Las
gaviotas parloteaban en el infinito donde hace un despunte la unión del azul
cielo y espumoso mar. Los pivotes derruidos que mostraban las secuelas de un
puerto, donde las aguas se prestan en columpios sobre sus troncos donde los
pelícanos suelen reposar con el viento después de engullir los peces de
salina confitura, con remolinos donde
pescan luego se ven reflejados los paisajes de sus alrededores de verde pintado
de acuarela de la costa y del acantilado
que se esconden las porciones sudada de parches con playas de arena blanca.
Junto
a las pisadas que dejaban huella en el manto de la arena, indicando el paso en
carrera, cuando te llevaba de la mano a jugar alegremente los sortilegios de
esta juventud que seducida por la llegada de la primavera, nos enardecía del
tibio resplandor de un primer amor. Los pequeños tumbos eran mudos testigos de
la grácil espuma rondando para borrar
las impresiones de nuestros pasos cuando nos alcanzaba en la carrera.
Recios
golpes en las rocas cuando las olas al acercarse con inmensa violencia a las
formaciones saltaban como fuentes de altos chorros de colores que salpicaban en
el ambiente, en lluvia de brillante tornasol que se enseña como un prisma al
mezclarse con la luz del sol, formando un extraordinario arco iris.
Una
toalla de vividos coloras, reconfortaba nuestra estancia, junto a una
canastilla de bambú engalanada con una servilleta de cuadros rojo y blancos
bordados de un doblez de pespunte cubriendo la merienda del momento. Una
botella de agua y dos vasos a medio llenar, se purifican entre un recipiente panecillos
de quesos cortados por mitad, con sus flecos de hojas de lechuga, envueltos en
servilletas de papel, bellamente adornados a la espera de ser consumidos.
Recostado
sobre tu vientre hacía mi perdida contemplación hacia el cenit del
infinito, acariciaba tu cabello que
graciosamente caía sobre tus espaldas, jugando a las escondidas con tus senos
parcialmente cubiertos por el sostén del escotado bikini.
La
prosa de mis pensamientos aletea mis ilusiones, confesando mis deseos, tu con
la mirada hacia la inmensidad marina, pareces no darte cuenta de ese diálogo en
silencio que se trasmite de piel a instinto. Tus pies hacen surcos nerviosos
sobre espacio arenoso de los pecados de la inseguridad, aunque la soledad nos incitaba
a romper ese presagio de intimidad.
Te
pones de pie y como en loco desenfreno te diriges en pálida carrera hacia las
aguas, donde te lanzas como para apaciguar el fuego, sorprendido por tu actitud
me incorporo frente la espuma del remanso, mientras esta se retira quizás
temerosa deja a su paso algunos crustáceos abandonados en el borbollón, que se
vuelven los paganos de la negativa insinuación, al ser lanzados con los pies
hacia la siguiente ola
Con
el agua hasta la cintura, mientras recoges tu pelo alborotado, sonríes como
pidiendo disculpas por el proceder, sales casi caminado y te envuelves
tímidamente entre una toalla. No ha sido el momento preciso, me insinuaste, sin
más que decir, limpias tu cara, recoges el equipaje y con paso firme te diriges
por el mismo sendero por donde vinimos. Pongo en orden mis ideas y calzo un
short para seguir tus pasos, me sacudo la cabellera para espantar los malos
pensamientos y algunos granos de arena que se pegaron en mi cabeza.
Tu
caminar ha sido un tanto lento por lo que fácilmente te he alcanzado, sin decir
nada te apareas, tomándome del brazo, recuestas tu testa sobre mi hombro y al
dirigirte la mirada, simplemente sonríes, con la esperanza que el incidente te
vea perdonado. Sigo con el rostro compungido, la frente me marca las líneas de
la frente y la comisura de los labios demuestran enojo e indiferencia, te
detienes frente a mí y con los índices de ambas manos haces una presión sobre
las comisuras empujándolas hacia arriba, Como quien pinta una cara feliz y
haces una muesca chistosa con el fin de que me sonría.
Me
salgo por la derecha y te ignoro, mi paso se vuelve mas rápido en busca de
alejarme, pero tú regresas a colocarte en mi presencia, te hago que me sueltes
y cruzo mis brazos, me abro paso, te dejo con un puchero en el rostro y las
muecas de inicio de unas lágrimas. Caes semi sentada ocultando la cara con un
llanto que obstruye tu nariz en el resuello.
He
llegado hasta las champas en la parte superior del acantilado, en donde los
tres casuchas del puesto se reúnen alrededor de una fogata, donde un grupo de
chicos se platican de cosas, cuentan chistes y sus experiencias. Otros
disfrutan del ensueño, dando rienda suelta a caricias y besos con sus
respectivas pareja.
Aun
molesto me encuentro cabizbajo frente al fogarón cubriéndome con una toalla, la
lumbre me broncea la cara y me inunda de
dudas mis reacciones. He perdido la noción del tiempo. Que ha sido de ella, no
lo sé, la abandoné allá en la playa, si, fui cruel al no reconocer que tenía
razón.
Pasé
la noche sin pegar los ojos, tuve miedo de levantarme a preguntar por ella en
la habitación de las muchachas. Bien, quizás en la mañana tengo la oportunidad
de verle, debe de estar muy lastimada, pero me late que debo de acercarme y
pedirle disculpas.
Hemos
salido con mochila en mano, el busito de la excusión nos espera para llevarnos
a casa, estoy intrigado no la he visto, me han informaciones controversiales,
negativas sin sentido con soluciones
indiferentes al preguntar por ella.
Subo
al transporte donde todo es alegría y relajos, los muchachos y muchachas con
muestras de quemaduras de sol se lanzan en chascarrillos comentando las cuitas
que sucedieron. El de la guitarra charanguea en instrumento mientras cada quien
se coloca en su respectivo asiento. He pescueceado a mis alrededores en
búsqueda de la chica pero no la ubico y el jalón de arranque del bus me obliga
a sentarme de sentón.
En
los primeros minutos de avance, mientras me acomodaba, le pregunto a mi vecino
si sabe de tu paradero, él encoge los hombros y me indica negativamente, me
encojo de brazos me arreglo la cachucha y me deslizo para ponerme en posición
de dormir, cuando alguien por detrás de mi
coloca sus manos frente obstruyendo mis ojos.
--- No creíste que me ibas a
abandonar así tan fácilmente…
Volteé
mi rostro y la vi frente a frente, con sus dedos me tomó de los cachetes para
subirme las comisuras labiales.
--- Sonría…. Orgulloso, así se mira
mas guapo.
Tomé
su cabeza y sin decir palabra la acerque para besarla… Como que todo había
pasado, no mas allá de un mal entendido. El grupo enardecido zampó un grito de algarabía,
mientras me encaramaba sobre el asiento y me hacía espacio para ir al lado de la
chica. La guitarra romántica lanzaba los acordes de una canción que cantábamos
en grupo muy sentimentalmente,
--- Reloj no marques las horas,
porque voy a enloquecer…
Mientras
los postes del alumbrado eléctrico corrían en contra de la vía y la alongada cinta asfáltica nos
transportaba kilómetro a kilómetro atravesando los verdes pastizales adornados de cabezas de ganado merendando en
la campiña hacia en infinito. La
pareja fundida en un espléndido abrazo pasa por un coloquio de promesas, que
arrullan el final de una excursión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario