Al
fondo del corredor se escucha el rechinido producido por el vaivén de la
mecedora, la abuela se encuentra allí, con su madeja de lana y las agujas de Croché,
elaborando algún gorrito o talvez un saco para el frío. Con sus hábiles manos
enreda la maraña de los hilos de color rosado, prenda que sacude vez en cuando
para medirlo con un geme y compararlo en su memoria, con la edad y el tamaño de
la beba. Se ha pasado varias hors en su arduo trabajo, como quien pasa la vida
en el espejo de los años.
Ese
día se levantó de madrugada como era su costumbre, después de haber dejada
estirada y arreglada su cama se prendió en el espejo y con el peine alisó su
larga cabellera ya teñida de blanco, la dividió en dos y con toda paciencia
trenzo cada una de las porciones hasta dejarlas terminadas en listones de
colores llamativos y colocarlos elegantemente sobre su pecho. Posó coquetamente
ante el espejo del armario al vestir su delantal blanco de bolsa de parche por
encima su vestido floreada, de dos fustanes enyuquillados con las medias de
nylon grueso que las ajusta con sendas ataderas entorchadas por encima de sus
rodillas y calza sus botines negros, después de haberles pasado un trapo húmedo
para dejarlos limpios.
Se
persigna y murmura una oración matutina con la señal hace remembranza pensando
en su Dios, se encomienda con un gracias
por un día mas de vida. Tocando la base de la imagen del Sagrado corazón de
Jesús que tiene en el altar de su
dormitorio. Rasca un fósforo le dio lumbre a una veladora de cera de las que
tienen un forro de papel que dice “San Judas Tadeo”, luego se dirigió hacia la cocina.
Atiza
algunos leños con algunas tuzas para hacer que permanezcan prendidos como
brazas colocando dos trozos de olote procede a soplar en su interior hasta que
se declaran las llamas. La jarrilla de café empieza hacer burbujas a medida que
se calienta, mientras en el comal recalentado se recuestan unas tortillas
untadas de frijol volteado.
El
cacareo de las gallinas se deja escuchar
mientras las animalitas salen despavoridas de los nidos, donde ella ha
ido a recoger los frescos huevos, que le servirán para el desayuno de la
familia. Pide a gritos las tortillas apresurando los últimos toques de la
comida. Deja sacudida la mesa e inicia presurosa
su espera de intranquilidad, se truena los dedos y camina de una lado para
otra, penetra a su cuarto a revisar el reloj de pared, que con el péndulo marca
el paso de los segundos, se asomó hasta la entrada a hispiar, pero regresó un
tanto contrariada.
--- Que será que no vienen estos
muchachos… Ya se hizo tarde…hummm...!. Y yo con tanto que hacer…---
Sacude
su delantal y se dirigió hasta la estufa, toma un sartén le pone un bodoque de
manteca, mientras salpica la grasa le dejó caer unos huevos batidos, que se salpican
ante lo hirviente de la frita, con sal tomate y especies procede con el uso
adecuado de la paleta de madera para hacer el revuelto, poniéndole en su punto.
El muñeco de tortillas envueltas en servilleta están en su sitio anunciándose
para saciar cualquier apetito con el incomparable sabor del desayuno criollo.
Ella
coloca los platos y el bote done los cubiertos se muestran en el centro de la
mesa, En esos trances se encontraba cuando de pronto escucha la presencia de
alguien en la puerta donde se asoman un par de patojos, acompañados de un
hombre. Todos bien vestido, bien aplanchaditos que se le acercan para
saludarla.
--- Hola abuela, como estás?--- dice
el mas pequeño
--- Bien mi patojo, haber acérquese
y me da un mi besito…
El
niño se acerca y le da un beso en la mejilla, el otro que es mayor solamente le
saluda de lejos con un aleteo de mano.
--- Y mi beso?--- le pregunta
El
joven se queda estático, hasta que su padre parado detrás de él, le empuja para
que lo haga, no de muy buena gana lo ejecuta.
.
--- Es que cuando crecen, como este
muchachón, ya no quieren darle besos a la abuela, se los guardan todos para las
patojas.—
--- Que tal madre, que Dios te
bendiga, como amaneció mi viejita hoy?---
--- Viejitos, los caminos, pero aun
levantan polvo… ja,ja,ja.
--- Hay mamá usted siempre tan
ocurrente.
--- Bien vamos al desayuno, mis
amores, hoy como que se levantaron tarde?. Haber vénganse para acá, ya les
tengo preparado la comida. Ya mandé a la muchacha a que les traiga leche recién
ordeñada.---
--- Gracias abuela, me regalas una
torta para llevar para la refa…
--- Claro que si hijo, lo que se te
antoje--- dirigiéndose al hijo--- Haber contame y la nena?---
---Se quedó en casa con su madre.---
--- Hay mi princesa, tengo ratos de
no verla, debe de estar linda.--- a propósito te cuento que le estoy tejiendo
un saquito para ahora que viene el frío… Haber cuando me la traes para ver como
le va quedando y así talvez me dejan que la chinée.---
--- ¡Ay mamá!, si apena ayer la tuvo
aquí---
---Es verdad, ya se me había
olvidado que se quedó conmigo, ella ni molesta verdad?. A mi me gusta que la
traigan seguido, es que como es mujercita…, me imagino como tener una mi
muchachita--- Pero Dios así lo quiso, solo me dio barracos… Y este par de
caballeros, para que no se me pongan celosos, cuando se viene a estar un buen
rato con su abue…?
--- Un día de estos, cuando salgan
de la escuela. ---
--- Coman que nos queda poco tiempo,
hijos píquenle sino llegaremos tarde a la escuela---
Después
de saborear los alimentos y con el paso de la servilleta que les limpia los
bigotes por donde les ha dejado marcas el vaso de leche, después de buen
provecho, al haber consumido el cuscum, se levantan, en menos de lo que canta
un gallo, en fila india salen por la puerta, prestos a dirigirse a su centro de
estudio. El caballo percherón se encuentra amarrado en la entrada somatando
nerviosamente el casco de una de sus patas, en él es donde se transportan, uno de
los chicos adelante en el sillar de se padre,
el grande en las ancas del animal. Se hace a la montura el padre se coloca en su puesto, después de un jalón de
los frenos el caballo da media vuelta y en pequeños trotes se aleja de la casa.
--- Adiós abuela, nos vemos otro
día.--- gritan en coro y se despiden alzando sus manos.
--- Adiós, que Dios vaya con
ustedes.—ella levanta su mano derecha y los envía la bendición haciendo la
señal de la cruz.
La
viejita retorna a sus que haceres, saca su escoba de palma y la baila en el
corredor para sacudir el polvo, retoma su costura y se dirige hacia la mecedora,
después de espantar al gato barcino que se hizo nido en el asiento, sacude el
sentadero y se coloca, busca en el canasto de las lanas sus espejuelos, limpia
los lentes y con un pita los cuelga de su cuello y se queda en sus pensamientos.
Lo avanzado del día la hace pestañar interrumpiéndole la costura, después de
rascarse la mollera, retoma los instrumentos para fabricar otras cadenas de
lana en su trabajo
--- Bien que le contentan el rato
los nietos, verdad?..., que alegría al verlos venir y disfrutarlos un día, pero
eso si, es mayor alegría cuando se van y la tranquilidad vuelve reinar en la
casa…
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