lunes, 29 de junio de 2015

ADOLESCENTES



          Sonó presta la campana del patio de la escuela y el sonido del relajo se extendió por todos lados, el corretear de las alumnas se tornó en trepidante estampida al acercarse la hora de la salida. Una tras otra formaban filas con mochila en mano o acomodando sus libros en los brazos para hacer el final de una jornada de estudios. Repicó una vez mas, la regordeta directora alza su brazo con la pita en la mano obligando a través de una orden a que se retome el silencio. El banderazo de salida se hace y todas en orden forman filas para salir del establecimiento, las mas pequeñas a espera de sus padres quienes les esperan para conducirlas.
          El último pelotón se acerca al frontispicio, las mayores que con paso de señoritas salen a caminando no tan ligero hacia la banqueta de la boca calle. Un poco de colorete por allí, un pintalabios escondido o el coqueto arreglo del cabello las induce a penetrar a la aventura de tarde que se presta para ser admirada por los muchachos haciéndoles espera, se recuestan sobre las paredes de las casas vecinas.
          Los grupos les salen al encuentro sobre el tropel de las chicas que se diluyen entre saludos y empujones. En la esquina está Segismundo con una sudadera de color beige de una de esas Universidades gringas, que son el look de última moda, con un efímero saludo de su mano le hace saber a la joven un “aquí estoy, ven hacia mi”. Ella con su estilo especial de coquetería trota emocionada hacia su lado, se le enfrenta y con un saludo de choque de las palmas de las manos y luego de puños, le da un efusivo “Hola”. Le entrega su bolsón y juntos se abren espacio tomados de la mano entre los compañeros del grupo y se dirigen calle abajo.
          Una ráfaga de viento inunda el espacio que levanta la falda de la muchacha, a toda prisa ella con sus manos oculta sus piernas mientras se arrima a la pared. Un chiflido de alerta, y un que hermosas piernas es enviado por alguno de los compañeros, que se gozan de tan inesperado acontecimiento. Ella voltea su rostro y les hace fasciculaciones y les enseña la lengua, los aprovechados se retoza del espectáculo, la continua caminata se da con unos cuantos pasos abandonando el lugar abrazada de su pareja.
          La empedrada calle cuesta arriba se alarga entre los longevos árboles y marquesinas de jardín que los lleva hasta la cúpula del cielo. La iglesia del Cerro del Carmen, donde varias parejas ya se han hecho presentes en las bancas cubiertas de bougambilias, la fresca sombra les hace fiesta para detenerse a platicar, a mostrarse en caricias y besos del encuentro vespertino.
          Adelina hace un espacio y se sienta sobre la grama, cuidando que el uniforme no se ensucie y  la delate en casa de su ronda donde estuvo parte de su tiempo del final de la tarde. Después de invitarle a sentarse, pescuecea para ver si no hay alguien que pueda conocerla y lleve la mala nueva con su madre. Segismundo se sienta a la par y sin decir palabra arranca algunas hojas de la grama y las utiliza para hacerle cosquillas en sus orejas, mientras el rubor de su cara se hace presente, ella se recuesta sobre su hombro y luego como quien no quiere se le acerca y la besa. No hay muchas palabras, el brazo rodea su cintura y se repite el movimiento que termina con un estruendoso choque de labios.
          Tomados de la mano bajan haciendo freno sobre las piedras y la cuneta del camino, una sonrisa ilumina el rostro de ambos, ella lleva una corona en si pelo una petunia de tallo corto que le fue entregada para embellecerla. Los caminitos de laja que circundan el paseo serpentean a lo ancho del cerro, los recovecos de las glorietas les permite arrejuntarse en las bancas y repetir la dosis de los besos, el corazón se les agita y les hace rubicunda las mejillas. El ha perdido la cordura la aprieta en contra del paredón y las curiosas manos pasan entretenidas entre la falda y la blusa que se arrugan con los movimientos. Adelina se retira con su cuello  bañado de sudor y su respiración se torna agitada, empuja su pareja y se corre, tomada de la cintura aunque mostrando resistencia regresa a los brazos de Segismundo, quien la aprieta nuevamente y la atrae para acariciarle con su cachete parte del cuello, la niña un tanto incómoda lo retira nuevamente, pero luego se refugia en el pecho del agraciado. Le toma la mano y lo conduce por los caminos hacia la salida, caminando en círculos y danzando en cabriolas, para hacerse mas apetecida.
          Las palabras son cortas y escasas, no pasan de un te amo con pálida respuesta de UN delirante si YO TAMBIEN, lo que les pone la piel de gallina y los consume el éxtasis del momento. El la acerca y la abraza por la espalda, mientras ella recuesta su cabellera haciéndole cosquillas con su pelo, una suave sonrisa se dibuja en la cara de Adelina cuando le acaricia la oreja con la punta de su lengua.
          El hondo repicar de las campanas de bronce que provienen de la iglesia, les alerta que el tiempo ha transcurrido sin sentir y que los celajes se pintan en el cielo indicado que es el inicio de la tarde noche. Las seis de la tarde, las parvadas de aves se han iniciado a acomodar en las ramas de los bosques de los alrededores. Con un tanto de desesperación ella arrastra a su compañero hacia donde se encuentra la salida del parque, donde arregla y confecciona su uniforme y alisa su blusa, un medio retoque del cabello, presto para abandonar el sitio. Las tintineadas luces de alumbrado público empiezan a hacerse presentes en la parada del bus donde se han acumulado un buen número de personas que van en dirección a las colonias.
          Parado frente a la tienda de la esquina Segismundo observa a la chica de sus amores cuando aborda la camioneta y la busca  aparecer en alguna de las ventanas. En el penúltimo asiento se abre una ventana y la chica asoma su cabeza con su mano le lanza un beso a su enamorado que simplemente le hace una gesticulación de recibido y agrado ante tal momento
          Un te veo mañana vibra en el ambiente cuando después de la despedida lejana, el chico le mueve la mano, con una mirada de admirable orgullo y le muestra un corazón construido con sus manos dedicado con todo el sentimiento.
  

LA CIGARRA



          Pepe cigarra, asomando sus bigotes en el trasero de una hoja, sacudía en ronco estridor sus transparentes alas, el triste llamado a la naturaleza para las primeras lluvias.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces restregaba su violineta para llamar la atención.
          Curioso asomaba sus ojos al cielo con la esperanza que aparezcan los nubarrones cargado de agua, en respuesta a su petitorio, somata sus patas traseras para hacerse ritmo y sacudiendo su esqueleto en armonía, insta que los miembros de su tropa le hagan segunda en la concertina de la cálida tarde.
          Los vientos corren del norte, empujando las nubes que se hacen retrecheras al pasar por las montañas, lo caliente del clima hace sudar a la tierra y llenar de sed a las plantas. El escuálido riachuelo se ha adelgazado por efecto de la dieta de lluvia y las rocas se broncean el lomo en las ardientes arenas.
          Los cantos de petitorio siguen como letanía mientras el cachetón sol mira a sus alrededores  adhiriéndose a la proclama. Las flores ya no suspiran, las hojas se disipan de color café cuando en franco deceso se arrastran por los suelos.
          Pepe cigarra y su prole, hacen un segundo aire para poner a tono los tambores y los violines, rascan con vehemencia bajo los matorrales, el último grito de protesta, pero el cielo se empecina en no  mostrar las lágrimas de chubasco.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces mas se prolonga el discurso de los músicos.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces,  el milagro se produce
          De pronto los negros nubarrones inundan el firmamento, los truenos se hacen acompañar de los relámpagos que alumbran con sorpresa la faz de la campiña. Dos, tres gotas se estrellan en el suelo y toda la comunidad se hace a la esperanza de voltear hacia el cielo. Otros truenos y el viento se hace el enojado, soplado arremolinadamente hacia la campiña, un leve chubasco que alborota el calor y las cigarras responde con un último canto.
          El diluvio se hace presente y la vida se hace nuevamente, el chapuzón sobre las flores las obliga a tomar un baño sin despojarse de sus pétalos, las lagartijas juegan a la pelota con las gotas que regocijan el milagro. Mientras los caminitos de agua se engordan para alimentas los riachuelos.
          Pepe cigarra, guarda sus instrumentos, el concierto ha terminado y los aplausos del final de la función se escuchan a lo largo de los jardines. La sinfonía fue todo un éxito, el público agradecido se hace al jaripeo para disfrutar la bendición de la lluvia

UN BESO




       Luego de sentir lo cercanos que se encontraban o cuan próximos se habían arrimado, al percibir lo tenue de su aliento, les seducía, enternecían a tal grado que llenaban de lágrimas sus pupilas, eso hacía resaltar los poros de la piel que se veían sacudidos por un calofrío en sul cuerpo. Un primer beso.
          Imaginando cosas, nubes y estrellas de cálidos sollozos que recorrían las puritanas ideas, con el candor de los sentidos plasmado en pálidos sueños de adolescentes, donde tres versos sacados de un papel, un guiño de tierno atardecer, lo necesario para iniciar un vínculo de dos patojos que se encontraban en los albores de la vida.
          Tomados de las manos en el secreto de una esquina, pespuntaban en piropos los monosílabos de una charla de todo sentimiento. Un SI, con solicitud muy distinguida de abrazo prendido a la cintura y un beso cálido, suave no más que el roce de labios, en el filo de una banqueta.
          La alegría inmensa con un cerrar de ojos con despertar ilusionado. Seguido de la emoción, sin olvido, sin cargo de conciencias de una primera vez, que aún con sabor a miel, era pináculo de una travesura. Ese único beso que transformaría en insomnio las estrofas de una canción en aventura.

jueves, 25 de junio de 2015

SELVA DE CAK´IC Y BOJ



          Rincón de la tierra salvaje, que huele a hormigo de marimba, con lagos de azul cielo que reposan en las verdes colas del Quetzal. Frondosos sauces milenarios que se yerguen hacia el cielo y son remembranza del pasado indiano. Entre cruces y monumentos piramidales en medio de la selva de concertina criolla. Allí es donde deambulan los saraguates encantados, de columpios sobre verdes lianas arropando sus gritos de caudillos inocentes.    Aguadas y lagunetas milenarias que reviven las sabanas, con los peces tradicionales, el blanco y los caracoles faroleros que rondan en las aguas como guardianas de los swampos. Manto de pescadores, asiento de patos silvestres que sacuden sus alas para espantar el calor de la temporada. Escuchando el trote de los elegantes venados que recorren los pastizales en busca de sus prolongada época de celo.
          Veredas adornadas con ramas de pimienta gorda y flores de pito, que recorren como multitud el paso del jabalí; al vuelo las guacamayas multicolores prendidas y en danzas de sutil movimiento sobre los chico zapote. En sus faldas prestos emergen desperdigados los monolitos enfrentados cara al sol, que envejecen con los jeroglíficos, iluminados con sus máscaras de faenas de chirimía eterna.
          Historia de deidades, caciques de gran alcurnia, curanderos de las artes que esculpieron en piedra las voces y las pinturas sagradas. Como las descendencias de los hijos del jaguar y la culebra alada que se maquillan en la misteriosa y sempiterno campiña. Allá en el infinito, se planta la portentosa estructura de escalinatas y piedras que asombran a los propios y extraños “El Gran Jaguar”, milenario vestigio de la cultura de un pueblo, como un lienzo pintado en el cielo cubierto de ramas de árboles que respiran en señorial abolengo, cuando se adorna en las plazas del pueblo.
          En las orillas selváticas alrededor, se escuchan los chillidos de los monos acróbatas que celebran en conjunto con las parvadas de las aves que en maromas saludan al gigante, mientras los místicos sacerdotes se empinan en la cúspide mostrando las tinajas del POM, que en serpenteantes listones de humo que se encumbra hacia los aposentos del dios TZULTAKA, en busca de bendiciones en pos de las cosechas del ciclo. Oraciones en lengua Maya, responsos de humildes pedidos a la naturaleza para la subsistencia.
          Los pobladores que artesanalmente se entregan al trabajo fecundo del cultivo de la tierra y a sus insólitos artes de escultura, se acomodan en los mercados con el fin de ofrecer sus tesoros de barro y plumas, de Jade. Chinchines de tecomate con piedras en su interior para ensamblar el ritmo de las melodías de chirimía y cascarón de tortuga.    
          Las mujeres en otros menesteres, el tejido multicolor y la elaboración de del Cak´ic o el atol de masa con frijol y chile. Las demás se aglomeran a la orilla de la entrada del río a hacer su oficio de lavado de ropa, amarrada su cabeza y descubriendo el pecho por ausencia del güipil, mostrando su morena piel, de pecho estilizados con sabor juvenil sin haber amamantado. Otras con el niño a tuto, en su envolvente perraje de vivos rojos dispuestas entre voces de arrullo a adormitar con su clásico meneadito. La límpida corriente bordea sus cuerpos parcialmente cubierto con el corte, sumidas en la charla y parloteo de las cosas del mandado y los chismes del poblado.
          La procesión se hace con tinaja al cinto, que les hace mover las caderas en el equilibrio que les da el muchachito en brazos y el canasto de ropa en la cabeza... Las hijas diez añeras colaboran en llevar prendidas al corte a los más pequeños, que completan la caravana de multicolor de una familia numerosa.
          La plaza mayor punto de reunión se ve atiborrado de las hojas de Xate, manadas de chuntos a punto de sacrificio, que cantan sus últimos sonsonetes antes de ser usados en la gastronomía. Los volcanes de hojas de sal y el sibaque materiales necesarios para la celebración de la toma del caldo de chunto y los tamales blancos. Las ollas de Boj resplandecen calientes como el Elixir  de la bebida de los dioses…

DESAYUNO



           Tu cuerpo reposa entre almohadones, sedas indelebles que delinean en reposo el sueño de una musa de tierna portada que muestra sus atributos de mujer, entre fábulas y seducción.
          Hoy quiero verte de madrugada, presenciar la aurora de cálido amanecer. Salir de entre las sábanas para contemplar como los pajarillos te cantan a la vida. El milagro de un nuevo día.
          Al murmullo de las calles que recorren los citadinos en el corre y corre del trabajo, bullangueros niños que en parvadas desfilan alegremente hacia la escuela. Un ambulante que ofrece con su pregón las noticias pintadas en un tabloide, opacados únicamente por los rechinidos de un humeante bus urbano
          El fresco olor de un desayuno tradicional circula por tu habitación, ese olor a café recién percolado y el rico aroma de champurrada calientita, los bollos dorados de los recién salidos del horno, que nos invita a degustar un suculento plato de frijol en pepita y un par de huevos estrellados.
          Te veo cubierta de ese velo delicado, de pantuflas rosadas y exquisita bata semi transparente, elegante presencia cuando asomas en el desayunador con un turbante de toalla, como recién salida de la ducha. Que contraste esos bellos ojos aun no delineados por el maquillaje  con el arpegio de mujer con aroma a belleza. Cuando cruzas coquetamente las piernas muestras radiante uno de los muslos.
          En tus delicadas manos obran unos bollos recién untados de mantequilla, que se antojan deliciosos, se derriten entre tus sensuales labios. Una servilleta bordada de corazones te sirven para limpiar la comisuras, en una extravagante manera de coquetería.
          Verte en el tras luz de la ventana mueve mis instintos de un sensual sortilegio que delinean lo bien conformado cuerpo. Se agitan las pasiones y se engalana el pensamiento de una pintura medieval que resalta tras los velos un apasionado conjunto de ideales y pecado.  

jueves, 30 de abril de 2015

LA CRIPTA



---Ja, Ja, Ja …---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta. Las paredes se habían descascarado por la influencia de la humedad y el tiempo oscurecía el ambiente que resoplaba en miedo.
          Algo se movió en el recodo de la vuelta que llevaba al espacio de los nichos que por el abandono se veían ocultas tras el monte y los zarzales que secos se acomodaban en donde alguna vez había existido un hermoso jardín de flores.
          Las lápidas manchadas de musgos que se colgaba de sus orillas borraban serenamente los nombres y fechas de los occisos, un ejército de hormigas hacía su plantón caminando desde allí hasta un volcán de tierra que se desmoronaba en la grama exterior.
---Ja, Ja, Ja …--- se volvió a escuchar la onomatopeya que venía desde la entrada.
          Los cuervos alertados por tan singular sonido volaban hasta las ramas de los cipreses que como fieles guardianes se bamboleaban por efecto del viento. Luego de sacudirse, lanzaban algunos graznidos y retornaban para posarse sobre la cruz de piedra que marcaba la tumba.
          En varias ocasiones el fenómeno había puesto en alerta a los habitantes de la vetusta fortaleza, cada cambio de estación se hacían evidentes los extraños ruidos en el lugar.
          Muchas gentes se asustaban cuando al principio de las noches tras una serie de críticos movimientos y gritos se dejaban escuchar a lo ancho de las callejuelas que rodeaban la antigua mansión.
          Varios grupos de vecinos junto al jardinero de la casa acudían a pedido de los pobladores a investigar la presencia de tan macabras risas, que se repetían constantemente en los períodos de tiempo que duraba el plenilunio del cuarto menguante. Los empleados y especialmente los encargados de la cocina se arrejuntaban cerca del fuego por la repitencia de las extrañas cosas que producían temor y el miedo.
          Los vientos de temporada daban una imagen especial a la situación mientras los raros movimientos que se arrastraban a lo largo de la callejuela posterior, daban la sensación de carreras de espíritus chocarreros que arrastraban grandes cadenas, dando a conocer su presencia.
          Durante varios años, contaban, que siempre por la misma época se daba la ocurrencia un fenómeno similar, que había concluido con el macabro hallazgo de un joven que había muerto ahorcado en un lugar de la capilla. Lo abandonado del sitio y el aspecto lúgubre  daban la sensación casi mortal de algo sobrenatural, lo extraño es que nunca se había podido descifrar el misterio y menos encontrar al culpable del hecho.
          En los días subsiguientes los encargados visitaron el lugar, sin haber encontrado ningún vestigio, la campana se movía de un lado a otro, quizás por efecto del viento, y sin hacer contacto con el badajo para la percusión. Las lozas del piso se encontraban cerradas, solamente con la presencias de pequeños rastros de arena como quien había sido arrastrada sobre ellas. Las argollas que abrían la catacumba se encontraba levantadas, con señales de haber sido movidas.
          El crimen quedo impune y luego pasó a la historia. Las historia contadas al respecto rezaban que durante los principios del siglo, una bella joven había sido enterrada en el lugar, después de una enfermedad que le había causado el deceso, antes del suceso, ella pidió ser enterrada en cementerio del palacio junto a todas sus joyas y su mejor vestido excepto un hermoso anillo de Esmeralda que acostumbraba a utilizar en una de sus manos.
          Cuenta la historia que su único pretendiente le había hecho la promesa de que nunca desposaría con ninguna mujer, por lo que ella le entregó el anillo en señal de fidelidad, advirtiéndole que si el llegara a faltar a su promesa debería de devolver la joya so pena a ser perseguido por el ánima de la dama.         El caballero permaneció un tiempo célibe pero empezó a sufrir el acoso de hermosas jóvenes en busca de ser pretendidas, él sucumbió ante las peticiones y cada vez que esto sucedía la futura pretendiente sufría algún accidente o enfermedad que le hacía desistir del matrimonio. Pasaba el tiempo y el hombre sufría la angustia de permanecer solo, hasta que decidió devolver el anillo a su dueña con el fin de romper el hechizo. Le ordenó a uno de sus allegados encomendándole la tarea, y en cierta oportunidad fue enviado hasta el lugar, la Cripta donde la dama se encontraba enterrada, pero la acción falló, el espíritu dio cuenta del empleado y lo ahorcó en los maderos de la capilla, previó a enviar un mensaje al caballero, donde le indicaba que la devolución del anillo no lo eximía de la promesa. Pasados unos meses, ante la desesperación del caballero 

          La cara se mostraba pálida y su actitud era de alguien que temblaba por fiebre, ingresó a los patios donde se encontraba la Cripta.. Los vientos le arrastraban  hacia la capilla y llenándose de valor se plantó en la entrada de la catacumba las lápidas se encontraban movidas penetró por el corto espacio que le permitían las lajas, descendió por la pequeña escalinata hasta donde se encontraba el féretro, abrió el catafalco y descubrió que se encontraba vacío, un crucifijo cayó de su mano y se retiró hasta acurrucarse en un rincón con la melancolía y el mutismo sufrido por el susto.
          Alguien se le acercó. Era la dama que con un vestido de terciopelo y cubierto el rostro con un manto se le plantó frente a él. Con el anillo verde entre sus huesudas manos.
---Viniste a devolverme esto--- le dijo, mostrándole el anillo.---
---Pero para devolverte la promesa no va a ser así de fácil---
          El hombre se puso de pie mostrando valentía, pero el espectáculo hizo que se erizara el cuero… ---un gritó y una temblor de cuerpo se apoderó de él. Empezando a persignarse tantas veces como podía.
          Ella como flotando en el aire se le acercó:
--Y tú que tantas veces dijiste que me amabas, acaso ya no soy bonita para ti. Quieres que te libere de la promesa del lecho de muerte. —
          El asintió, temeroso de las consecuencias.
--- Verás lo único que tienes que hacer es colocarme el anillo en su lugar y darme un beso de despedida.--- mientras removía la mantilla que le cubría el rostro.
          La calavera se mostró y lo dejó petrificado, lo aprisionó y le obligó a que la besara. En ese instante un remolino envolvió a la pareja y ambos se transformaron en cenizas, como por arte de magia el polvo se deposito en el fonde del ataud, el cual se selló con el anillo de esmeralda en su interior. Las lápidas cerraron, La campaña sonó una sola vez en señal mortuoria.
Y.
---Ja, Ja, Ja…---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta--- Te dije que eras solo para mi!...

viernes, 17 de abril de 2015

ME ABANDONASTE




           Pegado al ring de un teléfono, esperaba tu llamado o tu regreso, en mi cabeza rondaba la respuesta siempre platónica de un quizás, ó aun te recuerdo, eso circulaba en los anhelos de mi espíritu, te falle o no aguantaste y eso era parte del rollo, dejaste tus canciones en la habitación y tu fresco olor sobre la almohada.
          El tiempo había sido un factor de la reyerta y una octava de desconfianza había desembocado en tu salida de mi vida. La maleta de recuerdos había traspasado el umbral de la puerta y se había disuelto junto a todas aquellas ilusiones que nos prometimos en el ayer. La aventura que te llevó a romper esa armonía, tenía vísperas de venganza. O simplemente caíste en los brazos de la lujuria, saltando de una relación llena de sobresaltos y peleas conyugales domésticas de poca importancia al cenit de un mundo de lujos y  glamour que te llevó fuera del epíteto de sentimentalismos a un pedestal de fantasía, en una lisonjera vida de libertinaje y vicio. Tu innegable belleza te abrió el camino para probar otros mundos, fuera de la poca comodidad que poseía.
          La desesperanza me hizo presa del castigo, que en un arrebato de ira sacudí cuanta cosa tenía en el buró, todo aquello que me traía algo a la memoria lo lancé por el suelo, aquella foto donde abrazados disfrutábamos de una paradisíaca playa, la libreta de citas de tu antiguo trabajo y el cenicero donde colocabas tus pulseras y aretes, pagaron las cuentas de mi rabieta, al destrozarse de un manotazo junto a la pared.
          Me agarré de los cabellos para hacerme un mea culpa, del porque no haber templado mi ira o saber mediar el como enfrentar cuerdamente el problema. Una explicación a tiempo, o a lo mejor un fingido perdón de tu parte. Tomé mi chaqueta y salí como un desesperado a deambular por las calles, quizás el aire fresco me devolvía la serenidad o me apaciguaba la congoja, las lágrimas que escasas se mostraban en mis ojos, derramaban mis penas y hacían que las borrara quitándome los anteojos.
          Metí las manos en las bolsas del pantalón en búsqueda de unas monedas, me detuve frente al chiclero de la esquina, quien me aprovisionó un par de cigarrillos me envolví en el humo para recostarme en la escalinata de la pasarela a ver pasar gente, rostros y caracteres, que me incitaran a dejar esa molestia que me embargaba en la mente.
          Prendí el segundo cigarrillo mientras caminé a  paso ligero de regreso al apartamento, donde entre tanta calamidad de desorden busque el aparato de teléfono que  había quedado mal trecho después del lanzamiento. Funcionaba lo coloqué de nuevo en la mesa, con la leve esperanza de que llamaras.  Esa había sido la promesa cuando te encontré en uno de esos restaurante de comida rápida acompañada de un par de jóvenes, degustabas un vaso de café, quizás para mitigar la resaca, vestías una de esas minifaldas que te fascinaban, al verme te acercaste con un cigarrillo en la boca, que te hacía cerrar uno de tus ojos, me franqueaste el paso, temiendo un reclamo por la compañía.
--- Espera!--- indicaste --- No me vayas hacer una escena…, deja que las cosas se enfríen y te llamo por teléfono charlamos y te explico.---
          Me quedé mudo, quizás frisado por lo que opte en darme media vuelta, refugiándome en el sanitario de hombres. Cuando salí, habías desaparecido con tus acompañantes. Hice de tripas corazón y como si no hubiese pasado nada abandoné el lugar.
          Me di cuenta que mi actitud no había sido coherente, pero la violencia no me ayudaba en nada, me miraba como un juguete a quien pasado de moda había terminado en el cajón de los recuerdos y no significaba nada en tu vida. Esa misma tarde, tomé el autobús que me condujo al campus de la Universidad, donde con mi prolongada ausencia me hacía parecer como que era la primera que visitaba el recinto. Allí me encontré a un amigo que sentado en una de las bancas hojeaba un libro.
---Ratos tengo de no verte, pensé que habías tirado la toalla…---
--- Si así fue, --- no te imaginás, cosas de la vida, y vos que es de tu vida?---
--- Pues por allí mano, haciéndole yemas a la cosa.--- Y vos, estás hecho una piltrafa.---
--- Si mano… fijate que me enrolé con una chava, esta se fugó de su casa y nos pusimos a vivir juntos, pero la aventura me cayó al pecho, me enamoré, después de unos cuantos líos, se desencantó y al poco tiempo me botó y me abandonó dejó por otro.
---Vaya mano así pasa, una vez te sacan lo que pueden, luego se echan a la droga, olvidándose de vos.---
--- Lo peor es que sigo enamorado de ella y la verdad me hace falta…
          Me tomó de la chaqueta y me sacudió:
--- No estás para esos trances, recuperate y para eso necesitas tener otra cara, estas en la pura desgracia, deberías cambiar de aspecto y retomar tus estudio, ya sabes que como tu cuate te puedo apoyar.
          Me había dado al abandono por lo que acepté los consejos y regresé a casa con el fin de tomar un baño y rasurarme, un cambio de ropa me sentó bien para afrontar otras actividades que había dejado de hacer. A pesar que4 siempre algo me apretaba en el pecho, tomé el camino de la recuperación.

          Las lloviznas de la época se hicieron presentes, el tableteo sobre la lámina era como un lamento, que remedaba la soledad del apartamento, todo se mantenía hecho un desorden, sobre el diván una caja de cartón con una tajada de pizza a medio comer y latas de gaseosas y no se diga las gavetas a medio abrir y los volcanes de ropa, amontonadas en la cabecera de la cama. El sonido de un timbre me hizo despertar, no ubiqué la hora por la ventisca que presentaba, llegué hasta teléfono, contesté. Era ella se escuchaba mal, quejumbrosa como quien pide perdón, me indicó que estaba sola y abandonada en algún lugar cerca de la costa, por que el calor le agobiaba, me dijo que si podía buscarme, que quería regresar.
          No estaba dispuesto a sufrir de nuevo la colección de problemas que me había tocado vivir, pero aun sentía algo por ella.
---Comprendo --- me dijo --- cometí un grave error, pero no tengo a quien recurrir.---
          Obstinado y con cargo de conciencia, me embaucó nuevamente, obtuve a través sus indicaciones de que regresarías. Quizás nuevamente ilusionado hice un remolino de poner en orden las pocas cosas que tenía, entre ellas mis pensamientos, hasta dejar una resplandeciente armonía mis sentimientos, querría darte una buena impresión, como que no había pasado nada, que ni un recuerdo empañaba nuestro reencuentro.
          Allí estabas en el dintel de la puerta, bella como siempre, la licra negra te hacía resaltar lo hermoso de tu cuerpo, te acompañabas con un maletín de esos que se hacen rodar. Te invité a entrar, te acercaste como un gato a acariciarme y ronronearme en el oído, susurros cariñosos que me hicieron poner la piel de gallina. Te tiraste al diván cruzando coquetamente las piernas.
          Me sentí extraño ya no era esa manera melosa como nos tratábamos, había un abismo entre mis ideas y tus locuras. Las caricias se habían reducido al mínimo y la indiferencia se volcaba en las actitudes, tanto así que la escarcha se había apoderado del lecho y los períodos de ausencia tuyas eran cada vez mas prolongadas.
          El apartamento se había convertido en un refugio, mas que un nido de amor. A mi regreso de los estudios me encontraba con tu ausencia o con recados escritos a mano donde me indicaban que manifestaban tu necesidad de salir a la calle, luego de tus llegadas tarde con el pestilente olor a licor te enchamarrabas ignorándome, especialmente los fines de semana.   
          Hasta que se llegó el día, una vez mas sin discusión alguna te descubrí con una maleta sobre la mesa, sin mediar palabra me pusiste una mano sobre el pecho y la locura prevaleció en tus instintos.
---YA NO MAS!---insistí--- VETE DE UNA BUENA VEZ!
          Dando media vuelta sobre la entrada y con lujo de violencias somataste la puerta y te perdiste en la bruma de la tarde…