jueves, 16 de octubre de 2014

VISITANTE NOCTURNO



          La tibia ternura de sus labios recorrió frenéticamente las líneas suaves por detrás de las orejas, recorriendo en toda la extensión del cuello, produciendo un calofrío inicial en su exquisitez de su costado. El trayecto se tornó en fuentes húmedas de agradables sentimientos resplandecientes, sellado en un susurro de postrer aliento en una palabra sensual de agonía, de sublime poesía, palabras de una tierna estela vibrante de un crepuscular anhelo.
          Todo un conjunto de caricias que se envolvieron como alas de mariposa al entrar en el contacto de la piel morena, que mostraba la escultural finesa del cuerpo femenino, que descendía desde la espalda hasta la curvatura de las caderas. La franja de listón que mostraba por debajo de la cintura, la demarcación del espacio que se convertía en desnudez, modelado por el listón de un bikini negro, que hacía evidente lo hermoso de las curvaturas y el portento de los muslos.
          Envuelto en el satín de tus sábanas, mostraba indeleble la expresión sensual de los senos que se adherían al punto de dar a la imaginación una obra de arte, túnica que enseñaba el resto hasta el vientre, escurriéndose tímidamente entre los pierna de pasión de mujer con frescura de mañana.
          El radiante sol que penetró por el balcón se acompaño con los cantos de pajarillos que curiosos se mostraban en el dintel de la ventana, con el aroma de primavera, jazmines en flor que hacían evidentes en el entorno de su lecho. Despertó mágicamente tras un tintineo de campanas que le hicieron tomar un bostezo de inicio de día y el buscar el cielo con el estiramiento de sus brazos para sacudir el resto de los sueños. Sentada, recogió las piernas sobre los muslos, abrazándolos con ambas manos, mientras meditaba sobre los acontecimientos en el plenilunio de las  noches.
          La habitación se encontraba en franco desorden, prendas de vestir se arrastraban sobre la alfombra, tras el ímpetu del ágape. Los estilizados zapatos descubiertos del talón hasta la punta se reposaban en su tacón de 20 centímetros en el costado de su cama. Envuelta en lo suave de una bata transparente hiciste  la visita del tocador donde apresuró sus halagos para cepillarse hermosa cabellera negro azabache que caía solidariamente sobre los hombros, entre los arpegios de hermosura, recogió su pelo y lo engarzó con un gancho de carey. Un bote color ámbar de caprichosa forma lo sacudió sobre su cuerpo, despidiendo un sublime olor a perfume de fragancia especial, como una nube inundó el ambiente. Calzada con una excepcional bata de borlas de algodón y utilizando un par de pantuflas engarzadas, que mostraban el artístico esmalte de la pintura de las uñas, se condujo hacia el resto de la mansión, en busca del desayunador que se mostraba junto a la piscina, todo estaba dispuesto para la comida.
          Era quizás, un sueño, una frase mítica que en medio de una historia de fantasía se proyectaba en el escenario de la mente, deseos insospechados que volaban en la cumbre de una ilusión que revoloteaba en el pensamiento de aventuras sin límites, creada dentro de una fábula.
          Maximiliano aparcó su Ferrari en el portal de la mansión, portaba en sus manos un ramo de rosas, con paso elegante traspasó en umbral de entrada,  mientras esperaba ser anunciado arregló su bufanda de seda y su saco de cuadros de colores estilo sport, sobre pasó sus zapatos de charol limpiándolos con la parte posterior del pantalón...
          Con un de sus brazos ocultando en la espalda las rosas se te enfrento mientras descendías de las últimas gradas de la escalinata en caracol.
--- Buen día bella dama, siempre radiante…--- antes de terminar la última grada, le tomó de la mano e inclinándose, la acercó y le depositó  un beso en la mejilla ---
---Que galante caballero y a que debo su inesperada visita?, sabe que estaba presta a dejarme seducir por Morfeo, en la siesta de media mañana.---
---Pasaba por aquí y se me ocurrió traerle este hermoso ramo de rosas, demostrarle de corazón, mi denodado interés en usted… Sírvase aceptar esta galantería de mi parte.---
--- Se le agradece en lo que vale su interés. ---
--- Estaba por hacerle una invitación a tomar una taza de café, un refrigerio en la Fonda Real, lugar muy de moda para parejas enamoradas.---
--- Yo se de su interés en mi persona, pero me temo que con lo reciente de mi ruptura de relación, he decidido darme un compás de espera, por lo que no estoy en la disposición de aceptar ninguna oferta de noviazgo y menos de algo mas.---
          Mas que sorprendido, sin decir palabra se retira haciéndole un nuevo saludo de despidida. Un tanto desilusionado, se dirige a través del hall hacia la salida de la casa. Se detiene y dando una media vuelta repite:
--- Ninguna oportunidad ---.
          Ella le contempla y se despide moviéndole su mano en un desabrido adiós
          En el amplio salón del comedor, mesa de manteles de lino que con tejidos calados se disponen a albergar la cena en la víspera de la tarde. Cuando los candelabros encendidos de tres mechas, apuntan al cielo, titilan en hilos de humo que rebasan la cúpula dándole una ambiente de soledad, la silla a la cabecera es ocupada por la dama, en fulgurante vestidote gala, pero inquieta por la entrada de la noche. Los sirvientes que le prestan su atención y las damas de compañía  le colocan las viandas concerniente a la cena, la copa de vino tinto servida a su diestra y las charolas de plata se disponen adecuadamente mientras le depositan los alimentos en su plato.
          El antiguo reloj de caja marca en sonido de siete campanadas la presencia de la llegada de la noche, en la amplitud de la mansión el silencio se hace contundente mientras se encienden las luces de los corredores que se ven paliduchas  marcando el sendero que conduce a la habitación de la señora. En el interior de su habitación las mucamas proceden a arreglar su cama y la dama de compañía le ayudan a cambiar sus atuendos. Deja sus joyas en el cofre sobre el trinchante, su diadema le suelta sus cabellos dejándolos al natural, se coloca una bata de toalla y dirige hasta la tina de porcelana tipo Luis XV, introduce la punta de su pie izquierdo para medir la temperatura del agua, confortablemente se introduce totalmente desnuda a disfrutar de un baño de agua caliente, con reboso de burbujas. Unicamente un par de veladoras de color blanco rompen la oscuridad, mientras ella después de sumergirse, se complementa el baño reposando de cuerpo entero, se limpia el rostro y con una copa de vino rosa, espumante, se acompaña con un salud en medio de la soledad.
          Con una toalla envuelta en su cabeza se despide de las aguas y sin inmutarse camina rumbo a su lecho, donde sacude su cabeza a medio mojar, la silueta de su hermoso cuerpo se delinea por las luces de las candelas , lo moreno de su piel que se torna de una lindura especial por el reflejo de color oro que produce el estupendo tono de su piel.
          La tenue luna que logra penetrar escasamente por la ventana, se ve intimidada cuando la enigmática sombra de un individuo se desliza como un espíritu por el balcón. Las luces de las veladoras se han extinguido y lo tibio de la noche se confabula con el aroma de dama atractiva, con fragancias a perfume francés, que recostada en su almohada de plumas de ganso muestra lo sin límite de la belleza de su rostro. El enigmático visitante se acerca hasta su cama y sin decir nada le deposita un beso en la boca que se torna en una prolongada y ardiente caricia.   
          Es la sombra del deseo que se confunde furtivamente en el ocaso de sus ilusiones, la frenética emoción, que le despierta el deseo y la conduce a los brazos de un desconocido producto de su creación y la inspiración de Eros.

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