viernes, 10 de octubre de 2014

ATARDECER



          Las gaviotas parloteaban en el infinito donde hace un despunte la unión del azul cielo y espumoso mar. Los pivotes derruidos que mostraban las secuelas de un puerto, donde las aguas se prestan en columpios sobre sus troncos donde los pelícanos suelen reposar con el viento después de engullir los peces de salina  confitura, con remolinos donde pescan luego se ven reflejados los paisajes de sus alrededores de verde pintado de acuarela de la costa y del  acantilado que se esconden las porciones sudada de parches con playas de arena blanca.
          Junto a las pisadas que dejaban huella en el manto de la arena, indicando el paso en carrera, cuando te llevaba de la mano a jugar alegremente los sortilegios de esta juventud que seducida por la llegada de la primavera, nos enardecía del tibio resplandor de un primer amor. Los pequeños tumbos eran mudos testigos de la  grácil espuma rondando para borrar las impresiones de nuestros pasos cuando nos alcanzaba en la carrera.
          Recios golpes en las rocas cuando las olas al acercarse con inmensa violencia a las formaciones saltaban como fuentes de altos chorros de colores que salpicaban en el ambiente, en lluvia de brillante tornasol que se enseña como un prisma al mezclarse con la luz del sol, formando un extraordinario arco iris.
          Una toalla de vividos coloras, reconfortaba nuestra estancia, junto a una canastilla de bambú engalanada con una servilleta de cuadros rojo y blancos bordados de un doblez de pespunte cubriendo la merienda del momento. Una botella de agua y dos vasos a medio llenar, se purifican entre un recipiente panecillos de quesos cortados por mitad, con sus flecos de hojas de lechuga, envueltos en servilletas de papel, bellamente adornados a la espera de ser consumidos.
          Recostado sobre tu vientre hacía mi perdida contemplación hacia el cenit del infinito,  acariciaba tu cabello que graciosamente caía sobre tus espaldas, jugando a las escondidas con tus senos parcialmente cubiertos por el sostén del escotado bikini.
          La prosa de mis pensamientos aletea mis ilusiones, confesando mis deseos, tu con la mirada hacia la inmensidad marina, pareces no darte cuenta de ese diálogo en silencio que se trasmite de piel a instinto. Tus pies hacen surcos nerviosos sobre espacio arenoso de los pecados de la inseguridad, aunque la soledad nos incitaba a romper ese presagio de intimidad.
          Te pones de pie y como en loco desenfreno te diriges en pálida carrera hacia las aguas, donde te lanzas como para apaciguar el fuego, sorprendido por tu actitud me incorporo frente la espuma del remanso, mientras esta se retira quizás temerosa deja a su paso algunos crustáceos abandonados en el borbollón, que se vuelven los paganos de la negativa insinuación, al ser lanzados con los pies hacia la siguiente ola 
          Con el agua hasta la cintura, mientras recoges tu pelo alborotado, sonríes como pidiendo disculpas por el proceder, sales casi caminado y te envuelves tímidamente entre una toalla. No ha sido el momento preciso, me insinuaste, sin más que decir, limpias tu cara, recoges el equipaje y con paso firme te diriges por el mismo sendero por donde vinimos. Pongo en orden mis ideas y calzo un short para seguir tus pasos, me sacudo la cabellera para espantar los malos pensamientos y algunos granos de arena que se pegaron en mi cabeza.
          Tu caminar ha sido un tanto lento por lo que fácilmente te he alcanzado, sin decir nada te apareas, tomándome del brazo, recuestas tu testa sobre mi hombro y al dirigirte la mirada, simplemente sonríes, con la esperanza que el incidente te vea perdonado. Sigo con el rostro compungido, la frente me marca las líneas de la frente y la comisura de los labios demuestran enojo e indiferencia, te detienes frente a mí y con los índices de ambas manos haces una presión sobre las comisuras empujándolas hacia arriba, Como quien pinta una cara feliz y haces una muesca chistosa con el fin de que me sonría.
          Me salgo por la derecha y te ignoro, mi paso se vuelve mas rápido en busca de alejarme, pero tú regresas a colocarte en mi presencia, te hago que me sueltes y cruzo mis brazos, me abro paso, te dejo con un puchero en el rostro y las muecas de inicio de unas lágrimas. Caes semi sentada ocultando la cara con un llanto que obstruye tu nariz en el resuello.
          He llegado hasta las champas en la parte superior del acantilado, en donde los tres casuchas del puesto se reúnen alrededor de una fogata, donde un grupo de chicos se platican de cosas, cuentan chistes y sus experiencias. Otros disfrutan del ensueño, dando rienda suelta a caricias y besos con sus respectivas pareja.
          Aun molesto me encuentro cabizbajo frente al fogarón cubriéndome con una toalla, la lumbre me broncea la cara  y me inunda de dudas mis reacciones. He perdido la noción del tiempo. Que ha sido de ella, no lo sé, la abandoné allá en la playa, si, fui cruel al no reconocer que tenía razón.
          Pasé la noche sin pegar los ojos, tuve miedo de levantarme a preguntar por ella en la habitación de las muchachas. Bien, quizás en la mañana tengo la oportunidad de verle, debe de estar muy lastimada, pero me late que debo de acercarme y pedirle disculpas.
          Hemos salido con mochila en mano, el busito de la excusión nos espera para llevarnos a casa, estoy intrigado no la he visto, me han informaciones controversiales, negativas  sin sentido con soluciones indiferentes al preguntar por ella.
          Subo al transporte donde todo es alegría y relajos, los muchachos y muchachas con muestras de quemaduras de sol se lanzan en chascarrillos comentando las cuitas que sucedieron. El de la guitarra charanguea en instrumento mientras cada quien se coloca en su respectivo asiento. He pescueceado a mis alrededores en búsqueda de la chica pero no la ubico y el jalón de arranque del bus me obliga a sentarme de sentón.
          En los primeros minutos de avance, mientras me acomodaba, le pregunto a mi vecino si sabe de tu paradero, él encoge los hombros y me indica negativamente, me encojo de brazos me arreglo la cachucha y me deslizo para ponerme en posición de dormir, cuando alguien por detrás de mi  coloca sus manos frente obstruyendo mis ojos.
--- No creíste que me ibas a abandonar así tan fácilmente…
          Volteé mi rostro y la vi frente a frente, con sus dedos me tomó de los cachetes para subirme las comisuras labiales.
--- Sonría…. Orgulloso, así se mira mas guapo.
          Tomé su cabeza y sin decir palabra la acerque para besarla… Como que todo había pasado, no mas allá de un mal entendido. El grupo enardecido zampó un grito de algarabía, mientras me encaramaba sobre el asiento y me hacía espacio para ir al lado de la chica. La guitarra romántica lanzaba los acordes de una canción que cantábamos en grupo muy sentimentalmente,
--- Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer…
          Mientras los postes del alumbrado eléctrico corrían en contra de la vía  y la alongada cinta asfáltica nos transportaba kilómetro a kilómetro atravesando los verdes pastizales  adornados de cabezas de ganado merendando en la campiña hacia en infinito.      La pareja fundida en un espléndido abrazo pasa por un coloquio de promesas, que arrullan el final de una excursión.

                        

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