miércoles, 22 de octubre de 2014

EL PIANO DE CAJA



          El sonido del piano de caja vertical, que a lo lejos remeda una melodía de antaño con un tecla de RE desafinada en la tercera escala, justo antes de la siguiente negrilla del sostenido,  se pierde en su alocado ritmo cuando un grupo de dedos inflamados de los gonces provenientes del alcohólico ejecutante, las somata en búsqueda de armonía.
          En el ambiente de oscurana el humo de un cigarrillo de sonrisa ardiente asciende hasta el infinito cuando es exhalado a través de labios gruesos, bajo la sombra de un bigote, que desde la comisura sostiene con algún esfuerzo la braza de la colilla que le hace torcer el rostro cerrando el párpado que llora por el efecto del trayecto del humo. La ceniza del tabaco que crece con cada aspiración, vuela en caída libre cuando se revienta en su origen al hacer contacto con el suelo.
          El desaliñado instrumento que goza ya de antigüedad, mantiene su señorío, con las señas inequívocas de quemadas de fumadores sobre la orilla en la parte superior del mueble, en parte ya rascadas dan señas que se muestran en la tapadera y en el reclinatorio del final del tablero de escala de las teclas, el contraste en la afinación de la pianola, se ve indulgente en producir algún sonido que por ser de los más altos permanecen resecos o en reposo durante algunas de las canciones.
          Los parroquianos se han dado cita, la noche es virgen, por ser viernes la concurrencia es abundante y bulliciosa. Las ricas viandas, rodeadas de suculentos tarros de cerveza, circulan por la barra y en las pequeñas mesas alrededor del salón.
          Los que disfrutan del desafinado trote de las teclas blancas que saltan con las notas del instrumento, las  parejas abrazadas danzan apretadas y de cachetillo, en la informal pista al centro del burdel. Unos cuantos mal encarados recostados de espalda en el borde enfrente de la barra, hacen sus ánimos de zamparse un trago de guaro blanco con el fin de agarrar valor y soltarse a la pista con la gracia de alguna de las damas que coquetamente esperan en su mesa para soltarse al ruedo y sumarse al jolgorio del baile a media luz.
          La exigencia se vuelve grande cuando los danzantes piden darle mayor ritmo a la canción, por lo que el flaco del piano se pone de pie, quitándose el banco donde aposta su trasero, dispone a ejecutar un saltarín ritmo de Rock and Rol. La efervescencia se hace evidente y los bailarines se entorchan zigzagueando sus pies como quien apacha una cucaracha, hasta volver locos en aplausos a los que únicamente se dedican a observar, pues no saben de bailar o desconocen el ritmo en cuestión.
          En un rincón de la fonda reposa un parroquiano que se empina sutilmente una botella, de las seis envases de cervezas que tiene al frente, luego pasa la manga de su camisa para limpiarse la boca, el rostro demarcado de indiferencia, las líneas de tristeza le inducen a beber, coloca unos granos de sal en la boca de la botella y la ingiera hasta el último sorbo. Minutos mas tarde levanta la mano, grita por otra tanda y la mesera le lleva tres botellas, que coloca sobre la mesa.
--- Si ya se es una para usted y 2 para sus amigos.--- haciendo una mueca de desaprobación, por la ausente presencia de los mencionados.
          El tipo le lanza sobre el azafate un billete arrugado, quedándose a medio sentar levanta una cerveza y grita:
--- SALUD!---
          Los vecinos extrañados se le quedan mirando, algunos con sonrisa de burla y otros indiferentes, al ver que no hay nadie en la mesa con quien celebrar. Dentro de la molotera del baile aparece una mujer de corte humilde que se abre paso hasta su mesa, lo toma de la solapa y le obliga a levantarse.
--- Conque chupando otra vez!?
          Se pone de pie,  en una rabieta, somata la mesa y balbucea.
---Como vas a pensar, Mujer, estoy compartiendo con unos amigos, pensas que les voy a dejar abandonados?---
          Ella voltea ver hacia los sitios desocupados.
--- Cuales amigos?... borracho es que estás---
          Se le acerca y hablando en voz baja le dice al oído:
--- No me hagas quedar mal son mis cuates, sabés que ellos me llegaron a buscar y me trajeron aquí.?.---y le señala las dos sillas que permanecen vacías.
--- Ya estas imaginando babosadas, haber mejor nos vamos, excusa de irresponsable, te viniste a matar el pisto de la quincena .
          No muy de buena gana se incorpora con el permanente jalón que le infringe la mujer. Se detiene junto a la mesa, tras un reparo, se detiene frente a la mesa se coloca el sombrero y con un saludo exclama
--- Hasta la vista camaradas, espero pronto volverlos a ver. Ustedes saben que no es que me vaya, es que me llevan, toma uno de los envases y lo ingiere en su totalidad y sale trastrabillando por el salón.
          Los días han pasado tres sujetos comparten una mesa, donde hacen remembranzas, sentados en la misma mesa del fondo de la taberna, es día lunes y no hay nadie, en el piano se encuentra el flaco inaugurando la tarde con alguna tonadita, la misma tecla desafina. Hace un esfuerzo para moverlo, le quita el cartón que le cubre y hurga entre las cuerdas del instrumento, golpea algunas partes donde sacude la polilla y retorna a su sentadero para hacer la prueba.
-- Que va este lo que necesita es una total afinación--- le dice el cantinero, que con un delantal en su cintura se detiene frente al instrumento.---
          El flaco se le queda viendo.
--- Ya está apunto de acabar, compostura ya casi no tiene, está como en agonía o muerte prematura.---
--- A propósito de muerte, sabes quien pasó a mejor vida?---
--- No lo se aquí en este lugar raras veces se entera de estas noticias.---
--- Te acordás del señor gordo que se sentaba en la última mesa y pedía cervezas para tres personas y el siempre estaba solo?---
---Ya se el que decía que venía a chupar con unos sus cuates que eran invisibles.---
---Ese merito, pues él, dicen que le dio una de esas enfermedades raras, que se lo llevó al panteón, cuentan que antes de morir le comentó a la familia, que lo llegaron a traer a su lecho de enfermo, los amigos de sus farras.---
--- Y decime eran los que siempre le acompañaban en las farras cuando venía por este lugar… Los tres cuates en espíritu se ríen allá en el fondo en espera de alguien que les sirva otra cerveza

HILOS DE TRADICION



          Tras el hilo entorchado puesto en el ojo de una aguja o guía de madera, las madejas pintadas se escurren en los lienzos de tela blanca, trozos de imaginativa que se ven bordados con arco iris de colores para dar cuerpo al paisaje de espíritu en la indumentaria que se adorna entre las manos del artista.      
          Un par de aventuras de corte invisible que sirven de prisma entre las ideas y la habilidad de las manos del artesano que recrean diversos escenarios, escritos llenos de contenido, narrativas dulces que relatan el pasado y el señorío de un sentimiento de tradición a través de los telares dulces que encienden los vívidos mensajes de la vida de un pueblo, como un corazón al enfrentarse a su alma gemela en el tiempo.
          Detenido en el lienzo enarbolando en el pico de dos pajarillos de alas doradas, que inciden el uno con el otro, adornando de coronas con flores rojas, lustrinas entrelazadas que en acuarelas pintan la secuencia de sentimientos en el guipil de una cortesana criolla.
          Güindado de la rama de un árbol o de un zócalo se extiende hasta el amarrado de la cintura, como se puede brindar la forma en las piezas medidas en varas del llamado corte, parte de la vestimenta de las mujeres elaboradas con colores predominante azul, matizado con algunos verdes, salpicados de rojo.
          Hilos de grandeza en el diseño, representado dentro de las áreas geográficas de este pueblo indiano de grandes pirámides, de dioses adorados con el POM, oración convertida en humo encendido en alfombras de hojas de pino, de bailes remecidos en pies descalzos que danzan al son de la marimba de tecomates y al compás del TUN.
          Fogatas de candelas que se consumen, tazas de barro de guaro en su alrededor con círculos de flores de amaranto y ramilletes de frutilla, formaciones de piedra volcánica marcando los cuatro puntos cardinales, para agradecer al AJAU, por la vida, la salud y la cosecha.
          Hilos del sonido, en el renacimiento de la vida, labor para mujeres pariendo en cuclillas, rodeada de las IXSHOM, que le hacen fuerza al pujido en compañía de la NA´CHIN, partera comunitaria enseñada por las concubinas de los dioses, para dar soplos de vida a la descendencia. Recién nacido sobados con manteca de coche y curados con la quema de pimienta gorda lanzada en fogata de leña de encino, para quitarles el empacho, las bendiciones trasmitidas con la oración secreta en su oído y la colocación de pulseras de coral rojo para evitar el mal de ojo.
          La oración y el conjuro se finaliza cuando es llevado ante el cofrade mayor, con su gorrito tejido para cubrirle la mollera sin dejar de mantenerse pegado al pellejo de la nana prendido en la chiche para que juegue con su ralo alimento o se amamante.
          Hilos sagrados que adornan con cinta la coronilla de las elegantes mujeres solteras, IXTEN, puestas en su cabeza como el tocoyal que representa la realeza, distinción de la princesas donde dicen de su alcurnia, lazos entorchados de donde se desprende la abundante trenza, que cae por la espalda atada con un lazo anudado, una moña de cinta color rojo, su cuerpo cubierto de blanco lino bordados con el idioma de los Señores, donde cuelgan los chachales, collares de hilo de plata, que se intercalan perforando las piedra trabajadas por orfebrería de jade y las deslumbrantes formaciones calcáreas de orejas de coral de colores varios, otras piezas hechas de ovillos de mullido algodón en flor, partes colmillos de animales, fastuosos adornos de verdes plumas de quetzal. Hombres luciendo taparrabos elegantes, de tela cubierto de trozos de madera con figuras que dictan una historia de altos jerarcas y guerreros.
          El sol del plenilunio cuando los bailes se antojan con el señorío de los animales, venado que haciendo grandes vueltas se inclinan ante los altares para pedir perdón de sus pecados, visten atuendos que se cubren con capas de colores, elaboradas con incrustaciones en sus orillas con piedras pulidas de sílice y bordados con botones de piedras talladas en negro. Mantas que muestran un agujero en el centro para escurrir la cabeza, la del tepezcuintle AKRAM, o del mono MASH y principalmente de KEJ el cervatillo, la cabeza emplumada CHEKEN, el loro, para su representación en un convite frente a una hoguera.
          Sacerdotes de blancas túnicas, que portan brazaletes de Ónix y Jade azul, con máscaras de barro, que dan cabida a los espíritus consejeros de los grandes dioses, que se posan en las nubes de la cornisa de los elevados templos a observar a súbditos en competencia en los campos de pelota Maya, con su elaboración de caucho. Jugadores protegidos con trozos de piel de animales que cubren codos, manos, rodillas y el dorso de los pies.
          Hilos que descienden de la cima de los cielos, ejecutando el baile en la canícula de invierno, El Palo volador, que es llevado a cabo por 8 hombres vestidos de negro y listones rojos, que son purificados en velación, estos se lanzan al vacío amarrados con lazos de maguey, desde una canasta en la punta de un palo de 50 metros, con arnés de cuero, volando alrededor en circunvalaciones, atados de los pies.
          Mística tradición que va desde el corte del árbol en los bosques de Chimajolá, donde se les pide permiso a los antepasados mediante ceremonia donde se reza junto a las vasijas de guaro y las velas de cebo. La tradición dice que el árbol se debe de transportar por 500 hombres hasta el centro de la plaza donde se siembra, con la incorporación de una escalera, los bailarines suben al punto mas alto. En la compañía de un anciano que toca una pequeña marimba se ejecuta el lanzamiento y el baile. Ante la complacencia de los dioses que desde las alturas le dan la bienvenida a la segunda siembra.
          Hilos que se mueve a través de la historia, que se mueven tanto en las tradiciones como en el espíritu de las esculturas, pinturas y elaboración de las  vasijas de barro que representaban los demonios tristes de la época que empieza desde los primeros pasos de los navegantes foráneos, hasta la conquista de la selva, los ritos, el territorios, costumbres y tradiciones de los descendientes mayas, aplastados por las armas y aun por la religión de la España monárquica. Hilos que se tornaron en destrucción, saqueos y explotación, a través del mestizaje, fenómeno de esclavitud de esa época, que de pronto se denominó por los invasores herencia o legado.
          La cultura que se encuentra allí en las grandes obras, las que no pudieron ser borradas, vestigios de conocimiento trasmitidas en secreto en códices y muestras de escritura, lienzos estampados en el interior de los palacios que dicen de florecientes períodos.
          Caciques sin hilos de oscura descendencia, producto de las guerras de dominación que aniquilaban a los señores de lugares conquistados, cuyos súbditos corrían el mismo destino de sus monarcas, al ser convertidos en esclavos. Mujeres víctimas de estos horrores, corderos que se convirtieron en sacrificios humanos para los dioses malignos de la guerra.       
   
         

jueves, 16 de octubre de 2014

VISITANTE NOCTURNO



          La tibia ternura de sus labios recorrió frenéticamente las líneas suaves por detrás de las orejas, recorriendo en toda la extensión del cuello, produciendo un calofrío inicial en su exquisitez de su costado. El trayecto se tornó en fuentes húmedas de agradables sentimientos resplandecientes, sellado en un susurro de postrer aliento en una palabra sensual de agonía, de sublime poesía, palabras de una tierna estela vibrante de un crepuscular anhelo.
          Todo un conjunto de caricias que se envolvieron como alas de mariposa al entrar en el contacto de la piel morena, que mostraba la escultural finesa del cuerpo femenino, que descendía desde la espalda hasta la curvatura de las caderas. La franja de listón que mostraba por debajo de la cintura, la demarcación del espacio que se convertía en desnudez, modelado por el listón de un bikini negro, que hacía evidente lo hermoso de las curvaturas y el portento de los muslos.
          Envuelto en el satín de tus sábanas, mostraba indeleble la expresión sensual de los senos que se adherían al punto de dar a la imaginación una obra de arte, túnica que enseñaba el resto hasta el vientre, escurriéndose tímidamente entre los pierna de pasión de mujer con frescura de mañana.
          El radiante sol que penetró por el balcón se acompaño con los cantos de pajarillos que curiosos se mostraban en el dintel de la ventana, con el aroma de primavera, jazmines en flor que hacían evidentes en el entorno de su lecho. Despertó mágicamente tras un tintineo de campanas que le hicieron tomar un bostezo de inicio de día y el buscar el cielo con el estiramiento de sus brazos para sacudir el resto de los sueños. Sentada, recogió las piernas sobre los muslos, abrazándolos con ambas manos, mientras meditaba sobre los acontecimientos en el plenilunio de las  noches.
          La habitación se encontraba en franco desorden, prendas de vestir se arrastraban sobre la alfombra, tras el ímpetu del ágape. Los estilizados zapatos descubiertos del talón hasta la punta se reposaban en su tacón de 20 centímetros en el costado de su cama. Envuelta en lo suave de una bata transparente hiciste  la visita del tocador donde apresuró sus halagos para cepillarse hermosa cabellera negro azabache que caía solidariamente sobre los hombros, entre los arpegios de hermosura, recogió su pelo y lo engarzó con un gancho de carey. Un bote color ámbar de caprichosa forma lo sacudió sobre su cuerpo, despidiendo un sublime olor a perfume de fragancia especial, como una nube inundó el ambiente. Calzada con una excepcional bata de borlas de algodón y utilizando un par de pantuflas engarzadas, que mostraban el artístico esmalte de la pintura de las uñas, se condujo hacia el resto de la mansión, en busca del desayunador que se mostraba junto a la piscina, todo estaba dispuesto para la comida.
          Era quizás, un sueño, una frase mítica que en medio de una historia de fantasía se proyectaba en el escenario de la mente, deseos insospechados que volaban en la cumbre de una ilusión que revoloteaba en el pensamiento de aventuras sin límites, creada dentro de una fábula.
          Maximiliano aparcó su Ferrari en el portal de la mansión, portaba en sus manos un ramo de rosas, con paso elegante traspasó en umbral de entrada,  mientras esperaba ser anunciado arregló su bufanda de seda y su saco de cuadros de colores estilo sport, sobre pasó sus zapatos de charol limpiándolos con la parte posterior del pantalón...
          Con un de sus brazos ocultando en la espalda las rosas se te enfrento mientras descendías de las últimas gradas de la escalinata en caracol.
--- Buen día bella dama, siempre radiante…--- antes de terminar la última grada, le tomó de la mano e inclinándose, la acercó y le depositó  un beso en la mejilla ---
---Que galante caballero y a que debo su inesperada visita?, sabe que estaba presta a dejarme seducir por Morfeo, en la siesta de media mañana.---
---Pasaba por aquí y se me ocurrió traerle este hermoso ramo de rosas, demostrarle de corazón, mi denodado interés en usted… Sírvase aceptar esta galantería de mi parte.---
--- Se le agradece en lo que vale su interés. ---
--- Estaba por hacerle una invitación a tomar una taza de café, un refrigerio en la Fonda Real, lugar muy de moda para parejas enamoradas.---
--- Yo se de su interés en mi persona, pero me temo que con lo reciente de mi ruptura de relación, he decidido darme un compás de espera, por lo que no estoy en la disposición de aceptar ninguna oferta de noviazgo y menos de algo mas.---
          Mas que sorprendido, sin decir palabra se retira haciéndole un nuevo saludo de despidida. Un tanto desilusionado, se dirige a través del hall hacia la salida de la casa. Se detiene y dando una media vuelta repite:
--- Ninguna oportunidad ---.
          Ella le contempla y se despide moviéndole su mano en un desabrido adiós
          En el amplio salón del comedor, mesa de manteles de lino que con tejidos calados se disponen a albergar la cena en la víspera de la tarde. Cuando los candelabros encendidos de tres mechas, apuntan al cielo, titilan en hilos de humo que rebasan la cúpula dándole una ambiente de soledad, la silla a la cabecera es ocupada por la dama, en fulgurante vestidote gala, pero inquieta por la entrada de la noche. Los sirvientes que le prestan su atención y las damas de compañía  le colocan las viandas concerniente a la cena, la copa de vino tinto servida a su diestra y las charolas de plata se disponen adecuadamente mientras le depositan los alimentos en su plato.
          El antiguo reloj de caja marca en sonido de siete campanadas la presencia de la llegada de la noche, en la amplitud de la mansión el silencio se hace contundente mientras se encienden las luces de los corredores que se ven paliduchas  marcando el sendero que conduce a la habitación de la señora. En el interior de su habitación las mucamas proceden a arreglar su cama y la dama de compañía le ayudan a cambiar sus atuendos. Deja sus joyas en el cofre sobre el trinchante, su diadema le suelta sus cabellos dejándolos al natural, se coloca una bata de toalla y dirige hasta la tina de porcelana tipo Luis XV, introduce la punta de su pie izquierdo para medir la temperatura del agua, confortablemente se introduce totalmente desnuda a disfrutar de un baño de agua caliente, con reboso de burbujas. Unicamente un par de veladoras de color blanco rompen la oscuridad, mientras ella después de sumergirse, se complementa el baño reposando de cuerpo entero, se limpia el rostro y con una copa de vino rosa, espumante, se acompaña con un salud en medio de la soledad.
          Con una toalla envuelta en su cabeza se despide de las aguas y sin inmutarse camina rumbo a su lecho, donde sacude su cabeza a medio mojar, la silueta de su hermoso cuerpo se delinea por las luces de las candelas , lo moreno de su piel que se torna de una lindura especial por el reflejo de color oro que produce el estupendo tono de su piel.
          La tenue luna que logra penetrar escasamente por la ventana, se ve intimidada cuando la enigmática sombra de un individuo se desliza como un espíritu por el balcón. Las luces de las veladoras se han extinguido y lo tibio de la noche se confabula con el aroma de dama atractiva, con fragancias a perfume francés, que recostada en su almohada de plumas de ganso muestra lo sin límite de la belleza de su rostro. El enigmático visitante se acerca hasta su cama y sin decir nada le deposita un beso en la boca que se torna en una prolongada y ardiente caricia.   
          Es la sombra del deseo que se confunde furtivamente en el ocaso de sus ilusiones, la frenética emoción, que le despierta el deseo y la conduce a los brazos de un desconocido producto de su creación y la inspiración de Eros.

viernes, 10 de octubre de 2014

LA ABUELA



          Al fondo del corredor se escucha el rechinido producido por el vaivén de la mecedora, la abuela se encuentra allí, con su madeja de lana y las agujas de Croché, elaborando algún gorrito o talvez un saco para el frío. Con sus hábiles manos enreda la maraña de los hilos de color rosado, prenda que sacude vez en cuando para medirlo con un geme y compararlo en su memoria, con la edad y el tamaño de la beba. Se ha pasado varias hors en su arduo trabajo, como quien pasa la vida en el espejo de los años.
          Ese día se levantó de madrugada como era su costumbre, después de haber dejada estirada y arreglada su cama se prendió en el espejo y con el peine alisó su larga cabellera ya teñida de blanco, la dividió en dos y con toda paciencia trenzo cada una de las porciones hasta dejarlas terminadas en listones de colores llamativos y colocarlos elegantemente sobre su pecho. Posó coquetamente ante el espejo del armario al vestir su delantal blanco de bolsa de parche por encima su vestido floreada, de dos fustanes enyuquillados con las medias de nylon grueso que las ajusta con sendas ataderas entorchadas por encima de sus rodillas y calza sus botines negros, después de haberles pasado un trapo húmedo para dejarlos limpios.
          Se persigna y murmura una oración matutina con la señal hace remembranza pensando en su Dios,  se encomienda con un gracias por un día mas de vida. Tocando la base de la imagen del Sagrado corazón de Jesús  que tiene en el altar de su dormitorio. Rasca un fósforo le dio lumbre a una veladora de cera de las que tienen un forro de papel que dice “San Judas Tadeo”,  luego se dirigió hacia la cocina.
          Atiza algunos leños con algunas tuzas para hacer que permanezcan prendidos como brazas colocando dos trozos de olote procede a soplar en su interior hasta que se declaran las llamas. La jarrilla de café empieza hacer burbujas a medida que se calienta, mientras en el comal recalentado se recuestan unas tortillas untadas de frijol volteado.
          El cacareo de las gallinas se deja escuchar  mientras las animalitas salen despavoridas de los nidos, donde ella ha ido a recoger los frescos huevos, que le servirán para el desayuno de la familia. Pide a gritos las tortillas apresurando los últimos toques de la comida. Deja sacudida la mesa e inicia  presurosa su espera de intranquilidad, se truena los dedos y camina de una lado para otra, penetra a su cuarto a revisar el reloj de pared, que con el péndulo marca el paso de los segundos, se asomó hasta la entrada a hispiar, pero regresó un tanto contrariada.
--- Que será que no vienen estos muchachos… Ya se hizo tarde…hummm...!. Y yo con tanto que hacer…---
          Sacude su delantal y se dirigió hasta la estufa, toma un sartén le pone un bodoque de manteca, mientras salpica la grasa le dejó caer unos huevos batidos, que se salpican ante lo hirviente de la frita, con sal tomate y especies procede con el uso adecuado de la paleta de madera para hacer el revuelto, poniéndole en su punto. El muñeco de tortillas envueltas en servilleta están en su sitio anunciándose para saciar cualquier apetito con el incomparable sabor del desayuno criollo.
          Ella coloca los platos y el bote done los cubiertos se muestran en el centro de la mesa, En esos trances se encontraba cuando de pronto escucha la presencia de alguien en la puerta donde se asoman un par de patojos, acompañados de un hombre. Todos bien vestido, bien aplanchaditos que se le acercan para saludarla.
--- Hola abuela, como estás?--- dice el mas pequeño
--- Bien mi patojo, haber acérquese y me da un mi besito…
          El niño se acerca y le da un beso en la mejilla, el otro que es mayor solamente le saluda de lejos con un aleteo de mano.
--- Y mi beso?--- le pregunta
          El joven se queda estático, hasta que su padre parado detrás de él, le empuja para que lo haga, no de muy buena gana lo ejecuta.  .
--- Es que cuando crecen, como este muchachón, ya no quieren darle besos a la abuela, se los guardan todos para las patojas.—
--- Que tal madre, que Dios te bendiga, como amaneció mi viejita hoy?---
--- Viejitos, los caminos, pero aun levantan polvo… ja,ja,ja.
--- Hay mamá usted siempre tan ocurrente.
--- Bien vamos al desayuno, mis amores, hoy como que se levantaron tarde?. Haber vénganse para acá, ya les tengo preparado la comida. Ya mandé a la muchacha a que les traiga leche recién ordeñada.---
--- Gracias abuela, me regalas una torta para llevar para la refa…
--- Claro que si hijo, lo que se te antoje--- dirigiéndose al hijo--- Haber contame y la nena?---
---Se quedó en casa con su madre.---
--- Hay mi princesa, tengo ratos de no verla, debe de estar linda.--- a propósito te cuento que le estoy tejiendo un saquito para ahora que viene el frío… Haber cuando me la traes para ver como le va quedando y así talvez me dejan que la chinée.---
--- ¡Ay mamá!, si apena ayer la tuvo aquí---
---Es verdad, ya se me había olvidado que se quedó conmigo, ella ni molesta verdad?. A mi me gusta que la traigan seguido, es que como es mujercita…, me imagino como tener una mi muchachita--- Pero Dios así lo quiso, solo me dio barracos… Y este par de caballeros, para que no se me pongan celosos, cuando se viene a estar un buen rato con su abue…?
--- Un día de estos, cuando salgan de la escuela. ---
--- Coman que nos queda poco tiempo, hijos píquenle sino llegaremos tarde a la escuela---
          Después de saborear los alimentos y con el paso de la servilleta que les limpia los bigotes por donde les ha dejado marcas el vaso de leche, después de buen provecho, al haber consumido el cuscum, se levantan, en menos de lo que canta un gallo, en fila india salen por la puerta, prestos a dirigirse a su centro de estudio. El caballo percherón se encuentra amarrado en la entrada somatando nerviosamente el casco de una de sus patas, en él es donde se transportan, uno de los chicos adelante en el sillar de se padre,  el grande en las ancas del animal. Se hace a la montura el padre  se coloca en su puesto, después de un jalón de los frenos el caballo da media vuelta y en pequeños trotes se aleja de la casa.
--- Adiós abuela, nos vemos otro día.--- gritan en coro y se despiden alzando sus manos.
--- Adiós, que Dios vaya con ustedes.—ella levanta su mano derecha y los envía la bendición haciendo la señal de la cruz.
          La viejita retorna a sus que haceres, saca su escoba de palma y la baila en el corredor para sacudir el polvo, retoma su costura y se dirige hacia la mecedora, después de espantar al gato barcino que se hizo nido en el asiento, sacude el sentadero y se coloca, busca en el canasto de las lanas sus espejuelos, limpia los lentes y con un pita los cuelga de su cuello y se queda en sus pensamientos. Lo avanzado del día la hace pestañar interrumpiéndole la costura, después de rascarse la mollera, retoma los instrumentos para fabricar otras cadenas de lana en su trabajo
--- Bien que le contentan el rato los nietos, verdad?..., que alegría al verlos venir y disfrutarlos un día, pero eso si, es mayor alegría cuando se van y la tranquilidad vuelve reinar en la casa…          

ATARDECER



          Las gaviotas parloteaban en el infinito donde hace un despunte la unión del azul cielo y espumoso mar. Los pivotes derruidos que mostraban las secuelas de un puerto, donde las aguas se prestan en columpios sobre sus troncos donde los pelícanos suelen reposar con el viento después de engullir los peces de salina  confitura, con remolinos donde pescan luego se ven reflejados los paisajes de sus alrededores de verde pintado de acuarela de la costa y del  acantilado que se esconden las porciones sudada de parches con playas de arena blanca.
          Junto a las pisadas que dejaban huella en el manto de la arena, indicando el paso en carrera, cuando te llevaba de la mano a jugar alegremente los sortilegios de esta juventud que seducida por la llegada de la primavera, nos enardecía del tibio resplandor de un primer amor. Los pequeños tumbos eran mudos testigos de la  grácil espuma rondando para borrar las impresiones de nuestros pasos cuando nos alcanzaba en la carrera.
          Recios golpes en las rocas cuando las olas al acercarse con inmensa violencia a las formaciones saltaban como fuentes de altos chorros de colores que salpicaban en el ambiente, en lluvia de brillante tornasol que se enseña como un prisma al mezclarse con la luz del sol, formando un extraordinario arco iris.
          Una toalla de vividos coloras, reconfortaba nuestra estancia, junto a una canastilla de bambú engalanada con una servilleta de cuadros rojo y blancos bordados de un doblez de pespunte cubriendo la merienda del momento. Una botella de agua y dos vasos a medio llenar, se purifican entre un recipiente panecillos de quesos cortados por mitad, con sus flecos de hojas de lechuga, envueltos en servilletas de papel, bellamente adornados a la espera de ser consumidos.
          Recostado sobre tu vientre hacía mi perdida contemplación hacia el cenit del infinito,  acariciaba tu cabello que graciosamente caía sobre tus espaldas, jugando a las escondidas con tus senos parcialmente cubiertos por el sostén del escotado bikini.
          La prosa de mis pensamientos aletea mis ilusiones, confesando mis deseos, tu con la mirada hacia la inmensidad marina, pareces no darte cuenta de ese diálogo en silencio que se trasmite de piel a instinto. Tus pies hacen surcos nerviosos sobre espacio arenoso de los pecados de la inseguridad, aunque la soledad nos incitaba a romper ese presagio de intimidad.
          Te pones de pie y como en loco desenfreno te diriges en pálida carrera hacia las aguas, donde te lanzas como para apaciguar el fuego, sorprendido por tu actitud me incorporo frente la espuma del remanso, mientras esta se retira quizás temerosa deja a su paso algunos crustáceos abandonados en el borbollón, que se vuelven los paganos de la negativa insinuación, al ser lanzados con los pies hacia la siguiente ola 
          Con el agua hasta la cintura, mientras recoges tu pelo alborotado, sonríes como pidiendo disculpas por el proceder, sales casi caminado y te envuelves tímidamente entre una toalla. No ha sido el momento preciso, me insinuaste, sin más que decir, limpias tu cara, recoges el equipaje y con paso firme te diriges por el mismo sendero por donde vinimos. Pongo en orden mis ideas y calzo un short para seguir tus pasos, me sacudo la cabellera para espantar los malos pensamientos y algunos granos de arena que se pegaron en mi cabeza.
          Tu caminar ha sido un tanto lento por lo que fácilmente te he alcanzado, sin decir nada te apareas, tomándome del brazo, recuestas tu testa sobre mi hombro y al dirigirte la mirada, simplemente sonríes, con la esperanza que el incidente te vea perdonado. Sigo con el rostro compungido, la frente me marca las líneas de la frente y la comisura de los labios demuestran enojo e indiferencia, te detienes frente a mí y con los índices de ambas manos haces una presión sobre las comisuras empujándolas hacia arriba, Como quien pinta una cara feliz y haces una muesca chistosa con el fin de que me sonría.
          Me salgo por la derecha y te ignoro, mi paso se vuelve mas rápido en busca de alejarme, pero tú regresas a colocarte en mi presencia, te hago que me sueltes y cruzo mis brazos, me abro paso, te dejo con un puchero en el rostro y las muecas de inicio de unas lágrimas. Caes semi sentada ocultando la cara con un llanto que obstruye tu nariz en el resuello.
          He llegado hasta las champas en la parte superior del acantilado, en donde los tres casuchas del puesto se reúnen alrededor de una fogata, donde un grupo de chicos se platican de cosas, cuentan chistes y sus experiencias. Otros disfrutan del ensueño, dando rienda suelta a caricias y besos con sus respectivas pareja.
          Aun molesto me encuentro cabizbajo frente al fogarón cubriéndome con una toalla, la lumbre me broncea la cara  y me inunda de dudas mis reacciones. He perdido la noción del tiempo. Que ha sido de ella, no lo sé, la abandoné allá en la playa, si, fui cruel al no reconocer que tenía razón.
          Pasé la noche sin pegar los ojos, tuve miedo de levantarme a preguntar por ella en la habitación de las muchachas. Bien, quizás en la mañana tengo la oportunidad de verle, debe de estar muy lastimada, pero me late que debo de acercarme y pedirle disculpas.
          Hemos salido con mochila en mano, el busito de la excusión nos espera para llevarnos a casa, estoy intrigado no la he visto, me han informaciones controversiales, negativas  sin sentido con soluciones indiferentes al preguntar por ella.
          Subo al transporte donde todo es alegría y relajos, los muchachos y muchachas con muestras de quemaduras de sol se lanzan en chascarrillos comentando las cuitas que sucedieron. El de la guitarra charanguea en instrumento mientras cada quien se coloca en su respectivo asiento. He pescueceado a mis alrededores en búsqueda de la chica pero no la ubico y el jalón de arranque del bus me obliga a sentarme de sentón.
          En los primeros minutos de avance, mientras me acomodaba, le pregunto a mi vecino si sabe de tu paradero, él encoge los hombros y me indica negativamente, me encojo de brazos me arreglo la cachucha y me deslizo para ponerme en posición de dormir, cuando alguien por detrás de mi  coloca sus manos frente obstruyendo mis ojos.
--- No creíste que me ibas a abandonar así tan fácilmente…
          Volteé mi rostro y la vi frente a frente, con sus dedos me tomó de los cachetes para subirme las comisuras labiales.
--- Sonría…. Orgulloso, así se mira mas guapo.
          Tomé su cabeza y sin decir palabra la acerque para besarla… Como que todo había pasado, no mas allá de un mal entendido. El grupo enardecido zampó un grito de algarabía, mientras me encaramaba sobre el asiento y me hacía espacio para ir al lado de la chica. La guitarra romántica lanzaba los acordes de una canción que cantábamos en grupo muy sentimentalmente,
--- Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer…
          Mientras los postes del alumbrado eléctrico corrían en contra de la vía  y la alongada cinta asfáltica nos transportaba kilómetro a kilómetro atravesando los verdes pastizales  adornados de cabezas de ganado merendando en la campiña hacia en infinito.      La pareja fundida en un espléndido abrazo pasa por un coloquio de promesas, que arrullan el final de una excursión.

                        

RECUERDOS DEL ALTIPLANO



          En las cumbres heladas de la Sierra Madre, la de los picos mas altos y profundos barrancos, en cuyas llanuras fértiles, viajé en la inmensidad de sus cielos en pos de encontrar mis propias ideas, mis experiencias para imbuirme en la vida comunitaria de los pueblos indígenas, usé las transparentes ansias impregnadas en el infinito cuando asenté con mi presencia en el hermoso altiplano del país, nadé entre las nubes del pensamiento en búsqueda de estos viejos recuerdos, con todas sus explicaciones encontrarme con las experiencias del aura de mi espíritu que cada vez se tornaba resplandeciente entre chirimía y costumbres con la convivencia de las culturas milenarias nuestras que me llevaba con  alas de victoria para ejecutar la prosa de mis ideas.
          Desde lo vasto de mi trabajo, vi descender estas bienaventuranzas como un rayo de luz, inspiración convertidas en un ángel de blancas vestimentas escrituras que con suavidad se anidaban en los pergaminos de literatura,  tan solo una idea, una fugaz reflexión que llevaba en sus adentros incidentes, con la descripción de acuarelas, describiendo las costumbres de los pueblos con la  inspiración, que se mostraba en las letras, frases y palabras que daban forma a una narrativa indeleble de cantos y flores, que daban forma a una narrativa, de un paisaje indiano junto al sentimiento de pertenencia del espíritu por demás atrevido, con las características de ranchitos autóctonos que adornaban el campo de cofradías y ferias patronales, de mercados de plaza que se adornan de papel de china sueltos al viento como las sonrisas del espíritu, envueltas en pom y sonidos de marimba. Chirimía de mil batallas que seduce buscando al encuentro de mujeres de trajes multicolores, güipiles y tocoyal en las empedradas calles, en el tráfico de criollos de saco tejido de lanas oscuras y sombrero redondo de ala corta con una cinta de brillantes colores en la copa.
          Emocionantes parajes de altiplano, de  una vida llena de cosas hermosas que se colman de tradición, sabor a tierra,  de pájaros y pétalos, de brisas de colores que se tornan relatos del diario vivir en el coloquio de aventuras.
          Atento vi entonces, aparecer el escenario de las cúpulas, como el celuloide de las aventuras de los patojos de esta mi tierra, que sin botar el sombrero de paja, jugaban a las canicas, arrastrando sus calzones cortos de manta con rasgaduras en las rodillas ya varias veces remendadas. Ensalivándose el pulgar que les daba seguridad para lanzar la bolita para chocarla con las otras que permanecía inmóviles dentro de un triángulo. La sonrisa de las suelas de su caites mostrando la marimba de dedos de uñas encorvadas y amansadas de tierra bajo su entorno. Risas y carreras cuando resultaban persiguiendo la pelota a la que trataban de patadas en el improvisado campo del futbol. El disonante grito de Gol! Al concretar una conquista en el supuesto marco señalado simplemente con unas piedras
          Las chiquillas jugando en las banquetas empedradas del camino, de cocinita con tapaderas de lata y piedrecitas simulando tazas del atole, otras portando pedazos de trapo que envolvían con olotes para chinear como que fueron los hermanitos menores o el evocar el instinto maternal.
          En el seno de las covachas, las mayorcitas surgen de compañía de la madre haciendo algunas veces el mandado o aplaudiendo alegremente en la fabricación de las tortillas frente al comal de barro caliente, donde las hacen saltar para su cocimiento. La cocina donde circula ese incomparable olor a café hervido junto al fuego de la leñas,  corre con el humo que se disipa hacia el cielo calentando el ambiente.
          Las quinceañeras, las de merecer o casaderas, tejen sus trenzas y las amarran con listones en la cabeza, donde en la coronilla se instalan un entorchado trapo que le ayuda a anidar el canasta que les ayuda a  conducir casi cualquier cosa, desde la ropa para llevarla a la pilona donde por turnos se enfilan en el lavado de las prendas. Es el lugar de las tertulias, del dimes y diretes, las charadas, que ponen en evidencia o  en trapos de cucarachas a las que son sujetas del chisme del día, mientras asolean los trapos blancos o los tienden en los comunales lazos.
          Otras las mas avispadas, que mueven las caderas al vaivén del caminado mientras transportan el tinaco de agua limpia detenido en la cintura y se sonrojan cuando algún muchacho le presta un guiño o les lanza un silbido, las menos agraciadas son las que además en el perraje de su espalda transportan a un infante, producto de unión temprana o metida de pata. Con su rostro tostado por el sol, muestran la pureza de una manzana en sus mejillas, tranzas lindamente adornadas o pelo suelto color azabache que rondan con inefable timidez su in comparable de su belleza
          Los muchachos al sol de la medio tarde se apostan en las orillas de las bancas del parque para hacerles espera, saludan con la reverencia de quitarse el sombrero, los mas abusados se hacen al encuentro para encararlas y sacarle charla, Varios se van con el mutis de una respuesta silenciosa un encoger de hombros de indiferencia o no recibir ni un voltear a ver, socarronamente un no entre dientes, con la sumisa mirada hacia el suelo y el apresurando paso para desaparecen en los caminitos de terracería que les conducen hacia los ranchos.
          Las camionetas en punto de las 5 de la tarde se apostan en las orillas del parque para descargar a los suertudos que logran ir a los institutos de la cabecera, se aglomeran en la glorieta del parquecito, mientras las chicas con sus bellos y elegantes trajes típicos se ven asediadas por los jóvenes. Se juegan a las escondidas en el transcurso que las madres se asoman oficiosas a recoger a las adolescentes.
          Es hora de los vientos que inician a ser gélidos y cada quien se dirigen presurosos al seno del hogar, donde quizás se toman una taza de café hirviente y un par de molletes recién hechos. Emponcharse con lana y buscar un sitio donde acomodar una luz y dedicarse a las tareas del estudio Llego la hora santa en la iglesia que se hace anunciar tras el repique de las campanas, las santulonas con sendos perrajes que las cubren de la cabeza a los pies, se apresuran en grupos para participar en el rezo diario de la cofradía
          Ya los hombres regresan del campo con bultos sobre su espalda, para ser participes de la cena familiar, compuesta de tamalitos de masa, un plato de frijoles en pepita y el suculento pocillo de café. Las tareas de la casa se comparten con los hijos quienes con su responsabilidad se apresuran en sus laboras con tal de salir un rato a pendejear a la calle. Una bocina charralea a las puertas del mercado allí donde funciona la radio comunitaria donde se dan a volar y sin descanso las piezas de marimba para que en el período previo al nocturno las parejas aprovechen a deambular en las orillas del parque y sus alrededores, mientras las lucecitas de los postes se ven titilar pálidamente en medio de la lisonjera penumbra. Todo se torna en silencio, encerrado en sus viviendas los habitantes se preparan para la espera de un reparador reposo que los lleve al día siguiente de madrugada a su parcela a reanudar sus tareas, a las escuelas y a todas las tareas que forman parte de la vida diaria.
          Con la llegada de la fría noche compenso lo vivido atizando papel y lápiz, en el cubículo del centro de salud haciendo las convivencias de lo experimentado y los combino con las bellas realidades de este pueblecito tranquilo y lleno de belleza, allí encuentra la sobriedad de lo relajante que es el dar un poco de si para el beneficio de muchos. El constante ladrido de los perros hace que se descubra la señora luna que se asoma sobre los cipreses y engalana los campos.


  

viernes, 3 de octubre de 2014

TE ACORDAS...?



--- Te acordás nana…! Te acordás de cuando me jalabas de la mano y que casi a rastras me sacabas del rancho a recorrer los caminitos de tierra entre las milpas, mientras tú cargabas el canasto de las verduras que llevabas al mercado para la venta.
          Me llevabas, así como vine al mundo desnudo,  apenas con una camiseta que lo que mas tenía eran hoyos. Enlodado de los pies, los que arrastraba sobre la grama, manchado hasta las rodillas, a duras penas podía mantener el paso mientras me apresurabas en el viaje. Ah! y cuando me caía, me arengabas a levantarme, quizás con un jalón de pelo o un estirón de las orejas. Enjugaba las lágrimas que era lo único que me consolaba, mientras sacudía mis manos para botarme la tierra, sobre el trapo de la camisa o en algunos casos hasta en el ruedo de tu falda.
          Pasábamos por la panadería, donde el olor a torta caliente me abría el apetito, allí donde después de soltar unas fichas te empacaban unas champurradas; cortabas un pedazo del pan y me le entregabas para que lo enjugara entre mis escasos dientes para continuar con el caminar.  
          La cosa era llegar temprano para encontrar un buen puesto donde apostarse, aunque fuera en la orilla de la plaza. Allí me sentabas sobre unas hojas de plátano con el fin de hacerme espacio a la orilla del canasto y poder entonces vigilarme. Todo era un bullicio de los cargadores que pasaban somatando a quien se pusiera a su paso, los vendedores de chucherías y los achimeros. Eran las veredas del constante circular de las compradoras que se pasaban en el regateo de las cosas del mercado que llevaban en sendas canastas del mandado de diario.
          Al ponerse en su punto el calor del sol, buscaba acomodarme entre el güipil que me servía de refugio, me daba le probabilidad de jugar con tu chiche, la que me entretenía y enjugaba mi boca con los escasas gotas de leche. Eso me llevaba a un reparador sueño para olvidarme de tener vacío el estómago, pasaba la mañana y aunque la venta fuese mala. Despertaba junto al canasto y en la hoja, no te encontraba, me habías dejado recomendado con la vecina, mientras tu llevabas una palangana de agua limpia para mojar la verdura y que pareciera siempre fresca, un vaso de herradura con un poco de arroz en leche, que humeaba de lo caliente el cual compartías a sorbos conmigo y el resto del pan de la mañana
          La tarde se hacía presente y con lo de venta, había para comprar algunas cosas que hacían falta en el rancho, en el trazo del regreso encontré tirado en el suelo, un tesoro, un jocote de corona, medio destripado, pero con su exuberante carnaza amarilla, ni bien lo recogí me lo zampé en la boca, con todo y cáscara disfrutándomelo hasta limpiar la pepita, que delicia…
 --- Te acordás nana…!  Me levantabas de madrugada, recibía unos sorbos de café y al diario vivir te acompañaba por el mismo sendero de siempre. Ahora ya llevaba un pantalón cuto de tirantes, en la bolsa llevaba unos bodoques y en las manos una honda para hacer de tiro al blanco con los pajaritos, ya no me jalabas, mas bien te llevaba la delantera, lo chorreado no se me quitaba pues nunca me daba tiempo de bañarme, además eso lo dejaba para los domingos cuando iba con la patojada a jugar al riachuelo.
          Muy religiosamente pasábamos por la misma panadería donde con una choca, YO pasaba comprando unos churros para aguatar parte de la mañana en el mercado, el puesto allí estaba como que ya era lugar destinado para el canasto de la venta, las mismas vecinas, una de ellas con un bebe envuelto en un perraje detenido a sus espaldas, que se movía en arrullo para mantenerle adormitado. Te dejaba instalada mientras yo me perdía en ese barullo de gente dándome unas escapadas a los alrededores, me gustaba ir al atrio de la iglesia donde siempre se encontraba un don que tocaba una chirimía y era acompañado con un Tun. Las largas y ascendente nubes de incienso que se esparcían en el portón de la iglesia que se alegraban cuando el cura se enseñaba sobre una alfombra cubierta de hojas de pino, envuelto en una sábana blanca y mostraba con toda solemnidad el báculo de la santa hostia mientras la feligresía se hincaba a orar.
          Regresaba hasta el puesto cuando la tripa me hacía ruido pidiéndome un bocado para matar el hambre, tú ya me tenías un chuchito de masa con chipilín y una bolsita de fresco de colores para hacerme pasar la tarde, a veces teníamos que pasar algún tiempo en los corredores de la alcaldía porque nos había avanzado el chubasco de la tarde, pero en fin había que hacerle a la caminada para llegar al rancho para juntar algunas cosas y recolectar la verdura de la venta del día siguiente.
          Prender la leña era para mi un rollo, por la húmedo del ambiente al lograrlo la leña crují inconforme en darnos lumbre para calentar el bucul de café  y también para poder conservar un poco de calor para la noche. Un par de tortillas tiesas y un pocillo de café y a la cama para reponer las fuerzas.
--- Te acordás nana…!  Ya la vida se sentía monótona con el pasar por el camino al mercado comprando para mas bocas hasta 1 quetzal de pan. Te mirabas cambiada ahora, como de la noche a la mañana cuando de la nada apareció un hombre, un tu que querés, el que me sacó de tu cama y me mando a dormir a un petate, en el rincón donde se quedaba el chucho. Y aunque me dijiste, ese no era mi tata, no te creí, este guelía a guaro y se la pasaba echado sin hacer nada. Mi tata no era así, según me cuentan a él le gustaba trabajar. Pero en fin era tu vida, y tú no estabas para darme explicaciones, me contentabas dejándome acompañarte a la peregrinación diaria para la plaza a vender tus cosas. Ahora ya me había soltado el ombligo,  te dejaba en el lugar de siempre y me desaparecía, me juntaba en los campos a la vecindad de la iglesia a jugar una cuantas chamuscas con pelota de tripa de coche, allí mataba mi tiempo, ya que por huevón no había querido asistir a la escuela, pero un buen día lo pensaba hacer.
          En mi diario deambular, me fui he acercado al convento de las monjitas, hice mi promesa de quedarme en el orfanato donde me dan de comer y buenos consejos, me  regalan ropa y zapatos, por lo que decidí no regresar a casa, te vas a sentir muy triste, pero se te pasará, al menos creo que ya no te voy hacer falta, Como vas a tener otro tu muchachito ya vas a tener quien te acompañe para venir al mercado.
          Ahora me disfruto de mis nuevas compañías, voy a la escuela y aprendo muchas cosas y aunque a veces me haces falta, estoy dispuesto a salir adelante, esto es como cambiar de vida, ahora voy a la iglesia y rezo por ti, aunque no lo creas. Le pido a tata Chus que te cuide y te proteja del borracho que vive con vos y a tus costillas.                                                                    Hoy es día fiesta y la algarabía se acompañaba de cohetillos bombas de tubo. Que chilero, salgo a ver el baile de los Moros y Cristianos, es el día del patrón del pueblo es día fiesta, el mercado esta elegantemente adornado hay un carrusel y la rueda de Chicago. Las polacas de lotería se cantan sus números con estribillos, cartones y maíz. Como también es día de mercado voy a irte a buscar, apostándome en las cercanías del puesto en la plaza, pero no te he vi aparecer y me dio pena, me he caminado unas cuantas rondas por los alrededores pero no te he logrado encontrarte, o es que ya no estas viniendo.
          Salí en carrera hacia las veredas que me llevaban hacia el rancho, los parajes me parecían sombríos y el silencio de las aves me presagiaba algo que no iba bien Salté unos charcos y de un aterrizón llegué hasta la entrada. Una mujer con un niño en brazos salía del aposento, el lloraba como recién parido, en un rincón del corredor una niña, medio arropada mostraban su congoja y su miedo ante los acontecimientos.
          Entre al cuarto, agarrada de los bordes de un camastrón, eras tú mamá. una mujer escuálida, pálida color cenizo, se devanaba entre la vida y la muerte, por un sangrado de parto…
          Sentado en suelo a la par del montículo de una tumba, encabezada con una cruz hecha de madera:
--- Te acordás nana…!  Cuantas veces te dije que ese infame no era mi tata, que no te metieras con él. Y te dejó en la peor desgracia. Cosas mas lindas las que compartíamos cuando estábamos tú y yo solos. Bien pero esto no tiene vuelta atrás, ahora yo soy el que tengo que velar por  mis hermanos…