viernes, 10 de octubre de 2014

LA ABUELA



          Al fondo del corredor se escucha el rechinido producido por el vaivén de la mecedora, la abuela se encuentra allí, con su madeja de lana y las agujas de Croché, elaborando algún gorrito o talvez un saco para el frío. Con sus hábiles manos enreda la maraña de los hilos de color rosado, prenda que sacude vez en cuando para medirlo con un geme y compararlo en su memoria, con la edad y el tamaño de la beba. Se ha pasado varias hors en su arduo trabajo, como quien pasa la vida en el espejo de los años.
          Ese día se levantó de madrugada como era su costumbre, después de haber dejada estirada y arreglada su cama se prendió en el espejo y con el peine alisó su larga cabellera ya teñida de blanco, la dividió en dos y con toda paciencia trenzo cada una de las porciones hasta dejarlas terminadas en listones de colores llamativos y colocarlos elegantemente sobre su pecho. Posó coquetamente ante el espejo del armario al vestir su delantal blanco de bolsa de parche por encima su vestido floreada, de dos fustanes enyuquillados con las medias de nylon grueso que las ajusta con sendas ataderas entorchadas por encima de sus rodillas y calza sus botines negros, después de haberles pasado un trapo húmedo para dejarlos limpios.
          Se persigna y murmura una oración matutina con la señal hace remembranza pensando en su Dios,  se encomienda con un gracias por un día mas de vida. Tocando la base de la imagen del Sagrado corazón de Jesús  que tiene en el altar de su dormitorio. Rasca un fósforo le dio lumbre a una veladora de cera de las que tienen un forro de papel que dice “San Judas Tadeo”,  luego se dirigió hacia la cocina.
          Atiza algunos leños con algunas tuzas para hacer que permanezcan prendidos como brazas colocando dos trozos de olote procede a soplar en su interior hasta que se declaran las llamas. La jarrilla de café empieza hacer burbujas a medida que se calienta, mientras en el comal recalentado se recuestan unas tortillas untadas de frijol volteado.
          El cacareo de las gallinas se deja escuchar  mientras las animalitas salen despavoridas de los nidos, donde ella ha ido a recoger los frescos huevos, que le servirán para el desayuno de la familia. Pide a gritos las tortillas apresurando los últimos toques de la comida. Deja sacudida la mesa e inicia  presurosa su espera de intranquilidad, se truena los dedos y camina de una lado para otra, penetra a su cuarto a revisar el reloj de pared, que con el péndulo marca el paso de los segundos, se asomó hasta la entrada a hispiar, pero regresó un tanto contrariada.
--- Que será que no vienen estos muchachos… Ya se hizo tarde…hummm...!. Y yo con tanto que hacer…---
          Sacude su delantal y se dirigió hasta la estufa, toma un sartén le pone un bodoque de manteca, mientras salpica la grasa le dejó caer unos huevos batidos, que se salpican ante lo hirviente de la frita, con sal tomate y especies procede con el uso adecuado de la paleta de madera para hacer el revuelto, poniéndole en su punto. El muñeco de tortillas envueltas en servilleta están en su sitio anunciándose para saciar cualquier apetito con el incomparable sabor del desayuno criollo.
          Ella coloca los platos y el bote done los cubiertos se muestran en el centro de la mesa, En esos trances se encontraba cuando de pronto escucha la presencia de alguien en la puerta donde se asoman un par de patojos, acompañados de un hombre. Todos bien vestido, bien aplanchaditos que se le acercan para saludarla.
--- Hola abuela, como estás?--- dice el mas pequeño
--- Bien mi patojo, haber acérquese y me da un mi besito…
          El niño se acerca y le da un beso en la mejilla, el otro que es mayor solamente le saluda de lejos con un aleteo de mano.
--- Y mi beso?--- le pregunta
          El joven se queda estático, hasta que su padre parado detrás de él, le empuja para que lo haga, no de muy buena gana lo ejecuta.  .
--- Es que cuando crecen, como este muchachón, ya no quieren darle besos a la abuela, se los guardan todos para las patojas.—
--- Que tal madre, que Dios te bendiga, como amaneció mi viejita hoy?---
--- Viejitos, los caminos, pero aun levantan polvo… ja,ja,ja.
--- Hay mamá usted siempre tan ocurrente.
--- Bien vamos al desayuno, mis amores, hoy como que se levantaron tarde?. Haber vénganse para acá, ya les tengo preparado la comida. Ya mandé a la muchacha a que les traiga leche recién ordeñada.---
--- Gracias abuela, me regalas una torta para llevar para la refa…
--- Claro que si hijo, lo que se te antoje--- dirigiéndose al hijo--- Haber contame y la nena?---
---Se quedó en casa con su madre.---
--- Hay mi princesa, tengo ratos de no verla, debe de estar linda.--- a propósito te cuento que le estoy tejiendo un saquito para ahora que viene el frío… Haber cuando me la traes para ver como le va quedando y así talvez me dejan que la chinée.---
--- ¡Ay mamá!, si apena ayer la tuvo aquí---
---Es verdad, ya se me había olvidado que se quedó conmigo, ella ni molesta verdad?. A mi me gusta que la traigan seguido, es que como es mujercita…, me imagino como tener una mi muchachita--- Pero Dios así lo quiso, solo me dio barracos… Y este par de caballeros, para que no se me pongan celosos, cuando se viene a estar un buen rato con su abue…?
--- Un día de estos, cuando salgan de la escuela. ---
--- Coman que nos queda poco tiempo, hijos píquenle sino llegaremos tarde a la escuela---
          Después de saborear los alimentos y con el paso de la servilleta que les limpia los bigotes por donde les ha dejado marcas el vaso de leche, después de buen provecho, al haber consumido el cuscum, se levantan, en menos de lo que canta un gallo, en fila india salen por la puerta, prestos a dirigirse a su centro de estudio. El caballo percherón se encuentra amarrado en la entrada somatando nerviosamente el casco de una de sus patas, en él es donde se transportan, uno de los chicos adelante en el sillar de se padre,  el grande en las ancas del animal. Se hace a la montura el padre  se coloca en su puesto, después de un jalón de los frenos el caballo da media vuelta y en pequeños trotes se aleja de la casa.
--- Adiós abuela, nos vemos otro día.--- gritan en coro y se despiden alzando sus manos.
--- Adiós, que Dios vaya con ustedes.—ella levanta su mano derecha y los envía la bendición haciendo la señal de la cruz.
          La viejita retorna a sus que haceres, saca su escoba de palma y la baila en el corredor para sacudir el polvo, retoma su costura y se dirige hacia la mecedora, después de espantar al gato barcino que se hizo nido en el asiento, sacude el sentadero y se coloca, busca en el canasto de las lanas sus espejuelos, limpia los lentes y con un pita los cuelga de su cuello y se queda en sus pensamientos. Lo avanzado del día la hace pestañar interrumpiéndole la costura, después de rascarse la mollera, retoma los instrumentos para fabricar otras cadenas de lana en su trabajo
--- Bien que le contentan el rato los nietos, verdad?..., que alegría al verlos venir y disfrutarlos un día, pero eso si, es mayor alegría cuando se van y la tranquilidad vuelve reinar en la casa…          

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