martes, 29 de septiembre de 2015

EN LA VENTANA



          Y yo que me acordaba de jugarretas, cuando sobre la cama me proponía imaginarme encima de un puñado de papeles escribiendo sonetos que se volvían el tema de mis pensamientos. Ha veces te miraba a través de la ventana de un segundo nivel y te observaba en la terraza de tu casa, sentada en las gradas con tus cuadernos en las manos como tratando de impresionar que te dedicabas a estudiar, te volteabas muy discretamente y con el rabo del ojo echabas una vistita y quizás una pálida sonrisa como queriendo decir ya te vi.: ¡Pillo!
          Bien en un principio me ponía del todo rojo, tímido y me escondía tras la cortina, sin explicación retozaba con los  pálpitos acelerados de mi corazón, hasta que me animaba hacer presencia de nuevo en el ventanal donde quizás ya no te encontrabas.
          Hoy estaba con toda la fuerza e intención de decirte algunas palabras, me carraspeaba la garganta y afinaba mi voz, con toda la fuerza me acerque hasta el lugar de nuestras vistas. Saqué la cabeza al aire y tú en ese instante te retirabas, como balde de agua fría me desanime en el instante, se me trabó en la garganta el insipiente intento y dejé caer mi rostro en el dintel inferior a rezongar un ah!  Y a lo mejor una lágrima que me ahogo el instinto. Mis ojos llenos de tristeza alcanzaron ver un minúsculo saludo, movimiento de tus manos que levantaron mi ánimo y me dieron una remota esperanza para más tarde.
          Corrí entonces hasta la puerta, en la banqueta me senté a la espera que tu aparecieras, hasta que te vi., estabas mas seria que nunca, lucías un bello traje de florecitas que se hacían juego con tus calcetas rosadas caminabas en medio de los que supuse tus padres y te escoltabas del brazo de ambos. Me puse de pie pero como el viento pasaste a mi lado sin voltear a ver.
          Que linda señorita será que se  puede fijar en este ischoco de pantalones remendados, bueno el grito proveniente de mi casa me despertó de la fantasía cuando se me inquirió de parte de mi madre, de mi estancia en la calle y sin permiso.
          A eso de las cuatro de la tarde, volvía a estacionarme en el ventanal, en espera de la chica, la tarde se hacía vieja y mis esperanzas igual, esperaba horas enteras de volver a tener la visita agradable de la niña, hasta que la noche se oscurecía y dejaba un manto de soledad. No mas aparecía el sol me abalanzaba al ventanal en busca de poder volverte a ver pero fueron varios días sin saber de ella.
          Una de esas tardes donde el viento se hace mas fuerte y los nubarrones de lluvia se mostraban insistentes, cuando escuche ciertos golpes en el vidrio, abri la ventana y sorpresa allí se encontraba, presto opte por dirigirme, pero me hizo señales que no hablara. Luego tomo una bolita de papel y la lanzó al tejado de casa, no muy diestro en esos menesteres la solté y calló en el patio de la vecindad. Como pude me desparramé a través de la pared de adobe hasta caer patas arriba en el solar, tome la nota y subí hasta la ventana, pero tu ya no estabas.
          Arrugado el papel en forma de pelota los estiré con mis manos.
Esta es la última vez que nos vemos mi querido amigo, nunca supe tu nombre, nunca quisiste que habláramos, hoy salgo para la provincia a un internado, desde que te vi me vi atraída por ti pero fue tarde siempre te guardaré en mi memoria como mi amante desconocido”   

EL CU-CU



          Prendido en su habitación de muelles y bielas, el pajarillo se estaciona frente a la ventana de su salida. Su nido, el reloj fue enclavado en la pared de la sala, la figura de la fachada es un modelo de casita de madera forjada es la carátula de un antiguo reloj de mil batallas. El péndulo milenario se mueve en un tictac al aire mientras mira de sur a norte, se estira hacia el suelo recordando el tronco de una palmera . Su carátula pintada de blanco, como la luna en plenilunio, cuyas pistas dan los recorridos en redondo de las maratonistas que se alistan a corren como en el velódromo al rededor de un centro donde nacen las atletas, trío de agujas que recorren una detrás de otra a un ritmo diferente. La delgada, finita corretea en segundos los doce espacios de cinco palitos que desembocan en los números del 1 al 12, la larguirucha de mediana velocidad que se santigua cada 60 brincos de la anterior, dando un pasito y que marca básicamente en forma parsimoniosa,  movimientos acompasados de minutos que empujan a la corta y regordetas que se sienta en su lentitud a la espera todo el recorrido de una vuelta marcando cada hora que le da el banderazo cuando sale para que después de estacionarse en cada uno de los números grandes que coronan el silencio de cada una de las 24 que marcan un día.
          Cada vez que  la fina y la larga se juntan en el copete de las 12, entonces camina  la corta que le ha costado caminar, entonces un fenómeno se produce: Se abre la ventana en la carátula y de un instante sale un pajarillo, hace su saludo aristocrático y el discurso de CU-CU se hace presente además, las campanas del interior de la caja que de una escala descendente de repiques de cilindros metálicos señalando una cantidad de veces que representan el número de horas que corresponde.
          Así se llevan los segundos, los minutos y las horas, proyectando en medidas toda una vida, con los viajes mágicos del pajarillo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL RETRATO



          El retrato en medio de la oscuridad, prendido de moho, un recuerdo que cuelga solitario en la buhardilla del salón, colocado con algún propósito. Ya lejos de la vidriera desalineada como única entrada de luz, se encuentra vestido de telarañas, bañado en polvo y rocío de polilla. Con los  vidrios viejos, opacos en puntos de resaca que disimulan estáticos la fotografía de una inolvidable pareja que se tomaban cariñosamente de la mano y lucían sus elegantes, vestimentas traje de anchas solapas, leontina de oro y levita, y la dama de largos vestidos a toda pompa, de guantes largos y sombrilla recostada en su brazo que cuelga con toda elegancia y sombrero de organdí.
          En la habitación hacía gala de sus muebles antiguos, sillas forradas de terciopelo que por el tiempo se habían ennegrecido, cojines bordados con el típico olor ha guardado, varias mesas que se recostaban en sus deterioradas tres patas, cubiertas con una fina capa de polvo. En centro de la habitación, un florero de gardenias marchitas se despenicaban por su costado y se caían cuando el escaso viento soplaba a través de la puerta con el asomo al verse sacudidas por las cortinas que franquean la entrada.
          Truena el picaporte, rechina la hoja de la puerta cuando de puntitas se presenta la sombra del mayordomo, en sus manos carga una bandeja con una pletórica copa, dirigiéndose al fondo donde un sofá que se encuentra de espalda. Se inclina a un costado y ofrece la bebida al sujeto que reposa contencioso en el lugar. Después de dos flemosas y desgarradoras tosidas, se incorpora, se empina  la copa la coloca sobre el borde del taburete a su izquierda, levanta la mano y con un pañuelo despide al ujier.
          Como a hurtadillas la sombra se desvanece del lugar y la soledad se hace silenciosa una vez más. El tipo se incorpora y levanta los brazos para estirar su humanidad. Camina arrastrando parsimoniosamente sus pantuflas, con sus huesudas manos entre las bolsas, se dirige hacia donde permanece prendido el cuadro. Saca sus espejuelos y mira fijamente la fotografía.
          El recuerdo le hace renacer una historia en los confines de la memoria, se pasa la mano sobre la frente que le hace gesticular de dolor, luego somata fuertemente con el puño la pared, lleno de congoja y con lágrimas en sus hundidos ojos, moja  las arrugas de sus párpados, luego susurra débilmente:
“Tantos años han pasado, cuando tu ausencia se volvió definitiva y se tornó nada mas que un recuerdo unas cuantas lágrimas fueron despedidas y derramadas con pena en mi conciencia.”
“esta vida se tornó en un suplicio sin tu presencia. Esta fotografía es tan solo una herida que abre junto a mis inolvidables recuerdos, una herida que se desangra poco a poca”.
          Retornó a su butaca toma la copa e ingiere el resto de su contenido y se desploma pesadamente… a dormir el sueño de los justos.

LA ODALISCA



          El canto de las aves amaneció junto al resplandeciente sol y el fresco rocío danzando en los vientos matinales a la espera del calor del verano. Recostada en la hamaca del patio una joven estiraba sus brazos sacudiendo la modorra del sueño, su estética figura se incorporaba mientras los vaivenes rechinaban en los güindados lazos de las armellas. El remanso de sus pensamientos circula trascendentes en su memoria, mientras jugueteaba con un libro de lectura que porta en sus manos. De a poco se acomodaba un tanto de lado para imaginarse que la oda proyectada en su mente con los arabescos personajes le traía historias épicas a su pensamiento. Después de colocar el libro abierto sobre su pecho, mira hacia el cielo y suspira con un hondo sentimiento, cierra sus ojos y en minutos transcurren acelerados junto a su corazón, la vorágine de la fantasía revolotea en imágenes de un drama, un capítulo de amor, que le angustia por su contenido reflejado en las letras de la narrativa. Retoma, entonces a la lectura con toda su atención:
          En el pasadizo del palacio, una odalisca recorre junto a sus escoltas hasta la habitación del sultán, sus elegantes vestimentas de transparente sedalina,  se encienden con el sonido de las lentejas de oro y plata que le tintinean alrededor de su velos que cubren  las escasas sedas que apenas cubren su morena piel, la sensualidad que se ve reflejadas con la poca luz que penetra en el umbral del recinto.
            Sin decir palabra se acerca sumisamente hasta el lecho del gran señor quien le toma de la mano y hace que se detenga frente  a él. Su mano calzada con anillos en cada dedo recorren suavemente su cuello deshilando lo negro de su cabello que cae delicadamente sobre su espalda: un broche se suelta descubriendo su espalda y mientras el vestido se escurre descubre sus bellos senos que denotan un fino temblor, su recorrido hacia el abdomen y se solaza con una piedra preciosa que se engarza en el ombligo y enseña el contorno de sus entre piernas.
            Toda una hermosa mujer, de pies a cabeza, de ojos grandes y negros, que el portento de su belleza enseña mas que humildad quizás miedo al verse totalmente despojada de sus vestimentas. Las seductoras líneas de sus caderas que adornan sus delicados muslos, completan la radiante armonía de una morisca exuberante.
            El se acerca por la espalda y seduce con sus labios el contorno de los hombros, la secuencia de una fina barba que le afronta calofríos, cuando con sus hábiles manos recrean sus senos. En un mutismo extremo el Sultán le da una vuelta de noventa grados y la envuelve en su túnica de terciopelo, elegantemente con misticismo, bordada en sus orillas con pespuntes de oro de filigrana y piedras preciosas. Ella cierra sus ojos y cae de su peso, en su escasa voluntad sobre los brazos del amo, quien la deposita en los almohadones de su lecho…
            Los maravillosos rayos del astro rey se enseñan por los balcones de la habitación, junto a la esquina de la cama se arropa en cuclillas la concubina, lágrimas brotan de sus ojos, cuando las canciones del amanecer le hacen conciencia de su trágico final.
            El sultán ha dado sus órdenes y las damiselas asistentes, corren oficiosas a vestir a la joven a cumplir con su epitafio. Su mas extraordinario vestido arremangados de múltiples velos, las zapatillas de adornos el perlas y un exquisito turbante que envuelve su cabellera con un rubí en la cabecera. Elegantemente vestida, parte hacia el final. El cadalso.
            En un instante se abre la puerta de donde aparecen los soldados blandiendo sus sables de acero, quienes sin mayor esfuerzo la conducen hacia el gran patio. El verdugo le espera para ejecutar su sanción. Como un corolario siniestro de la vida del Sultán en sus cuentos Arabes. La odalisca finaliza su vida tras una mágica aventura por los jardines en flor. Sin sentencia y sin amor”.

martes, 4 de agosto de 2015

LA NENA



          La niña, la de los grandes ojos cafés, enjuga sus lágrimas en un pañuelo de algodón, se mueve en el fondo de su almohada suspirando en medio de sus penas, la ausencia de su hermana, todo le preocupa y la entristece. Su apegó y su consuelo se encuentra lejos, y a punto de separarla por motivo de su matrimonio, los pucheros le traen a la memoria su imperecedero amor a la que le ha fungido en sus pocos años de vida como una madre.
          Se levanta acongojada con instancias en solicitud de consuelo, lo rojo de sus ojos se reflejan en el espejo del pequeño ropero de su habitación, despacio se dirige hasta la puerta contigua y jirimiqueando, somata el madero despacito, como quien no quisiera despertar mas que a una persona. su querida hermana.
--- Hermanita…!, hermanita…! Estas allí.---
          Pero un silencio le acompasa, sin respuesta, se sacude las narices que se llenan de secreciones y cae sentada a la orilla de la portezuela, donde inicia nuevamente un llanto sin mayor escándalo. Golpea nuevamente la puerta repitiendo:
--- Hermanita…!, hermanita…! Me querés, me querés hermanita!
          El pestillo de la puerta se mueve donde una joven mujer sale de la habitación, la recoge y la abraza junto a su corazón, ella se prende de su hombro mientras la carga arrullándola con palmaditas en su espalda.
          Siete años han pasado desde que su madre la dejó al cuidado de la joven, quien le ha prestado todos los cuidados como de hija, de alimentación y cariño. Las domingueras salidas a la iglesia en su compañía o la invitación a comerse un helado de nieve en el camino a casa. Ella, la niña, vive rebosante de felicidad pegada a las naguas de su cariño. Contempla además como su crecimiento la lleva a iniciar a la escuelita, donde con las primeras letras. Su hermana, como buena maestra le dedica su tiempo de estudios y al cumplimiento de sus deberes.
          Todo el centro de su atención se enfoca en su relación en su casa, alejada de la madre, quien ocupada en sus labores de costurera, la olvida en su diario sobrevivir de su trabajo.
          El paso inexorable del tiempo hace mella en la niña, cuando su Nana se hace a continuar su vida y la deja para iniciar su propia vida donde con las consabidas responsabilidades al contraer matrimonio y empezar por crear a sus propios hijos. Esto termina  provocando un trauma en la chiquita, el consabido celo por el esposo, cuando también se ve desplazada del seno de su hermana y empieza a entrar en la soledad pensando que nadie le hace caso.
          A pesar de todo ella, su hermana se mantiene en menor escala con la atención de la nena  a quien siempre le brinda consuelo, relacionándola como hija mayor de sus prole.
          Un viaje le hace quizás superar aunque en mínima parte su falta de apego y al ser enviada a estudiar con su hermana mayor, fuera del país.  Entonces sucede el pasó el umbral de la adolescencia entre su spanglish de  educación, con grandes expectativas para beneficios de la familia, pero siempre se mantiene un contacto de pensamiento con la imagen de su hermana que siempre suspira por ella. Como que fuera una hija.
          Después de un intempestivo retorno a la patria, la niña convertida en señorita se incursiona en la vida, la que había dejado en el pasado, sus penas y problemas , quizás se vieron parcialmente superados al tener nuevamente a su hermana a la mano. Pero los avatares de la vida la sometieron a nuevos trances de un matrimonio y un embarazo muy temprano, que a pesar de mostrarse como madre ejemplar, le dio un paso dentro de su sufrimiento a contar siempre con su hermana que la siempre la aconsejaba.
          Ya dependiente surge la opción de emigrar al lugar que le había propiciado su educación primaria, con el recargo de dos hijos y la pena de una fallida, que le provoca innumerables penas y problemas. Fuerte en su carácter y con la consigna de seguir adelante ingresa a la Universidad y adquiere grado académico en Leyes., lo que le permite salir adelante.
          Con la ayuda de sus hermanas mayores, establece su vida en la ciudad del norte, donde por Gracia de Dios, encuentra una pareja que la hace contar con una vida de felicidad y orgullo.
          Justo premio, ella nunca perdió de vista a su hermana, la madre de crianza, quien siempre estuvo allí para ella y la que le brinda toda clase de consejos y la quiere como una hija.
          A través del tiempo han fortalecido esta relación, que las une y les provoca felicidad. Con el triunfo y bienestar de ambas. Como no pensar que ella le ama como hija y fortalece su cariño.   

Y LA MUSICA...!



          En el fondo de un tableado, rodeado de grande cortinas, emerge el sin par escenario de un teatro, oscuro en penumbra, el silencio que se hace evidente y se mezcla con el charloteo de un radio receptor que asemeja un enjambre de abejas que sacuden el ambiente, en su primer acto.
          Una sola luz aparece en el tejado ensayando reflejar con estilo al centro una figura geométrica en sus lados como de espejos en el vacío. El radio juega un papel importante en su punto más alto, como anunciado la época. Un repique de redoblantes que va en incremento, se oye mágico mientras atraviesa de un lado a otro el pórtico de un altar del escenario
          Una figura pintada de negro recorre de una esquina a al otra, haciendo mimos desde la orilla hasta llegar al espejo central donde se detiene recostándose, la tamborilada ha dado paso a los trombones cuyo falsete gutural resopla una insinuación en Do mayor, justo de la nada aparecen dos damiselas que cubiertas en velos blancos se agregan como figuras plásticas volando hacia al personaje inicial, con quien se toman de las manos. Las notas firmes y finas de una pinta de violines y violonchelos, penetran en el ambiente ayudando a acomodan el ritmo de los demás instrumentos que producen una estampida de colores, cuando las luces se hacen presentes en el entorno del escenario.
          Cuatro parejas se conjuntan en el borde de movimientos esteriotipados. Las vestimentas son acordes a una época de los años 50-60, las del mambo y cha-cha-cha. Chaquetas de esmoquin de colas largas, Bombín y polainas, con el arpegio de de bastones lisonjeros que juegan al movimiento. El violón insita al ritmo y en acordes  las trompetas, junto a las flautas se expresan en magnifica melodía: La escogida canción, nos remonta a la época, una Caja de música se ilumina para darle sabor latino: “¿Quién será?”, la música bailona que con la magia que les caracteriza los bailarines lo transforman en danza, haciendo círculos y mostrando la exquisitez de sus pasos. La potente voz de una dama que aparece en el fondo da continuidad a la canción, el confeti de luciernagas, las luces tiritan en las orillas y un potente reflector la muestra a la cantante cubierta de total belleza y un sensual cuerpo cuyo escote del vestido de lentejuelas plateadas, finaliza en las tablas, ella se contornea haciendo movimientos de sus manos mientras sigue el compás del ritmo con los vaivenes de sus caderas dándole a la canción tintes y portento de la canción, que expresa su lírica tropical.
          Dentro de la oscurana donde se mantiene expectante la emoción del público que se pone de pie y corea el ¿Quién será?  Aplaudiendo frenéticamente los movimientos de los bailarinas. De pie y con frases de júbilo estimulan a los actores a llegar al clímax del espectáculo de la danza, Mientras repiten las estrofas:  ¿Quién será la que me quiere a mi….?
          Las enormes cortinas caen cadenciosas frente al escenario. El frenético grupo de asistentes del público, estallan en gritos y aplausos, celebrando el éxito de la  presentación. Mientras uno a uno los participantes aparecen abrazados y en media luna para saludar al conglomerado. Los ramos de rosas brincan y caen a los pies de los brillantes artistas quienes agradecen agachándose ante la algarabía de los asistentes. 
--- OTRA…! OTRA…!--- Corean incesantemente como tratando de comprometer a los bailarines y cantantes a una nueva participación

          Un grito a lo Pérez Prado, sale del entrepaño donde el director de la orquesta asoma su calva y levanta su batuta.
--- MAMBO….!
          Estalla la música y el grupo de los bailarines corren como hormigas rumbo a los vestidores y en una mágica transformación aparecen haciendo una cola, cantando y vitoreando la música
--- Mambo… que rico el Mambo…
--- Mambo… que bueno es!…es!...es!

COMIDA TIPICA




          En las esquinas, sobre las banquetas de la calle, adornadas de pequeños bancos nos muestran la alegría de gastronomía, contando como en las vecindades de los comedores de calle, cercanas a los mercado donde la frutas y verduras huelen a limpio, el exquisito estímulo nasal de las comidas típicas: el pepián y el revolcado de cabeza de marrano que estimulan los sentidos para abrir el apetito, sobretodo el aroma sin igual del café hervido. El sabor a pepitoria, los colochos de guayaba degustados como golosinas, y el famoso fresco de súchiles, son junto a las imágenes poblanas de una pequeña comunidad, las que acarrea a la mente y sirven de fuente de inspiración para una nueva incursión en las páginas del buen comer.
          Las tortillas recién salidas del comal, que saltan apetitosas en el canasto de cien mantas para mantenerse a tono, el sonido que se transforma en sabor de la torteada y quema con fuego de leña de ciprés. Ingrediente principal de los mamachos, especie de taco mezclador con queso o simplemente con sal, apretadas un segundo antes de agarrar punto de cocimiento.
          Junto a las vendedoras del riquísimo atol blanco o de masa, preparado con toda gracia con pepitas de frijol negro cocido y un manchado de chile picante. Los vasos del amarillo atol de elote que humeante quema labios se degusta a boca de chupón con su aderezo de una pizca de sal y granos de maíz que se depositan al fondo. Vaya sino de pronto acompañados por los consabidos rellenitos de plátano, rellenos con frijol refrito en su interior y bañados por manchas de azúcar y rajas de canela.
          El complemento de tan ricas viandas viene con las famosas tostadas, tortillas que han pasado por el baño de aceite caliente que las endurecen y que en cada mordida truenan a delicia, por supuesto untadas con guacamol, salsa de tomate y frijol frito, adornadas de rajas de cebolla, queso seco y hojas de perejil. De chuparse los dedos
          Todos como el preámbulo de media mañana, para abrir el apitito del plato fuerte del medio día. El sonido de las campanas anunciado la 12 horas, recuerda a los transeúntes que el ruido estomacal es por cierto el despertados del gusano de la merienda.
          La señora de trenza amarrada en el cogote y de delantal blanco que anuncia a un ingenio levanta el cucharón para darle un revuelta a la olla de caldo. Caldo de Res. La máxima expresión del arte culinario, que contiene los manjares de un sin número de verduras donde sobresalen: el camote, el güicoy sazón, la yuca y el repollo, bellamente aderezados con un trozo de carne de manita, hueso de pescuezo, pepita o ubre de vaca, que va de lo exquisito a lo sublime cuando se le agrega plátano cortado en trozo con su cáscara y espesado con arroz molido para darle consistencia.
          Los comensales hacen cola para degustar el sabroso manjar de los dioses culinarios.
          Bien no vamos a dejar todas aquellas recetas especiales que se ofrecen al selecto grupo de asistentes. Las tiras con recado de mil tomate, el guisado de carne de marrano con salsa roja, el oscuro pepián de costilla de res. Que mas los duraznos en  dulce con cerezas y tantas cosas linda que representa esta nuestra nacionalidad.