domingo, 18 de enero de 2015

LA RANA Y EL SAPO



 (La fábula de tantas veces)
          Allá perdido en los confines del bosque, se encuentra un estanque de tranquilas aguas, donde florecen bellos nardos y se encuentran adornado de rosario de petunias que crecen junto a las piedras de diferentes tamaños que se bañan con el brillo de la mañana, espacios que se vuelven plataformas de sinfónicos conciertos de los habitantes de la cofradía de los saltos, los traviesos batracios que tienen su reino dentro de las tibias aguas.
          De paseo y dando pequeños saltos, estos se acomodan en los jardines de recreo, donde los renacuajos de transforman en sapos cornudos y hermosas ranas verdes, que dentro de su actividad de vida, aprenden a acicalarse, pintando sus grandes ojos para dirigirles el coqueteo a los fortachones sapos que se reúnen un grupos según se especie. Los mas atrevidos saltan sobre las hojas que flotan en el pantano y se hacen galanes chapuzones para impresionar a las damas, con un coro de croa, croa, de diferentes tonos se acercan temerariamente para recibir un guiño de aprobación.
          El sapo principal, rasca su cuero con las ventosas de sus patas delanteras y mientras reposa en la alto de una piedra, se mantiene al tanto, sus circulares ojos vigila entre la grama a un insecto que despistadamente se ha acercado demasiado a su alrededro. En un movimiento fríamente calculado, abre su boca y con certero envío de su  alargada lengua se apodera con su pegajosa saliva del desdichado bicho que en un santiamén, pasa a ser parte del banquete de media mañana.
          Las ranas en el grupo de las cortesanas se admiran por la facilidad con que su héroe se procura su cacería y cuchichean con frases de adulación, mostrando con movimientos de coquetería su admiración al dilecto ejemplar. Entre los dúos y los quintetos afina sus voces para iniciar el festival de canciones que culminarán con la escogencia de parejas en el espectacular concierto.
          Entre los barítonos principales se encuentra Timoteo, con su corbatín color rojo amarrado en su escaso pescuezo, este afina su voz con la orquesta para dar inicio al concierto. Los grupos de bailarines se acomodan en la parte posterior del escenario con sus trajes de frac, para ingresaran a la palestra cuando el cantante arranque con su tonada... Entre aplausos y vivas el torneo de voces se hace longevo mientras las estrellas caen admiradas en el confín de la noche. El trío de los cornudos hace que una fracción del público vitoree, dando saltos con piruetas sobre los charcos.
          Las libélulas han pasado a dar un vistazo al escenario del estanque, con sus veloces aleteos, posan en segundos en la orilla de las hojas de quebracho, que van como balcones en el teatro. Los grillos con su concertina se asoman debajo de las hojas, temerosos de formar parte de la cena, suenan el violín de sus patas cuando de un par de saltos se alejan del peligro...
          El resto de los concursantes se han aventado al Bel canto, uno mas con chelo a ejecutado las delicias del público y uno de los mas pequeños ha hecho su aparición pintado de payaso. Mientras todos los asistentes esperan los resultados del certamen, hace su apoteósica aparición La reina, la rana Margarita I, con sus tunica de bellos rebordes de pistilos y engarzado con semillas de chununo, su corona fabricada de un corcholata y un cetro del tallo de camelia.
          Con toda coquetería da pequeños saltitos contorneándose en el escenario y se coloca sobre las hojas de flor de loto, a su lado se colocan los batracios café, sus vasallos quienes la custodian, con ramos de tréboles en sus patas.
--- El Ganador….!!!--- Una fanfarrea interrumpe la alocución.
--- Gump!!!--- carraspea el anunciador, quien a pesar de levantar sus patas delanteras para decretar silencio se ve imposibilitado de hacer el anuncio.
--- El ganador…!!!--- vuelve a insistir, por momentos el silencio se hace presente y grita.--- TIMOTEOOO…
          El escándalo no se hace esperar tanto por los fans, como de los que están en contra. Con salto firme se aposta en el escenario junto al trono de la reina, el anfitrión le levanta las patas delanteras y le entrega un listón que lo coloca frente a su pecho.
          Los aplausos continúan y la fiesta se hace elegante:
--- Punto  seguido, el  gran premio  para el ganador, EL BESO DE LA REINA…!---
          El gran conglomerado se pone de pie y corea sin cesar…
--- BESO…,BESO…,BESO.---
          Y tanto la reina como el premiado se ponen ruborosos cuando él se le acerca hasta el trono, después de un par de intentos, los labios de la dama chocan estrepitosamente en la boca del sapo.
ZAZ…! El sapo explota de emoción dando un salto de 360 grados y en un santiamén se transforma en un elegante caballero…!
          La reina esta triste, se lamenta y llora de tan mágico acontecimiento y entre sus lamentos dice.
--- Que desdichada soy, si yo no quería un hombre, yo te quería como eras, como un lindo sapo!---

EL CALLEJON



          En el fondo del callejón, allí donde las derruidas paredes sudan de rayas, manchas y antiguos grafitis, que con el tiempo se han venido descascarando del repello, dejando desnudos los decantados adobes de paja, orilla que se recubre de monte que crece en sus esquineros de la escurridiza banqueta que se utiliza de antro de reunión de un grupo de facinerosos quienes amparados por la penumbra de la noche, despenican con voces altisonantes y carcajadas las tramas de sus propias fechorías.
          Las luces provenientes desde el poste de la esquina apenas se proyecta dejando tenues sombras sobre la densa bruma de una nube que se extiende sobre sus cabezas, mientras la brisa de la madrugada hace mella, acompañándose del gélido frío de la época.
          Un punto rojo encendido que deambula entre uno y otro de los sujetos, que hace barullo de carcajadas singulares, en su vuelo de lapsos de silencio y remilgos de alharaca a pesar del horario. Gritos de sórdidas sanciones de danzas macabras que completan ademanes de sátiras producidas por efectos de los alucinógenos.
          El sonido de letargo de las sirenas que corretean alocadamente por las callejuelas, poniendo en alerta a los noctámbulos que estrechaban filas y se esconden en la proximidad del evento. Huyen  despavoridos como sombras se que se mueven a paso redoblado, escurriéndose como fantasmas por la penumbra, arrastrando su imagen etérea, mientras se esfuman y desaparecen en todas direcciones, dejando una estela de temor sarcástico en las huellas del sereno que humedecen el ambiente.
          Al paso de las horas y localizando el sonido de las sirenas se dibuja la escena de una tragedia, bajo una lona de los cuerpos de socorro se tiende en la loza de cemento del bulevar, acompañada silenciosamente por una veladora, una víctima yace en el suelo en medio de un resabio de sangre. Las partidas de curiosos se acercan hasta donde los listones de amarillo franquean el espacio, los murmullos de toda clase se comentarios circulan de una boca a la boca, mientras las chamarras negras con las siglas MP en la espalda, pepenan casquillo y depositan las etiquetas con números en los linderos de la escena del crimen. En espera de la autoridad para recoger los despojos del occiso.
          Mas adelante una seguidilla de detonaciones se enclavan a la vuelta de una de las esquinas, un tiroteo se establece, cruzando de carrera de una banqueta hasta las cercanías de una glorieta que se adorna de bugambilia, donde las bancas de piedra sirven de parapeto a los delincuentes que se hacen fuertes repeliendo el ataque de la policía, que persiguen acuciosamente a los perpetradores. El escándalo repercute en lo sombrío de la soledad, donde los humeantes fusiles vomitan fuego lastimando el viento y escupiendo plomo.
          Uno de los forajidos cae abatido por proyectiles de la fuerza policial, después de haberse enfrentado en la fuga por haber participado en el asalto y muerte de un piloto víctima de la extorsión, mientras otros dos después de una larga persecución son capturados por las patrullas, que les cortaron la retirada.
          Los tabloides de la prensa se hacen alarmistas con sendos titulares, la fotografía de la portada enseña cruelmente los caídos en la refriega, una cuarenta y cinco con muestras de casquillos reposa al costado de un cuerpo y el agreste comentario al pie describe el momento justo en que el sicario se hace acreedor al rosario de petardos que le cegaron la vida. En el pie de página reza que los detenidos fueron conducidos a tribunales a responder por su canallada.  .
          En el sitio del ataque se han hechas las investigaciones y recogido el cadáver del delincuente, todo ha vuelto a su normalidad, la calle se ha llenado de sereno, los caza noticias de la televisión se apostan en todos los ángulos para llevar las mejores grabaciones del atentado, el comentarista con sendo tacuche entrevista a los encartados en el asunto.
          El silencio de las siguientes horas, con la presencia de los rigores de clima frío, se ve interrumpido por el paso de un motorista que cargado de los diarios pretende llegar a la puerta de los consumidores que prestos madrugan para ver despuntar el alba, tras los primeros rayos del sol, ya ni se asombran al darse por enterados de las traginoticias que contienen las hojas amarillas del diario, de las pasadas horas.
          El callejón amaneció sereno, el viento se encarga de hacer revolotear los papeles que tapizan las aceras en el fondo, las colillas de la yerba estrujadas en los bordes de la banqueta, marcan un territorio de consumo de la pandilla que se reúne. El vecino de al lado sale vestido de calzón corto, tenis y gorra de lana, a su diaria faena de ejercicios, cuidando de no pisar las excretas que algún trasnochado se le ocurrió dejar bajo el dintel de una de puertas, las lámparas han cesado su iluminación, a lo largo de la avenida ya circulan los buses rojos, que alteran el orden con sendos gritos de los brochas que anuncian su destino con estridentes sonidos de bocina que despiertan al resto del vecindario.
          Un microbus se hace a la entrada hasta colocarse en el zaguán de una vivienda, sonado su claxon en repetidas ocasiones. Dos niños con sendos bolsones en la espalda se despiden de la madre quien le entrega a la encargada de vehículo después de echarles la bendición y lanzarles un beso de despedida. Con forme calienta el día el flujo de vehículos aumenta hasta congestionarse. Los pasajeros prendidos como garrapatas se tambalean en el pescante de las puertas, mientras los movimientos abruptos del bus los zangolotean como ganado en su interior. La necesidad de llegar al chance o a las escuelas, permiten que los abusados tashtuleen a la patojas y los cacos bolseen a los demás.
          La vida sigue su curso, los patojos muchos de ellos vagos y otros de capiusa se dan cita con la pelota de cuero y se hacen a la chamusca que revienta vidrios, tejas y golpean estruendosamente los zaguanes de las casas. Los grito se ponen en contrapunto de las vulgaridades orales y de maltrato junto a las faltas de respeto a los habitantes, que temerosos se asomas a las ventanas, precavidos quizás para no recibir un golpe o un atropello lanzados por boca de aquellos muchachos, que se sienten abusadores, dueños del espacio y que pintan de mareros. El sonido de la alarma de uno de los autos se hace cadencioso y fastidia con cada trallazo del balón que rebota en su lámina; una dama sale y pone fin a la sirena, mientras los hechores se hacen los desentendidos y silban hacia el cielo como quien disimuladamente dan un yo no fui..
          Son las horas de la tarde, el sueño nos hace presa del post almuerzo, el silencio invade el callejón. Una hilarante carcajada resuena el ambiente, un par de adolescentes se revuelcan en la banqueta en tremenda detallada, el resto del grupo observa pasivamente como sovigean a la chica, que se sacude el polvo que le prende de la espalda, los niños pequeños disimulan sus risas tapándose la boca mientras imaginan de que se trata la abrazadera, luego aparece el de la bicicleta que la recuesta en una de las paredes e insiste en querer participar en el jolgorio. El colocho de la patineta ha hecho su arribo y entonces empieza la gritadera de las otras dos muchachas que se ven perseguidas por los sátiros, que las arrinconan bajo el arbolito. El bombero pone acomedimiento mediante sus consejos, sus hijos vestidos de deportistas se anclan en el dintel de la puerta de su casa, los del palomar corren a esconderse en su vivienda.

PASEO DE GATO.




          El estilizado gato deambula tomado de la mano de la pálida luna, con estirones y remilgos se mueve sobre las mojadas tejas, maullando en el sereno que se ha depositado en ráfagas de viento en el trayecto de las húmedas cornisas.
          La sombra de la mañanera concertina se desarrolla en las copas de los árboles, donde los dormitorios de los pájaros se sacuden para darle la bienvenida al renaciente día. Parvadas multicolores que revolotean en el infinito que traen los recuerdos de los vientos de la primavera. El desperezado solito se madruga de su soñoliento paisaje ausente durante su vuelta al mundo.
          El felino se escurre por los peldaños por debajo de las láminas, en la palestra de entrepaño del techo abruptamente se asoma sigiloso a observar a través de un agujero de la canaleta. Sacude sus bigotes y estira sus patas bostezando sus pensamientos. 
          Frente a él, la antigua fuente de tres copas donde se han aglomerado los pajarillos que dulcemente se hacen mercaderes sacudiendo sus pintas plumas al darse un chapuzón, lo que les hace recordar el calorcito de los primeros rayos del astro rey, las orejas de las mariposas, mostrando erguidas sus antenas, se planean en saltos para depositarse en los pétalos de las rosas de donde admiran las mieles del corazón de sus flores predilectas.
          El consuelo de la mañana se ve acompañado con el canto de los gallos que después de sacudir sus alas y afinar su gaznate, sale imponente a correteas a las gallinas que rascan acuciosas en búsqueda de los gusanitos que les sirven de entretención, durante el suculento desayuno en las cazuelas del corral.
          La modorra le vence y el varsino gato deambula hasta acomodarse bajo el viejo sillón de la alacena para reposar después de sus paseos nocturnos a todo lo ancho de las vecinales, remeda con ronroneos, mientras se enrosca para encontrar nido, a la vez que lame su cola y acicala sus garras para entrarle al sueño. La noche fue tranquila, sin novedades, la clásica caza de ratones fue escasa y aun en su tránsito por las ollas de la  cocina, ni un solo pedazo de pan fue encontrado, con el estómago sin llenar prefiere entrar en el reposo para maullar y repetir su ronda después de pasada la comida del almuerzo de la casa.
          La vibrante actividad del día no se ve interrumpida por el acucioso ladrido de los perros, que se denotan en presencia, exigiendo su plato de comida para la salida de los jinetes, vaqueros que viajan a toda libertad hacia los campos. En las parcelas, de su trabajo de diario  buscan los hatos de ganado que se han descuidado, alejándose de la vista de los labriegos, empujados con la ayuda de  la caballería son conducidos desde los mas recónditos lugares hasta donde les surten su alimento en las chozas donde les extraen a mano los cubos de leche cruda. Pasada la hora de la comida el gato asoma su presencia en el cubículo de la cocina, donde a todo vapor se prepara el cuajo que da como resultado los derivados, el requesón y crema, que al ser batidas salpican en la batea los trozas de queso que rebotan con el suelo, con toda delicadeza, el minino aprovecha su chance de saborear los bodoques que saltan de las manos de las mujeres, cuando brincan del comal cuando se mezclan con la masa, que constituyen los mamachos. Uno que otro pollo se entromete por allí para hacerle la competencia y tragarse de un solo las bolitas de masa.
          Es una tarde esplendorosa y los arañazos no se hacen esperar en los almohadones del sofá, tras enroscar la cola y rascarse los bigotes, vuelve al sopor de la siesta, sacude su cabeza y crispa su lomo mientras se deposita en el espacio como nido en el sentadero. Un cuarto de hora de dormilonas faciculaciones, mientras alguien se acomoda en el mismo sentadero y lo expulsa para ronronear a otro lado, regresa y haciéndose un contorneo se sobigea en los pies del fulano que compite por el espacio. Al ver que esa estrategia no le es favorable decide abandonar el recinto, de un salto se encarama en la mesa y luego pasa por debajo del dintel de la ventana donde como trampolín lo usa para lanzarse al corredor y tras una carrera se sube al tejado a buscar otra aventura.  

                   

EL ANFORA




          Narrativas de los enfrascados en un octavo de guaro blanco,  ron o charamila, los que transita por la delgada línea de la inconciencia, los olvidados, los alcohólicos empedernidos que jamás pasan de la cantina a permanecer tirados en la calle, que son incomprendidos como seres de grandes dotes parlantes, aunque se les vea tildados de poco cerebro, repetidores de frases sin sentido, llenas de impertinencias.
           Sentado en la grada de una esquina, como bulto, despojo de ser humano maloliente, reposé la mona de un día continuo de farra. Los harapos con que me cubro, hacen aflorar con el enjambre de moscas que me circundan, una gorra de lana  encasquetada en  mi cabeza y gran parte de la cara, me hace ocultar una poblada barba, que florece entre nariz, labios y pescuezo. Un abrigo de quien sabe que color que contiene los remilgos de suciedad que apenas cubren el pantalón de mezclilla arremangado a nivel de los camotes, tres dobleces y mas que terminan en un par zapatos amarrados con pita de maguey y que enseñan con severendos agujeros  la suela.
          Un morral con bultos de papeles, unos panes tiesos, un limón partido a la mitad y tres colillas de cigarrillo apachados de la punta que se  han caído del interior del bolso, alrededor del cuerpo, en el acomodo para dormir.
          Y me dicen el “Loco”, porque ha veces no se si quedarme callado, cuando en medio de mis borracheras, señalo,  a veces hasta con falta de tino, la objetividad de las charlas. En grupos de personas, legos o indigentes, que se someten a escuchar mi perorata sobre las cosas de la vida, nacen discusiones de atropellos entre si, por querer tener la razón sin objetividad, los participantes guindados de una borrachera desde cualquier peldaño que los detiene o abrazados de un poste para objetar una insinuación de un nunca estar de acuerdo, una mueca o un señalamiento, que da el pensamientos inducido por la charamila. Quizás el procedimiento lógico debería ser quedarse callado por ignorancia, pero la necesidad repetitiva hace una letanía necia de afirmaciones, sin razón, aunque se diga que los bolos siempre dicen la verdad
          Cuantas veces se me acusó de impertinente cuando quise manifestar algo, quizás una charada o al levantar la mano ensamblada de callos, para proponer o hablar encarando una situación, eso hizo ganarme un insulto o una bofetada verbal, física o un cruel señalamiento de ser el amo de las groserías, pero no me quede callado, fui de los que se atrevieron. “Dícese duro pero sin practica de hipocresía”.
          . “El se enseña a ser un borracho hablador e irresponsable” aunque muchos de los que enseñaron la verdad, sus  antecesores ya están bajo tierra y la herencia les persiga por decirla y luego cada uno de los que pasamos por esta vida tenemos criterios propios para expresar, llamado libertad de expresión, un libre albedrío que nos tragamos a la vuelta de la esquina dentro de un vaso de licor. El alcohol tiene la particularidad que te seda o te avivan, el bebedor se siente muy machos porque el licor le aflora los ocultos temores y los baches de personalidad.
          Será que vivir en este estado, fuera de la realidad le hace mantenerte en el limbo, imbuido de grandezas y altanerías que solo reflejan una actitud mal educada del cuerpo, allí  mientras la conciencia se pudre y vive de lamentos rompe con el balance del vivir en paz . Será que esto inhibe nuestra baja autoestima? 
          El eco de la resaca que nos hace balbucear ideas francas aun dentro de la nebulosa de la borrachera, parecen fábulas de poco seso, pero en fin lógicas verdaderas de neuronas confundidas, que arremeten con el caldo de conciencia y un poco del acervo que se trae aunque sea mi propia experiencia.

          “Hoy me puse mi mejor tacuche, oculté mis zapatos que ya instilaban roturas por doquier. Un vivificante baño, que me hizo tiritar la mugre, una hoja de afeitar que al cortar la barba me laceró la piel por tanto tiempo ocultándome la piel de la cara,  mi poblada cabellera que ya reposaba sobre las orejas y caía sobre los hombros, se arremolinaba en mi cabeza sin tener acomodo de un peine.
          La fragancia del jabón de olor en tableta mini, que al menos permitía ocultarme el inquietante humor, luego de restregar una rodaja de limón en los sobacos, para espantar el golpe de ala. Un trapo húmedo que me permitió sacudir el saco para botarle las motas de las telarañas y el penetrante olor a bolas de naftalina por tanto tiempo guardado, la camisa que ya no parecía blanca, con el cuello semi doblados para disimular lo deshilado del borde superior, pero eso si limpia.
          El pantalón de gabardina un tanto raído por desgaste a nivel de las rodillas, con presillas sueltas por no tener cinturón, las bolsas totalmente vacías, quizás solo servían para guardar las manos. El ruedo largo, lo que me permitía ocultar la falta de calcetines como parte de la indumentaria.
          El resto bien, con la claridad de mi cerebro, donde cargo el ánfora de mis creencias y pensamientos, la solapa de mis pecados, mis creaciones dentro de la nitidez que me da una abstinencia de por lo menos algún tiempo, un poco de responsabilidad, producto de la necesidad de sobrevivir, acuñado con el buen juicio colgado en mi ropero de experiencias y el álbum mis recuerdos, como carta de presentación para enfrentarme a los avatares de la vida.
          Aflora entonces las recomendaciones de mis consejeros señalando que debo ser parco, debo de tener recato, no debo hablar mas de la cuenta, se paciente, escucha, aunque existan punto de desacuerdo en la letanía que te dictan como requisito de una realización o actividad. Asiente en lo que te concierne y no discutas por semántica.
          Voy rumbo a mi lugar de siempre, ya me quite el saco, me agobia la decepción, me llevo al hombro los zapatos que me torturaron los pies en la mentada entrevista. Quizás voy desilusionado de mi proceder me comporté como todo un señor que no era yo, como un distraído, pero siguiendo los consejos hablé lo mínimo, contuve burbujeantes las palabras  en mi garganta y me convertí en un parlante de monosílabos. Lo de siempre la solicitud de tanto papeleo, antecedentes de esto y de lo otro, pensaba que sabía yo de los antecedente de mi interlocutor, quien además me preguntó por las mentadas cartas de recomendación. Ja! Será que me sirve la del charamilero de la terminal, el don de la cantina donde sirven bocas de berro y jocotes de pascua? Nadie me conocía, en este paso ciego de mi vida, había perdido a los conocidos a mis compañeros o los que alguna vez se dijeron mis amigos los que cuando se jactaban de mi por ser buen anfitrión, pero que una vez se me acabó la plata volaron como los patos a otro lado En fin me dieron la mas ambigua de las respuestas, “ lo tomaremos en cuenta”. En lugar de decir entonces de todos modos NO!, por lo que fuera, figura, mal olor desfachatez, etc.
          Para lo que siempre me he pintado de bueno era cuando en mis momentos de sobriedad me sentaba en las bancas del parque rodeado de los que daban lustre, los que vendían vejigas y chajaleles, uno que otro miembro de la causa que en busca de unos centavos o una baba de guaro para suspender las molestias estomacales de la abstinencia, se apilaban en rueda a escuchar mis alebrestadas alocuciones que muchas se las llevaba el viento no muy comprendía pero que les servían de diversión, matar el tiempo y sobreponerse a la molesta goma. “Bueno para hablar” señalaban los asistentes, “A lo mejor era abogado”.Siempre había un despistado patrocinador que se apiadaba de los beodos que soltaba un par de pesos y eso era más que suficiente para tener una agitada tarde con botes de alcohol barato vendido en la farmacia. Yo ya había dejado el vicio, había levantado la mano dicen los A.A.
          Volví, entonces, a posarme en las gradas y en los portales, siempre con el discurso a flor de conciencia, donde figuraba los cuestionamientos y la perorata de cuanto señalamiento que afectaban al populacho buscando enmarcarlo en la verdad y la justicia. Ahora ya mi vestimenta aunque humilde era de proletario a quien se le acercaban las gentes sin chance, los legos, uno que otro catrín o un avispado estudiante, donde como en los foros de griegos se discutía sobre los achaques de la sociedad, con soberbia y carácter planteando alternativas de un mundo mejor.
          Eso me nació del intelecto y acudí presto a continuar con al estudio dentro de las ciencias políticas, algo que había abandonado por la lisonjería del  alcohol. Las caídas me hicieron retomar la imaginería de las quimeras que me revoloteaban en mi alborotada cabeza y llenar nuevamente mi ánfora de conocimiento.  Participando en las aulas, me llevó a contemplar el futuro en otra dimensión, aunado a un corazón nacionalista, un espíritu de lucha que surge de sufrir en el pellejo, vejámenes y negativas de los grupos privilegiados de élite que reclamaba tener la razón en la opresión y la existencia de la lucha de clases, donde las mayorías éramos el pueblo.
          Luego se convirtió en el teatro de los sueños, realidades que desde lo alto del escenario me daba la oportunidad de gritar a los cuatro vientos, púlpito que me dio las alas para representar las tragicomedias de esta sociedad empobrecida y sojuzgada como cuando en los albores de mi historia no dejaba de mostrarme como una víctima social y de los vicio.
          Ahora me pongo a pensar, pasé a un inicio de insípida infancia a un vulgar bache de proporciones enormes, ese asedio de pobreza en algún momento me hizo apretarme el espíritu reaccionando a levantarme del letargo. Surgir de pestañas largas y escasos centavos para sacudirme el orgullo y en algún momento alzarme y ponerme de pie.
          Sufrí desencantos provocado por la vorágine del vicio que me hacia sentir grande, pero luego inclinaba la cabeza pero recuperé en tonalidad de mi escaso buen juicio dando un salto a través de mis deseos de hablar y del impulso de querer ser escuchado. Oído por muchos, pero no comprendido, al extremo que fueron algunos de los que acercaron formando filas en mis discursos, extremadamente pocos comprendieron las ideas. Pero yo entendí que no se trataba de un fenómeno de falta de educación de mi parte, sino del resto, entrenados a repetir como loros, estribillos y consignas, que salían del diente al labio sin comprensión, inerte en el significado y la filosofía.
          No estaría mejor haberme quedado como principié, escuchando mi propia retajila de ideas y guardarlas junto a mi espíritu dentro de mi Ánfora.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Y LA NAVIDAD



          Viajando en las alas de los ángeles, para coronar los últimos días de este año, donde la quietud endulza la pureza del alma, y poder engalanar las sonrisas de un milagro verdadero, Noche buena, es el convite, mostrado en el  regazo de una habitación, con la iniciativa de mantener viva, lo que por décadas ha sido el juego de la historia, con mensajes que se hacen sonar en las cuerdas de una guitarra con la elaboración de la pastorela tradicional de familia que lleva a emocionantes momentos de una melodía que hace una vez por año, la fantástica  arquitectura, labor de manos de un conglomerado artífice y familiar.
          Recuerdos benévolos que principiaron con alegrías, cuando con el paso por los años, miles de figuras y altares que mostraron vasos de cristal pletóricos de vino, diseños de pinturas en medio de los eventos, rezos, canto de villancicos entre las doce campanadas de un antiguo reloj compañero del tiempo que sutilmente caminaron junto a los antepasados, iniciadores de la tradición en la elaboración de los nacimientos, pastorelas importadas de la España, apuntaladas y mejoradas en este paraíso de las Américas.
          El cándido aroma que circula en el helado clima, que cayendo de las alturas como confeti, en copos de nieve como adornos de algodón que sirven de escenario a una de las noches del fin de año. Junto a lo cálido de un solar que apunta con santidad apostado ante los ardientes leños de una chimenea cuya luz entona el ambiente, se hace el foro. La mesa esta lista con todo su esplendor, con la muestra de prontitud, un humeante tarro de chocolate que se antoja complaciente con galletas de avena de diferentes formas y encopetadas con turrón salpicado con canela. El mantel de gala que recubierto con servilletas blancas, se muestra a todo lo ancho pintado de flores de pascua y hojas de pino verde. Portentoso los cubiertos metálicos y la brillante cristalería engalanan el sitio.
          Junto al rincón, emerge un pinabete con luces de colores, bombas de cristal y los collares de  manzanilla, que se muestra en columpios, con infinidad de figuras. Una enorme estrella plateada que señala con esplendor brillante a la cumbre de los cielos. Luces que titilan, saltando de las ramas con los muñecos navideños y los dulces de bastón
          Una cueva hecha de papel, sitio exacto donde radica un pesebre abrigado por el buey y la mula, en un manto de musgos, flores y frutos. Los ángeles y los pastorcillos apostados en la llanura donde humildemente oran a la espera del acontecimiento. La sagrada familia hace su estancia con sus túnicas humildes que se acomodan entre la paja para dar espacio al nacimiento del niño.
          Dichoso acontecimiento que hace que en las afueras los cohetillos revienten a lo largo y ancho de las calles, los cachinflines reboten en las paredes salpicando de luz las aceras. Los niños corren envueltos en suéter de lana, bufandas cuadriculadas y gorros de borla en el copete, invitando al jolgorio con alegres estrellitas de luces en sus manos.  Petardos en las lejanías que asustan a más de un transeúnte, que de prisa y cargado de regalos se dirige hacia su casa.
          Las posadas han hecho de su ronda las caravanas de feligreses que se acompasan con el tucuticutu de las tortugas, procesión de faroles de papel celofán multicolor que hacen valla con las oraciones pintadas de candela y rezadoras de gruesos mantillones que acompañan el cortejo, engalanadas de rosarios y libros de villancicos, en búsqueda de un portal donde le hagan el recibimiento, con el ofrecimiento de tamales y ponche humeante con aromas de pascua.
          Todo es alegría dentro del incienso que deambula por los rincones en recuerdos de los años anteriores cuando  se era mas joven, los ausentes han dejado su huella y los chiquitines engrosan filas como un inicio de vida. Los abuelos engordados con ropas emponchadas, gorros de lana y bufandas de ala ancha, se agrupan abrazados para asustar al frío, mientras se hacen a la espera del encuentra de las agujas al filo de las doce. 
          Los focos colorados se hacen presentes en las vecindades anunciando los ricos tamales para la cena. Las pulperías se ven atiborradas por los que aun buscan compras de último minuto, el traguito de media noche y del resto de la madrugada, las nueces y pasas que tanto enriquecen el paladar de los asistentes a convivíos. La música de zarabanda de corte latino que revuelve los volcanes de pino y los  rastros de aserrín, donde las parejas  se guían con saltos y movimientos contorneando el esqueleto. El grupo de los entonados que remedan en canto las tonadas de la época.
          El sonar de las campanas que vuelan anunciando los actos religiosos del barrio, las ancianas que preparan sus candelas de cuatro colores para adornar la corona de pascua. Los chicos más que curiosos se rondan por debajo de árbol, husmeando los obsequios, luego de cargarlos y sacudirlos con curiosidad, algún otro, rompiendo un espacio del papel de los regalos para adivinar su contenido.                                                                         
          El brindis se acerca, las bendiciones no se hacen esperar, del mayor al mas pequeño hacen su ofrecimiento con humildad apuntando a la oración, los buenos deseos, el por venir, juntando sus manos bajo el auspicio del altísimo, se ruega por el bienestar de propios y extraños. En un ambiente de misticismo el incienso se levanta y empuja las plegarias hacia el mas allá, para hacer de memoria de nuestros recuerdos los de ayer, los de hoy y a lo mejor los de mañana ya que todos somos hijos de Dios.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

LA TONADA DE LOS MANZANOS



          Stephanía la dulce, la princesa de los querubines, la de las apariciones con elegantes velos, rito de bonanza que se estrenaban en sutiles danzas el la plaza del Olimpo, recreando sus historietas mágicas con la música de flautines y cornos de los pegazos de colores. Las arpas de oro inundando de tal manera el espíritu del amor de las muñecas en pareja que daban vueltas en danzante pista de turrón, en el acápite de un pastel.
          Escondida detrás de las estrellas, en el espléndido marco del infinito jugueteabas como damisela. Soltera la fragante joven de delicada voz de soprano. Era una dicha el escucharle, todos le escuchaban, con las altas notas de un pentagrama elevadas al viento, el tremor de sus alegrías en tonadas colmadas de sabiduría en flor que cruzaban el pensamiento la expresión pura de toda una fábula que llevaba el mensaje de su solitario corazón, lanzado como saeta del espíritu de una chiquilla en busca del amor.
          Sentada en un diván, inviertes tu tiempo, junto a tus amigas, tejiendo en bastidores de madera, el tricot de tus inspiraciones, mientras las cacatúas, aves de verde plumaje se dan a la tarea de tararear los mensajes que son sembrados para el príncipe de sus anhelos. El té de las cinco de la tarde se humeaba en las tasas de porcelana, marcando el horario de una música vespertina que cerraba el horario de celajes acompañados por los vestigios de la noche. La carroza de brillantes corceles se acomedía en transportar a las damas hasta sus aposentos del castillo después de una operática presentación.
          El manto de la oscuridad cubría de este a oeste, dando escolta a la pálida luna que se asomaba sonriente bajo la solidaridad de las chicharras y los grillos, que en su gran orquesta se hacían coro en el sereno de la noche.
          Stephanía suspiraba en lo alto de su ventanal, deseando que con el milagro de sus tonadas sucediera, la aparición del galán de sus sueños. Pero tras la luces de candiles entristecía a la espera infructuosa, después de hacer brotar algunas lágrimas se lanzaba sobre la cama de plumón de ganso donde se consolaba entre cojines de blanca seda hasta caer en brazos de Morfeo.
          Las altas trompetas con su elegante soplido, hacían que los ojos de la corte se pusieran en aviso. En la vereda que conduce al palacio se anunciaba una caravana, un piquete de soldados portando estandartes con escudos de dragones, se acercaban a medio trote hacia los jardines de la entrada principal.
          El caballero desconocido que los precede, cubierto de casco que le oculta el rostro, luce tremenda armadura que brilla con los destellos del sol, su caballo blanco con un paso muy singular marca elegantemente el trote del animal, con correas de frenos que se distinguen como botones de material plateado.
          La princesa, con desgano, como acostumbraba, altaneramente, colocándose a la diestra de su padre. Solicita ver el rostro del pretendiente, es obedecida y tras una gesticulación de desagrado cae fingiendo un desmayo, sin decir palabra era llevada en brazos a sus aposentos, donde abriendo uno de sus ojos y mostrando una sonrisa de burla se incorporaba. Eso bastaba para que los visitantes fueran expulsados de la corte.
--- Ya se fue el fulano pretendiente?---
---Si mi señora, ---le indica una de sus damas de compañía.
--- Que tipo mas desagradable, ni loca pondría mis ojos en él---
--- Ud. mi señora siempre dice lo mismo de los que la pretenden y es porque su corazón no ha encontrado a su alma gemela, mi niña…
--- Será posible eso Gertrudis, que sabes tu del hombre de mis sueños, la quimera de mis ilusiones. Acaso tu nunca has pensado en un caballero?---
---Claro que si mi ama, pero yo una simple doncella, que le puede pedir a la vida---
---Y si…! El deberá ser un hombre humilde y noble corazón aunque no posea fortuna.

          No muy lejos de allí en un poblado que pertenecía a los dominios del Reino, existía una pequeña granja de árboles frutales donde vivía una familia que se dedicaba a las labores de agricultura. Un apuesto joven era el encargado de los campos de manzana, tan dedicado que en ese lugar se producían las frutas mas hermosas y de mejor sabor.
          Dentro de sus cualidades el joven era admirado no solo por su trabajo sino que por su cantar, su exquisita voz era un deleite para los pobladores y decían que la grandeza de su cosecha se debía a que los árboles se veían arrullados por su melódica voz. Cada mañana llevaba al mercado las cajas de suculentas frutas para la venta, muchos chiquillos que se acercaban hacia él les beneficiaba con el obsequio de alguno de sus productos.
          Stephanía por su parte le gustaba visitar la plaza del poblado pero no en su calidad de princesa, se vestía de ropas sencillas y con un pañuelo de malla cubría su rostro, haciéndose pasar por una gitana, que se detenía en el kiosco del parque a cantar sus tonadas, mostrando la delicadeza de su hermosa voz, las gentes le hacía rueda y le increpaban para seguir su Velho canto.
          En cierta oportunidad observó llena de curiosidad al joven que también cantaba y las obras buenas que le gustaba hacer. Se le acercó, le hizo un cortés saludo.
---Que puedo hacer por ti dilecta doncella.---
--- Joven no serías tan amable de regalarme una manzana?--- fingiéndole la voz
--- Claro gitana de bella voz, toma la mas grande… y disfrútala, que mas querría yo de tener una guzla en la garganta como tú---
---Tu caridad de mancebo hace que te merezcas muchas cosas y que el cielo te las conceda. Verás que te sucederán de hoy en delante solamente cosas buenas y maravillosas---
---Gracias señora, lo mismo para ti, que tus quimeras se vuelvan realidad.---
          El dama tomó una cadena con una  pequeña llave de oro y la dejó caer indiferente dentro del canasto de las manzanas, al cabo de un rato, El joven se dio cuenta pero cuando quiso buscarla, para devolverla, ella había desaparecido entre la multitud del mercado, por lo que se dio a la tarea de buscar a la dueña del dije. Lo que mas le había impresionado era su dulce voz.           La princesa regreso al seno de su hogar muy feliz por el encuentro, había encontrado el candidato ideal para depositar sus sentimientos, el amor de su vida, con su corazón henchido de esperanza se ilusionaba por lo que había sucedido, sus pensamiento le hacía volar cuando pensaba en el mancebo, era motivo de grandes emociones imaginar que había cambiado algunas palabras con él y tenia un firma propósito de buscar un reencuentro con el galán.
         
          El joven tomó la iniciativa de salir en un carretón con su cosecha de frutos, a deambular por las calles del poblado, buscando en todos los rincones, las granjas y villas alrededor del palacio, en pos de la dama del canto bello, que le había impactado con su belleza.
--- Busco a la hermosa dama, que me robo el corazón con sus exquisitas tonadas.--- Cantaba cuando recorría los caminos.
---Cómprenme la fruta fresca, la mejor! Eso me da aliento para seguir buscando a mi elegida---
--- Guíenme hasta el portal donde pueda encontrar a mi amada---repetía constantemente.
          Uno de esos tantos días pasó por las puertas de palacio con su pregón y fue copado por un par de damiselas, quienes le condujeron con todo y carretón, hasta el amplio patio interior. Todo por órdenes de Stephanía, quien vestida con todas sus galas, le esperaba.
--- Que se le ofrece a su majestad? Llevo deliciosas manzanas para el gusto de su merced.--
--- Dime tu nombre joven cantor, o te he de llamar el Manzanero porque vende las frutas mas sabrosas de esta tierra--- le insistió cantando.
--- Ludovico hermosa princesa.--- Respondió en canto--- y me enorgullece vender la mejor manzana.---
--- Haber dime que te trae por aquí.--- supongo que no es solo por la fruta---
--- No mi señora, busca a la dueña de mi corazón y por eso traigo en mis manos la llave y mi dulce canto para rendirme a tus pies.--- mostrándole el dije.--- busco a la que un día me mostró con su sonrisa, un bello sentimiento.
          Ella le tendió la mano y le hizo subir las gradas del pedestal, acercándose, se tomaron de las manos y bajo la letra de una opereta cantaron alegremente, e hicieron sus promesas y se juraron amor eterno.       Entre cantos clásicos y duetos de zarzuelas, se comprometieron, luego al cabo del tiempo, durante la época de la cosecha de los manzanos, celebraron su matrimonio y vivieron felices por el fin de los tiempos.



  
         

 

viernes, 31 de octubre de 2014

ILUSIONES ROTAS



          Fuiste al encuentro de las gaviotas, buscando el punto de retorno de los celajes, paso a paso te entrometiste de niña, en el ansia de tus suspiros, para encender los pistilos de tus cambios de pensamiento, de fruto en verde convertida de capullo a mariposa.
          Bajabas en el tropel de sus sandalias, por el caminito de tu historia de adolescente. La coquetería te afloraba en el cortijo de tus cabellos, lo manzana rosa de tus mejillas, cuando en rápidos movimientos balanceabas tus escasas caderas. El agitado vaivén de tus collares, de rojo linaje de coral, se arrastraban relevantes en tus recién crecidos senos, estabas llegando a concretar, dejando de ser niña y asomarte a la pubertad de una mujer.
          Tus negros ojos ocultos tras el cántaro de tu mandado, enfocaban curiosamente hacia los horizontes de la ilusión, cuando despertabas bajo la mirada de los muchachos que te chuleaban por la calle, dejando en ti, el tinte de tímido de rubor. El paso ligero que resonaba bajo el corte, incrementaba el apuro a dejar gotas de sudor que resbalaban de tu rostro, sin decir palabra te escurrías en las empedradas callejuelas, para esconderte en tu rancho.
          Tras un lánguido silencio, reposabas en el borde de la pila, con una inocente sonrisa en los labios y un ruiseñor de ilusiones en tu mente. Todo se sentía hermoso, el palpito de tu corazón suelto como notas fuera de un pentagrama, ágil, explosivos vientos sacudiendo tus cabellos, apuntaban a limpiarse, dentro de una palanganada de agua, recién vertida de la tinaja, la que empujabas para refrescar la pícara actitud de una chiquilla en los bordes de una primera experiencia en el asunto del amor. En la diligente labor diaria, perdía de pronto atención para ver estrellas y gorriones que le interrumpían los quehaceres domésticos.
--- Que te pasa patoja?---le preguntaba su madre --- como que se te fue el pájaro, apurate que ya viene tu tata, justito a tiempo para la comida---
          Margarita, con el mutismo que le caracterizaba, continuaba oprimiendo las bolas de masa para elaborar las tortillas, que brincaban de sus manos al comal, transitando de dos vueltas al canasto con servilleta de manta. De vez en cuando atizaba a un costado los leños de encino que soltaban llamas con bocanadas de humo que iban derechito al cielo, escapándose a través de las tejas. El batidor de frijoles en pepita salpicaban en caldo negro para agarrar su sazón con cebolla y ajo.
          La mesa de madera, chenca, ajustada en una de sus patas con un pedazo de teja, no daba espacio para toda la familia, el padre junto a sus hermanos varones ocupaban de primera fila a la espera del muñeco de tortillas, la pana de sal donde descansaban además, un par de chiles diente perro, para hacer ameno el apetito. La madre oficiosa hacía la repartición de la comida, mientras la niña de pie habiendo terminado su labor de tortillería, tan solo se arrimaba con un plato de peltre en sus manos sopeando con los dedos el caldo con un mamacho de masa.
          Los dos patojos terminaron a toda prisa, se santiguaron, dieron las gracias y se retiraron, en el umbral de la puerta tomaron sus sombreros de palma.
---¡Pa…!, vamos a dar una vuelta al parque.---
          De carrera se dirigieron hacia el centro del poblado a jugar el trompo, o con una palomilla a darle de patadas a la pelota mientras se consumía en trinos de pájaros los vientos de la caída de la tarde.  
          La chica emocionada se aposta en la ventana a recrear sus sueños y pendejear a la luna que hermosa y redonda se muestra en el satín de azul oscuro del firmamento, se tomaba de los cachetes y pescueceaba para vigiar quienes pasaban frente al rancho, mientras le tocaba lavar trastos.
          Los gallos apuntan en cantos del alba con la bienvenida del sol, ya los ranchitos mostraban actividad con el vapor que brota de sus tejados, el ronquido del  motor del molino de nistamal cuyo sonido se asemejaba a una carcajada en las afueras de la calle, donde las mujeres se recostaban con su olla de maíz cocido a la espera de su turno de moler.  Los posillos de café han servido de despedida de los hombres de la casa, que se alejan con azadón al hombro al sacar la tarea del día en los campos de cultivo.
          Margarita a dejado la pereza entre las chamarras y se apresta a darse un chapuzón de cara, de aseo corporal, escondiéndose tras las tablas de lepa del baño, se arropa, sale hasta encontrarse un pequeño espejo  con gran delicadeza desenreda su negra cabellera con el peine que le hace escurrir parte del agua sobre sus ropas, con la ayuda de su madre, le fabrica con mucha maestría una trenza que le cae hasta la cintura, ella y su sonrisa lozanía de la edad, vivaracha existencia, abrumada por sus labores que no le dio oportunidad de asistir a la escuela y en su pasiva soledad destinada a acompañar a la madre, eso no le afectaba, eran las pequeñas cosas que le alegraban, la ilusionan y daban la felicidad familiar. Allí transcurrió a escondidas le transforman de niña a adolescente.
          El rocío de la mañana se esfuma como las hojas de un calendario, que se traducen dentro de la poca actividad para una joven que apenas disfrutaba de las cosas de la juventud, sus labores propias de la familia, no le permiten tener amigos y sus relaciones no va mas allá de los alrededores de su covacha o acaso al cercano molino a triturar el maíz, o la visita al ojo de agua a proveerse.
          Salió muy de mañana a su mandado con el cántaro en la cintura en búsqueda del vital líquido, el caminito que le lleva al río, se ve solitario, después de llenar la tinaja, sacudió sus caites en la orilla y precisó el regreso, junto a la arboleda que da inicio a la subida, alguien le franqueó el paso, uno mas por detrás que la empujó al suelo. Le cayeron encima y sin decir amén le golpearon el rostro, ella se defendió como gato, pero sucumbió, le fue rasgado su güipil entresacándole el corte con lujo de fuerza, le taparon la cara.
          Fue abusada por los canallas,  con lujuria fue maltratada y luego le dejaron en un paraje, la creyeron muerta y la abandonaron. Le habían quebrado su tinaja, el agua se derramó junto a ella, sangre en las heridas de sus piernas y  en los restos de su ropa que se revolcaba de lodo.
          Fue llevada a su casa por vecinos del lugar que le encontraron desfallecida, había sangre que brotaba de su boca, con la mirada perdida en el espacio no emitía ninguna palabra, ni queja. Lo que mas temía era la chicoteada de su Tata.
          Junto a la pila haciendo labores de lavado, se encuentra la joven, sus ojos ahora se encuentran hundidos y tristes, además su alborotado pelo enredado, ya no es motivo de ser cuidado, las mejillas pálidas le marcan en manchas los vestigios del embarazo, todo es confusión, la preñez le ha desfigurado su cuerpo y apagado el alma, está mas delgada y perdió aquella lozanía y actividad que poseía, por extraño que parezca algo se mueve dentro de la barriga, le duelen la espalda y las caderas.
          Margarita ya no es la misma, ausente de pensamiento, ha perdido el habla y a lo mejor el juicio. Le rompieron su adolescencia y le borraron sus ilusiones. Producto de su trauma.