miércoles, 4 de noviembre de 2015

ABRAZAME, MAMA !



          Sentada en la orilla de su cama con adornos de cenicienta y un pabellón rosado de elegante seda, una niña juguetea entre sus manos una hermosa muñeca de las ríen y dicen “ mama!”. Bailotea con tristeza mientras observa la enorme cantidad de juguetes que llenan su habitación.
          “ Ay mamá, hoy me llevaste a la bodega del Mundo de los juguetes a hacer una ronda entre miles de regalos, peluches, casitas y toda clase de cosas lindas que son la moda de esta navidad. Canastas llenas de flores, vestidos de alta costura, todo un festival de luces de colores. Los pastelillos de jengibre, los dulces de mazapán y tantas otras golosinas que me llenaron de emoción.
          Sin embargo estoy triste, ves como las lágrimas salen de mis ojos manifestando el interior de mi alma. Se que eres buena mama. Pero jamás me preguntaste que era lo yo mas quería para satisfacer a mi corazón.
          “Si mamá, sabes lo que yo mas quisiera no son esos voluminosos y caros juguetes de la época. Yo le pedí  a Diosito que intercediera por mi antes tu buen juicio. Lo que yo mas quisiera es un poco de tu cariño, que no me llenes de regalos, prefiero tu presencia, que compartas algo de tu tiempo conmigo, donde yo tenga la oportunidad de decir Mama abrázame y que te pueda expresar cuanto te amo

EL GRILLO




          El salto de un grillo estremeció el lánguido cajón de las cosas viejas, mareado por la modorra se acurrucó, después de haber estirado sus patas el brinco se hizo presente sobre los rollos de papel que se rodeaban, fue como una noche de farra, acompañado de los cucarachones zigzagueado rumbo a sus escondrijos, terminaban con comentarios iniciados la noche anterior después de que las luces se habían apagado.
          Las libélulas después de haber completado sus danzas se habían golpeado contra el bombillo que señalaba la pista de baile, cayendo patas arriba en un final de chicharrón por lo caliente. Los pulgones organizaban sus aplausos, mientras las mariposas se posaban espléndidas, mostrando sus hermosos colores, mientras aleteaban coquetamente.
          Poco acomedido y descuidado el grillo salió al exterior a contemplar los albores de la mañana, pero cuando se acercaba a las orillas de grama, escuchó un ruido especial, levantó sus ojos hacia el firmamento y observó una gigantesca criatura que le enfrentó sarcásticamente:
--- ¡El sapo!--- gritó desaforadamente mientra se escabullía por los alrededores.          Hábilmente pasó de una planta a la otra y se escondió bajo las hojas de un geranio, esperó un corto tiempo y asomó luego sus antenas, en un santiamén se lleno de asombro cuando de  vio asomar la sombra del animal.
---¡El sa…po!---gritó, mientras intentó saltar de último recurso.
          Las fauces del batracio le hicieron presa, quien sonriente después de deglutirlo se expresó:
--- Excelente desayuno, después de una noche de farra…
 

RECUERDOS

          Apostado en el borde de un deslumbrante jardín cubierto de flores de colores, una pareja se encontraba en la banca cubierta de lajas donde comúnmente dedicaban sus pensamientos y sueños  a reflexionar sobre el porvenir de la vida. A lo lejos se disfrutaba el sonsonete maravilloso de una vieja marimba que retumbaba en el kiosco de mediados del siglo pasado. La proximidad del atardecer se asomaba junto a los celajes que pintaba el sol tras las rendijas que dejaban las nubes que bostezaban junto a los cientos de pájaros que se trasladaban a los árboles que les cobijaban por las noches.
          La hermosa estampa la coloqué en mi bolsillo, ese pasadizo del pasado me acarreaba los pensamientos idóneos de una vida plena que me hacía hacer remembranza de esas canciones, condecoradas de travesuras y otras  tantas cosas de chicos tomados de la mano deambulábamos por los elegantes jardines, llenos de ilusiones que se hacían agradable y emocionante mientras las pequeñas luces de los candiles de las esquinas se prendía para indicar la entrada de la noche.
          El concierto de las chicharras se hacía de música en aumento mientras el viento nocturno se posaba en las copas de las jacarandas, se despenicaban en un copos de color morado dejando alfombras en la sombra de las ramas mas altas.
          La paciencia de los cautivados por la salida tardía de la luna, se veía compensado con  las escenas de amor que en el claro oscuro se reflejaban en un idilio de juvenil responso.
          Estaba bajo mi mano el recuerdo de aquellas páginas de felicidad que surcaron en el vivir de un pasado agradable que junto a las alegrías se confundían con la gracia de una declaración, de una promesa y luego toda una vida para contar mentiras.  

martes, 29 de septiembre de 2015

EN LA VENTANA



          Y yo que me acordaba de jugarretas, cuando sobre la cama me proponía imaginarme encima de un puñado de papeles escribiendo sonetos que se volvían el tema de mis pensamientos. Ha veces te miraba a través de la ventana de un segundo nivel y te observaba en la terraza de tu casa, sentada en las gradas con tus cuadernos en las manos como tratando de impresionar que te dedicabas a estudiar, te volteabas muy discretamente y con el rabo del ojo echabas una vistita y quizás una pálida sonrisa como queriendo decir ya te vi.: ¡Pillo!
          Bien en un principio me ponía del todo rojo, tímido y me escondía tras la cortina, sin explicación retozaba con los  pálpitos acelerados de mi corazón, hasta que me animaba hacer presencia de nuevo en el ventanal donde quizás ya no te encontrabas.
          Hoy estaba con toda la fuerza e intención de decirte algunas palabras, me carraspeaba la garganta y afinaba mi voz, con toda la fuerza me acerque hasta el lugar de nuestras vistas. Saqué la cabeza al aire y tú en ese instante te retirabas, como balde de agua fría me desanime en el instante, se me trabó en la garganta el insipiente intento y dejé caer mi rostro en el dintel inferior a rezongar un ah!  Y a lo mejor una lágrima que me ahogo el instinto. Mis ojos llenos de tristeza alcanzaron ver un minúsculo saludo, movimiento de tus manos que levantaron mi ánimo y me dieron una remota esperanza para más tarde.
          Corrí entonces hasta la puerta, en la banqueta me senté a la espera que tu aparecieras, hasta que te vi., estabas mas seria que nunca, lucías un bello traje de florecitas que se hacían juego con tus calcetas rosadas caminabas en medio de los que supuse tus padres y te escoltabas del brazo de ambos. Me puse de pie pero como el viento pasaste a mi lado sin voltear a ver.
          Que linda señorita será que se  puede fijar en este ischoco de pantalones remendados, bueno el grito proveniente de mi casa me despertó de la fantasía cuando se me inquirió de parte de mi madre, de mi estancia en la calle y sin permiso.
          A eso de las cuatro de la tarde, volvía a estacionarme en el ventanal, en espera de la chica, la tarde se hacía vieja y mis esperanzas igual, esperaba horas enteras de volver a tener la visita agradable de la niña, hasta que la noche se oscurecía y dejaba un manto de soledad. No mas aparecía el sol me abalanzaba al ventanal en busca de poder volverte a ver pero fueron varios días sin saber de ella.
          Una de esas tardes donde el viento se hace mas fuerte y los nubarrones de lluvia se mostraban insistentes, cuando escuche ciertos golpes en el vidrio, abri la ventana y sorpresa allí se encontraba, presto opte por dirigirme, pero me hizo señales que no hablara. Luego tomo una bolita de papel y la lanzó al tejado de casa, no muy diestro en esos menesteres la solté y calló en el patio de la vecindad. Como pude me desparramé a través de la pared de adobe hasta caer patas arriba en el solar, tome la nota y subí hasta la ventana, pero tu ya no estabas.
          Arrugado el papel en forma de pelota los estiré con mis manos.
Esta es la última vez que nos vemos mi querido amigo, nunca supe tu nombre, nunca quisiste que habláramos, hoy salgo para la provincia a un internado, desde que te vi me vi atraída por ti pero fue tarde siempre te guardaré en mi memoria como mi amante desconocido”   

EL CU-CU



          Prendido en su habitación de muelles y bielas, el pajarillo se estaciona frente a la ventana de su salida. Su nido, el reloj fue enclavado en la pared de la sala, la figura de la fachada es un modelo de casita de madera forjada es la carátula de un antiguo reloj de mil batallas. El péndulo milenario se mueve en un tictac al aire mientras mira de sur a norte, se estira hacia el suelo recordando el tronco de una palmera . Su carátula pintada de blanco, como la luna en plenilunio, cuyas pistas dan los recorridos en redondo de las maratonistas que se alistan a corren como en el velódromo al rededor de un centro donde nacen las atletas, trío de agujas que recorren una detrás de otra a un ritmo diferente. La delgada, finita corretea en segundos los doce espacios de cinco palitos que desembocan en los números del 1 al 12, la larguirucha de mediana velocidad que se santigua cada 60 brincos de la anterior, dando un pasito y que marca básicamente en forma parsimoniosa,  movimientos acompasados de minutos que empujan a la corta y regordetas que se sienta en su lentitud a la espera todo el recorrido de una vuelta marcando cada hora que le da el banderazo cuando sale para que después de estacionarse en cada uno de los números grandes que coronan el silencio de cada una de las 24 que marcan un día.
          Cada vez que  la fina y la larga se juntan en el copete de las 12, entonces camina  la corta que le ha costado caminar, entonces un fenómeno se produce: Se abre la ventana en la carátula y de un instante sale un pajarillo, hace su saludo aristocrático y el discurso de CU-CU se hace presente además, las campanas del interior de la caja que de una escala descendente de repiques de cilindros metálicos señalando una cantidad de veces que representan el número de horas que corresponde.
          Así se llevan los segundos, los minutos y las horas, proyectando en medidas toda una vida, con los viajes mágicos del pajarillo.

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL RETRATO



          El retrato en medio de la oscuridad, prendido de moho, un recuerdo que cuelga solitario en la buhardilla del salón, colocado con algún propósito. Ya lejos de la vidriera desalineada como única entrada de luz, se encuentra vestido de telarañas, bañado en polvo y rocío de polilla. Con los  vidrios viejos, opacos en puntos de resaca que disimulan estáticos la fotografía de una inolvidable pareja que se tomaban cariñosamente de la mano y lucían sus elegantes, vestimentas traje de anchas solapas, leontina de oro y levita, y la dama de largos vestidos a toda pompa, de guantes largos y sombrilla recostada en su brazo que cuelga con toda elegancia y sombrero de organdí.
          En la habitación hacía gala de sus muebles antiguos, sillas forradas de terciopelo que por el tiempo se habían ennegrecido, cojines bordados con el típico olor ha guardado, varias mesas que se recostaban en sus deterioradas tres patas, cubiertas con una fina capa de polvo. En centro de la habitación, un florero de gardenias marchitas se despenicaban por su costado y se caían cuando el escaso viento soplaba a través de la puerta con el asomo al verse sacudidas por las cortinas que franquean la entrada.
          Truena el picaporte, rechina la hoja de la puerta cuando de puntitas se presenta la sombra del mayordomo, en sus manos carga una bandeja con una pletórica copa, dirigiéndose al fondo donde un sofá que se encuentra de espalda. Se inclina a un costado y ofrece la bebida al sujeto que reposa contencioso en el lugar. Después de dos flemosas y desgarradoras tosidas, se incorpora, se empina  la copa la coloca sobre el borde del taburete a su izquierda, levanta la mano y con un pañuelo despide al ujier.
          Como a hurtadillas la sombra se desvanece del lugar y la soledad se hace silenciosa una vez más. El tipo se incorpora y levanta los brazos para estirar su humanidad. Camina arrastrando parsimoniosamente sus pantuflas, con sus huesudas manos entre las bolsas, se dirige hacia donde permanece prendido el cuadro. Saca sus espejuelos y mira fijamente la fotografía.
          El recuerdo le hace renacer una historia en los confines de la memoria, se pasa la mano sobre la frente que le hace gesticular de dolor, luego somata fuertemente con el puño la pared, lleno de congoja y con lágrimas en sus hundidos ojos, moja  las arrugas de sus párpados, luego susurra débilmente:
“Tantos años han pasado, cuando tu ausencia se volvió definitiva y se tornó nada mas que un recuerdo unas cuantas lágrimas fueron despedidas y derramadas con pena en mi conciencia.”
“esta vida se tornó en un suplicio sin tu presencia. Esta fotografía es tan solo una herida que abre junto a mis inolvidables recuerdos, una herida que se desangra poco a poca”.
          Retornó a su butaca toma la copa e ingiere el resto de su contenido y se desploma pesadamente… a dormir el sueño de los justos.

LA ODALISCA



          El canto de las aves amaneció junto al resplandeciente sol y el fresco rocío danzando en los vientos matinales a la espera del calor del verano. Recostada en la hamaca del patio una joven estiraba sus brazos sacudiendo la modorra del sueño, su estética figura se incorporaba mientras los vaivenes rechinaban en los güindados lazos de las armellas. El remanso de sus pensamientos circula trascendentes en su memoria, mientras jugueteaba con un libro de lectura que porta en sus manos. De a poco se acomodaba un tanto de lado para imaginarse que la oda proyectada en su mente con los arabescos personajes le traía historias épicas a su pensamiento. Después de colocar el libro abierto sobre su pecho, mira hacia el cielo y suspira con un hondo sentimiento, cierra sus ojos y en minutos transcurren acelerados junto a su corazón, la vorágine de la fantasía revolotea en imágenes de un drama, un capítulo de amor, que le angustia por su contenido reflejado en las letras de la narrativa. Retoma, entonces a la lectura con toda su atención:
          En el pasadizo del palacio, una odalisca recorre junto a sus escoltas hasta la habitación del sultán, sus elegantes vestimentas de transparente sedalina,  se encienden con el sonido de las lentejas de oro y plata que le tintinean alrededor de su velos que cubren  las escasas sedas que apenas cubren su morena piel, la sensualidad que se ve reflejadas con la poca luz que penetra en el umbral del recinto.
            Sin decir palabra se acerca sumisamente hasta el lecho del gran señor quien le toma de la mano y hace que se detenga frente  a él. Su mano calzada con anillos en cada dedo recorren suavemente su cuello deshilando lo negro de su cabello que cae delicadamente sobre su espalda: un broche se suelta descubriendo su espalda y mientras el vestido se escurre descubre sus bellos senos que denotan un fino temblor, su recorrido hacia el abdomen y se solaza con una piedra preciosa que se engarza en el ombligo y enseña el contorno de sus entre piernas.
            Toda una hermosa mujer, de pies a cabeza, de ojos grandes y negros, que el portento de su belleza enseña mas que humildad quizás miedo al verse totalmente despojada de sus vestimentas. Las seductoras líneas de sus caderas que adornan sus delicados muslos, completan la radiante armonía de una morisca exuberante.
            El se acerca por la espalda y seduce con sus labios el contorno de los hombros, la secuencia de una fina barba que le afronta calofríos, cuando con sus hábiles manos recrean sus senos. En un mutismo extremo el Sultán le da una vuelta de noventa grados y la envuelve en su túnica de terciopelo, elegantemente con misticismo, bordada en sus orillas con pespuntes de oro de filigrana y piedras preciosas. Ella cierra sus ojos y cae de su peso, en su escasa voluntad sobre los brazos del amo, quien la deposita en los almohadones de su lecho…
            Los maravillosos rayos del astro rey se enseñan por los balcones de la habitación, junto a la esquina de la cama se arropa en cuclillas la concubina, lágrimas brotan de sus ojos, cuando las canciones del amanecer le hacen conciencia de su trágico final.
            El sultán ha dado sus órdenes y las damiselas asistentes, corren oficiosas a vestir a la joven a cumplir con su epitafio. Su mas extraordinario vestido arremangados de múltiples velos, las zapatillas de adornos el perlas y un exquisito turbante que envuelve su cabellera con un rubí en la cabecera. Elegantemente vestida, parte hacia el final. El cadalso.
            En un instante se abre la puerta de donde aparecen los soldados blandiendo sus sables de acero, quienes sin mayor esfuerzo la conducen hacia el gran patio. El verdugo le espera para ejecutar su sanción. Como un corolario siniestro de la vida del Sultán en sus cuentos Arabes. La odalisca finaliza su vida tras una mágica aventura por los jardines en flor. Sin sentencia y sin amor”.

martes, 4 de agosto de 2015

LA NENA



          La niña, la de los grandes ojos cafés, enjuga sus lágrimas en un pañuelo de algodón, se mueve en el fondo de su almohada suspirando en medio de sus penas, la ausencia de su hermana, todo le preocupa y la entristece. Su apegó y su consuelo se encuentra lejos, y a punto de separarla por motivo de su matrimonio, los pucheros le traen a la memoria su imperecedero amor a la que le ha fungido en sus pocos años de vida como una madre.
          Se levanta acongojada con instancias en solicitud de consuelo, lo rojo de sus ojos se reflejan en el espejo del pequeño ropero de su habitación, despacio se dirige hasta la puerta contigua y jirimiqueando, somata el madero despacito, como quien no quisiera despertar mas que a una persona. su querida hermana.
--- Hermanita…!, hermanita…! Estas allí.---
          Pero un silencio le acompasa, sin respuesta, se sacude las narices que se llenan de secreciones y cae sentada a la orilla de la portezuela, donde inicia nuevamente un llanto sin mayor escándalo. Golpea nuevamente la puerta repitiendo:
--- Hermanita…!, hermanita…! Me querés, me querés hermanita!
          El pestillo de la puerta se mueve donde una joven mujer sale de la habitación, la recoge y la abraza junto a su corazón, ella se prende de su hombro mientras la carga arrullándola con palmaditas en su espalda.
          Siete años han pasado desde que su madre la dejó al cuidado de la joven, quien le ha prestado todos los cuidados como de hija, de alimentación y cariño. Las domingueras salidas a la iglesia en su compañía o la invitación a comerse un helado de nieve en el camino a casa. Ella, la niña, vive rebosante de felicidad pegada a las naguas de su cariño. Contempla además como su crecimiento la lleva a iniciar a la escuelita, donde con las primeras letras. Su hermana, como buena maestra le dedica su tiempo de estudios y al cumplimiento de sus deberes.
          Todo el centro de su atención se enfoca en su relación en su casa, alejada de la madre, quien ocupada en sus labores de costurera, la olvida en su diario sobrevivir de su trabajo.
          El paso inexorable del tiempo hace mella en la niña, cuando su Nana se hace a continuar su vida y la deja para iniciar su propia vida donde con las consabidas responsabilidades al contraer matrimonio y empezar por crear a sus propios hijos. Esto termina  provocando un trauma en la chiquita, el consabido celo por el esposo, cuando también se ve desplazada del seno de su hermana y empieza a entrar en la soledad pensando que nadie le hace caso.
          A pesar de todo ella, su hermana se mantiene en menor escala con la atención de la nena  a quien siempre le brinda consuelo, relacionándola como hija mayor de sus prole.
          Un viaje le hace quizás superar aunque en mínima parte su falta de apego y al ser enviada a estudiar con su hermana mayor, fuera del país.  Entonces sucede el pasó el umbral de la adolescencia entre su spanglish de  educación, con grandes expectativas para beneficios de la familia, pero siempre se mantiene un contacto de pensamiento con la imagen de su hermana que siempre suspira por ella. Como que fuera una hija.
          Después de un intempestivo retorno a la patria, la niña convertida en señorita se incursiona en la vida, la que había dejado en el pasado, sus penas y problemas , quizás se vieron parcialmente superados al tener nuevamente a su hermana a la mano. Pero los avatares de la vida la sometieron a nuevos trances de un matrimonio y un embarazo muy temprano, que a pesar de mostrarse como madre ejemplar, le dio un paso dentro de su sufrimiento a contar siempre con su hermana que la siempre la aconsejaba.
          Ya dependiente surge la opción de emigrar al lugar que le había propiciado su educación primaria, con el recargo de dos hijos y la pena de una fallida, que le provoca innumerables penas y problemas. Fuerte en su carácter y con la consigna de seguir adelante ingresa a la Universidad y adquiere grado académico en Leyes., lo que le permite salir adelante.
          Con la ayuda de sus hermanas mayores, establece su vida en la ciudad del norte, donde por Gracia de Dios, encuentra una pareja que la hace contar con una vida de felicidad y orgullo.
          Justo premio, ella nunca perdió de vista a su hermana, la madre de crianza, quien siempre estuvo allí para ella y la que le brinda toda clase de consejos y la quiere como una hija.
          A través del tiempo han fortalecido esta relación, que las une y les provoca felicidad. Con el triunfo y bienestar de ambas. Como no pensar que ella le ama como hija y fortalece su cariño.   

Y LA MUSICA...!



          En el fondo de un tableado, rodeado de grande cortinas, emerge el sin par escenario de un teatro, oscuro en penumbra, el silencio que se hace evidente y se mezcla con el charloteo de un radio receptor que asemeja un enjambre de abejas que sacuden el ambiente, en su primer acto.
          Una sola luz aparece en el tejado ensayando reflejar con estilo al centro una figura geométrica en sus lados como de espejos en el vacío. El radio juega un papel importante en su punto más alto, como anunciado la época. Un repique de redoblantes que va en incremento, se oye mágico mientras atraviesa de un lado a otro el pórtico de un altar del escenario
          Una figura pintada de negro recorre de una esquina a al otra, haciendo mimos desde la orilla hasta llegar al espejo central donde se detiene recostándose, la tamborilada ha dado paso a los trombones cuyo falsete gutural resopla una insinuación en Do mayor, justo de la nada aparecen dos damiselas que cubiertas en velos blancos se agregan como figuras plásticas volando hacia al personaje inicial, con quien se toman de las manos. Las notas firmes y finas de una pinta de violines y violonchelos, penetran en el ambiente ayudando a acomodan el ritmo de los demás instrumentos que producen una estampida de colores, cuando las luces se hacen presentes en el entorno del escenario.
          Cuatro parejas se conjuntan en el borde de movimientos esteriotipados. Las vestimentas son acordes a una época de los años 50-60, las del mambo y cha-cha-cha. Chaquetas de esmoquin de colas largas, Bombín y polainas, con el arpegio de de bastones lisonjeros que juegan al movimiento. El violón insita al ritmo y en acordes  las trompetas, junto a las flautas se expresan en magnifica melodía: La escogida canción, nos remonta a la época, una Caja de música se ilumina para darle sabor latino: “¿Quién será?”, la música bailona que con la magia que les caracteriza los bailarines lo transforman en danza, haciendo círculos y mostrando la exquisitez de sus pasos. La potente voz de una dama que aparece en el fondo da continuidad a la canción, el confeti de luciernagas, las luces tiritan en las orillas y un potente reflector la muestra a la cantante cubierta de total belleza y un sensual cuerpo cuyo escote del vestido de lentejuelas plateadas, finaliza en las tablas, ella se contornea haciendo movimientos de sus manos mientras sigue el compás del ritmo con los vaivenes de sus caderas dándole a la canción tintes y portento de la canción, que expresa su lírica tropical.
          Dentro de la oscurana donde se mantiene expectante la emoción del público que se pone de pie y corea el ¿Quién será?  Aplaudiendo frenéticamente los movimientos de los bailarinas. De pie y con frases de júbilo estimulan a los actores a llegar al clímax del espectáculo de la danza, Mientras repiten las estrofas:  ¿Quién será la que me quiere a mi….?
          Las enormes cortinas caen cadenciosas frente al escenario. El frenético grupo de asistentes del público, estallan en gritos y aplausos, celebrando el éxito de la  presentación. Mientras uno a uno los participantes aparecen abrazados y en media luna para saludar al conglomerado. Los ramos de rosas brincan y caen a los pies de los brillantes artistas quienes agradecen agachándose ante la algarabía de los asistentes. 
--- OTRA…! OTRA…!--- Corean incesantemente como tratando de comprometer a los bailarines y cantantes a una nueva participación

          Un grito a lo Pérez Prado, sale del entrepaño donde el director de la orquesta asoma su calva y levanta su batuta.
--- MAMBO….!
          Estalla la música y el grupo de los bailarines corren como hormigas rumbo a los vestidores y en una mágica transformación aparecen haciendo una cola, cantando y vitoreando la música
--- Mambo… que rico el Mambo…
--- Mambo… que bueno es!…es!...es!

COMIDA TIPICA




          En las esquinas, sobre las banquetas de la calle, adornadas de pequeños bancos nos muestran la alegría de gastronomía, contando como en las vecindades de los comedores de calle, cercanas a los mercado donde la frutas y verduras huelen a limpio, el exquisito estímulo nasal de las comidas típicas: el pepián y el revolcado de cabeza de marrano que estimulan los sentidos para abrir el apetito, sobretodo el aroma sin igual del café hervido. El sabor a pepitoria, los colochos de guayaba degustados como golosinas, y el famoso fresco de súchiles, son junto a las imágenes poblanas de una pequeña comunidad, las que acarrea a la mente y sirven de fuente de inspiración para una nueva incursión en las páginas del buen comer.
          Las tortillas recién salidas del comal, que saltan apetitosas en el canasto de cien mantas para mantenerse a tono, el sonido que se transforma en sabor de la torteada y quema con fuego de leña de ciprés. Ingrediente principal de los mamachos, especie de taco mezclador con queso o simplemente con sal, apretadas un segundo antes de agarrar punto de cocimiento.
          Junto a las vendedoras del riquísimo atol blanco o de masa, preparado con toda gracia con pepitas de frijol negro cocido y un manchado de chile picante. Los vasos del amarillo atol de elote que humeante quema labios se degusta a boca de chupón con su aderezo de una pizca de sal y granos de maíz que se depositan al fondo. Vaya sino de pronto acompañados por los consabidos rellenitos de plátano, rellenos con frijol refrito en su interior y bañados por manchas de azúcar y rajas de canela.
          El complemento de tan ricas viandas viene con las famosas tostadas, tortillas que han pasado por el baño de aceite caliente que las endurecen y que en cada mordida truenan a delicia, por supuesto untadas con guacamol, salsa de tomate y frijol frito, adornadas de rajas de cebolla, queso seco y hojas de perejil. De chuparse los dedos
          Todos como el preámbulo de media mañana, para abrir el apitito del plato fuerte del medio día. El sonido de las campanas anunciado la 12 horas, recuerda a los transeúntes que el ruido estomacal es por cierto el despertados del gusano de la merienda.
          La señora de trenza amarrada en el cogote y de delantal blanco que anuncia a un ingenio levanta el cucharón para darle un revuelta a la olla de caldo. Caldo de Res. La máxima expresión del arte culinario, que contiene los manjares de un sin número de verduras donde sobresalen: el camote, el güicoy sazón, la yuca y el repollo, bellamente aderezados con un trozo de carne de manita, hueso de pescuezo, pepita o ubre de vaca, que va de lo exquisito a lo sublime cuando se le agrega plátano cortado en trozo con su cáscara y espesado con arroz molido para darle consistencia.
          Los comensales hacen cola para degustar el sabroso manjar de los dioses culinarios.
          Bien no vamos a dejar todas aquellas recetas especiales que se ofrecen al selecto grupo de asistentes. Las tiras con recado de mil tomate, el guisado de carne de marrano con salsa roja, el oscuro pepián de costilla de res. Que mas los duraznos en  dulce con cerezas y tantas cosas linda que representa esta nuestra nacionalidad.

lunes, 29 de junio de 2015

ADOLESCENTES



          Sonó presta la campana del patio de la escuela y el sonido del relajo se extendió por todos lados, el corretear de las alumnas se tornó en trepidante estampida al acercarse la hora de la salida. Una tras otra formaban filas con mochila en mano o acomodando sus libros en los brazos para hacer el final de una jornada de estudios. Repicó una vez mas, la regordeta directora alza su brazo con la pita en la mano obligando a través de una orden a que se retome el silencio. El banderazo de salida se hace y todas en orden forman filas para salir del establecimiento, las mas pequeñas a espera de sus padres quienes les esperan para conducirlas.
          El último pelotón se acerca al frontispicio, las mayores que con paso de señoritas salen a caminando no tan ligero hacia la banqueta de la boca calle. Un poco de colorete por allí, un pintalabios escondido o el coqueto arreglo del cabello las induce a penetrar a la aventura de tarde que se presta para ser admirada por los muchachos haciéndoles espera, se recuestan sobre las paredes de las casas vecinas.
          Los grupos les salen al encuentro sobre el tropel de las chicas que se diluyen entre saludos y empujones. En la esquina está Segismundo con una sudadera de color beige de una de esas Universidades gringas, que son el look de última moda, con un efímero saludo de su mano le hace saber a la joven un “aquí estoy, ven hacia mi”. Ella con su estilo especial de coquetería trota emocionada hacia su lado, se le enfrenta y con un saludo de choque de las palmas de las manos y luego de puños, le da un efusivo “Hola”. Le entrega su bolsón y juntos se abren espacio tomados de la mano entre los compañeros del grupo y se dirigen calle abajo.
          Una ráfaga de viento inunda el espacio que levanta la falda de la muchacha, a toda prisa ella con sus manos oculta sus piernas mientras se arrima a la pared. Un chiflido de alerta, y un que hermosas piernas es enviado por alguno de los compañeros, que se gozan de tan inesperado acontecimiento. Ella voltea su rostro y les hace fasciculaciones y les enseña la lengua, los aprovechados se retoza del espectáculo, la continua caminata se da con unos cuantos pasos abandonando el lugar abrazada de su pareja.
          La empedrada calle cuesta arriba se alarga entre los longevos árboles y marquesinas de jardín que los lleva hasta la cúpula del cielo. La iglesia del Cerro del Carmen, donde varias parejas ya se han hecho presentes en las bancas cubiertas de bougambilias, la fresca sombra les hace fiesta para detenerse a platicar, a mostrarse en caricias y besos del encuentro vespertino.
          Adelina hace un espacio y se sienta sobre la grama, cuidando que el uniforme no se ensucie y  la delate en casa de su ronda donde estuvo parte de su tiempo del final de la tarde. Después de invitarle a sentarse, pescuecea para ver si no hay alguien que pueda conocerla y lleve la mala nueva con su madre. Segismundo se sienta a la par y sin decir palabra arranca algunas hojas de la grama y las utiliza para hacerle cosquillas en sus orejas, mientras el rubor de su cara se hace presente, ella se recuesta sobre su hombro y luego como quien no quiere se le acerca y la besa. No hay muchas palabras, el brazo rodea su cintura y se repite el movimiento que termina con un estruendoso choque de labios.
          Tomados de la mano bajan haciendo freno sobre las piedras y la cuneta del camino, una sonrisa ilumina el rostro de ambos, ella lleva una corona en si pelo una petunia de tallo corto que le fue entregada para embellecerla. Los caminitos de laja que circundan el paseo serpentean a lo ancho del cerro, los recovecos de las glorietas les permite arrejuntarse en las bancas y repetir la dosis de los besos, el corazón se les agita y les hace rubicunda las mejillas. El ha perdido la cordura la aprieta en contra del paredón y las curiosas manos pasan entretenidas entre la falda y la blusa que se arrugan con los movimientos. Adelina se retira con su cuello  bañado de sudor y su respiración se torna agitada, empuja su pareja y se corre, tomada de la cintura aunque mostrando resistencia regresa a los brazos de Segismundo, quien la aprieta nuevamente y la atrae para acariciarle con su cachete parte del cuello, la niña un tanto incómoda lo retira nuevamente, pero luego se refugia en el pecho del agraciado. Le toma la mano y lo conduce por los caminos hacia la salida, caminando en círculos y danzando en cabriolas, para hacerse mas apetecida.
          Las palabras son cortas y escasas, no pasan de un te amo con pálida respuesta de UN delirante si YO TAMBIEN, lo que les pone la piel de gallina y los consume el éxtasis del momento. El la acerca y la abraza por la espalda, mientras ella recuesta su cabellera haciéndole cosquillas con su pelo, una suave sonrisa se dibuja en la cara de Adelina cuando le acaricia la oreja con la punta de su lengua.
          El hondo repicar de las campanas de bronce que provienen de la iglesia, les alerta que el tiempo ha transcurrido sin sentir y que los celajes se pintan en el cielo indicado que es el inicio de la tarde noche. Las seis de la tarde, las parvadas de aves se han iniciado a acomodar en las ramas de los bosques de los alrededores. Con un tanto de desesperación ella arrastra a su compañero hacia donde se encuentra la salida del parque, donde arregla y confecciona su uniforme y alisa su blusa, un medio retoque del cabello, presto para abandonar el sitio. Las tintineadas luces de alumbrado público empiezan a hacerse presentes en la parada del bus donde se han acumulado un buen número de personas que van en dirección a las colonias.
          Parado frente a la tienda de la esquina Segismundo observa a la chica de sus amores cuando aborda la camioneta y la busca  aparecer en alguna de las ventanas. En el penúltimo asiento se abre una ventana y la chica asoma su cabeza con su mano le lanza un beso a su enamorado que simplemente le hace una gesticulación de recibido y agrado ante tal momento
          Un te veo mañana vibra en el ambiente cuando después de la despedida lejana, el chico le mueve la mano, con una mirada de admirable orgullo y le muestra un corazón construido con sus manos dedicado con todo el sentimiento.
  

LA CIGARRA



          Pepe cigarra, asomando sus bigotes en el trasero de una hoja, sacudía en ronco estridor sus transparentes alas, el triste llamado a la naturaleza para las primeras lluvias.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces restregaba su violineta para llamar la atención.
          Curioso asomaba sus ojos al cielo con la esperanza que aparezcan los nubarrones cargado de agua, en respuesta a su petitorio, somata sus patas traseras para hacerse ritmo y sacudiendo su esqueleto en armonía, insta que los miembros de su tropa le hagan segunda en la concertina de la cálida tarde.
          Los vientos corren del norte, empujando las nubes que se hacen retrecheras al pasar por las montañas, lo caliente del clima hace sudar a la tierra y llenar de sed a las plantas. El escuálido riachuelo se ha adelgazado por efecto de la dieta de lluvia y las rocas se broncean el lomo en las ardientes arenas.
          Los cantos de petitorio siguen como letanía mientras el cachetón sol mira a sus alrededores  adhiriéndose a la proclama. Las flores ya no suspiran, las hojas se disipan de color café cuando en franco deceso se arrastran por los suelos.
          Pepe cigarra y su prole, hacen un segundo aire para poner a tono los tambores y los violines, rascan con vehemencia bajo los matorrales, el último grito de protesta, pero el cielo se empecina en no  mostrar las lágrimas de chubasco.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces mas se prolonga el discurso de los músicos.
---Chirrrriín…chirrín—y un ciento de veces,  el milagro se produce
          De pronto los negros nubarrones inundan el firmamento, los truenos se hacen acompañar de los relámpagos que alumbran con sorpresa la faz de la campiña. Dos, tres gotas se estrellan en el suelo y toda la comunidad se hace a la esperanza de voltear hacia el cielo. Otros truenos y el viento se hace el enojado, soplado arremolinadamente hacia la campiña, un leve chubasco que alborota el calor y las cigarras responde con un último canto.
          El diluvio se hace presente y la vida se hace nuevamente, el chapuzón sobre las flores las obliga a tomar un baño sin despojarse de sus pétalos, las lagartijas juegan a la pelota con las gotas que regocijan el milagro. Mientras los caminitos de agua se engordan para alimentas los riachuelos.
          Pepe cigarra, guarda sus instrumentos, el concierto ha terminado y los aplausos del final de la función se escuchan a lo largo de los jardines. La sinfonía fue todo un éxito, el público agradecido se hace al jaripeo para disfrutar la bendición de la lluvia

UN BESO




       Luego de sentir lo cercanos que se encontraban o cuan próximos se habían arrimado, al percibir lo tenue de su aliento, les seducía, enternecían a tal grado que llenaban de lágrimas sus pupilas, eso hacía resaltar los poros de la piel que se veían sacudidos por un calofrío en sul cuerpo. Un primer beso.
          Imaginando cosas, nubes y estrellas de cálidos sollozos que recorrían las puritanas ideas, con el candor de los sentidos plasmado en pálidos sueños de adolescentes, donde tres versos sacados de un papel, un guiño de tierno atardecer, lo necesario para iniciar un vínculo de dos patojos que se encontraban en los albores de la vida.
          Tomados de las manos en el secreto de una esquina, pespuntaban en piropos los monosílabos de una charla de todo sentimiento. Un SI, con solicitud muy distinguida de abrazo prendido a la cintura y un beso cálido, suave no más que el roce de labios, en el filo de una banqueta.
          La alegría inmensa con un cerrar de ojos con despertar ilusionado. Seguido de la emoción, sin olvido, sin cargo de conciencias de una primera vez, que aún con sabor a miel, era pináculo de una travesura. Ese único beso que transformaría en insomnio las estrofas de una canción en aventura.

jueves, 25 de junio de 2015

SELVA DE CAK´IC Y BOJ



          Rincón de la tierra salvaje, que huele a hormigo de marimba, con lagos de azul cielo que reposan en las verdes colas del Quetzal. Frondosos sauces milenarios que se yerguen hacia el cielo y son remembranza del pasado indiano. Entre cruces y monumentos piramidales en medio de la selva de concertina criolla. Allí es donde deambulan los saraguates encantados, de columpios sobre verdes lianas arropando sus gritos de caudillos inocentes.    Aguadas y lagunetas milenarias que reviven las sabanas, con los peces tradicionales, el blanco y los caracoles faroleros que rondan en las aguas como guardianas de los swampos. Manto de pescadores, asiento de patos silvestres que sacuden sus alas para espantar el calor de la temporada. Escuchando el trote de los elegantes venados que recorren los pastizales en busca de sus prolongada época de celo.
          Veredas adornadas con ramas de pimienta gorda y flores de pito, que recorren como multitud el paso del jabalí; al vuelo las guacamayas multicolores prendidas y en danzas de sutil movimiento sobre los chico zapote. En sus faldas prestos emergen desperdigados los monolitos enfrentados cara al sol, que envejecen con los jeroglíficos, iluminados con sus máscaras de faenas de chirimía eterna.
          Historia de deidades, caciques de gran alcurnia, curanderos de las artes que esculpieron en piedra las voces y las pinturas sagradas. Como las descendencias de los hijos del jaguar y la culebra alada que se maquillan en la misteriosa y sempiterno campiña. Allá en el infinito, se planta la portentosa estructura de escalinatas y piedras que asombran a los propios y extraños “El Gran Jaguar”, milenario vestigio de la cultura de un pueblo, como un lienzo pintado en el cielo cubierto de ramas de árboles que respiran en señorial abolengo, cuando se adorna en las plazas del pueblo.
          En las orillas selváticas alrededor, se escuchan los chillidos de los monos acróbatas que celebran en conjunto con las parvadas de las aves que en maromas saludan al gigante, mientras los místicos sacerdotes se empinan en la cúspide mostrando las tinajas del POM, que en serpenteantes listones de humo que se encumbra hacia los aposentos del dios TZULTAKA, en busca de bendiciones en pos de las cosechas del ciclo. Oraciones en lengua Maya, responsos de humildes pedidos a la naturaleza para la subsistencia.
          Los pobladores que artesanalmente se entregan al trabajo fecundo del cultivo de la tierra y a sus insólitos artes de escultura, se acomodan en los mercados con el fin de ofrecer sus tesoros de barro y plumas, de Jade. Chinchines de tecomate con piedras en su interior para ensamblar el ritmo de las melodías de chirimía y cascarón de tortuga.    
          Las mujeres en otros menesteres, el tejido multicolor y la elaboración de del Cak´ic o el atol de masa con frijol y chile. Las demás se aglomeran a la orilla de la entrada del río a hacer su oficio de lavado de ropa, amarrada su cabeza y descubriendo el pecho por ausencia del güipil, mostrando su morena piel, de pecho estilizados con sabor juvenil sin haber amamantado. Otras con el niño a tuto, en su envolvente perraje de vivos rojos dispuestas entre voces de arrullo a adormitar con su clásico meneadito. La límpida corriente bordea sus cuerpos parcialmente cubierto con el corte, sumidas en la charla y parloteo de las cosas del mandado y los chismes del poblado.
          La procesión se hace con tinaja al cinto, que les hace mover las caderas en el equilibrio que les da el muchachito en brazos y el canasto de ropa en la cabeza... Las hijas diez añeras colaboran en llevar prendidas al corte a los más pequeños, que completan la caravana de multicolor de una familia numerosa.
          La plaza mayor punto de reunión se ve atiborrado de las hojas de Xate, manadas de chuntos a punto de sacrificio, que cantan sus últimos sonsonetes antes de ser usados en la gastronomía. Los volcanes de hojas de sal y el sibaque materiales necesarios para la celebración de la toma del caldo de chunto y los tamales blancos. Las ollas de Boj resplandecen calientes como el Elixir  de la bebida de los dioses…

DESAYUNO



           Tu cuerpo reposa entre almohadones, sedas indelebles que delinean en reposo el sueño de una musa de tierna portada que muestra sus atributos de mujer, entre fábulas y seducción.
          Hoy quiero verte de madrugada, presenciar la aurora de cálido amanecer. Salir de entre las sábanas para contemplar como los pajarillos te cantan a la vida. El milagro de un nuevo día.
          Al murmullo de las calles que recorren los citadinos en el corre y corre del trabajo, bullangueros niños que en parvadas desfilan alegremente hacia la escuela. Un ambulante que ofrece con su pregón las noticias pintadas en un tabloide, opacados únicamente por los rechinidos de un humeante bus urbano
          El fresco olor de un desayuno tradicional circula por tu habitación, ese olor a café recién percolado y el rico aroma de champurrada calientita, los bollos dorados de los recién salidos del horno, que nos invita a degustar un suculento plato de frijol en pepita y un par de huevos estrellados.
          Te veo cubierta de ese velo delicado, de pantuflas rosadas y exquisita bata semi transparente, elegante presencia cuando asomas en el desayunador con un turbante de toalla, como recién salida de la ducha. Que contraste esos bellos ojos aun no delineados por el maquillaje  con el arpegio de mujer con aroma a belleza. Cuando cruzas coquetamente las piernas muestras radiante uno de los muslos.
          En tus delicadas manos obran unos bollos recién untados de mantequilla, que se antojan deliciosos, se derriten entre tus sensuales labios. Una servilleta bordada de corazones te sirven para limpiar la comisuras, en una extravagante manera de coquetería.
          Verte en el tras luz de la ventana mueve mis instintos de un sensual sortilegio que delinean lo bien conformado cuerpo. Se agitan las pasiones y se engalana el pensamiento de una pintura medieval que resalta tras los velos un apasionado conjunto de ideales y pecado.  

jueves, 30 de abril de 2015

LA CRIPTA



---Ja, Ja, Ja …---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta. Las paredes se habían descascarado por la influencia de la humedad y el tiempo oscurecía el ambiente que resoplaba en miedo.
          Algo se movió en el recodo de la vuelta que llevaba al espacio de los nichos que por el abandono se veían ocultas tras el monte y los zarzales que secos se acomodaban en donde alguna vez había existido un hermoso jardín de flores.
          Las lápidas manchadas de musgos que se colgaba de sus orillas borraban serenamente los nombres y fechas de los occisos, un ejército de hormigas hacía su plantón caminando desde allí hasta un volcán de tierra que se desmoronaba en la grama exterior.
---Ja, Ja, Ja …--- se volvió a escuchar la onomatopeya que venía desde la entrada.
          Los cuervos alertados por tan singular sonido volaban hasta las ramas de los cipreses que como fieles guardianes se bamboleaban por efecto del viento. Luego de sacudirse, lanzaban algunos graznidos y retornaban para posarse sobre la cruz de piedra que marcaba la tumba.
          En varias ocasiones el fenómeno había puesto en alerta a los habitantes de la vetusta fortaleza, cada cambio de estación se hacían evidentes los extraños ruidos en el lugar.
          Muchas gentes se asustaban cuando al principio de las noches tras una serie de críticos movimientos y gritos se dejaban escuchar a lo ancho de las callejuelas que rodeaban la antigua mansión.
          Varios grupos de vecinos junto al jardinero de la casa acudían a pedido de los pobladores a investigar la presencia de tan macabras risas, que se repetían constantemente en los períodos de tiempo que duraba el plenilunio del cuarto menguante. Los empleados y especialmente los encargados de la cocina se arrejuntaban cerca del fuego por la repitencia de las extrañas cosas que producían temor y el miedo.
          Los vientos de temporada daban una imagen especial a la situación mientras los raros movimientos que se arrastraban a lo largo de la callejuela posterior, daban la sensación de carreras de espíritus chocarreros que arrastraban grandes cadenas, dando a conocer su presencia.
          Durante varios años, contaban, que siempre por la misma época se daba la ocurrencia un fenómeno similar, que había concluido con el macabro hallazgo de un joven que había muerto ahorcado en un lugar de la capilla. Lo abandonado del sitio y el aspecto lúgubre  daban la sensación casi mortal de algo sobrenatural, lo extraño es que nunca se había podido descifrar el misterio y menos encontrar al culpable del hecho.
          En los días subsiguientes los encargados visitaron el lugar, sin haber encontrado ningún vestigio, la campana se movía de un lado a otro, quizás por efecto del viento, y sin hacer contacto con el badajo para la percusión. Las lozas del piso se encontraban cerradas, solamente con la presencias de pequeños rastros de arena como quien había sido arrastrada sobre ellas. Las argollas que abrían la catacumba se encontraba levantadas, con señales de haber sido movidas.
          El crimen quedo impune y luego pasó a la historia. Las historia contadas al respecto rezaban que durante los principios del siglo, una bella joven había sido enterrada en el lugar, después de una enfermedad que le había causado el deceso, antes del suceso, ella pidió ser enterrada en cementerio del palacio junto a todas sus joyas y su mejor vestido excepto un hermoso anillo de Esmeralda que acostumbraba a utilizar en una de sus manos.
          Cuenta la historia que su único pretendiente le había hecho la promesa de que nunca desposaría con ninguna mujer, por lo que ella le entregó el anillo en señal de fidelidad, advirtiéndole que si el llegara a faltar a su promesa debería de devolver la joya so pena a ser perseguido por el ánima de la dama.         El caballero permaneció un tiempo célibe pero empezó a sufrir el acoso de hermosas jóvenes en busca de ser pretendidas, él sucumbió ante las peticiones y cada vez que esto sucedía la futura pretendiente sufría algún accidente o enfermedad que le hacía desistir del matrimonio. Pasaba el tiempo y el hombre sufría la angustia de permanecer solo, hasta que decidió devolver el anillo a su dueña con el fin de romper el hechizo. Le ordenó a uno de sus allegados encomendándole la tarea, y en cierta oportunidad fue enviado hasta el lugar, la Cripta donde la dama se encontraba enterrada, pero la acción falló, el espíritu dio cuenta del empleado y lo ahorcó en los maderos de la capilla, previó a enviar un mensaje al caballero, donde le indicaba que la devolución del anillo no lo eximía de la promesa. Pasados unos meses, ante la desesperación del caballero 

          La cara se mostraba pálida y su actitud era de alguien que temblaba por fiebre, ingresó a los patios donde se encontraba la Cripta.. Los vientos le arrastraban  hacia la capilla y llenándose de valor se plantó en la entrada de la catacumba las lápidas se encontraban movidas penetró por el corto espacio que le permitían las lajas, descendió por la pequeña escalinata hasta donde se encontraba el féretro, abrió el catafalco y descubrió que se encontraba vacío, un crucifijo cayó de su mano y se retiró hasta acurrucarse en un rincón con la melancolía y el mutismo sufrido por el susto.
          Alguien se le acercó. Era la dama que con un vestido de terciopelo y cubierto el rostro con un manto se le plantó frente a él. Con el anillo verde entre sus huesudas manos.
---Viniste a devolverme esto--- le dijo, mostrándole el anillo.---
---Pero para devolverte la promesa no va a ser así de fácil---
          El hombre se puso de pie mostrando valentía, pero el espectáculo hizo que se erizara el cuero… ---un gritó y una temblor de cuerpo se apoderó de él. Empezando a persignarse tantas veces como podía.
          Ella como flotando en el aire se le acercó:
--Y tú que tantas veces dijiste que me amabas, acaso ya no soy bonita para ti. Quieres que te libere de la promesa del lecho de muerte. —
          El asintió, temeroso de las consecuencias.
--- Verás lo único que tienes que hacer es colocarme el anillo en su lugar y darme un beso de despedida.--- mientras removía la mantilla que le cubría el rostro.
          La calavera se mostró y lo dejó petrificado, lo aprisionó y le obligó a que la besara. En ese instante un remolino envolvió a la pareja y ambos se transformaron en cenizas, como por arte de magia el polvo se deposito en el fonde del ataud, el cual se selló con el anillo de esmeralda en su interior. Las lápidas cerraron, La campaña sonó una sola vez en señal mortuoria.
Y.
---Ja, Ja, Ja…---resonó la carcajada en el fondo de la capilla de la cripta--- Te dije que eras solo para mi!...