesita es una total afinación--- le dice el cantinero, que con un delantal en su cintura se detiene frente al instrumento.---
          El flaco se le queda viendo.
--- Ya está apunto de acabar, compostura ya casi no tiene, está como en agonía o muerte prematura.---
--- A propósito de muerte, sabes quien pasó a mejor vida?---
--- No lo se aquí en este lugar raras veces se entera de estas noticias.---
--- Te acordás del señor gordo que se sentaba en la última mesa y pedía cervezas para tres personas y el siempre estaba solo?---
---Ya se el que decía que venía a chupar con unos sus cuates que eran invisibles.---
---Ese merito, pues él, dicen que le dio una de esas enfermedades raras, que se lo llevó al panteón, cuentan que antes de morir le comentó a la familia, que lo llegaron a traer a su lecho de enfermo, los amigos de sus farras.---
--- Y decime eran los que siempre le acompañaban en las farras cuando venía por este lugar… Los tres cuates en espíritu se ríen allá en el fondo en espera de alguien que les sirva otra cerveza

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