La
tibia ternura de sus labios recorrió frenéticamente las líneas suaves por detrás
de las orejas, recorriendo en toda la extensión del cuello, produciendo un
calofrío inicial en su exquisitez de su costado. El trayecto se tornó en fuentes
húmedas de agradables sentimientos resplandecientes, sellado en un susurro de
postrer aliento en una palabra sensual de agonía, de sublime poesía, palabras de
una tierna estela vibrante de un crepuscular anhelo.
Todo
un conjunto de caricias que se envolvieron como alas de mariposa al entrar en el
contacto de la piel morena, que mostraba la escultural finesa del cuerpo
femenino, que descendía desde la espalda hasta la curvatura de las caderas. La
franja de listón que mostraba por debajo de la cintura, la demarcación del
espacio que se convertía en desnudez, modelado por el listón de un bikini
negro, que hacía evidente lo hermoso de las curvaturas y el portento de los
muslos.
Envuelto
en el satín de tus sábanas, mostraba indeleble la expresión sensual de los
senos que se adherían al punto de dar a la imaginación una obra de arte, túnica
que enseñaba el resto hasta el vientre, escurriéndose tímidamente entre los pierna
de pasión de mujer con frescura de mañana.
El
radiante sol que penetró por el balcón se acompaño con los cantos de pajarillos
que curiosos se mostraban en el dintel de la ventana, con el aroma de
primavera, jazmines en flor que hacían evidentes en el entorno de su lecho.
Despertó mágicamente tras un tintineo de campanas que le hicieron tomar un
bostezo de inicio de día y el buscar el cielo con el estiramiento de sus brazos
para sacudir el resto de los sueños. Sentada, recogió las piernas sobre los
muslos, abrazándolos con ambas manos, mientras meditaba sobre los
acontecimientos en el plenilunio de las noches.
La
habitación se encontraba en franco desorden, prendas de vestir se arrastraban
sobre la alfombra, tras el ímpetu del ágape. Los estilizados zapatos
descubiertos del talón hasta la punta se reposaban en su tacón de 20 centímetros en el
costado de su cama. Envuelta en lo suave de una bata transparente hiciste la visita del tocador donde apresuró sus
halagos para cepillarse hermosa cabellera negro azabache que caía
solidariamente sobre los hombros, entre los arpegios de hermosura, recogió su
pelo y lo engarzó con un gancho de carey. Un bote color ámbar de caprichosa
forma lo sacudió sobre su cuerpo, despidiendo un sublime olor a perfume de
fragancia especial, como una nube inundó el ambiente. Calzada con una
excepcional bata de borlas de algodón y utilizando un par de pantuflas
engarzadas, que mostraban el artístico esmalte de la pintura de las uñas, se
condujo hacia el resto de la mansión, en busca del desayunador que se mostraba
junto a la piscina, todo estaba dispuesto para la comida.
Era
quizás, un sueño, una frase mítica que en medio de una historia de fantasía se
proyectaba en el escenario de la mente, deseos insospechados que volaban en la
cumbre de una ilusión que revoloteaba en el pensamiento de aventuras sin
límites, creada dentro de una fábula.
Maximiliano
aparcó su Ferrari en el portal de la mansión, portaba en sus manos un ramo de
rosas, con paso elegante traspasó en umbral de entrada, mientras esperaba ser anunciado arregló su
bufanda de seda y su saco de cuadros de colores estilo sport, sobre pasó sus zapatos
de charol limpiándolos con la parte posterior del pantalón...
Con
un de sus brazos ocultando en la espalda las rosas se te enfrento mientras
descendías de las últimas gradas de la escalinata en caracol.
--- Buen día bella dama, siempre
radiante…--- antes de terminar la última grada, le tomó de la mano e
inclinándose, la acercó y le depositó un
beso en la mejilla ---
---Que galante caballero y a que
debo su inesperada visita?, sabe que estaba presta a dejarme seducir por Morfeo,
en la siesta de media mañana.---
---Pasaba por aquí y se me ocurrió
traerle este hermoso ramo de rosas, demostrarle de corazón, mi denodado interés
en usted… Sírvase aceptar esta galantería de mi parte.---
--- Se le agradece en lo que vale su
interés. ---
--- Estaba por hacerle una
invitación a tomar una taza de café, un refrigerio en la
Fonda Real, lugar muy de moda para parejas
enamoradas.---
--- Yo se de su interés en mi
persona, pero me temo que con lo reciente de mi ruptura de relación, he
decidido darme un compás de espera, por lo que no estoy en la disposición de
aceptar ninguna oferta de noviazgo y menos de algo mas.---
Mas
que sorprendido, sin decir palabra se retira haciéndole un nuevo saludo de
despidida. Un tanto desilusionado, se dirige a través del hall hacia la salida
de la casa. Se detiene y dando una media vuelta repite:
--- Ninguna oportunidad ---.
Ella
le contempla y se despide moviéndole su mano en un desabrido adiós
En
el amplio salón del comedor, mesa de manteles de lino que con tejidos calados
se disponen a albergar la cena en la víspera de la tarde. Cuando los
candelabros encendidos de tres mechas, apuntan al cielo, titilan en hilos de
humo que rebasan la cúpula dándole una ambiente de soledad, la silla a la
cabecera es ocupada por la dama, en fulgurante vestidote gala, pero inquieta
por la entrada de la noche. Los sirvientes que le prestan su atención y las
damas de compañía le colocan las viandas
concerniente a la cena, la copa de vino tinto servida a su diestra y las
charolas de plata se disponen adecuadamente mientras le depositan los alimentos
en su plato.
El
antiguo reloj de caja marca en sonido de siete campanadas la presencia de la
llegada de la noche, en la amplitud de la mansión el silencio se hace contundente
mientras se encienden las luces de los corredores que se ven paliduchas marcando el sendero que conduce a la habitación
de la señora. En el interior de su habitación las mucamas proceden a arreglar
su cama y la dama de compañía le ayudan a cambiar sus atuendos. Deja sus joyas
en el cofre sobre el trinchante, su diadema le suelta sus cabellos dejándolos
al natural, se coloca una bata de toalla y dirige hasta la tina de porcelana
tipo Luis XV, introduce la punta de su pie izquierdo para medir la temperatura
del agua, confortablemente se introduce totalmente desnuda a disfrutar de un
baño de agua caliente, con reboso de burbujas. Unicamente un par de veladoras
de color blanco rompen la oscuridad, mientras ella después de sumergirse, se complementa
el baño reposando de cuerpo entero, se limpia el rostro y con una copa de vino
rosa, espumante, se acompaña con un salud en medio de la soledad.
Con
una toalla envuelta en su cabeza se despide de las aguas y sin inmutarse camina
rumbo a su lecho, donde sacude su cabeza a medio mojar, la silueta de su
hermoso cuerpo se delinea por las luces de las candelas , lo moreno de su piel que
se torna de una lindura especial por el reflejo de color oro que produce el
estupendo tono de su piel.
La
tenue luna que logra penetrar escasamente por la ventana, se ve intimidada
cuando la enigmática sombra de un individuo se desliza como un espíritu por el
balcón. Las luces de las veladoras se han extinguido y lo tibio de la noche se
confabula con el aroma de dama atractiva, con fragancias a perfume francés, que
recostada en su almohada de plumas de ganso muestra lo sin límite de la belleza
de su rostro. El enigmático visitante se acerca hasta su cama y sin decir nada
le deposita un beso en la boca que se torna en una prolongada y ardiente
caricia.
Es
la sombra del deseo que se confunde furtivamente en el ocaso de sus ilusiones,
la frenética emoción, que le despierta el deseo y la conduce a los brazos de un
desconocido producto de su creación y la inspiración de Eros.
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